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EL
CIUDADANO KANE
Por
Sussana Farré
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Imagen
de El ciudadano, la célebre obra de Orson
Wells.
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El
film El ciudadano, de Orson Wells, realizado en 1941,
es una de las máximas obras de la historia del cine.
El guión del film, escrito por Welles y Herman Mankiewicz, desarrolla
el ascenso y caída de un magnate de la prensa. Este personaje
fue construido a través del modelo de William Randolph
Hearst, gran magnate masmediático. En el artículo
que sigue a continuación, de Sussana Farre, y editado
previamente en el sitio miradas.net, se intenta explicar el
porqué de la trascendencia de esta obra cuyo eco nunca
ha decrecido desde la época de su estreno.
EL
CIUDADANO KANE
Por
Sussana Farré
Se
da en la trayectoria profesional de Orson Welles una curiosa
paradoja que sitúa el inicio de su calificación como enfant
terrible hollywoodiense precisamente en un golpe de suerte
que nadie pudo ni podría volver a disfrutar en tan famoso imperio.
Welles fue el novato más afortunado hasta el momento en la fábrica
de sueños. Y lo de novato es un decir, ya que a la edad de veinticinco
tiernos años, en la que estrenó su afamado Ciudadano Kane,
era ya una figura reconocidísima en el teatro y en la radio,
en los cuales había obtenido sonados triunfos y también sonados
escándalos (1). Welles remató su precoz trayectoria profesional
con la irrupción en el cine, medio que le permitiría demostrar
que su genio no se acababa en el escenario o delante de un micrófono,
sino que podía extenderse hasta la perfección utilizando como
herramienta un lenguaje lleno de nuevas posibilidades aún por
descubrir.
Orson
Welles pasará a la historia como autor de una sucesión de obras
maestras que se adelantaron quizá al momento en que se crearon.
Entre ellas, la primera aún se mantiene como una de los films más
famosos y a la vez polémicos de la historia del cine. Ciudadano
Kane, estrenada en 1941 tras muchos meses de escándalos y
vicisitudes a muchos niveles, es aún hoy una de las obras más
emblemáticas y una de las películas más geniales que jamás se
hayan creado. Aunque muchos consideran que esto es una exageración,
lo cierto es que pocos films han conseguido hasta el momento una
aceptación y valoración similares. Multitud de personas, doctas
o no en materia de celuloide, conocen o han oído hablar de Kane.
Pero, ¿a qué obedece tanto bombo y platillo? ¿Cuál es el
verdadero secreto de tan venerado film? ¿Es realmente una de las
mejores obras cinematográficas de la historia? Todos nos hemos
hecho alguna vez estas preguntas. Y las respuestas que nos han ido
dando son en muchos casos demasiado ambiguas y corresponden a
menudo a las simpatías u odios que el cine de Welles genera, más
que erigirse en argumentos objetivos irrefutables.
Son
muchas las cuestiones que contribuyen a ampliar la mitología que
alrededor del film se ha ido gestando. Para empezar, y si queremos
desmenuzar algunas de las claves que explican tan renombrado éxito,
hay que destacar que Ciudadano Kane fue la primera de las
dos obras que Welles realizaría para la RKO en cumplimiento de
uno de los contratos más inusuales y polémicos que ningún
estudio hollywoodiense ha otorgado jamás a un director, y mucho
menos para la realización de su opera prima. Fue gracias a un
productor tozudo, George J. Schaefer, empeñado en fichar al
causante de la histeria marciana provocada en Nueva York, que
Welles pisó por vez primera Hollywood. El contrato que obtuvo de
los estudios fue inédito hasta el momento, y otorgaba al director
una envidiable autonomía artística que poco tenía que ver con
el control que habitualmente las majors ejercían sobre sus
producciones. Welles quedaba obligado a realizar, escribir e
interpretar dos films a cambio de gozar de libertad absoluta y
poder de decisión en todas (2) las etapas de realización
de las dos obras. Era pues del todo normal que Welles fuese mirado
con recelo por muchos de los profesionales que entonces trataban
de abrirse camino o conservar su estatus en la difícil fábrica
de sueños. Una cosa era que el niño prodigio de Broadway
deleitase con sus montajes e interpretaciones teatrales, e incluso
que se atreviese a escandalizar con sus incursiones radiofónicas,
y otra muy distinta era que aterrizase peligrosamente en las
colinas de California con un contrato bajo el brazo que ponía en
ridículo los esfuerzos de muchos por darse a conocer.
