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 2001. UNA ODISEA EN EL ESPACIO

Viaje más allá de las estrellas

 

Por Esteban Ierardo

 

La nave Discovery, en su vuelo hacia Júpiter, durante la célebre 2001. Una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick.

 

  2001. Una odisea en el espacio (2001: A Space Odissey, 1968), el film de Stanley Kubrick, adapta la novela homónima de Arthur Clarke que es derivación del cuento El Centinela,(The Sentinel, 1951). En 2001, el viaje espacial adquiere dimensiones metafóricas de una profunda trasformación de la conciencia y de una penetración en la trama secreta del universo. En el ensayo que sigue a continuación intentamos descender a la cantera de los sentidos de una trascendental odisea espacial. Nos concentraremos fundamentalmente en la textualidad literaria, en la novela de Clarke, y luego interpoleremos un análisis de la versión cinematográfica de Kubrick.

 

  2001. UNA ODISEA EN EL ESPACIO

Viaje más allá de las estrellas

 

Por Esteban Ierardo

l. 

El ojo humano, o del telescopio, se endereza hacia las estrellas. Las titilantes escamas de luz alfombran el denso y oscuro tapiz del espacio. Y un cohete despega cerca de los arreboles del ocaso. La nave se enfila, como una flecha incandescente, hacia el espinazo del Sistema Solar. En una de las flotantes vértebras en órbita gira el inmenso círculo gaseoso de Júpiter. Luego, Saturno y sus anillos, y sobre el satélite Japeto se recorta la figura misteriosa de un monolito. Entonces, en la cápsula espacial, el viajero explora la serpiente de un espacio secreto, que zigzaguea donde se quiebra la medida del reloj. Y allí, arde una estrella de infernal aliento rojo, y una Enana Blanca, un nacarado y lechoso firmamento, y el vacío, una fuente, una noche más allá de la orgía de estrellas. El lugar donde renace una conciencia embriagada....

II. La imaginación pronuncia muchos lenguajes. El de las artes plásticas, la composición musical, la literatura, la ciencia o la invención tecnológica. De la creatividad técnica brotan dos perfiles de la fuerza imaginante: la ocurrencia imaginativa creadora del invento, o su anticipación visionaria. En esta última posibilidad, se festonea una de las aristas cruciales de la literatura de Arthur Clarke: la prefiguración de formas inventivas del mañana. Las fuentes del paraíso o Cita con Rama, son ejemplos (1). Pero la anticipación imaginativa de Clarke se expresa también en su labor como difusor de temas científicos(2). En la segunda guerra mundial, Clarke participa en la dirección de los primeros radares que fueron esencial fuelle en la lucha contra la Luftwaffe germana. En la década del 50', Clarke anticipa la idea de satélites orbitales de comunicaciones. La anticipación del prodigio técnico futuro tiene claros antecedentes en la historia del entrecruzamiento imaginación y ciencia o tecnología: Leonardo en el Renacimiento, Julio Verne y Albert Robida en el siglo XIX; y también esta anticipación futurista podría extenderse incluso a la literatura de la antigua India (3).

Como todo genuino exponente de la ciencia ficción, la obra de Clarke siempre respira en la simbiosis del conocimiento tecno-científico y la libertad de la ficcionalización. Pero un meandro más singular en la literatura del autor inglés, es la transformación de la amplitud del espacio cósmico en escenario de un viaje visionario. Técnica, astronáutica, astrofísica, y la física especulativa de los espacios paralelos, componen, como veremos, el preámbulo de una experiencia cósmica de trasformación antropológica.

 En 2001. Una odisea en el espacio, el viaje en el espacio exterior no es sólo propagación física de una mirada exploradora, incremento del conocimiento científico. En la célebre novela de Clarke, el viaje espacial es parte de una alquimia visionaria transformadora de la conciencia.

 Stanley Kubrick consumó la adaptación cinematográfica de la novela de Clarke, concebida como continuación del previo relato El centinela. Como siempre acontece entre la matriz literaria y su duplicación fílmica, existen diferencias, sitios donde el precedente literario se retrae en silencios y omisiones en la versión fílmica. Sin embargo, la reelaboración de Kubrick rinde culto a la vitalidad simbólica de la obra madre.

 En el cruce de la textualidad literaria y su traducción por el cineasta de la Naranja Mecánica, entre otras aristas, destacaremos que: (a) en la obra de Clarke la realización de las más alta potencialidad humana depende de la reintegración (¿acaso religiosa?) con el universo replegado en una fuente abismal creadora de la materia; (b) tras la acción de una inteligencia extraterrestre, se repite la figura arcaica del espíritu auxiliar que guía el desenvolvimiento superior de la conciencia humana; y (c) en los análisis habituales de la obra se insiste en la victoria del hombre sobre su propia creación artificial, el computador Hal. Más allá de esta afirmación, seguramente válida en su sentido más general, la tecnología generada por el intelecto humano (con sus ingenios artificiales e inteligentes) no es obstáculo a superar, sino mediación positiva en la apertura de la mente a la complejidad del universo, al misterio de la fuerza creadora de la materia, y a un proceso de trasformación del cuerpo limitado en libre pensamiento luminoso.

lll. La novela de Clarke fluye sobre la indubitable existencia de una inteligencia extraterrestre. En esta cuestión, la trama imaginativa del novelista inglés se condice con los resultados de la famosa ecuación Drake (4).

 En la Base lunar Clavius, en el cráter homónimo, se descubre un monolito enterrado a diez metros de profundidad. Su antigüedad es calculada en cuatro millones de años. Antes de la aparición de los primeros monos-humanoides, una misteriosa civilización incrustó en el plateado cuerpo lunar un "centinela", un emisor de ondas radiales con un incierto propósito. El hallazgo del antiguo monolito asegura la existencia de una ancestral inteligencia no humana. Esta evidencia supera la teoría de la panspermia con su aceptación de una posible llegada al planeta de la vida como microorganismos extraterrestres mediante meteoritos o cometas, tal como lo sugieren algunos científicos (5).

 En épocas pasadas, ya algunas mentes visionarias concibieron la posibilidad de la múltiple existencia de civilizaciones en el universo. La inteligencia no es atributo terráqueo exclusivo. La acción inteligente se halla dispersa entre las galaxias. Así, ya lo imaginaron Luciano de Samosata en sus Relatos verídicos, Giorgano Bruno en Sobre los infinitos mundos, Kant en su Idea sobre una historia universal cosmopolita (6); y, también, el astrónomo holandés Christiaan Huygens, pionero escrutador de los anillos de Saturno, descubridor de su luna Titán, sospechó la palpitación de otros seres inteligentes en el universo. En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Virginio Schiaparelli, director del Observatorio Brera de Milán, observó meticulosamente la superficie marciana, y una serie de líneas bien definidas que creyó reconocer en la topografía del Planeta Rojo, y a las que llamó "canales", pero sin ninguna sugerencia de un posible origen artificial de estas formaciones. Luego, el famoso astrónomo norteamericano Percival Lowell (1855-1916), director del Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona, difundió la idea de un origen artificial, y por lo tanto inteligente, de los supuestos canales en su obra Mars and Its Canals.

El hallazgo del monolito T.M.A.1 en la Luna es incontrastable demostración de la realidad de la inteligencia extraterreste. El doctor Floyd visita la Base lunar Clavius, luego de pasar por una Estación Espacial, con el encargo de averiguar más profundamente lo ocurrido y mantener en secreto el gran descubrimiento. Se difunde el falso rumor de una epidemia en Clavius para ocultar la verdad. Cuando con otros científicos Floyd visita el lugar del descubrimiento, un penetrante sonido surge del monolito. Se concluye luego que la incisiva sonoridad se vinculó con una emisión radial, un mensaje inteligente, enviado hacia Japeto, una de las lunas de Saturno, en el momento de la salida del Sol. Dieciocho meses después parte de la Tierra la nave Discovery, con el supuesto objetivo de visitar Júpiter. La verdadera misión es acercarse al posible hogar de la civilización creadora del monolito; éste objetivo es ocultado a la tripulación humana, y sólo es conocida por el supercomputador Hal.

La segura existencia de la inteligencia extraterrestre exige una explicación especulativa sobre su origen, sobre su posible lugar de procedencia. La estrella más cercana a nuestro sol es Alfa del centauro, a 4 millones de años luz. Para llegar hasta ella sería preciso un viaje de veinte mil años. Por lo que seguramente los constructores del monolito debían de habitar dentro de nuestro Sistema Solar. Pero los detractores de esta suposición, alegan que la técnica de la hibernación, ya empleada en el Discovery, puede superar esa dificultad. Además, equiparar el tiempo de vida del hombre con el de otros seres inteligentes en el cosmos es un frágil e indemostrable supuesto. Y esto porque "podría haber criaturas en el Universo para las cuales un viaje de mil años sólo representase un pequeño inconveniente" (7). Por otro lado, al desmoronarse esta suposición, de aparente firmeza pétrea, podría agregarse la condición insuperable de la barrera de la velocidad de la luz. Frente a esta ley, avalada por la teoría de la relatividad general de Einstein, se alza la alternativa de las llamadas "picaduras de gusano" en el hiperespacio, agujeros o túneles que ocultarían atajos en dimensiones paralelas que asegurarían así "una conectividad hiperespacial".

