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ASÍ ES LA VIDA DE ARTURO RIPSTEIN.

Una "nueva escritura" sobre Medea de Séneca

 

Por Araceli Mariel Arreche  

 

 Afiche de  Así es la vida (2002) donde el director mexicano Arturo Ripstein recrea en términos cinematográficos, y en un tiempo presente, la textualidad de la Medea de Eurípides. En el texto que sigue a continuación, de la licenciada Araceli Arreche, quien gentilmente nos ha enviado su escrito, se analiza los diversos sentidos del film de Ripstein y la relación entre cine y teatro.

  

ASÍ ES LA VIDA DE ARTURO RIPSTEIN.

Una "nueva escritura" sobre Medea de Séneca

 

Por Araceli Mariel Arreche  

"Poseemos la llave que abre todas las épocas, a veces la utilizamos sin vergüenza, echamos una ojeada rápida por la puerta entreabierta, ávidos de juicios apresurados, pero debiera ser igualmente posible acercarse paso a paso, con temor ante el tabú, decididos a no arrancar sin necesidad su secreto a los muertos. Confesando nuestra necesidad, así tendríamos que empezar."

Christa Wolf.

 

Prólogo.

El teatro y el cine son prácticas discursivas - textos destinados a la comunicación - actuando desde dispositivos y redes distintas. Sobre la pantalla o la escena ambos forman un discurso que comparte la condición de ser acontecimientos representativos.

Como prácticas se diferencian sensiblemente en la modalidad de sus enunciaciones y sobre todo en los usos a los que sus productos están sometidos en la pragmática de sus manifestaciones. El cine a diferencia del teatro está condicionado por la presencia de un "punto de vista" (el objetivo de la cámara) y por un consiguiente conjunto de características perspectivas y antropocéntricas que marcan las imágenes.

Atendiendo a las diferencias de los materiales significantes implicados en estas diversas prácticas y, sobre todo, en cuanto al nivel de las instancias pragmáticas que presiden los intercambios correspondientes de comunicación; el teatro y el cine pueden en tanto ser considerados como aferentes en un mismo principio semiótico, como modalidad técnica y social distinta de un único fundamento ordenador, formalizable en la noción de ‘puesta en escena’. La ‘puesta en escena’ que les caracteriza consiste en la organización productiva de un discurso, en la constitución de un espacio representativo, expresivamente autónomo respecto a cualquier referencia externa al procedimiento semiótico puesto en acción.

Hoy en el marco de éste encuentro nos ocuparemos de indagar en relación de éstas prácticas sobre un aspecto en particular, el traslado de una forma teatral a una forma cinematográfica. Para ello trabajaremos el filme Así es la vida (2002) del director mexicano Arturo Ripstein, exponiéndolo en su condición de texto destino de un texto anterior de naturaleza diferente – teatral -, Medea de Séneca.

En el campo de los estudios cinematográficos el traslado de un texto fuente a un texto destino se nomina trasposición y en primer lugar tiene en cuenta que en él, opera un cambio de soporte.

" El cambio de la materia de expresión comporta radicales innovaciones pragmáticas que, desordenando el acercamiento al significante y el uso del texto, coloca la nueva producción de sentido en un ámbito de débil derivación genética, pero de fundamental autonomía semiótica, respecto al discurso originario." (Bettetini, 1996, 87.)

Se trataría entonces de pensar al filme en su carácter de intertexto ( Plett), un texto entre otros - caracterizado por atributos que van mas allá de él - des – limitado, en tanto que sus elementos constituyentes se refieren a elementos constituyentes de otros textos. Esta condición de intertextualidad propone atender a una doble coherencia: la intratextual que garantiza la integridad inmanente del texto, y la coherencia intertextual que crea relaciones estructurales entre él y los otros textos.

Siguiendo los lineamientos de Julia Kristeva reconoceremos dos dimensiones: una ‘horizontal’ en la que el texto es referido al sujeto del modo de escribir y a los destinatarios ( autor / receptor), y una dimensión ‘vertical’, en la que el texto se orienta al corpus literario precedente o sincrónico ( texto / pretexto).