Pero
no fue tan sólo el inusual trato de favor hacia Welles por parte
de la RKO lo que le propició enemigos dentro y fuera de la misma
productora. Ciudadano Kane originó una de las polémicas más
encendidas que ha vivido Hollywood a lo largo de su historia. El
guión del film, escrito de manera conjunta por el mismo Welles y
por Herman Mankiewicz trataba sobre el ascenso y caída de un
magnate de la prensa, figura claramente inspirada en el gigante
mediático William Randolph Hearst. El pez gordo Hearst desató
sus iras en contra del film ya antes incluso de su estreno, al
enterarse por sus secuaces periodísticos de que en él se
retrataba con descaro los aspectos más sórdidos de su
trayectoria profesional y privada (3). Sobre todo en este último
punto, el film de Welles resultó especialmente ofensivo para el
magnate ya que, según se cuenta, la misteriosa palabra que Kane
pronuncia en su lecho de muerte, el famoso Rosebud,
correspondía según parece al nombre que Hearst daba a las partes
íntimas de su amante, la actriz Marion Davies. Aunque numerosos
ejemplos en el film remiten de manera directa a la figura de
Hearst, semejante insulto no podía pasar por alto, y sea por
Rosebud o por el patético retrato de su persona, el magnate trató
por todos los medios de evitar el estreno del film, llegando
incluso a amenazar a altos cargos de toda la industria cinematográfica
con hacer públicos ciertos "asuntos sucios" de la vida
privada de algunas personalidades de Hollywood (de ahí la famosa
frase que parece que dirigió a Louis B. Mayer «si queréis
vida privada, yo os daré vida privada»). El film,
afortunadamente, llegó a estrenarse, con un enorme éxito de crítica
que, desafortunadamente, no correspondió con el mismo éxito de
taquilla. Welles pagó caro el haber desafiado a Hollywood, y
sobre todo el haber confiado en la inteligencia y el buen criterio
de un público que más se regía por las convenciones del
entretenimiento más banal que por la capacidad de discernir un
producto bien hecho. El film no recaudó lo esperado, y las
grandes expectativas de Welles en la industria del cine empezaron
a ponerse en tela de juicio. Welles hubo de enfrentarse asimismo a
la acusación (revivida con los años por la crítica
norteamericana Pauline Kael en el prólogo al guión del film
editado en 1971), que ponía en entredicho cualquier participación
de Orson Welles en la elaboración del guión del film,
atribuyendo exclusivamente a Mankiewicz la autoría del mismo (4).
La
autoría del guión, quizá más famoso de la historia del cine,
ha hecho correr mucha tinta y no deja de ser paradójico que la
industria otorgara el único Óscar de entre los nueve a los que
optaba el film precisamente a la categoría en la que la
participación de Welles había sido ampliamente cuestionada.
Pese
a la controversia que rodea la paternidad del guión, no se puede
negar la importancia del film en su contribución a la historia
del cine, sobre todo en los aspectos relativos a la disposición
narrativa de los hechos y a la puesta en escena de los mismos.
Acompañado por profesionales de primera talla, entre los cuales
detacan el director de fotografía Gregg Toland (5), el montador
Robert Wise (6) y el músico Bernard Herrmann (7), Welles marcó
con su film un punto y a parte en el lenguaje cinematográfico que
se había desarrollado hasta el momento. Ciudadano Kane
es una biografía, la de un personaje público que muere
pronunciando una enigmática palabra en los labios. A partir de la
investigación de un periodista, que trata de averiguar el
significado de la palabra misteriosa, se reproducen una serie de
trazos de la vida de Kane que corresponden a algunos de los
recuerdos de las personas más cercanas a él, los cuales dibujan
un retrato más bien difuso de la personalidad del magnate.
Cinco narradores se encargan de desnudar el alma de Kane a través
de los flashbacks, curiosamente sin conseguirlo: Thatcher,
Bernstein, Leland, Susan, y el mayordomo. Antes de éstos, un
noticiario cinematográfico que informa de la muerte de Kane ayuda
al espectador a situar los hechos y personajes que a continuación
serán narrados. Lo más paradójico del film es que ninguno de
los personajes logra aportar luz al misterio de Kane, y sólo el
espectador conocerá al final de la historia el amargo secreto: el
verdadero significado de Rosebud. Aún así, Kane es un personaje
del todo lejano para el espectador. El distanciamiento del
actor hacia su propio personaje es una de las características del
estilo de Welles, tanto en su labor como director y actor teatral
como cinematográfico. La dama de Shanghai (The
Lady from Shanghai, 1948) es uno de los ejemplos posteriores
que más críticas recibió en cuanto a este estilo
interpretativo. Pero el cine funcionaba como fuente de evasión, y
la gente necesitaba en aquellos momentos sentirse identificada con
unos héroes más o menos estereotipados a los cuales poder amar u
odiar. Kane era demasiado complejo y distante, y su alma era
demasiado sombría y extraña para poder ser comprendida y
compadecida.