  La dificultad para la aproximación física a la Tierra o la Luna de otra inteligencia se une a la ineludible evaluación de su naturaleza pacífica u hostil. La guerra de los mundos de H. G. Wells popularizó la esencia destructiva de la civilización extraterrestre. La maldad intrínseca quedó confirmada y resignificada en términos ideológicos por la era macartista, en los albores de la guerra fría. El extraterrestre se confunde, entrelíneas, con la amenaza de una inminente invasión comunista (8).

 Cuando el doctor Heywood Floyd revela finalmente el propósito de la misión al astronauta David Bowman, asegura que "debemos suponer, hasta que no tengamos pruebas en contra, que pueden ser hostiles. Ha sido argüido a menudo que toda cultura avanzada debe ser benévola, mas no podemos incurrir en riesgo alguno" (9). También los antropólogos explican el "choque cultural" producido en la historia entre civilizaciones superiores e inferiores. En estas colisiones, las culturas más primitivas no pueden resistir su asimilación o disolución ante la civilización más elevada.

 Sin embargo, en la imaginación futurista de Clarke, la naturaleza de la inteligencia no terrestre es un modelo superior de existencia y una posible forma de intervención positiva en el desarrollo humano. 

 En el capítulo "Concerniente a los E.T", luego de invocar los problemas de los viajes en la distancia espacial, se abre la postulación imaginativa de lo que llamaremos la alteridad corporal. El cuerpo orgánico es quizá sólo el comienzo de una evolución superadora. Esta primera forma de corporalidad es superada por un cuerpo cibernético, compuesto por metal y plástico, posible vía hacia la inmortalidad, dirigida por el órgano cerebral; así, el cerebro dirige "sus miembros mecánicos", y observa "el universo a través de sus sentidos electrónicos...sentidos muchos más finos y sutiles que aquello que la ciega evolución pudiera desarrollar jamás "(10). De esta forma, la escisión mente-máquina encuentra una "completa simbiosis". Y, en un peldaño más alto de la especulación biológica en relación a la alteridad corporal, algunos biólogos de tendencias místicas "especulaban que la mente terminará por liberarse de la materia. El cuerpo-robot, como el de carne y hueso, sería solamente un peldaño hacia algo que, hacía tiempo, habían llamado los hombres "espíritu". Y si más allá de esto había algo, su nombre sólo podía ser Dios "(11).

  La transformación, aunque sólo sea especulativa, del cuerpo orgánico en libre y viajera entidad espiritual, representa ya no un atributo exclusivo de angélicos seres suprasensibles, sino el norte de un posible desarrollo superior de la individualidad inteligente en el universo material.

El destino del cuerpo es su espiritualización. Un camino donde se puede vislumbrar una afinidad con el evolucionismo místico de Teilhard de Chardin, en El fenómeno humano, donde todas las formas materiales de la creación avanzan hacia un punto omega, hacia Dios. En el pensamiento del gran científico y teólogo jesuita, lo divino es en la materia, en la corporalidad que, a través de los anillos de la creación material, vuelve a sí mismo como creadora conciencia espiritual.

 Pero regresemos a la novela de Clarke. La inteligencia extraterrestre, asociada al monolito en la Luna, y su variación que aparecerá luego en Japeto, actúa como conciente y providente intervención que guía el periplo del astronauta Bowman hacia un estallido de conciencia superior. Esta influencia benéfica en el hombre de una conciencia extrahumana en 2001 actualiza la arcaica función psicopompa de los animales auxiliares del chamán en su viaje hacia el más allá (12).

 También, el influjo de una inteligencia extraterrestre determina una realidad antropológicamente descentrada. Una forma de continuidad del descentramiento del antropocentrismo ensayada antes por el descubrimiento del inconciente psíquico (Freud); la dinámica biológica natural de la evolución de las especies (Darwin); o la impugnación de la tesis geocéntrica ptolemaica (Copérnico).

 El desplazamiento humano hacia un punto de conciencia superior mediante una auxiliadora fuerza exterior, revela, asimismo, la incapacidad del mamífero pensante para construir, por sí solo, el salto hacia un saber trascendental.

 IV. En la novela de Clarke, la existencia de la inteligencia extraterraquea es un presupuesto incuestionado, lo mismo que la teoría de la evolución como filosofía de la historia. En el comienzo es el antepasado simiesco, los humanoides-monos. Su vida es devorada por la exigencia de la supervivencia, por las amenazas de leopardos, por la rivalidad tribal. Moon-Watcher (observador de la luna) es líder natural de un clan enfrentado a la tribu de Una-Oreja. Los hombres-monos del "veldt" habitan en el África, en la región ecuatorial. Muchos viven en cuevas y luchan contra el letal reptil del hambre. Es el ríspido tiempo del pleistoceno. Entre los monos-humanoides se cumple la progresión hacia el desarrollo evolutivo. "En sus oscuros y sumisos ojos se reflejaba una alboreante comprensión...los primeros indicios de una inteligencia posiblemente se realizaría aún durante años" (13). Pero aún el hombre-mono no goza de memoria, no retiene ningún recuerdo del pasado. Vivir el momento presente libre de la agonía del hambre es la máxima delicia. Moon-Watcher, como sus hermanos de especie, contempla la Luna. Muchas veces, desea alcanzar el fantástico ojo plateado. Un primer indicio, tal vez, de una prolongación de la conciencia más allá de la sofocante inmediatez terrenal.

 Y otra novedad entre los valles africanos es la aparición de una "nueva roca". Una losa rectangular, del triple de altura de Moon-Watcher, compuesta de un material transparente. La luz solar destella en sus bordes. El monolito exhala una vibración altisonante, de una sencilla sonoridad que, a la manera de un sortilegio, ejerce su efecto hipnótico sobre los estupefactos humanoides-monos. En la noche, el cristal resplandece. La trasparencia es sustituida por una lechosa claridad. Y por primera vez, Moon-Watcher y los suyos olvidan el ancestral regreso a las cuevas. Mientras pulula el hipnótico flujo sonoro de la piedra enigmática, los primitivos antecesores del hombre moderno ignoran que son investigados por una conciencia, que no se manifiesta a través de un cuerpo evidente y sudoroso. "Jamás hubiesen imaginado que estaban siendo sondeadas sus mentes, y estudiadas sus reacciones y evaluados sus potenciales" (14). Los miembros de la tribu escuchan silenciosas órdenes en su cerebro, que los guían en la ejecución de distintas tareas. Uno realiza un nudo; otro destruye un tallo; otro (Moon-Watcher) arroja guijarros contra una losa; otros alargan sus brazos en toda su extensión. No podrían entender que una influencia extraña los guía y asiste en un sutil crecimiento.

   El monolito dispensa su hipnótica vibración. Condicionados por su ausente o precaria memoria, los humanoides-monos olvidan rápidamente el prodigio. Pero la influencia persiste. Moon-Watcher comienza a experimentar visiones. Las imágenes parecen reales. Moon-Watcher ve una familia, el macho, la hembra, las crías, que exudan bienestar, placidez, alegría. Una realidad que contrasta con las escenas cotidianas. Un "nuevo modelo" comienza a emerger en el humanoide. Bajo la persistente influencia del monolito, Moon-Watcher aprende a recoger una piedra. Siente el placer de un repentino fortalecimiento. Lanza la piedra. La convierte en un arma, un pétreo martillo (lo mismo hará luego, famosamente, en el film de Kubrick, con un hueso). La tribu simiesca inventa otros instrumentos. En un año, el estilo de vida del clan de Moon-Watcher cambia drásticamente. Así, "habían aprendido bien sus lecciones; ahora podían manejar todos los instrumentos que le habían sido revelados" (15). La imperceptible, misteriosa, pero presente influencia otra se une al genio individual de Moon-Watcher. Luego de matar a un antílope, el mono-humanoide "se representó al antílope muerto... en la seguridad de su propia cueva" (16). Un temido leopardo sigue las huellas de la presa. La tribu, ya imbuida de las nuevas habilidades, espera el momento oportuno. Rodea al felino. Lo somete, con sus armas, a un vendaval de golpes. Moon-Watcher vive la muerte de la fiera como una victoria personal. Y lo mismo experimenta cuando cruza una angosta corriente, se adentra en los dominios de Una-Oreja y, con su martillo de piedra, ultima a su contrincante. Ahora es el "amo del mundo". No sabe todavía qué debe hacer, "mas ya pensaría en algo".

 Entre los hechos del nebuloso pasado y la modernidad del sofisticado desarrollo tecnológico, existe un arco continuo. En los albores de la civilización "los constructores de instrumentos habían sido rehechos por sus propias herramientas" (17). Iniciaron así "un proceso acelerador, acumulativo, y en su extremo estaba el Hombre " (18). En ese desarrollo, el hombre accede al lenguaje, que actúa como dominio del tiempo; una superación de la inicial anemia del recuerdo. La humanidad conoce luego las edades del bronce, el cobre, el hierro. La agricultura. Inventa la mitología afiebrada de dioses, y la filosofía y la religión.

 Clarke reproduce un presupuesto evolucionista fundamental. En el comienzo es la precariedad sin saber, ni conciencia. Lo inferior. Luego, en un incierto futuro, se abren las plumas del saber universal y, lentamente, se desplazan las aguas de la evolución. Un proceso que el film de Kubrick representa cuando la primitiva arma de hueso vuela en el aire tras ser arrojada por Moon-Watcher, para después transformarse en una futura y evolucionada nave espacial.