La intertextualidad nos invita entonces a leer el texto como un ámbito de cruce con otros textos, se trataría de ver en él el laboratorio mismo de la escritura los intereses y lecturas del autor (Kristeva).

En definitiva nos enfrentamos a un problema de traducción (Loren Kruger), al desciframiento de las estrategias en la apropiación de una fuente por parte de un texto destino.

Si bien hablar de traducción es hablar de una operación que se da en el interior mismo de un sistema semiótico, también y las mayorías de las veces la traducción supone la producción de un nuevo texto, construido en un sistema semiótico distinto del original. ( Bettetini, 1996, pp. 83-84)

 

Entre texto fuente y texto objetivo ó destino se produce una intersección real o virtual de distintas situaciones de enunciación, la que cada uno de ellos supone; debemos entonces y es nuestra pretensión considerar los diferentes grados de esta concatenación, sirviéndonos para ello del principio de ‘puesta en escena’ y la visualización de su funcionamiento como eje organizador de los universos textuales comprometidos en éste trabajo.

 

Primer periplo.

Así es la vida es el nombre que asume ésta ficción. Fuera del gran sintagma, desde su destino de margen, el título condensa sobre sí las posibilidades de sentido a las que se abre el texto. Un enunciado que se impone en su condición de afirmación, la elección de un adverbio que implica el valor de una consecuencia intensifica el grado de una certeza, la del autor: "Mis películas parten de una idea mítica que el infierno está en éste mundo". (Ripstein: 1998, 56.)

La decisión de presentar los créditos del filme al clausurar el relato cinematográfico nos reafirma al sujeto de la escritura. Un sujeto que hizo de esta narración su ámbito de lenguaje, que se inscribe desde sus elecciones y exclusiones y que se ‘descubre’ dentro del propio relato como lo veremos más adelante instituyéndose como sujeto enunciador comprometiéndose subjetivamente con el texto he involucrándonos como espectadores en una representación que actúa como retrato de un universal particularizado. Tal como lo afirmara Steiner en La muerte de la tragedia, la representación del sufrimiento y el heroísmo personales ha llegado a ser parte de nuestro sentido de las posibilidades del comportamiento humano a tal punto que olvidamos cuán extraña y compleja es la noción de representar la angustia privada en un escenario público.

" Una tragedia en México está cargada de contrastes, como los hay en cualquier otro país latinoamericano, (...) refleja la terrible condición humana que uno a veces no sabe como definir." ( Ripstein, 1998, 94.)

 

La idea expresada en la ficción cinematográfica le sirve al autor " para hablar de la imposibilidad de salvarse de los designios del destino." ( Ripstein, 1998, 56.)

La primer imagen con la que abre el sintagma es un plano corto que nos da a ver la parte trasera de una ambulancia en tonos dorados circulando por una autopista. Una imagen sensible que llamaremos imagen – relación siguiendo el análisis de Gilles Deleuze en torno a las seis especies de imagen-movimiento, en tanto conecta el movimiento con el todo que él expresa y hace variarlo según la repartición de movimiento.

Dicha imagen se reiterará a lo largo del relato y sólo cuando éste llegue a su cierre comprenderemos su valor simbólico en la diégesis, la idea de profecía a punto de cumplirse; es la señal, el presagio adverso de la tragedia antes de consumarse.

Al abrirnos a la coherencia intratextual de la dimensión horizontal que propone el texto reconocemos que la travesía dibujada por el relato cinematográfico toma la forma externa de la tragedia, primer gesto paródico con el texto que reconoce como fuente, y al igual que él, expone su condición de retrato del fatalismo de una pasión.