Además
del personaje de Kane y la difícil empatía hacia él, había en
el film muchos otros aspectos demasiado innovadores para ser
valorados en su justa medida. A Welles le gustaba jugar con la
capacidad de anticipación del espectador. Ciudadano Kane
tiraba al traste cualquier previsión sobre el desarrollo de la
trama. Con un inicio que más tiene que ver con las películas de
misterio que con un retrato biográfico, el film utilizaba un
discurso formal inicial que hacía prever el desarrollo de una
trama convencional de suspense. De repente, y una vez Kane muere y
pronuncia su último suspiro, un noticiario cinematográfico
inunda la pantalla de luz y dinamismo, contraponiéndose
formalmente a la iluminación y a la estética expresionista
inicial y sacudiendo al espectador en su butaca. El público se veía
obligado a resituarse y puede que este esfuerzo no gustase
demasiado. Tras el estilo vertiginoso y claramente influenciado
por los informativos cinematográficos y sobre todo por el medio
radiofónico, el cual Welles conocía a la perfección, el
noticiario que había roto con el misterio inicial se rompía a su
vez de manera no menos violenta y dejaba la pantalla en blanco,
dejando al descubierto entonces que se trataba de una proyección
dentro de la propia del film. Se producía pues una metalepsis, en
la que el discurso anterior se convertía en una doble ficción,
para el espectador real y también para unos espectadores
ficticios que dentro del film, asisten a la proyección del
noticiario. El colmo se produce cuando, tras este caótico
planteamiento, el desarrollo de la acción discurre a través de
una serie de flashbacks que no aportan apenas nada en la
investigación del pobre periodista.
Acompañando
a esta estructura de collage, el film era del todo
innovador en multitud de aspectos formales. Entre ellos, cabe
destacar la espléndida fotografía de Toland, quien revolucionó
el arte del cine con la utilización de planos con unos
inquietantes contrapicados que, colocando la cámara en algunos
casos a un nivel inferior al mismo del suelo, dejaban ver los
techos de los decorados. Así, los interiores opresivos del
Inquirer, se contraponen a los extensos espacios de Xanadú, la
mansión en la que Kane morirá junto a toda su fortuna. Pero
también aquí se deja ver la huella del director. A Welles le
gustaba jugar con el espacio escénico. En algunas de sus obras
teatrales de juventud transgredía los límites espaciales del
escenario para inmiscuirse en el patio de butacas y desarrollar la
representación desde allí. En el caso del cine el encuadre era
una limitación del espacio que había que rebasar. Así, la
utilización del fuera de campo es constante en el estilo formal,
no ya de Ciudadano Kane, sino de otras muchas películas de
Welles. El encuadre se extendía, no sólo por los laterales, sino
asímismo, y sobre todo, en profundidad. La utilización
sistemática de la profundidad de campo es otra de las
innovaciones que Toland/Welles han legado a la historia del cine
(famoso encuadre el del intento de suicidio de Susan, por no
hablar del plano que ilustra la secuencia de la cesión del niño
/ Kane a la tutela de un banco, en la que los diversos sujetos
narrativos dentro de un mismo encuadre ilustran de manera simbólica
que el niño del fondo es el verdadero centro de atención de la
acción desarrollada en primer término).