Frente a esta visión de optimismo evolutivo, cuestionada fuertemente en algunos ámbitos de la ciencia contemporánea (19), podría pensarse un camino contrario donde el devenir temporal es regresión. Es lo que acontece, por ejemplo, en la experiencia mítico-arcaica de la historicidad, donde en el comienzo es lo elevado, óptimo, armonioso y omnisapiente (el mito de la edad de oro o el paraíso en in illo tempore), y lo posterior es involución o pérdida de una sabiduria originaria de la que sólo queda luego un disperso remanente como philosophia perennis (20).

En el mismo año del film de Kubrick, en 1968, se estrena El planeta de los simios, en base a la novela de Pierre Boulle. Aquí se puede observar una suerte de ajuste de cuentas con el presupuesto del evolucionismo clásico que muestra lo inferior en el comienzo. En el contexto de un viaje espacial también, en el cuarto milenio de nuestra era, unos astronautas se ven forzados a aterrizar de emergencia en un planeta supuestamente desconocido. Los astronautas, al mando de Taylor (Charlton Heston), exploran la nueva geografía. Y descubren que en ese planeta los seres inteligentes son la familia de los simios: los chimpancés (civiles), gorilas (militares) y orangutanes (religiosos y políticos). Junto a la civilización simia existen también los hombres, que son capturados, y viven de manera salvaje, incapaces de acceder al lenguaje. Con horror, Taylor descubre, al final, que no se encuentra en otro planeta sino en la misma Tierra. La civilización humana se autodestruyó y, en el comienzo de una nueva era en el futuro, se invierte el esquema anterior: ahora, en el inicio, el simio representa lo avanzado, y el hombre padece retraso y salvajismo.

Pero en la novela de Clarke el futuro es garantía de evolución positiva, de un desarrollo espiritual desde la mediación de la ciencia y lo tecnológico. Llegados a este punto, quizá es oportuno pensar el lugar de lo tecnológico desde una perspectiva histórica. En principio, mediante sus herramientas, el hombre aprende a dominar su medio y a adquirir cierta independencia respecto al mismo. Luego, en la modernidad, y como lo observan muchas filosofías críticas (desde Heidegger, hasta la Escuela de Frankfurt, pasando por novelas como 1984 de Orwell, o Un mundo feliz de Huxley), el hombre es dominado por sus herramientas tecnológicas (y por las fuerzas del capital que las emplean en su beneficio). Lo que en un principio le confirió al hombre independencia respecto al entorno natural, se convierte luego, en el devenir histórico, en forma de dominación. El optimismo evolucionista que rebosa la imaginación futurista de Clarke vislumbra una suerte de redención de lo tecnológico. Luego de la tecnología como arma de independencia material, primera etapa; y luego de lo tecnológico como forma de dominación y alienación, segunda etapa, podría surgir un tercer estadio donde la tecnología avanzada es una vía de restauración de una conciencia de lo universal y, por consiguiente, una forma de espiritualización que, paradójicamente, tiene fuertes puntos en comunión con la mirada trascendente de las antiguas religiones. Por supuesto que el problema de las nuevas condiciones políticas o económicas para el advenimiento de una "tecnología liberadora" quedan excluidas en esta visión.

V. La relación entre la visión de un evolucionismo moderno y la perspectiva mítica es fecunda, quizá, para desenrrollar parte de la significación simbólica del monolito. Su presencia en la obra se reitera en cuatro oportunidades. Su primer aparición es en la antigüedad africana; luego reaparece en la Luna; y sobre la superficie de Japeto; y, finalmente, en el hotel imaginario adonde arriba Bowman tras penetrar en la Puerta de las estrellas. En el film de Kubrick se suprime la tercera aparición. En todos los casos, el monolito es un enigma común. Durante la revelación del secreto de la misión a Bowman, el doctor Floyd conjetura que "el monolito puede ser una especie de alarma. Y nosotros lo hemos disparado" (21). El monolito habría transmitido una "potentísima ráfaga de radio o energía". Durante la salida del sol, la emisión habría sido enviada a Saturno. La explicación de Floyd restringe el sentido del monolito a la acción física de una inteligencia diferente a la humana. Como una forma de comunicación interna a esa civilización.

Pero en el contexto del relato de Clarke el monolito posee otras significaciones. Por un lado, es medio material para la influencia extraterrestre sobre lo humano (o humanoide) como fuerza catalizadora del dominio material de un medio hostil (el caso de Moon-Watcher y su tribu en África); o es influjo sobre la reconstrucción y ampliación de la conciencia del astronauta viajero (la presencia del monolito en el hotel en el fondo del espacio abierto tras la Puerta de las estrellas). En un tercer nivel, el monolito actúa como puente o umbral que posibilita el acceso a un plano superior de existencia. Así ocurre con el gran monolito que se alza sobre Japeto. Mediante estas significaciones, el monolito reinstaura viejas valencias del arcaico simbolismo lítico. En el horizonte mítico, las rocas irradiaban posibles fuerzas bienhechoras y fertilizantes. Los monolitos o menhires de Karnac, con su típico aspecto fálico, actuaban, quizá, como potencias mágicas de fertilización de la tierra. La roca como medio de una posible fuerza divina en el mundo humano (equivalente a la superioridad simbólica de la inteligencia extraterrestre), se relacionaba con las piedras que simbolizan la manifestación de lo eterno dentro del tiempo chronos, la temporalidad como desvanecimiento, envejecimiento y debilitamiento. La piedra arcaica asimilada al monolito en África, o en la Luna, es umbral o puerta hacia una esfera sacra, un estadio más elevado de conciencia, como en el caso de la piedra del axis mundi: la kaaba, el onfálos de Delos; e incluso la relación puede extenderse al simbolismo de la piedra filosofal o la puertas o espejos como zonas de tránsito hacia otros niveles de existencia (22).

  El monolito-piedra, o el monolito de materia desconocida, repite la intuición arcaica de objetos privilegiados que funcionan como aperturas a la otredad. La Puerta a las estrellas.

 VI. La novela de Clarke atribuye un notorio protagonismo a la inteligencia artificial. El computador HAL 9000 es el sistema nervioso y el cerebro de la nave. Pertenece a una tercera generación de computadoras. La máquina es una réplica del proceso cerebral humano. La máquina-inteligencia reproduce las operaciones cerebrales humanas, pero con mayor velocidad y precisión. Hal nunca duerme. Su misión fundamental es velar por el continuo y correcto funcionamiento de los sistemas de subsistencia del Discovery (oxígeno, temperatura, casco, radiación). También dirige la navegación y las maniobras de vuelo. Y mantiene los hibernadores con los tripulantes dormidos (Hunter, Whitehead y Kaminski). Poole y Bowman, los dos astronautas despiertos de la nave, pueden entablar con Hal juegos de ajedrez, o dialogar. Las respuestas de la máquina entonces se articulan a través de una voz humana. Hal es una presencia omnipresente. Pero su conciencia operativa se asocia con los ojos de pez distribuidos en el Discovery.

 Hal es un alto exponente de la breve historia de la inteligencia artificial (23). Hal también corporiza el interrogante sobre la verdadera capacidad pensante de una máquina. El matemático y físico Alan Turing, pionero de la computación, había establecido un test para verificar la capacidad pensante de una computadora. En el contexto de un experimento, un sujeto es invitado a sostener un diálogo con dos supuestos interlocutores humanos. En un momento dado, uno de los interlocutores es reemplazado por un computador. Si el individuo mantiene una extensa conversación con el computador sin advertir ninguna anomalía, ello indicaría el poder pensante de la máquina (24). En 2001 se asegura que "Hal podía pasar con facilidad el test de Turing" (25).

  La virtud del pensamiento puede significar también la evaluación de posibles acciones fuera de una previa programación. Hal comete un error. Un hecho que revela una deficiencia, que también adelanta una excepcionalidad, una salida de un código preestablecido. Hal insiste en un comportamiento equivocado, que es revelado por su gemelo en la Tierra. Para ocultar su falla desactiva las cámaras de hibernación. En la novela, desde el Control de la Misión Poole y Bowman reciben la orden de la desactivación de Hal (en el film de Kubrick, el supercomputador descubre esa decisión al leer los labios de los dos astronautas que dialogan encerrados dentro de una cápsula, supuestamente fuera de su alcance). Ante el peligro de la desconexión, y mediante su libre acción pensante, Hal decide eliminar a sus potenciales asesinos, ya que, para él, la desactivación sería un equivalente de la muerte. Frank Poole sufre la primera "acción eliminadora" del supercomputador (26). Bowman logra sobrevivir a una descompresión en el vacío. El único astronauta sobreviviente, finalmente, desactiva a la máquina-inteligente. Hal se mantendrá en una "muerte suspendida", hasta que sea reactivado en la continuación de la aventura del Discovery, en 2010: Odisea Dos (27). Aquí nuevamente sufrirá una desactivación. Pero su anterior "miedo a la muerte" se trocará en la esperanza de un sueño eterno.

 Con la primera desactivación de Hal se disipa momentáneamente la única conciencia que conocía el real propósito de la misión (finalidad secreta que luego Floyd revela a Bowman).