Medea deviene en Julia y tiene a su cargo la obertura del relato a manera de prólogo. En un ámbito que se traza lleno de frascos y botellas con líquidos varios, entre yuyos, algodones, pinzas y tres camillas orilladas se nos representa el dispensario donde se le saca al cliente verrugas, fetos y hechizos, el lugar donde Julia cura los males del alma y del cuerpo. Como lo marca el texto - guión de Paz Alicia Garciadiego, Julia es abortera y bruja. Los atributos de ésta figura recuperan la interpretación del mito senecana, al igual que Medea, Julia se presenta como una ménade que nos transportará en su arrebato al terreno de la irracionalidad, ya no será la víctima de la infidelidad de su esposo sino que es Nicolás (Jasón), la víctima de una mujer fuera de sí.

La mayor parte de la narración del filme se organiza desde una focalización cero, la cámara afirma su presencia a lo largo del relato, está al servicio de un narrador que no pertenece a ninguna instancia de la diégesis. Esta búsqueda provoca un efecto narrativo particular transforma la presencia de la cámara en una suerte de entidad testigo, necesaria para la legitimación del acto, el filicidio.

Toda ésta secuencia inicial nos participará como espectadores del conflicto de una mujer que se debate entre la pasión y el odio y que se materializará en la búsqueda de venganza.

Julia - "¿y yo qué?... Mirá nomás cómo me dejaste y ahora, me dices que ya no, que ya terminó, que te cansaste, que te aburriste. Cabrón, así no más y dime ¿ qué hago yo?" (Garciadiego, 1999, 2.)

 

La voz de Julia es la voz de la ira, como lo marca el texto - guión "es la voz de la rabia... A Julia el dispensario le ha quedado chiquito de agua y de rabia" (Garciadiego, 1999, 2.)

Julia, al igual que Medea, está decidida desde el inicio de la pieza a la venganza y es ésta la que configurará la línea del drama en su totalidad, aspecto en el que se muestra la distancia de la pieza euripidiana y el acercamiento a la reinterpretación de la pieza latina.

El tema del crimen también se bosquejará desde el prólogo:

"Solo los tengo a ellos… Mis criaturas. Cuando me tocan, o me dan besos salivosos, me quiebran por dentro. Son como brasas. Brasas heladas. Los beso y no más me hacen sentir más lejos. Será porque huelen a ti, Nicolás cabrón. Será que huelen a ti, saben a ti… hijos de mi vientre y de tu leche, los pobres hijos de nuestros pecados" (Garciadiego, 1999, 3.)

Cerrado el prólogo aparece un trío televisivo, Anselmo Fuentes y sus hermanos, que enfundados en trajes brillantes cantan con ritmo de bolero:

"Eso le pasa a las hembras, por no pensar con razón

Y creerle las promesas a todo joven varón, Que desde siempre se precian de saberlas embaucar y engañar a las mujeres con un cielo que jamás les han de dar

Porque el corazón de la dama, nació para no dudar

Y el hombre llega y engaña, toma lo que ha de tomar, para luego dar la vuelta y mudarse de lugar

Julia ya haz de mirar el precio que vas tu sola a pagar, por creer en las promesas de semejante varón, que de repente en tu pueblo un día se apareció

Julia, un día de ingenua pecó y se vino hasta estos lares persiguiendo al buen amor.

Por él dejó, casa, padre, madre, corazón. Julia dejó su pueblo. Julia dejó a su razón. Siguió a Nico a la enorme ciudad.

Pero Nicolás, el guapo tan ingrato se portó, que un día trece de enero, con la nueva le salió, de que la deja por otra, y se va tras nuevo amor

Dejó Julia, marcada de odio y traición. Te lo mereces Julita. Te lo mereces, mujer. Que en promesa de varones, no debes jamás creer

Julia, Julia, entiéndelo bien mujer.

Que este tren ya ha entroncado

Con su ramal terminal.

Que los amores terminan,

Un buen día, sin más ni más.

No hay agua de pozo fresca,

Que los haga retoñar.

Que el amor es traicionero

Y de frecuente mudar." ( Garciadiego, 1999, 4.)