El
montaje de Wise es otra de la cualidades del film. Los
encadenados por analogía formal, como el que articula la elipsis
de usurpación de los empleados del Chronicle sobre una foto de
los mismos, o el progresivo acercamiento inicial a Xanadú
utilizando como pivote entre planos la iluminación de la ventana
donde muere Kane o la articulación de un flashback de
Leland aprovechando la iluminación del fondo, demuestran que,
pese al innegable talento de los colaboradores, la coherencia
formal no se habría dado sin la dirección de un excelente
director. Inigualables los montajes elípticos como las
conocidas secuencias de la decadencia del primer matrimonio de
Kane, en la que a través de una sucesión de desayunos separados
por panorámicas en barrido se muestra la progresiva distancia del
matrimonio, o el progresivo fracaso de Susan, el cual es comparado
a la vida de una bombilla que lentamente se consume. Y qué
no decir de las escenas finales del film, cuando Susan abandona a
Kane en su inmenso palacio y éste vaga por los amplios espacios y
ante los espejos (inevitable la conexión con La dama de
Shanghai). Por último, no podemos dejar de mencionar el papel
que el sonido juega en el film. El aspecto sonoro,
injustamente olvidado a favor del poder de la imagen, toma en Ciudadano
Kane un papel de destacada importancia. No hay que
olvidar que Welles provenía del mundo del teatro y de la radio,
medios en los cuales el sonido juega un papel importantísimo. Así,
son de especial interés los cortes sonoros que disimulan elipsis
temporales, como la entrega de Thatcher al niño Kane de su regalo
de navidad, en la cual el pequeño pronuncia la frase «Feliz
Navidad», a la que Thatcher responde en contraplano «Y próspero
año Nuevo» . Aunque se produzca mediante el diálogo una
continuidad sonora, se articula en la acción una elipsis de
muchos años, a través de la cual Kane se ha hecho adulto.
Quizás
en algunos casos el excesivo formalismo pueda cansar a un tipo
de espectador que valore más el naturalismo estético, pero no
se puede negar que, aún de acuerdo o no al estilo, Ciudadano
Kane es realmente una película mayúscula. No sería justo
valorar la obra desde la perspectiva que el cine actual nos
da. No hay que olvidar que para un espectador de los años cuarenta,
la televisión era todavía un sueño lejano y una obra de las
características de Ciudadano Kane debió suponer una revolución
formal de difícil aceptación inicial por el público. Pero Orson
Welles no fue un incomprendido; por el contrario, su genio era
ensalzado y reconocido por cualquier experto en el arte del
cine. El problema con el que lidió Welles fue la extrema inadecuación
que sus obras tuvieron, no ya sólo con respecto a un público
aún poco preparado para su visionaria capacidad creativa, sino
también hacia una industria que poco interés tenía en la pobre
recaudación de sus films. (*)
(*) Fuente: Sussana
Farré, "El ciudadano Kane", editado previamente
en www.miradas.net
Notas
(1)
De todos es conocido el revuelo que armó Welles la noche del 1
de noviembre de 1938 cuando escenificó por la radio La
Guerra de los Mundos de H.G. Wells, en la que unos marcianos
aterrizaban en Nueva Jersey, y con la cual demostró el gran
poder que los medios de comunicación ejercían sobre la atónita
audiencia.
(2) Es de remarcar irónicamente este hecho, ya que las
posteriores obras hollywoodienses de Welles se caracterizarían
por una humillante intrusión por parte de los estudios en el
montaje final de los films.
(3) Curioso es, sin embargo, que el guión de Welles y
Mankiewicz ni mencionase una de las leyendas más negras de la
historia de Hollywood, la muerte del director Thomas H. Ince, en
extrañas circunstancias y a bordo precisamente del yate de
Hearst.
(4) Sobre la controversia originada por la polémica atribución
de la autoría del guión, Esteve Riambau hace un análisis en
su estudio "Orson Welles, el espectáculo sin límites",
Col. Dirigido por…, Barcelona, 1990 (1ª ed. 1985),
pp.125-136.
(5) Toland era ya una figura muy importante dentro del panorama
cinematográfico, habiendo ganado antes de su participación en
Ciudadano Kane un Óscar de la academia por el film Cumbres
borrascosas (Wuthering Heights, 1939), de William Wyler, y
haber participado en films de la talla de Las uvas de la ira
(The Grapes of Wrath, 1940), Hombres intrépidos (The
Long Voyage Home, 1940), los dos films de John Ford o La
loba (The Little Foxes, 1941), también de Wyler.
(6) Robert Wise comenzó su carrera como montador, pasando a la
historia por su trabajo en Ciudadano Kane y en El
cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons,
1941-42). Poco después iniciaría su carrera como director,
destacando en su filmografía títulos como Ultimátum a la
Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951), Quiero
vivir (I Want to Live!, 1958) y West Side Story
(id., 1961).
(7) Descubierto por el mismo Welles, empezó su carrera en
colaboración con él para la retransmisión radiofónica de La
Guerra de los Mundos, haciendo su debut cinematográfico con
Ciudadano Kane. Más tarde se convertiría en uno de los
compositores más importantes de la historia del cine, recordado
sobretodo por las partituras de las grandes obras de Hitchcock.
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