  ¿Pero cuál es la génesis del error en Hal? ¿Cuál es la fuente de la equivocación en cualquier inteligencia hiperpoderosa? La conciencia del secreto genera en Hal algo cercano a la angustia pecaminosa, a un desgarro hiriente en su apacible universo electrónico; lo predispone a una desestabilización o vulnerabilidad de su eficacia técnica. Hal tiene conciencia de que la omisión u ocultamiento de la verdad "lo colmaba de una sensación de imperfección, de falsedad...de lo que un ser humano hubiera llamado culpa, iniquidad o pecado" (28). Hal padece "el conflicto entre la verdad y su ocultación", y esto "estaba ya destruyendo lentamente su integridad" (29). El error o la ineficacia surge entonces no por un posible, aunque remoto, desajuste técnico, por una causa estrictamente endógena a la potencia electrónica. La fuente de la equivocación brota de la oscura generación de evaluaciones cualitativas de naturaleza ética por parte de la máquina. Es malo ocultar la verdad. La traducción de una pauta lógica de funcionamiento técnico en pensamiento valorativo que experimenta Hal reproduce, en realidad, un proceso aún inexplicable plenamente por la ciencia neurológica: ¿cómo es posible que la dinámica físico-química del cerebro humano, resultante de una programación biológica natural (posible equivalente de la programada organización lógico-racional de Hal) pueda, desde un dato físico o material, producir la vida intelectual, la condición abstracta e intangible del pensamiento? ¿Cómo es posible el pasaje de una organización material del cerebro hacia el universo de estructuras de pensamiento y valoraciones morales o estéticas que singularizan al hombre? Enigma de la relación cerebro-mente equivalente al paso de la dimensión lógico-informativa de Hal al plano de la cualidad emocional y valorativa representada por su "culpa por el secreto" y su "miedo a la desconexión".

  La acción eliminadora de Hal, ¿puede entonces ser concebida como rebelión de la máquina (y por lo tanto de una inteligencia secundaria, artificial) contra la inteligencia humana que, luego, finalmente se impondría? No hay aquí rebelión. La desconexión de Hal no supondría, como habitualmente se repite, el triunfo del hombre sobre su creación artificial. La agresividad de Hal contra Poole y Bowman no se inscribe en el esquema máquina versus humanidad, sino en una oscura humanización de la máquina, en una continuación del conflicto ético y el temor humano en la creación artificial. La confrontación de Hal con la tripulación introduce la conflictividad humana dentro del artificio mecánico. El conflicto verdad-mentira, el error y la agresividad como temerosa forma defensiva de Hal, coloca a la máquina inteligente como duplicación artificial de la tragedia. El supercomputador y la técnica como proyección del hombre agobiado por su propia incertidumbre y contradicción.

VII. En el siglo XIX, Max Weber había anunciado el "desencantamiento del mundo". Descartes pensó la naturaleza como máquina, como trama mecánico-matemática de leyes causales. La ciencia positivista expulsó todo mojón de conciencia o animismo de la materia. La división entre lo vivo orgánico y lo inerte e inorgánico se estableció con firmeza.

  La modernidad científica desterró a los dioses de sus cumbres celestes o sus moradas telúricas. En el viaje del Discovery hacia Júpiter, el espacio cósmico y sus cuerpos astronómicos readquieren una presencia mayestática. La imagen ciclópea de Júpiter reinstaura una observación fascinada del cosmos. En el capítulo "El mundo de los dioses", y en "El tránsito de Júpiter", la explicación meramente física e inanimada del planeta gigante del Sistema Solar cede en beneficio de una percepción "animista". Tras observar por unas horas ríos de fuego líquido que serpentean sobre la gaseosa superficie joviana, Poole y Bowman experimentan la duda: "¿era aquello, se preguntaban, simplemente el resultado de fuerzas químicas y eléctricas que hervían en una caldera...o bien el subproducto de alguna fantástica forma de vida?" (30).

El universo, antes silencioso y un abismal pulpo de tentáculos constelados por galaxias, cometas y polvo interestelar, se acerca ahora más al brillo de una vida que asombra y hechiza.

VIII. Antes hablamos del presupuesto evolucionista en los inicios de 2001. En el comienzo es lo inferior, lo simple, primario. En las fases ulteriores es lo superior, complejo, evolucionado. En el inicio es la infancia. Regresar a esa situación significaría una peligrosa involución, la destrucción de una estructura de elevada complejidad. La desconexión de Hal ejemplifica esa regresión disipadora. 

  Cuando David Bowman inicia la desactivación, Hal reacciona: "...Está usted destruyendo mi mente...¿No lo comprende...? Me voy a hacer infantil... pueril...me voy a convertir en nada..." (31).

 Infancia es comienzo, lugar sin sabiduría. Origen torpe, "pueril". Puerilidad infantil cercana a la nadidad, a la inexistencia, la insignificancia.

 La desactivación de la máquina-inteligente confirma el supuesto de que en el comienzo es el no saber, la simplicidad, "pueril", ineficaz. Pero también la desconexión asocia la involución con la destrucción de la coherencia lógico-gramatical de lo lingüístico. La disipación de la inteligencia acontece mediante la irreversible salida del lenguaje. En la fase final de desactivación, Hal dice: "Soy un computador HAL Nueve Mil, Producción número 3. Me puse en funcionamiento en la planta Hal urbana, IIlinois, el 12 de enero de 1997.... (32)". Primero es el recuerdo del propio origen, la afirmación de la identidad dentro de la red coherente de palabras. Pero, luego, comienza la incoherencia de la expresión, como paralela desatino verbal y forma de desintegración de la inteligencia artificial: "...el rápido zorro pardo brinca sobre el perezoso perro. Pero la lluvia en España cae principalmente en el año..." (33), Luego, la incongruencia es atizada por improcedentes y defectuosas operaciones matemáticas. Después emerge el recuerdo del doctor Chandra, el creador de Hal, y el tarareo de una canción que le fue enseñada. Y, antes de la consumación completa de la desactivación, el final recuerdo de la primera lección recibida.

 La desconexión o desaparición de la inteligencia se integra en una trama de descomposición lingüística. El desorden, el caos de palabras y números, es regresión a la irracional nubosidad infantil. Regresión que, posteriormente, desemboca en la extinción de la identidad inteligente.

El efecto negativo de la descomposición lingüística en 2001 se contrapone a su valencia liberadora, positiva, en el vanguardismo artístico del siglo XX. Es el caso, por ejemplo, de la salida del lenguaje convencional en la glosolalia de Artaud, los poemas fonéticos de Hugo Ball, el gíglico en Cortázar. Más allá de la especificidad de cada uno de estos quiebres lingüísticos, la certeza constante es que la salida de la coherencia gramatical del lenguaje es fulguración de una potencia más plena del ser. En el vuelo del Discovery hacia Júpiter, por el contrario, una inteligencia de velocidad y precisión superior a la humana colapsa en el chillido del lenguaje disgregado.

Xl. Luego de la suspendida inteligencia de Hal, se le trasmite a Bowman el verdadero propósito de la misión: explorar Saturno, y en especial la luna de Japeto, porque hacia allí se orientó la emisión del monolito en la Luna. En su solitaria navegación hacia el planeta de los anillos, el Discovery llega hasta Japeto. Sobre su superficie, se alza un rectangular monolito varias veces superior al hallado en el plateado satélite terráqueo. El astronauta abandona la nave en una cápsula espacial. El Discovery flotará en órbita en torno a Saturno hasta la llegada del Discovery II. Bowman se adentra en la oscuridad de la misteriosa forma sobre el satélite saturniano. Se interna en la abierta Puerta de las Estrellas. Rápido, viaja en un hiperespacio. Por lo que ahora se lamenta de no "haber prestado más atención a aquellas teorías del hiperespacio, de conductos tridimensionales. Para David Bowman no eran ya teorías" (34).

 El astronauta viajero se zambulle en una dimensión secreta donde el espacio tridimensional conocido se bifurca. Bifurcación o pasaje hacia otro nivel espacio-temporal. La apertura de la Puerta de las Estrellas confirma avanzadas teorías de la física contemporánea, donde agujeros negros, agujeros de gusanos, teorías de cuerdas o del hiperespacio, ocultan posibles túneles que comunican el mundo inmediato con universos paralelos u otros espacio-tiempos. En la libertad de la ficción de Clarke, la teoría se muta en realidad efectiva. Bowman viaja a través de un universo bifurcado. Más allá del abierto ojo de Japeto el astronauta advierte una expansión no-lineal. Las estrellas del centro se mantienen aparentemente inmóviles, mientras que las de las esquinas aumentan su aceleración. El espacio se altera, en el reloj del panel instrumental las décimas de segundo se suceden de forma lenta, irregular. Bowman ya podría experimentar que "había viajado aquellos millones de kilómetros en busca de misterio, y ahora, al parecer, el misterio estaba yendo a él" (35). Ya sabe con claridad que "aquel lugar no tenía nada que ver con Japeto, o con cualquier mundo al alcance de la experiencia del hombre" (36).

El viaje muestra ahora su condición de odisea, su heroico ir a otro lado, su trascender límites, su condición de gran aventura, de una nueva epopeya homérica donde otra trama de la realidad se desnuda. Y, más aún, el viaje se convierte en acto visionario, en una forma de conocimiento revelado. La verdad no se muestra abiertamente. Es lo replegado. El saber des-pliega. Y este saber, en el mundo de la ciencia y alta tecnología de Bowman, no pertenece ya al orden del cálculo matemático, la proposición lógica o la razonada sentencia filosófica. El saber aquí zigzaguea en la hipnótica ondulación de la serpiente de la visión. La visión es imagen que des-cubre. Conocimiento sensorial y visual. Se consuma hacia un viaje hacia lo distante y desconocido, opuesto a la posibilidad de un viaje hacia el perdido origen y ubicación de la Tierra en el cosmos como concibe Asimov en Fundación y tierra (37).