 

Los cantantes entonan su canción acompañados de un niño que toca las maracas en primer plano. Al terminarla salen de cuadro, sólo se queda el niño que mantiene el golpeteo maraquero. Una suerte de párodos donde el coro de hombres, como en la pieza senecana, nos enfrenta a la problemática de la falta de reparos que el mundo masculino presenta ante las desventuras de la mujer. Así como el coro de Corintios, el trío es una figura que demuestra cierta actitud hostil para con la protagonista y en tanto voz masculina tomará partido por la fortuna del hombre, "... te lo mereces Julita. Te lo mereces, mujer. Que en promesa de varones, no debes jamás creer..."

Es interesante observar que el trío no participa en éste momento ( y en la mayoría de sus apariciones) del espacio ocupado por el resto de los personajes sino que lo hace desde una imagen dentro de la imagen, sus apariciones son presentaciones televisivas. Sumado al blanco y negro del registro acentúa su estatuto de comentador de la acción que viene a desarrollarse, y al igual que en la tragedia antigua son parte del público y de la ceremonia. No sólo una estrategia de distanciación sino otro espectador – juez habilitado para comentar la acción, como afirma Patrice Pavis un "espectador idealizado" que, al intervenir con su punto de vista, nos devuelve cierta la libertad en la pulsión de las pasiones que se despliegan. El aparecer desde éste meta - imagen instala su discurso en un lugar de verdad que hace en el espectador no dudar de sus palabras acerca del pasado o del porvenir.

En ésta participación coral se presenta varios de los semas claves de la pieza trágica, la condición de Julia como "extranjera" es uno de ellos. Los atenienses del siglo V a.C. atribuían a las mujeres extranjeras rasgos que aparecen en Medea, se las veía como si estuvieran deshumanizadas, despojadas de su condición femenina. Medea podía matar a sus hijos en tanto era bárbara e irse en un carro alado por que era bruja, Séneca en su trabajo focaliza ésta última condición - pensemos en la escena de los encantamientos donde el demiurgo presenta a una ménade que nos transporta en su arrebato al terreno de la irracionalidad - Ripstein, en tanto, lo sostiene esbozándolo desde el prólogo y lo acentúa en las escenas donde la Madrina, Adela – voz del sentido común – se empecina en calmar la rabia de su ahijada "... cállate criatura. Cállate nomás. Verdad de Dios si las cosas que dices paran los pelos de punta. Hay cosas que ni se dicen, ni se piensan y que cuando se piensan mejor se olvidan. Se las espanta de un golpe...", reaccionando frente a una mujer que jura "me dejas, pagas y le voy a cobrar Adelita, por ésta le he de cobrar donde le sangra el corazón...". ( Garciadiego, 1999, 8.)

Julia, como lo anticipara el trío en esa suerte de párodos, es víctima también de la condición de extranjera: ha venido a la gran ciudad detrás de Nicolás y ahora pena por su abandono. A lo largo de toda la narración se pondrá en evidencia la conciencia de saberse considerada necesaria y a la vez temida en su condición de abortera y bruja, y la permanente nostalgia ante la pérdida de su lugar y familia por correr detrás de un hombre.

El relato alternará las escenas que a manera de episodios nos describen el periplo de la protagonista exponiéndolo como hiciera la pieza latina a través del conflicto de dos actitudes individuales: la infidelidad de Nicolás y los celos de Julia, ambos consecuencias de una pasión desenfrenada que desplaza amor en venganza. Los fundidos a negro serán el código visual que organiza dicha travesía, punteando las elipsis temporales y proponiéndose como solvencias que hacen de las secuencias internas cuadros vivos. La finalidad de la imagen entonces, como lo expresara Umberto Eco, no es acercar a nuestra comprensión la significación de que es vehículo, sino crear una percepción particular del objeto. Se trata de:

"... la falsificación de las apariencias puestas en escena, su composición y su manipulación en serie, instrumentos utilizados para construir un ‘sentido de realidad’ y para dar lugar a ‘otra’ realidad, menos prolija, y visualmente más eficaz e interesante, del mundo habitual. Resultado de la tendencia del cine hacia la creación, y no hacia la reproducción; hacia la falsificación y no hacia el registro; hacia la ilusión y no hacia la restitución..."( Casetti, 1991.)