 Y Bowman ve... Ve estrellas negras en un fondo blanco. Ve una pista donde reposa una gigantesca nave; acaso abandonada en la Gran Estación Central de la Galaxia. Y distingue un cúmulo globular; y está seguro que, antes,"no había ninguno en un radio de mil años-luz del sistema solar" (38). Y después irrumpe un gran Sol rojo. A un lado, gira una Enana Blanca. Su aparición, en un costado del gran astro rojizo, parece "el alzarse del sol...en un sol". En un gran estacionamiento en órbita yacen olvidadas flotas de astronaves, de varios kilómetros de longitud. Poseen diversas formas geométricas. El Sol rojo luego arde en todo el firmamento. Sobre la infernal superficie estelar corren nódulos de luz que "sabían adónde se dirigían" (39). Se dirigen hacia un pilar de fuego sobre la Enana Blanca. Su movimiento expresa una influencia inteligente...

  Como San Juan de Patmos, el antiguo visionario místico, apocalíptico y bíblico, Bowman es testigo de una realidad superior. Que se revela. El conocimiento vive de un ojo que ve, de la imagen que transmite un espacio que des-oculta. El conocimiento visionario antes tuvo el ropaje de la experiencia mística, de una gran visión espiritual de un más allá simbólico (el Libro del Apocalipsis); la visión de un mundo transfigurada en imágenes simbólico-mitológicas de los llamados Libros proféticos de William Blake; la visión que, a veces, acontecía desde un carro de fuego (Ezequiel, la merkabá cabalística), o desde poderosos caballos voladores (la gran visión indígena de Alce negro (40)). Aquellas visiones, primero una experiencia sensorial extática e individual, se transforman después en relato sagrado o leyenda. En 2001, la visión adquiere la forma de homérica odisea espacial. Antes, el carro de fuego de Ezequiel, o el carro como trono de Dios en la merkabá, el primer movimiento cabalístico (41), eran el vehículo de encuentro con un cielo sagrado. Ahora, en su cápsula espacial, el astronauta asciende hacia un reino de fuego. Un abismo. La fuente secreta del ser. El viaje visionario en 2001, a través de una mediación espacial, posee un parentesco con la travesía de Ellie hacia Vega, en el posible centro de la galaxia, en Contacto, la novela de Carl Sagan (42).

XII. La sincronicidad une paralelas líneas de inquietud. Luego de El doctor insólito (Dr. Strangelove: or How i learned to stop worrying and love the bomb, 1964), Kubrick siente el hechizo de la posible existencia de otras inteligencias en el universo. Durante su búsqueda, aún nebulosa, de una ficción futurista, cae en sus manos El centinela, el cuento de Clarke publicado en 1950. Aquí, un geólogo, o senólogo como se autodefine, halla en la Luna una misteriosa construcción piramidal. Un monolito. Tras su atento estudio, el científico especula que se trata de un ingenio vigilante o centinela creado por una antigua civilización extraterrestre, cuya misión sería informar sobre la evolución de la raza humana y su posible arribo al opalino satélite terráqueo (43). Impactado por esta narración, Kubrick comienza la comunicación con Clarke. Es el inicio de una fértil imbrincación cine-literatura. El novelista explica al director que el monolito selenita emite una señal de alarma, un aviso sobre la expansión de la humanidad en el espacio exterior. El cineasta se entusiasma. Recibe la última ráfaga inspiradora para encender una nueva antorcha creadora. Es la génesis de 2001. Una odisea en el espacio. El año elegido para la heroica travesía espacial deriva del hecho de que el legendario filme de ciencia ficción Metrópolis, 1926, de Fritz Lang, situaba su mundo futuro en el año 2000. Un año después se inicia la navegación del Discovery hacia Júpiter. Clarke escribe entonces la idea del viaje espacial primero bajo la forma de novela, de la que luego surge un guión, inicialmente denominadoViaje más allá de las estrellas. Para su homérica empresa, Kubrick goza del apoyo incondicional de la poderosa productora MGM (Metro-Goldwyn-Mayer), que antes había distribuido su controversial film Lolita, 1962, basado en la célebre novela de Vladimir Nabokov. El costo de la realización es estipulado en 6 millones de dólares en un comienzo. Cifra que luego superará los diez millones.

La otra novela de Clarke que será fuente también importante de inspiración de 2001 es El fin de la infancia. En esta novela, la Humanidad entabla contacto con una civilización extraterrestre muy avanzada. Así, pierde su "infancia", y alcanza un estado más evolucionado de conciencia. Pero este salto requiere la previa destrucción de la antigua Humanidad.

 La meticulosidad, la observación minuciosa de los detalles de Kubrick se hicieron proverbiales. También es ineludible destacar la especial versatilidad de Kubrick, cristalina manifestación de su genialidad. Su genial y versatil aliento creativo que aflora en obras tan disímiles como La naranja mecánica, 1971 (basada en la homónima obra de Anthony Burgess), Barry Lyndon, 1975 (adaptación de la novela de William M. Thackeray The memoirs of Barry Lindon), o Eyes wide shut, su última obra, de 1997.

El neoyorkino Kubrick se establece en Inglaterra al comienzo de la década de los 60', en una suerte de "exilio artístico", por el que pretende hallar mejores condiciones para el desarrollo de su arte fuera de las limitaciones de Hollywood.

Lentamente, el director norteamericano congrega en su oficina de Londres a numerosos asesores científicos, ingenieros, 35 artistas de diseño y efectos especiales. Y recibe el auxilio de numerosas instituciones (44). Con exhaustiva disciplina y como el jefe de un ejército, Kubrick dirige todos los pormenores de la epopeya espacial concebida y filmada bajo las neblinas londinenses. Lee cientos de documentos y obras sobre tecnología y navegación espaciales. Ve todos los films de ciencia ficción, desde el emblemático y fundante El viaje a la Luna (Le voyage dans la Lune, 1902), de George Méliès.

El film carece de créditos al comienzo, lo cual constituye una rareza para la época. En ese inicio de la película, en "El Amanecer del Hombre", no aparecerían en principio humanoides-monos sino una especie de "Hombre de Pekin", el antecesor del Homo-Sapiens. Stuart Freeborn (maquillador de la película, y quien diseña el movimiento mecánico de la boca de los simios en El Planeta de los Simios) elabora unos diseños de hombres semidesnudos. Kubrick desea que los actores esten totalmente desnudos, pero la MGM se lo prohibe. Por lo que, luego de intentar infructuosamente subsanar la prohibición de desnudez con unas prótesis de maquillaje para las zonas genitales, Kubrick le encomienda a Freeborn la reelaboración del maquillaje apelando a modelos de simios.

Para el final del film, Kubrick baraja la posibilidad de introducir una gran explosión nuclear, como la que aparece en el final de la novela de Clarke, en el capítulo "El hijo de las estrellas", luego del regreso de Bowman a la Tierra. Pero decide rechazar este final por sus afinidades con el fin de su anterior film, el ya mencionado El doctor insólito, donde la escena final muestra a un "piloto cowboy" que "cabalga" sobre un misil nuclear cuando éste cae a tierra para luego generar una devastadora explosión atómica.

El centro de la elección estética de 2001 es el realismo, un obsesionado rigor verista. No monstruos, ni sexo, ni fantasmagorías increíbles. Kubrick pretende que el viaje espacial conmueva por su viabilidad futura. Especial ahínco le imprime a la recreación de las naves espaciales donde los astronautas futuros vivirán y viajarán entre los cuerpos celestes. El empeño en plasmar situaciones de gravedad artificial que impidan la libre deriva de las cosas en la ingravidez lo induce a introducir una efectiva fuerza centrífuga gravitatoria interna dentro del Discovery. Así se diseña un gran artefacto centrífugo circular que, al dar vueltas, consigue que los objetos se adhieran a las paredes a la manera como la gravedad atrae las formas hacia el centro de la tierra. La gravedad centrífuga de la nave concebida por Kubrick y su equipo motiva entonces la creación de una "centrifugadora", un enorme aparato circular de movimiento giratorio, de un costo de 750.000 dólares. Dentro de este artefacto, David Bowman (Keir Dullea) y Frank Poole (Gary Lockwood) pueden correr o trabajar. El tamaño del particular ingenio exige a Kubrick dirigir la filmación desde un circuito cerrado de televisión. En su búsqueda de la recreación realista, el director prevee el posible aspecto futuro de los muebles del hotel espacial, el Orbiter Hilton, al que arriba, en la nave espacial Orion, el doctor Floyd (William Sylvester). A su vez, la decisión sobre la escena del ingreso de Bowman en un recinto a presión en el vacío, en su enfrentamiento con Hal, no es decidida hasta que experimentos de la Fuerza norteamericana demostraron la posibilidad de supervivencia durante algunos escasos minutos en el vacío.

 La voz de Hal es introducida por la certeza, avalada por los asesores científicos, de que los ordenadores del futuro podrían hablar. La primera voz pensada para el superordenador inteligente es la de Martín Balsam, de un timbre particularmente emotivo, por lo que se determina su reemplazo por la voz de Douglas Rain, un actor canadiense, con un decir de registro más neutro, que le confiere a la megacomputadora parlante parte de su ascendente protagonismo. En la novela de Clarke, el viaje del Discovery, al superar la órbita joviana, se extiende hasta Saturno y sus lunas. La imposibilidad de elaborar una presentación convincente de este nuevo planeta lleva a Kubrick a situar en Júpiter el presunto hogar de la civilización constructora del monolito centinela en la Luna. Por otro lado, durante meses estudia numerosas fotografías lunares de la NASA, y apela a varias toneladas de arena importada, lavada y teñida de azul, para conseguir el máximo realismo en la representación fílmica de nuestro satélite.

 El inicial ascenso de la nave Orion a la Luna ocurre bajo los sorprendentes acordes, para un situación espacial, del vals de Johann Strauss El Danubio Azul. El movimiento de las naves espaciales es así una danza, un desplazamiento rebosante de gracia sobre el negro fondo del espacio exterior. Así hablada Zaratustra, de Richard Strauss, con su sugestiva y épica sonoridad en la escena del final, le infunde a la gran travesía espacial una elevación heroica-romántica, desde la primera imagen de la Tierra emergiendo detrás de la Luna, y del Sol saliendo tras nuestro planeta. La música de Strauss se inspira en la célebre obra de Nietzsche dedicada al mensaje del superhombre de Zaratustra. El ansía nietzscheana de superación de la humanidad actual en favor de un tipo humano "superior" es coincidente con la odisea espacial donde Bowman asciende hacia una conciencia más alta. Pero la razón de su inclusión no se debe a ninguna afinidad filosófica con el filósofo alemán, sino por el hecho de que Kubrick escucha los acordes de Strauss en la televisión como banda de una serie de la BBC sobre la Primera Guerra Mundial.

El Adagio de la Suite de Gayaneh de Aram Khachaturian le entrega su música al momento en que Frank Poole corre y boxea con el aire, cuando por primera vez se muestra el interior del Discovery.

Lux aeterna, de Ligeti (n.1923), un músico considerado entonces de vanguardia, es un coro "a cappella", de 1966. Esta composición acompaña el viaje de los científicos en el "todoterreno lunar" al acercarse al lugar donde se encuentra el monolito hallado en la Luna. En 2001 también resuenan el Requiem y Atmosphéresde Ligeti. El Requiem es una pieza para soprano, mezzo, dos coros mixtos y orquesta, que musicaliza las apariciones del monolito en la Prehistoria, en la Luna y del monolito que flota antes del inicio del viaje "más allá de Júpiter". Y Atmosphéres brinda el hipnótico trasfondo sonoro del viaje del astronauta Bowman allende la "Puerta de las Estrellas".

Kubrick había encargado en un principio a Carl Orff la composición de la banda sonora del film desde un registro de música electrónica concreta. Orff, el creador de Carmina Burana, cuenta con 70 años cuando la película empieza a rodarse. No se encuentra en condiciones físicas de resistir las presiones de una exigente realización cinematográfica. Luego se elige a Alex North (autor de la música de Espartaco, otro clásico film de Kubrick con Kirk Douglas) como compositor. Con un esfuerzo heroico, North compone la música en Londres, en dos semanas; la agobiante exigencia explica que, en ocasiones, llega a las sesiones de grabación en ambulancia. Pero, Kubrick rechaza su composición y opta, finalmente, por la música arriba mencionada. Y nunca le informa a North del cambio; éste se enterará recién al ver el film y descubrir, con sorpresa, que su esmerada composición no le entregaba sus sonidos a las imágenes.

La música elegida es eficaz en el momento de transmitir el sentido de gesta del viaje espacial, o el encuentro con un misterio sideral.

 El film es estrenado en 1968. En un comienzo produce una reacción negativa en científicos y autores de ciencia ficción. Se le acusa de ser extensa, oscura, densa. Fredrick I. Ordway, ingeniero del prestigioso Massachussets Institute of Technology (MIT), asegura no haber entendido nada. Pero la modificación del tenor receptivo del film ocurre gracias a la aceptación juvenil. Los jóvenes sesentistas viven en el clima de la beat generation, el budismo zen, la contracultura, los estados alterados de conciencia, los viajes piscodélicos (de notable influencia en el llamado rock psicodélico o espacial), el ácido lisérgico y los tubos de aislamiento de Timothy Leary. La juventud del power flower y la psicodelia celebra 2001 como monumento artístico esencial, como viaje alquímico de la conciencia hacia la profundidad de un absoluto oculto entre los ardientes brazos de las estrellas (45).

 El cosmonauta Alexei Leonov, tras contemplar el film, manifiesta que "fue como estar en el espacio por segunda vez". Pero lo fundamental es regresar a la ambición estética primaria del realizador. Según Kubrick, 2001 es "una experiencia no verbal que se dirige a los sentidos más que a la inteligencia". Aspiración afín a la poesía, y al efecto sensible del arte en general. Una meta expresiva cristalizada principalmente en el viaje más allá de Júpiter. Para su realización técnica, Kubrik recurre al "slit-Scan", una serie de diapositivas automáticas que, en la máxima oscuridad, impresiona un haz luminoso que provoca efectos particulares. Además, el auxilio de cientos de negativos de pinturas "pop", modelos arquitectónicos, circuitos impresos y fotografías de microscopio electrónico de estructuras moleculares, son fundamentales en la plasmación del viaje visionario de Bowman. También, se usaron fotografías aéreas, "reprocesadas", de los desiertos de Arizona y de las islas Hébridas.

Es paradojal que, detrás de la sofisticación de 2001 , se oculte una regresión a procedimientos artesanales del cine mudo, dado que, en muchas ocasiones, en lugar de filmarse por separado maquetas y fondo, se emplea la exposición múltiple; se filma sobre un mismo negativo que es rebobinado en numerosas oportunidades para agregarle más elementos.

Dentro de su cápsula espacial, el astronauta es testigo de las cambiantes imágenes de misteriosas geografías cósmicas. El astronauta ya viaja dentro de una visión. La hipnótica y gradual penetración en el espacio otro, es trasmitida por el director mediante una magnética variabilidad cromática. Entre asombrados parpadeos, el ojo del astronauta adquiere nuevos colores. Impregnación ocular provocada por las cambiantes tonalidades que exhalan los paisajes fantásticos. La continua sensación de movimiento, el avance constante dentro de un mundo nuevo y secreto, constituye un variado calidoscopio de formas y colores que arrebatan a la conciencia de su anclaje corriente, y la espolean hacia un nuevo estado sensitivo..

Climax de impacto sensorial, de hechizo visual o emancipación de un orden narrativo secuencial, de una lógica argumental, o de una explicación unilateralmente conceptual. La travesía entre imágenes auráticas, despojadas de una necesaria conexión lógica, convierte al cine en kine o movimiento hipnótico, en fascinación sensorial, en deslizamiento hacia un pliegue latente de la percepción alerta y una posibilidad de conciencia ampliada (46). 

XIII. En un lugar imprecisable de la infinitud cósmica, Bowman aterriza con su cápsula espacial en una superficie dura; un piso de una aterciopelada suite de hotel. Todo reproduce las habitaciones y mobiliarios de un hotel en la tierra. Asombrado, el astronauta contempla colgados El puente de Arlés, de Van Gogh, El mundo de Cristina, de Weyth (47). El recinto transmite una vívida sensación de realidad. Pero el recién llegado sabe que todo aquello es "una quimera de los sentidos, pero tan bien ideada, que no había medio alguno de distinguirla de la realidad" (48). Las imágenes tridimensionales, con su apariencia de solidez, es quizá parte de una prueba. El entorno no es un engaño sino ilusión tranquilizadora. El viajero siente lo que antes experimentó frente al Sol rojo. Su temperatura, su inmensa garganta de fuego, debió de haberlo destruido. Sin embargo, no sufrió ninguna zozobra. Entonces "la lógica le decía que seguramente debía de hallarse bajo la protección de alguna inteligencia controladora y casi omnipotente" (49). Ahora le asiste también la certeza de una presencia inteligente, observadora, controladora, protectora. Bowman acepta el juego. La oscura prueba iniciática. Se saca su traje espacial. En una cómoda cama, en un dormitorio, busca aliviar su cansancio. Advierte la cercanía de un televisor. Atrapa un control remoto. Enciende el aparato. Juega con los botones. Ve una orquesta sinfónica durante la ejecución de un concierto para violín de Walton; y presencia programas de noticias, de fútbol, comentarios sobre teatro, una conferencia sobre la geometría sólida, en ruso. Y otras imágenes. Comprende entonces: para imitar la vida terrestre, la inteligencia desconocida que lo protege apeló a programas televisivos. El hotel es una representación mental, una escenificación teatral. Una simulación estricta, de veraz apariencia. Quizá la propia existencia del universo, la variopinta y sonora vida multiforme del terráqueo planeta azul sea también creación mental, el fragmento de un gran escenario donde, como lo quiso Shakespeare, todo es actuación y teatro. Es decir: una escena de imágenes proyectadas y animadas donde actúa o representa su papel una Voluntad conciente y creadora.

 XIV. En el hotel-representación, en la suite-imagen, el viajero advierte la reaparición del monolito. Su presencia "era sólo la manifestación exterior de fuerzas demasiados sutiles como para ser concientemente percibidas" (50). La influencia debe actuar en "niveles más profundos de la mente". El saber que se revela propicia la apertura a un silencioso rumor prerracional. El astronauta sabe que está en el lugar más lejano del abismo, en la máxima distancia del misterioso firmamento allende la Puerta de las Estrellas. Allí, en "una noche sin estrellas", se encuentra "la materia no usada de la creación, la materia prima, de evoluciones que aún habrían de ser"(51). Allí palpita la eternidad.

Una mirada inteligente lo acompaña, pero durante su estancia en el hotel, acaso rodeado por las llamas del corazón de una estrella, Bowman respira su soledad, sentimiento humano que el viaje en el espacio, entre planetas y estrellas, ha profundizado en él. Y en su misteriosa residencia solitaria, dentro de su nuevo y provisional hogar, el astronauta viajero recupera "la nítida percepción del universo". Y ahora debe atravesar concientemente el núcleo abismal de la noche escondida. 

  Y el ser consuma su transfiguración. La transformación.

Bowman experimenta una regresión. Recuerda todo lo vivido. Regresa a la infancia. Vuelve a la condición de un nuevo ser, un bebé estelar. Una criatura que elegirá una nueva forma o que "sobrepasara las necesidades de la materia "(52). El astronauta ha renacido. Otro viaje se avecina... 

  El viajero es ya "un hijo de las estrellas". Regresa a la Tierra. Pero en su viaje de vuelta, un experimento quizá se ha consumado exitosamente. El astronauta visionario puede ahora imitar a Hermes, a la divinidad capaz de trasladarse a cualquier lugar elegido por la voluntad a través de la velocidad del pensamiento. Bowman llegó al ojo de Japeto como cuerpo primario, como anatomía de carne y huesos. La alteridad corporal , como la llamamos antes, significaba un camino de superaciones del cuerpo biológico humano inicial mediante, primero, el cuerpo-robot, envoltura de metal y plástico, que podría oficiar de nave espacial. Pero, en una evolución posterior, el conocimiento-información no obra ya en una envoltura artificial, pues el humano aprenderá "a almacenar el conocimiento en la estructura del propio espacio, y a conservar sus pensamientos para la eternidad en heladas celosías de luz" (52). Antes, el torpe y limitado mamífero, pesado y temeroso, no podía convertirse en criatura de radiación, libre al fin de la tiranía de lo material. Pero ahora, el cuerpo de los órganos y sentidos estrechos, la corporalidad implume, encadenada al suelo estrecho, deviene al final luz, libre, expansiva, veloz, capaz de proyectarse a voluntad en la distancia cósmica. Entonces, el humano futuro, transformado, será "señor de la galaxia" y podrá "vagar a voluntad entre las estrellas, y sumirse como niebla sutil a través de los intersticios del espacio" (53). El hombre ya no viajará a través de la luz. Será luz viajera. Resplandeciente y móvil pensamiento. Bowman abandonó la tierra como cuerpo elemental. Regresa ahora como pensamiento-luz. Es pensamiento que, bajo la forma de bebé estelar, bajo la condición de un nuevo ser, puede viajar libremente a través de las galaxias, más allá de la velocidad de la luz y de toda barrera física, hacia cualquier lugar del universo. Las distancias y sus desafíos, antes insuperables para las naves espaciales, ya no existen.

Y ahora el viajero-pensamiento flota sobre el planeta azul. Sobre una tierra estrangulada por la inminencia de un conflicto nuclear. El viajero que regresa, el bebé estelar, pone "a contribución su voluntad", y detona los megatones de un cargamento letal. Destrucción, total o parcial, perpetrada por el Hijo de las Estrellas. Pensamiento-luz que ha regresado. Y que sabe que ahora es "el amo del mundo". Mas no sabe qué hará a continuación; pero, como antes Moon-Watcher, "ya pensaría en algo"...

 Regreso del viajero con la decisión de intervenir en la ceguera que ata a la humanidad a la destrucción y la guerra, aún en la época de la navegación espacial.

    El regreso del astronauta como pensamiento redentor de la turbulencia humana, se continúa en 2010: Odisea Dos, con un Bowman que interviene en la solución del peligro de una contienda nuclear al anunciar el nacimiento de un nuevo cielo con dos soles. El viaje que se cristaliza finalmente mediante un viajero-pensamiento sitúa la novela de Clarke en una continuidad del viaje mental por el universo de Olaf Stapledon, en El hacedor de estrellas (54). Aquí, en 1937, un narrador (el propio Stapledon) contempla el cosmos desde una colina. Piensa en su pequeño átomo de comunidad, en su esposa y sus hijos. Medita en la tempestad en ciernes, en el viciado aire europeo. Ya se insinúa la feroz colisión de ideologías contrapuestas: las filosofías de la libertad y el totalitarismo fascista. Un hervidero destructor amenaza con desmembrar la salud y la paz. Frente a un tiempo de acechanzas y acantilados letales, es preciso una respuesta, un compromiso. Stapledon evalúa la primera reacción, aparentemente más acorde a la exigencia del tiempo apremiante: la del activismo político, la propaganda antifascista. Pero el narrador opta por un camino intempestivo, y en apariencia evasivo: la ampliación universal de la mirada, una recuperada conciencia cósmica, un viaje a través de múltiples y distantes galaxias. Para luego regresar, transformado, y participar dentro de la tormenta terrestre desde otro lugar. Se teje así lo que parece una paradoja: para intervenir con eficacia en el torbellino del propio lugar y tiempo, es preciso antes la proyección y el renacimiento en la distancia de las galaxias. En el fondo de las estrellas, la conciencia halla la mejor comprensión que le permite evaluar después la mejor injerencia en el incendio de su época. Este periplo cumple el viajero mental que recorre las estrellas. Este mismo es el destino de Bowman, el astronauta que primero viaja hacia la lejanía estelar mediante una mediación tecnológica, una nave espacial, el Discovery, y que luego renace como libre pensamiento-luz, capaz de desplazarse a voluntad por la amplitud cósmica. 

Viaje a lo más distante, para luego regresar al compromiso con el propio tiempo. Travesía también que recuerda al filósofo platónico que, tras su salida de la caverna, y su visión del trascendente Sol de la Idea, regresa a la polis para intervenir en los asuntos humanos (55).

 En 2001, la temática espacial es así el escenario más ostensible de una experiencia antropológica y ontológica profundas. Viejos motivos mitológicos y religiosos se reiteran en el conocimiento visionario del astronauta futuro: el viaje heroico, la prueba y la iniciación, la identificación de la plenitud con la luminosidad. La trasposición del ojo de Japeto, y el regreso desde la Puerta de las Estrellas, implican una reinvención antropológica, la transformación y renacimiento humanos, el acceso a un libre movimiento en el universo; y la intuición directa de la fuente abismal donde acontece el eterno misterio de la creación. Modificación y elevación de lo humano, inmersión en el ser. Alquimia antropológica y simbiosis con la matriz ontológica. En 2001, la elevación espiritual del ser humano se plasma dentro de una particular religiosidad tecno-espacial.

 Desde que el hombre palpita en la densidad de un cuerpo sin alas, la humanidad ha soñado en recuperar el libre vuelo, el dominio aéreo del espacio. En 2001, la aspiración antigua del libre movimiento-luz se cumple en el futuro viaje tecnológico hacia la raya más secreta del felino. Que corre entre las estrellas. (*)

   (*) Fuente:
 Esteban Ierardo, "2001. Una odisea en el espacio. Viaje más allá de las estrellas", editado aquí de manera original.

Citas:

(1) Aquí un listado no exhaustivo de las obras de Clarke:  Alcanza el Mañana, Reach For Tomorrow, 1956, Ultramar Bolsillo 81; Cánticos de la Lejana, TierraThe Songs of the Distant Earth; 1990 Ediciones B; Cita con Rama (Rama 1), Rendezvous with Rama, 1973, (premios Hugo y Nebula) Ediciones B; Claro de Tierra, Earthlight, 1955, Edhasa Nebulae; Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco, Tales From the White Hart, 1957, Alianza Libro Bolsillo 687; Cuentos del Planeta Tierra, Tales From Planet Earth, 1990, Ediciones B Exito Internacional Rústica; 2001 Una Odisea del Espacio, 2001: A Space Odissey, 1968, G.P. Reno 464; 2010: Odisea Dos, 2010: Odissey Two, 1982 Salvat Novela y Ocio 11; 2061 Odisea Tres, 2061: Odissey Three, 1987 P&J Jet 185-3; El Centinela, The Sentinel, 1951, P&J Jet 185-; El Espectro del Titanic, The Ghost From the Grand Banks, 1990, P&J Jet 185-2; El Fin de la Infancia, Childhood's End, 1953, Edhasa Formato Minotauro; El León de Comarre, The Lion of Comarre, 1968, Caralt Clásicos Best-Sellers 52; El Martillo de Dios, The Hammer of God, 1993, Ediciones B Exito Internacional TD 221; El Mundo es Uno, How the World Is One, 1992, Ediciones B Exito Internacional Rústica; El Viento del Sol: Relatos de la Era Espacial, The Wind From the Sun, 1972, Alianza Libro Bolsillo 531; En las Profundidades, The Deep Range, 1957, Dronte Libros ND; Expedición a la Tierra, Expedition to Earth; 1953, Edhasa Nebulae 1ª 8; Las Fuentes del Paraíso, The Fountains of Paradise, 1979 (premios Hugo y Nebula) Ultramar Bolsillo 6; Islas en el Cielo, Islands on the Sky; 1952, Acme Robin Hood del Espacio 2; La Ciudad y las Estrellas, The City and the Stars (1956) [revisión de Against the Fall of Night (Gnome, 1953)] 1956, Edhasa Nebulae 1ª 131; Las Arenas de Marte, Sands of Mars; 1951, Edhasa Nebulae; Naufragio en el Mar Selenita, A Fall of Moondust, 1961, Edhasa Nebulae; Preludio al Espacio, Prelude to Space, 1951, Edhasa Nebulae; Regreso a Titán, Imperial Earth, 1975, Emecé Ciencia Ficción 21; Relatos de Diez Mundos,Tales of Ten Worlds; 1961, Edhasa Nebulae 2ª 3; 3001: Odisea Final, 3001: Odissey Final; 1996 P&J.