Los tonos que pueblan el espacio fílmico - verdes y dorados - connotan en su condición de simulados un alto valor simbólico dentro de ésta a – puesta, funcionando como deíctico del deterioro el primero y como un tiempo de Arcadia, de futuro, un tiempo donde igualmente la Muerte también está presente, el segundo. Al igual que el coro, sabemos que ya no se tiene solución, el espacio se vuelve resultado de una constatación: "ya no hay retorno." El amor, la tristeza y el desengaño están íntimamente ligados; como en los boleros, odio y amor son palabras hermanadas en la sangre.

Desde el prólogo y a lo largo del relato la aparición de superficies reflejantes, espejos , son una constante que pueblan el espacio plástico. Julia pasa el dedo por su imagen en el espejo, mientras habla se mira a la cara y ve "... la cara de otra. La de la de antaño. La Julia de hoy, la llena de celos, la llena de rabia, aún carece de cara y facciones que le sean propios. Julia se mira al espejo y habla con la vieja conocida de la que fue y ya no es. Julia, se desconoce y lo sabe" ( Garciadiego, 1999, 2.)

El espejo es la primera imagen en movimiento, propia y ajena, enmarcada dentro de un cuadro, que sugiere una reflexión sobre el desdoblamiento provocado por el cine.

No sólo Julia sino Nicolás y su nueva mujer se multiplicarán en la imagen desde éste objeto que, como elemento de la puesta en escena, solicita de nuestra participación y complicidad. El espejo nos enlaza a las miradas de los personajes, a la vez que nos coloca en el centro del dispositivo y nos lo hace consciente en su carácter ilusorio.

La especulación en la ficción cinematográfica, entonces, estimula nuestra reflexión y exige el desciframiento de la imagen atravesando el espejismo de las formas. "Una imagen además de hacer ver parte de la realidad, descubre una posición respecto a ella. Porque toda posición visual corresponde a una posición espiritual". ( Balazs.)

Hasta aquí un primer recorrido donde atendiendo al plano intratextual y su organización - el relato toma la forma externa de la tragedia - reconocemos un primer aspecto del carácter intertextual que el filme manifiesta.

 

Segundo periplo.

Sobre el sentido de las tragedias de Séneca y el impacto de su teatralidad, Florence Dupont afirmaba que éste residía en la fuerza desencadenada de la cólera que conduce a la locura, transformando al héroe dolorido en héroe furioso que olvida el valor de lo humano y los consejos de la razón.

Los sentimientos de una mujer cuyo amor se transformó en odio y los del hombre que no ama más son un tema que trasciende una época; es, como ya lo dijimos, un universal particularizado. Se trata de fuerzas que nos modelan o destruyen y están fuera del alcance de la razón o la justicia.

Cuando Medea dice: - reconozco el mal que voy a hacer, pero mi thymós ( pasión, causa de los peores crímenes del hombre) es más fuerte que mis consejos, su razón puede juzgar su acción, pero la causa de ella está más allá del alcance de la razón.

Se trata de hombres y mujeres que afrontan el problema del mal no ya como algo ajeno que asalta su razón desde fuera, sino como parte de su propio ser, Medea reconoce ante su nodriza " siento pasión por atacar" (Séneca, v. 157). Su locura es lúcida, la pasión y la razón se enfrentan pero es una lucha desigual, la despedida de la agonista de sus hijos nos lo demuestra: " Ya comprendo, ya conozco en toda su extensión la horrible maldad que voy a cometer, pero la ira ( pasión) es mi más poderosa consejera, y la causa de las mayores desventuras entre los hombres". (Séneca, v. 918-919)

En el filme nos topamos constantemente a referencias de esta locura que invade a Julia, una mujer que tiene la rabia sumida en la mirada. " ...Voy a tomar providencias. Al cabrón de Nicolás le escribo el destino con sangre en el pecho, con sangre fresca. Te lo juro por la sangre de mis hijos... Te lo juro con la sangre de mis hijos..." (Garciadiego, 1999, 9) dice a su madrina mientras acomoda las sábanas del tendero en la azotea del edificio.

Y desde la televisión se la discute:

"Doctora Liceaga

Sucede que cuando se sobreviene la crisis emocional la mayoría de las mujeres padecen un cambio hormonal, están en los llamados "esos días"

Doctor molinare

En esos días las mujeres deberían quedar bajo la tutela de la ley

Dra. Liceaga

No me salga con tropelías, doctor Molinare. Está hablando de cinco días al mes, el 25 % del tiempo de la mitad de la población mundial.

doctor molinare

Le salgo con la verdad científica. En los países de avanzada, esos días las mujeres no son sujetos de la justicia legal, y le hablo de Suecia, de Noruega… de gente seria

La conversación es interrumpida por el trío y su maraquero que irrumpen en la discusión y se trepan arriba de la mesa. Los tres cantan muy serios. Los invade una seriedad nueva, la seriedad del agorero

Anselmo Fuentes

Dicen que perdió los cabales.

Dicen que perdió el amor

Dicen que apostó y perdió

Y que el mal hado se llevó

 

coro: sus hermanos

Pobrecita hembra mía, nacer mujer te toco. Te lo decían tus sentidos, te lo decía el corazón…. Las mujeres sienten mucho…. Saben lo que es el amor… y una mañana de tantas…. dan rienda suelta al amor.

voz cantante

Pobre y cándida mía, igual que otras te engañaron, burlaron tu corazón… " (Garciadiego, 1999, 36)

Donde hay compensación hay justicia y no hay tragedia, dice Steiner. El teatro trágico se reafirma en la idea de que la necesidad es ciega y el encuentro del hombre con ella lo despojará de sus ojos.

La ironía se ahonda, la proyección de lo trágico en el texto - destino deja al descubierto que los recursos científicos y de poder material de éstos tiempos pos - modernos hacen de los hombres seres aún más vulnerables.

La tragedia es irreparable, no puede llevar a una compensación justa y material por lo padecido. En éste nuevo texto la crisis de Julia se produce - al igual que en su texto fuente - por la sustitución de un lecho por otro. Su articulación se produce con la figura del dolor y ya no como en Eurípides con la deshonra y la traición. El lecho, entonces, se convierte en otro sema clave en estos discursos comprometidos en el análisis.

En la tragedia senecana existen en total catorce referencias al "lecho" que pertenecen al discurso de Medea; las restantes son emitidas por el mundo masculino ( Coro, Creonte y Jasón.). La mayoría de dichas referencias son al lecho de Medea. En la tragedia fílmica esto se condensa según la elección del enunciador al presentar las escenas de los coitos desde superficies reflejantes – reflexivas - el aparato televisivo y los espejos. Julia, lo mismo que Medea, matará para vengar el abandono de su lecho.

En ambas piezas también la referencia al parto es fundamental. Medea y Julia han dado a luz y es su condición de madre la que define el tipo de venganza " ... un hogar parido por el crimen, por el crimen será abandonado..." ( Séneca, v. 139) Como lo marcábamos en el filme, la pieza senecana - sobre el hiriente discurso de Medea en el que consume su crueldad - considera el cuerpo del niño como una prolongación directa del cuerpo de Jasón. Jasón no abandonó a una mujer sino a una madre y ella, que parió un hogar con el crimen, con un crimen lo deja abolido.

La idea de matrimonio y exilio en ambas piezas se articulará en la escena del diálogo entre Medea y Creonte (Julia y la Marrana) lugar donde se plantea un correlato entre los tiempos de la virginidad, los del bienestar de la doncella viviendo una época dorada que la Fortuna fácilmente encarnable en Jasón (Nicolás) arruinó.

Como lo vaticinara el trío:

"... Aquel mundo está lejos. Aquel mundo se perdió. Ahora queda el consejo, que te damos con amor. Olvida la Arcadia aquella, que te crió con amor, que ahora solo te quedan, angustias del corazón…"( Garciadiego, 1999, 23.)