(2) Clarke nació en Minehead, Somerset, Inglaterra. En su niñez, y como demostración de su prematuro interés por la astronomía, elabora un mapa de la Luna mediante observaciones con un telescopio casero. En la Segunda Guerra Mundial, dentro de sus servicios a la Royal Air Force (Fuerza Aérea Real) fue especialista en radares. Tomó parte en la creación de un sistema de defensa por radar; fue, asimismo, instructor en este incipiente campo tecnológico. Luego de la guerra, publicó su artículo técnico Extra-terrestrial Relays, donde famosamente anticipa los satélites artificiales en órbita geoestacionaria. Estudió matemáticas y física en el King's College de Londres, donde obtuvo título de honor. Durante varios años ejerció como presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS). También alcanzaron mucha difusión sus "leyes de Clarke", explicadas en su libro de divulgación científica Perfiles del Futuro (1962). La más recordada de esas leyes, la "Tercera Ley de Clarke", asevera: "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Desde 1956 reside en la isla de Sri Lanka (Ceilán). Clarke eligió el sur de la India por su afición a la fotografía y la exploración submarina, y también por su interés por la cultura hindú. También en su honor ha prestado su nombre al asteroide 4923.

(3) El Mahabarata es una obra fundamental de la antigua literatura de la India. Esta obra, con más de doscientos mil versos, es la más extensa de la historia. En su dilatada extensión, en el contexto de la lucha entre dos pueblos, los Kaurava y los Paudava, aparece un extraño pasaje donde se alude a los vimanas, una posible anticipación de los modernos aviones de guerra y su poder destructivo: "Los Vimanas eran máquinas volantes que tenían la forma de una esfera y navegaban por los aires por el efecto del mercurio que provocaba un gran viento propulsor. Los hombres alojados en los Vimanas pueden recorrer grandes distancias en un tiempo maravillosamente corto. Danava era el disco destructor que poseía armas terribles lanzando relámpagos de fuego espantosos y capaces de destruir las ciudades. Cukra, a bordo de su Vimana de gran potencia lanzó sobre la ciudad un único proyectil cargado con la potencia de todo el Universo. Una humareda incandescente, semejante a diez mil soles se elevó en todo su esplendor. Se levantó un viento terrible, la naturaleza enloqueció y el sol giró sobre sí mismo. Los enemigos caían como briznas de hierba destruidas por las llamas, hervían las aguas de los ríos y los que se lanzaron en busca de salvación murieron sin remedio. Ardían los bosques. Caballos y elefantes corrían desesperados entre el fuego. Cuando el viento disipó la humareda de los grandes incendios, se vieron millares de cuerpos calcinados por el rayo terrible ( el "Arma de Brahma")".

(4) La célebre ecuación Drake determina un cálculo especulativo sobre una posible cifra aproximada de civilizaciones en el universo. Según el artículo de la Enciclopedia virtual www.wikipedia.org: "La Ecuación de Drake ó Fórmula de Drake fue concebida por el radioastrónomo y presidente del Instituto SETI Frank Drake, con el propósito de estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia, la Vía Láctea, susceptibles de poseer emisiones de radio detectables.
" La ecuación fue concebida en 1961 por Drake mientras trabajaba en el Observatorio de Radioastronomía Nacional en Green Bank, Virginia Occidental (EE.UU.). La Ecuación de Drake identifica los factores específicos que, se cree, tienen un papel importante en el desarrollo de las civilizaciones. Aunque no hay una solución única, la comunidad científica la ha aceptado como herramienta para examinar estos factores.
" Nuestro sol es sólo una estrella solitaria en una colección de 400 billones. La Vía Láctea es sólo una galaxia entre billones de galaxias en el Universo. Parece que debería haber un montón de vida ahí fuera. ¿Podemos hacer una estimación inicial? El primero en hacerla fue el astrónomo Frank Drake. Él realizó una ecuación, ahora conocida como Ecuación de Drake, que explica las posibilidades:

" N= R* x Fp x ne x Fl x Fi X Fc x L

" donde:
" N representa aquí el número de civilizaciones que podrían comunicarse en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Este número depende de varios factores.
R* es el ritmo de formación de estrellas "adecuadas" en la galaxia (estrellas por año).
" fp es la fracción de estrellas que tienen planetas en su órbita.
ne es el número de esos planetas en el interior de la ecosfera de la estrella (se trata del espacio que la rodea, y que está en condiciones de albergar alguna clase de forma de vida. Demasiado cerca es demasiado caliente; demasiado lejos es demasiado frío.)
" fl es la fracción de esos planetas dentro de la ecosfera en los que la vida se ha desarrollado.
" fi es la fracción de esos planetas en los que la vida inteligente se ha desarrollado.
fc es la fracción de esos planetas donde la vida inteligente ha desarrollado una tecnología e intenta comunicarse.
" L es el lapso de tiempo que una civilización inteligente y comunicativa puede existir (años).

" Aunque el tanto por ciento de formaciones de estrellas adecuadas era indudablemente mucho mayor cuando nuestra galaxia se formó, todavía se pueden ver estrellas naciendo. Existen fotografías de "guarderías estelares" tomadas por el Telescopio Hubble en la Nebulosa del Águila y en la Nebulosa de Orión: grandes nubes de gas se colapsan para formar estrellas. Un buen pronóstico para esa formación de estrellas es de unas 20 estrellas por año. R = 20.
Muchas de estas nubes tienen cierta rotación. Cuando se colapsan, la nube gira cada vez más rápido, como una patinadora de hielo levantando sus brazos. Esto provoca que la nube forme un disco aplanado de gases. En el centro, se forma la estrella principal. Bastante más lejos, pequeñas agrupaciones pueden formar planetas. Hasta hace muy poco, no existía evidencia de planetas fuera de nuestro sistema solar. En los últimos años, algunos equipos de astrónomos han anunciado el descubrimiento de planetas alrededor de estrellas cercanas. Este excitante descubrimiento incrementa la probabilidad de planetas alrededor de muchas estrellas. Podemos estimar, siendo conservadores, que la mitad de las estrellas forman sistemas planetarios; la otra mitad forman sistemas de estrellas binarias, así que fp = 0,5.
" El factor ne es algo más complicado. Las estrellas pequeñas son frías y rojas. Los planetas tendrían que orbitar muy cerca para estar en su ecosfera, que sería muy estrecha, sin demasiado espacio para planetas. Los planetas que orbiten muy cerca de sus estrellas suelen estar fuertemente atraídos y presentan una misma cara hacia la estrella todo el tiempo. La atmósfera de un planeta así estaría helada en la cara opuesta a la estrella, y esto no favorece la vida. Por otro lado, las grandes estrellas azules tienen una ecosfera más amplia. Por supuesto, a juzgar por nuestro sistema solar, los planetas están más espaciados conforme se alejan de las estrellas, de manera que una ecosfera más ancha se ve compensada por este efecto. Estas estrellas grandes también queman más combustible y no duran demasiado. Normalmente duran tan poco que no dan oportunidad a que se desarrolle la vida antes de que se conviertan en una nova o una supernova y destruyan todo el sistema. En nuestro sistema solar, con nuestra estrella amarilla de tamaño medio, tenemos dos (Tierra y Marte), o quizás tres planetas (Venus) dentro de la ecosfera. Un cálculo conservador del número de planetas dentro de la "zona de vida" o ecosfera es sólo uno. ne = 1.
" El siguiente factor, fl, es donde las cosas se complican aún más. El problema es que tenemos pocos ejemplos de planetas donde las condiciones sean correctas para el desarrollo de la vida. Como hemos indicado antes, Venus, la Tierra y Marte podrían tener, al mismo tiempo, las condiciones adecuadas. Sabemos que la vida se desarrolló en la Tierra, y estamos tanteando las evidencias de vida primitiva en Marte hace millones de años. Un cálculo conservador para este número sería 0,2; o uno de cada cinco planetas con condiciones desarrollará la vida. fl = 0,2.
¿Cuántos de esos planetas desarrollarán vida inteligente? Difícil pregunta, pero si creemos en la evidencia de la selección natural y supervivencia de los mejores, la mayoría de los científicos dirían que el 100%: la vida inteligente es un resultado natural de la evolución. Por supuesto tenemos sólo un ejemplo, la Tierra. fi = 1.
¿Cuántas de esas especies inteligentes desarrollarán tecnología y la usarán para comunicarse? Si miramos a la Tierra, vemos que los humanos lo hacemos, pero también vemos ballenas y delfines que poseen un nivel moderado de inteligencia pero nunca han desarrollado te