El desenlace del periplo nos enfrentará a la abrumadora catástrofe, la representación del filicidio. Julia al igual que Medea, no lo hará para Jasón sino como un sustituto más cruel de su propia muerte. Mucho antes que se sucediese ya nos lo decía esta curandera de barrio bajo: "... todo a lo que el cabrón le haya tomado querencia lo voy a destruir, se lo voy a quitar, lo voy a dejar solo de alma y cuerpo, solito. Aunque su soledad me cueste a mi propia soledad..." ( Garciadiego, 1999, 8.) Porque "... Ellos tienen la sangre nuestra, la tuya y la mía. Y hay que desunir nuestras sangres, Nicolás. Ya no va quedar una gota de esa sangre que llamamos nuestra… ya no vas a poder mandarme a tu olvido. Te me volví inolvidable..." ( Garciadiego, 1999, 51.)

La tragedia ha caído sobre el patio de esa casa, Julia sale caminando lentamente, sólo se escucha el llanto de Nicolás.

No hay otro, camino sólo el éxodo que nos señale como espectadores el final de ésta representación. El trío en off canta sus últimas palabras:

"... Ay que destino tan triste… Ay que destino tan cruel… Que la agarró de repente y le partió el corazón… Desgraciada la dejaron, la desgracia le cayo. Era cosa del destino, lo que a ella le ocurrió. Era cosa del destino la venganza que tomó..." (Garciadiego, 1999, 52.)

 

Mientras, a través de la imagen de la televisión vemos a un taxi - en el que Julia se ha subido –sumirse en el tráfico urbano. Una imagen en blanco y negro, gorda y confusa lo ve perderse en el ajetreo. ( Garciadiego, 1999, 52)

 

Exodo.

Este breve itinerario ha buscado delinear algunos de los aspectos en los que el filme - como intertexto - se presenta cruzado por ese otro texto que es la pieza de Séneca. Condensando sobre si ciertos elementos constituyentes de la tragedia y, desde su propia autonomía de discurso originario deviene en un espacio representativo que amplía e interpreta desde su propia subjetividad la condición de lo trágico en su propio mundo contemporáneo.

Para los mexicanos, afirma el autor, "... no hay mas que darse vuelta por los barrios de las ciudades o el campo para descubrir la miseria y debemos plasmarla en nuestras películas: es algo ineludible. (...) Personajes que sufren, que tienen que vivir una cotidianeidad descarnada, con sentimientos que afloran a la superficie con mas carne y, casi siempre con brutalidad..." ( Ripstein, 1998, 54.)

Una poética que se ha encargado de retratar una y otra vez a los "mexicanos del sótano", un cine que contempla la vida social como una asfixiante trampa, que descarta la representación de una pobreza idealizada creando un espacio fílmico que actúa como artefacto para la memoria, trayendo los márgenes al centro de la imagen como posibilidad para la revancha, para el insulto, la ofensa, la maldición, el estruendo y los gritos, ese cine es el de Arturo Ripstein y el universo ficcional creado por Paz Alicia Garciadiego.

La elección de Medea les permite seguir una indagación que se viene dando en sus producciones sobre lo femenino y en este caso abordarlo desde el peso terrible de la maternidad en estos sectores desplazados y amplios que son parte de la sociedad que los rodea.

La necesidad de trabajar el mito desde la pieza latina nace en la búsqueda de una simbología más comprensible para nuestra tradición acerca de la culpa y el pecado. La puesta en escena de Así es la vida nos confronta con la sexualidad asociada a la Caída, al espanto de la Condenación, un lugar contiguo al horror fruto de una sociedad que aún sostiene una fuerte censura de la Iglesia. Como viene haciéndolo desde hace cuatro décadas Ripstein no cuestiona el lugar del tabú sino a su tótem, esta trinidad que se ancla en la familia patriarcal, la religión laica y el estado paternalista. Desmonta y expone un estado de violencia permanente, casi siempre latente, a ratos desembozada, pero destinada al escarmiento de algunos y al ejemplo de todos.

Una escritura poética donde la posibilidad del happy end está completamente descartada.

Arturo Ripstein

     Bibliografía:

 

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   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo