LA
REPRESENTACIÓN DE LA MUJER EN EL CINE EXPRESIONISTA
Por
Carolina Reynoso
Para comprender el fenómeno de las vanguardias es
necesario analizar ciertas características de las primeras dos décadas
del siglo XX. La primera de ellas es el clima imperante en relación
a una
aceleración de la historia. Este clima tiene un plano
objetivo, que se manifiesta en un gran desarrollo económico y
social, sustentado en la “creencia burguesa en que la ciencia y
la técnica aplicadas resolverían todo” (1).
Es decir, que la historia se aceleraba no sólo en relación a las
estructuras productivas sino también en relación al campo de las
ideas. Esto dio lugar a los modelos que buscaban construir otra
racionalidad, otro mundo posibles, y con ellos la idea de ruptura
y revolución.
En
relación a lo anterior, otra característica de estas décadas, y
que dio lugar a la gestación de las vanguardias, es la emergencia
y consolidación de la izquierda con una propuesta de ruptura
violenta y determinada con el capitalismo (frente a otras
posturas de izquierda que proponían un avance gradual). El
marxismo fue el modelo a seguir por los partidos de izquierda, la
social-democracia y el socialismo europeos y en 1917. Este modelo
de ruptura fue el que triunfó en Rusia.
El
acontecimiento detonante fue la
guerra europea de 1914-1918, matanza de millones de seres
humanos que puso fin al “ideal de mundo decimonónico de mundo
liberal burgués y que va a dejar…la desolación, el vacío, la
pérdida de sentido de lo hasta ahí legitimado como promesa
civilizatoria en nombre de la razón y el progreso humano”.
En reacción a esto es que emergen las vanguardias estéticas, en
reacción a un mundo burgués y su máquina de matar, que dejó
como consecuencia millones de muerto, sacudiendo la fe en la razón
burguesa como promesa de llegada a una autonomía del individuo
definitivamente libre.
Parafraseando
a Casullo, estas características entramadas, dan como resultado
un campo
de relación entre política y arte en la cultura. De esta
manera, las figuras del político, el artista y el intelectual van
a jugar un papel muy importante y activo en la conformación de
las vanguardias estéticas, dando lugar a partir de su interrelación
“un universo cultural donde lo político y el arte conforman un
espacio de izquierda básicamente antirreformista, de corte
revolucionario, contestatario, crítico, fuertemente antiburgués,
prosocialista.”
De esta forma las vanguardias no sólo rechazan los postulados de
las tradiciones estéticas, sino también los valores morales y
sociales legitimados por la tradición.
En
relación a esto es que las vanguardias y sus artistas buscaron y
propusieron una realidad distinta, una realidad alternativa a la
realidad burguesa que se pretendía unívoca, y cuya condición sine
qua non era que expresara los acontecimientos que invistieron
a los individuos de esa época. El artista de vanguardia debe
descubrir y manifestar esa otra realidad crítica al mundo, que
exprese este contexto convulso de guerra y revolución. El
arte ya no debía estar separado de la vida, su única forma de
existencia debía ser mediante la expresión de su presente y sus
distintas realidades y subjetividades.
EXPRESIONISMO
En
la búsqueda de esa otra realidad que transformaría la
subjetividad y sensibilidad del hombre moderno emergieron
diferentes visiones de mundo, entre ellas se encuentra el
expresionismo, movimiento literario, plástico y cinematográfico
que hunde sus raíces en el Romanticismo alemán y surge de la crítica
al positivismo. Su manifestación más consistente fue en
Alemania, y fue “básicamente
un arte de oposición…a lo que era esa Alemania…, al burgués
bárbaro alemán…, buscador de éxitos materiales, mezcla de
tradición, autoritarismo y fe en la ciencia y el progreso, y tan
ocultador de las miserias de la propia Alemania”(4).
La
subjetividad del artista debe plasmar una realidad que no es
aquello exterior
que podemos observar, sino que es aquello que surge en nuestra
interioridad cuando percibimos o intuimos algo. Así, a partir de
la dura crítica a la guerra y las irracionalidades de su tiempo
histórico, el artista expresionista buscaba una esencialidad de
lo real de una manera casi mítica.
Así,
el expresionismo se propone expresar qué es lo real desde una
conjunción de la subjetividad con lo real, esto es lo que dará
como resultado la verdadera realidad a mostrar. Esta búsqueda del
encuentro de la subjetividad con lo real para dar a luz otra
realidad, estuvo influenciado en gran medida por el Psicoanálisis,
en el sentido que lo que se quería expresar
era lo no dicho, lo
reprimido, lo que hasta el momento no estaba legitimado como
expresable.
Esta
búsqueda de la realidad desde la interioridad del artista, desde
su propia subjetividad, va a llevarlo a mostrar, no lo bello de
este mundo, sino toda la angustia y miseria que hay en él. El teórico
expresionista Kasimir Edschmid sostiene que “el mundo ya existe,
no tendría sentido hacer una réplica de él. La
tarea principal del artista consiste en indagar sus movimientos más
profundos y su significado fundamental, y en volverlo a crear”(5).
El artista del expresionismo, afirma Edschmid, ya no ve una cadena
de hechos, sino la visión interior que provocan esos hechos.
Dentro
de la angustia de un mundo constituido por guerra, miseria,
sufrimiento, cuando el futuro prometeico se cae a pedazos, los
artistas de vanguardia intentan, de manera utópica y desesperado,
construir, pensar, crear otra realidad, otra racionalidad que
permita pensar, a su vez,
en la posibilidad de otro mundo, de otro orden de cosas y, por
ende, otra historia.
El
expresionismo no niega la existencia de la realidad, pero sí
“afirma que esa realidad es una apariencia, un engaño, una
representación de los poderes…pero si nosotros utópicamente la
desentrañamos y expresamos desde nuestra subjetividad angustiada,
encontramos la esencia de la realidad”.
De
esta manera, el artista expresionista va a buscar en su
subjetividad el secreto de la realidad, para crearlo y expresarlo,
ya sea desde la espiritualidad o desde la violencia. Parafraseando
a Nicolás Casullo, quiere mostrar al mundo de qué se trata la
verdad de lo real a través de, como dice Kasimir Edschmid,
la “dictadura del espíritu”. Y el Expresionismo no va
a susurrar esta nueva verdad subjetiva, lo va a hacer mediante el
grito. Para este
movimiento de vanguardia el grito es una necesidad, para estos
artistas no sirve, tal como indica Casullo, la comunicación
aplacada y racional. En este sentido, la desesperación, la
angustia, el horror, producto de lo sufrido como consecuencia de
la guerra de 1914, no pueden ser expresados sino a través de un
grito nacido desde lo más profundo del alma humana.
EL
CINE EXPRESIONISTA ALEMÁN(7)
En
lo que a cine refiere, la reacción en contra del sistema
representativo de las artes, se ve claramente expresado en la ruptura
de los cineastas con el llamado “Modo de Representación
Institucional”(8)
(M.R.I) cuyas características son: suspense narrativo,
utilización del tiempo no lineal, carácter centrípeto de la
imagen, sin autarquía del cuadro, utilización de primeros
planos, implementación de cámaras oblicuas y anguladas, fundidos
encadenados y planos detalle y sentido de clausura de la historia.
Mediante
el abandono y repudio de estos tópicos y del “modelo narrativo
clásico” (inspirado en el naturalismo literario decimonónico y
en recursos del drama escénico burgués) rechazaron, a su vez, la
institución arte de la sociedad burguesa. Así el modelo
legitimado fue impugnado por los realizadores del expresionismo
con el objetivo de “reivindicar el papel de otras experiencias y
procesos artísticos como savia nutricia del cinema, excesivamente
escorado, según ellos, hacia los dominios del naturalismo
literario y teatral…se
preconizaba otro tipo de cine”(9).
En
relación a esto, antinaturalismo
y el antiimpresionismo (el impresionismo estaba más
preocupado por los efectos de la luz que por la denuncia y el
compromiso social) definen esta vanguardia, dado que se considera
a la realidad como algo que debe ser resultado de una expresión
subjetiva, y no representarse desde un afuera que se postula como
objetivo.
Partiendo
de estas dos premisas
fundamentales, la estética expresionista estuvo marcada por la búsqueda
de plasmar en la pantalla
lo oscuro e indeterminado, mediante la utilización constante
y sistemática de sombras, contraluces y claroscuros para
representar un mundo amenazante; distorsiones y deformaciones ópticas
o por efectos. Estas deformaciones son utilizadas por el artista
expresionista para representar la complejidad psíquica de sus
personajes, su interioridad. También utilizaban espejos
deformantes con el mismo objetivo, recurso ya utilizado por los
escritores románticos, que ya habían utilizado ciertas
alteraciones de las formas.
Otra
característica estética resultado del antinaturalismo/antiimpresionismo,
es la no utilización por
parte del expresionismo alemán de escenarios naturales. Hasta
los paisajes requeridos por ciertos guiones fueron construídos en
estudios cinematográficos. Esta característica dio lugar a que
el decorador y el equipo técnico tuvieran un papel esencial en
este cine.
Los
decorados eran enormes obras de arte
con perspectivas falseadas, callejones sin salida, ángulos
imprevistos, líneas oblicuas, curvas inesperadas, subidas y
bajadas violentas, figuras y cuerpos geométricos con los cuales
se construían objetos, y cierta falta de diversidad de planos que
fue criticada en diversas ocasiones.
Este
trabajo plástico, no
era utilizado solamente de manera estética, sino que tenía
“un significado metafísico: la línea oblicua produce en el
espectador un efecto totalmente distinto al que produce la línea
recta, y curvas inesperadas provocan una reacción psíquica
totalmente distinta a la que provocan líneas de trazo armonioso.
Finalmente, las subidas bruscas y las pendientes escarpadas
desencadenan en el ánimo reacciones que difieren totalmente de la
que provocan una arquitectura rica en transiciones. Lo
importante es crear inquietud, y terror. Por tanto, la
diversidad de plano se convierte en algo secundario”(10).
Estas
características plásticas son reforzadas por un antropomorfismo
que, según Lotte
Eisner en “La pantalla demoníaca”, es un recurso ya utilizado
en la literatura e inherente a la sintaxis del lenguaje alemán.
Esta animación de lo inorgánico refuerza
el clima inquietante que quiere crear el cine expresionista.
A
su vez, las formas y objetos que tienen importancia para la diégesis
y el personaje, se agrandan perdiendo proporción y relación lógica
con el contexto. Las entidades que no tienen significación para
el psiquismo de los personajes se empequeñecen o desaparecen.
También podemos ya encontrar esta característica en los autores
románticos.
A
su vez, el decorado era acompañado por cierta estilización y exageración
en la actuación. Los movimientos bruscos y similares a
marionetas de los actores refuerzan los ángulos y formas
violentas de los decorados.
Todas
estas características plásticas tienen en su origen y
fundamentación el antinaturalismo y el repudio al Modo de
Representación Institucional de la cinefilia burguesa, pero a su
vez un profundo y complejo
simbolismo. La metáfora del horror, el poder y la opresión
están siempre presentes en la estética del expresionismo. No hay
que olvidar que “para los expresionistas, el mundo se articula
en dos planos: detrás del mundo cotidiano hay un mundo
trascendente que confiere a las cosas su profunda dramaticidad. La
obra expresionista nace como una tensión, en el esfuerzo por
captar el valor metafísico escondido tras los datos inmediatos de
la realidad”(11).
El
expresionismo en el cine conforma un archivo de discursos sobre el
poder,
dado que está conformado por un corpus de películas que en el
que “se pueden encontrar, en muchos casos, una misma historia
con distintos procedimientos. Hay un mundo burgués regido por un
conjunto de normas, que tiene cerca otro mundo paralelo y marginal
del que surge alguien con un poder capaz de destruir el poder
institucional reconocido por los burgueses. Este mundo marginal se
rige por leyes distintas”(12).
Siguiendo
a Emilse Díaz, en la década del ’20 Alemania era un país
conmovido por la lucha de poder. En el cine expresionista no hay
una declamación abierta de adhesión a una determinada ideología
ni tampoco un reflejo mecanicista del contexto histórico, sino
que trabaja en el plano simbólico y metafórico, dando lugar una
serie de representaciones
del poder, mediante las cuales se cuestiona el mismo.
METRÓPOLIS
ARGUMENTO
DE METRÓPOLIS
El
filme se desarrolla en el año 2026,
en una ciudad-estado de enormes proporciones llamada Metrópolis.
La sociedad se ha dividido en dos grupos antagónicos y
complementarios: una élite de propietarios y planeadores, que
viven en la superficie, viendo el mundo desde los grandes
rascacielos y paisajes urbanos, y una casta de trabajadores, que
viven bajo la ciudad y que trabajan sin cesar para mantener el modo de vida de los de
la superficie. El presidente-director de la ciudad es Johhan 'Joh'
Fredersen (interpretado por el actor Alfred Abel).
Una
figura carismática y pacificadora llamada María defiende la
causa de los trabajadores. Pero en lugar de incitar a una
revuelta, insta a los trabajadores a buscar una salida pacífica y
tener paciencia, esperando la llegada del "Mediador",
que unirá ambas mitades de la sociedad. El hijo de Fredersen,
Freder (Gustav Fröhlich) conoce a María y queda prendado de
ella. Al seguirla sin que ésta se dé cuenta, penetra en el mundo
subterráneo de los trabajadores y mira con sus propios ojos las pésimas
condiciones en que éstos viven y trabajan, así como el desdén
absoluto de los propietarios, que prefieren traer más
trabajadores para que las máquinas no se detengan, que auxiliar a
los que sufren accidentes en ellas. Asqueado por lo que ve, Freder
decide unirse a la causa de María.
Sin
embargo Fredersen se ha dado cuenta ya de las actividades de María,
y temiendo una revuelta de los obreros, decide solicitar la ayuda
del científico Rotwang (Rudolf Klein-Rogge), quien a su vez le muestra un
robot antropomorfo de su invención. El robot creado por Rotwang puede tomar tanto la
conducta como la apariencia de una persona, así que deciden
suplantar a María. El robot tiene como órdenes promover los
disturbios y el descontento, para así permitir a Fredersen lanzar
una represión violenta contra los trabajadores. Lo que desconoce
Fredersen es que el robot contiene el espíritu de Hel - la ex
mujer de Rotwang, que tuvo un amorío con el dueño de la ciudad,
y falleció al dar a luz a su hijo Freder -, y que Rotwang
utilizará al ser máquina como instrumento de venganza contra el
presidente de Metrópolis, su hijo, y toda la ciudad.
La
verdadera María es hecha prisionera en la mansión de Rotwang, en
Metrópolis, mientras el robot la suplanta y lanza discursos
incendiarios. Además, el robot comienza a seguir las iniciativas
de Rotwang en su plan de venganza, y se transforma en bailarina exótica
en el prestigioso cabaret Yoshiwara, excitando y nublando la razón
de los asistentes, promoviendo la discordia y la decadencia entre
los jóvenes adinerados. Siguiendo los malos consejos del
Robot-María, los trabajadores inician una revuelta y destruyen la
"Máquina Corazón", que proporciona la energía que
hace funcionar toda la demás maquinaria de Metrópolis. La
destrucción de dicha máquina también provoca que los tanques de
agua de la ciudad se aneguen, e inunden el submundo de los
trabajadores, quienes enceguecidos por el discurso del robot, han
descuidado la seguridad de sus hijos, quienes terminan siendo
rescatados por Freder y la verdadera María. Al darse cuenta de su
grave error, los trabajadores desesperados salen a la superficie
en busca de su "enemiga en la ciudadela", la presunta
María. La muchedumbre invade el distrito de diversiones de la
ciudad y captura a la falsa María, a la cual atan a una estaca y
prenden fuego, mientras Freder observa todo y desespera. Pero
pronto se dan cuenta que esa María es una impostora, al arder sus
carnes falsas y quedar al descubierto el robot, y al ver a María
ser perseguida por el enloquecido Rowang en los tejados de la
catedral de la ciudad. Freder persigue a Rowang, y lo enfrenta
hasta que éste último se precipita del tejado hacia su muerte.
María y Freder retornan a la calle y van al encuentro de Joh y
Grot (líderes de la ciudad y de los trabajadores) y dejan
entrever el comienzo de una nueva sociedad.
LA
REPRESENTACIÓN DE LA MUJER EN EL CINE EXPRESIONISTA
En
el presente trabajo se hará un análisis
de la representación de la mujer en Metrópolis de Fritz Lang.
Este film es icono de una vanguardia estética como fue el
expresionismo alemán. En el desarrollo de este análisis se pondrá
en evidencia cómo se filtraron ideales judeo-cristianos y, por
ende, burgueses en relación a la representación de la mujer, a
pesar de la voluntad de ruptura de los artistas de vanguardia con
los valores morales y sociales legitimados por la tradición
burguesa.
En relación a esto, se hará una
crítica a la postura patriarcal en el cine de vanguardia, y
en especial en Metrópolis, y
a la repetición de esquemas estáticos, como la
heteronormatividad en las representaciones narrativas cinematográficas.
Se
hará especial hincapié en el análisis
crítico de los estereotipos que sistemáticamente se asignan a
los personajes femeninos y que resultan en un “juego binario
de imágenes positivas versus imágenes negativas: madre /
prostituta, femme fatale / virgen, etc.”(13) En
el film analizado, el personaje masculino se encuentra en el medio
(de hecho se lo llama Mediador) de esta bidimensión encarnada en
una mujer (o en una mujer y su duplicante robot). En un primer
momento será cautivado
por una mujer inocente (virgen) con ideales puros y justos, y en
el segundo, es seducido por una mujer-robot ambiciosa (vamp), por
la que lógicamente siente
desprecio.
De
este modo, se verá cómo en una misma película se pone de
manifiesto el estigma de los estereotipos femeninos, dado que la
protagonista transita en la estructura
binaria de la representación femenina burguesa occidental,
evocando tanto el bien como el mal.
A
partir de esta objetivación de la mujer, Jesús Ibáñez sostiene
que se puede distinguir (desde una reinterpretación de conceptos
elaborados por Levi-Strauss) entre mujeres
negociables y consumibles. “Las primeras serían aquellas
conservadas para el intercambio, las castas, cuya penetración sería
un incesto, mientras que las segundas serían aquellas que no
poseen valor alguno dentro de ese sistema de intercambio; es
decir, mujeres que sólo tienen valor de uso, pero no de
cambio”(22).Ambas
tienen un objetivo de uso distinto, pero ambas son finalmente
usadas, como un objeto de consumos más.
En
relación a lo anterior, Laura Mulvey plantea el concepto de la
“mirada masculina” como una lógica que estructura la cultura
visual occidental. Esto no quiere decir que la mirada femenina no
tenga lugar en nuestra cultura. Lo que sí sostiene es que los
ideales patriarcales aún no han sido evadidos por la mayoría del
cine. De hecho, como venimos analizando hasta el momento, ni
siquiera el cine de vanguardia logró sortear esta predeterminación
que forma parte de valores burgueses reaccionarios.
“Mulvey sugiere que la espectadora mujer puede
identificarse no solo con la feminidad pasiva para la cual ha sido
programada, sino también es probable que adopte el punto de vista
masculino”(28).
De este modo, la
naturalización de ciertos tipos femeninos es más efectiva y
sencilla, dado que mediante la identificación de la mujer con el
héroe masculino se desactiva en gran parte la reflexión crítica
y, por ende, la resistencia que puede emerger de la espectadora.
De
todos modos, no hay que olvidar que “los espectadores entran en
el cine como hombres y mujeres, lo que no quiere decir que sean
simplemente masculinos o femeninos, sino más bien que cada
persona va al cine con una historia semiótica, personal y social,
con un serie de identificaciones previas a través de las cuales
se ha sexualizado en cierta medida”(29).
Es decir, a pesar de estar determinadas por los textos fílmicos,
cada mujer está marcada por su identidad socio histórica
particular.
CONCLUSIONES
Como
señalamos a lo largo del desarrollo del presente trabajo más allá
de que el expresionismo alemán y las vanguardias en general se
postularon como críticas a las consagradas representaciones del
mundo, de la realidad y de la sociedad no lograron evadir las
representaciones estereotipadas de lo femenino.
Más
allá de que en Metrópolis María tiene un papel importante para
el desarrollo de la diégesis, la mujer es doblemente desmontada y
reconstruida mediante el control masculino. Una vez que Rotwang
extrae la sexualidad de la María humana y la proyecta en la Maria
robot, obtiene como resultado el estereotipo binario de virgen y
vamp. La primera resulta dócil, asexuada como una figura materna,
indefensa y totalmente dependiente del sostén y la protección
del hombre. De hecho es Freder, su pretendiente, quien salva de la
inundación a ella y a todos los habitantes de las catacumbas de
Metrópolis. El hombre es el héroe, es quien tiene una posición
activa frente a la pasividad de la mujer.
Por
otro lado, la vamp es poderosa, sexual pero maligna y destructiva,
lo cual justifica su aniquilación en la hoguera (llamativamente
al igual que Juana de Arco) y con esto su neutralización, control
y purga de la sexualidad femenina. Tal como sostiene Huyssen,
mediante esta metafórica quema de brujas se exorciza la
sexualidad femenina y, como todas las quemas de brujas, garantiza
el regreso de lo reprimido.
Siguiendo
la tesis de Michèle Mattelart en ‘Mujeres e industrias
culturales’, “la mujer es uno de los blancos predilectos de la
comunicación de masas, que intenta, mediante un nuevo orden de
representación simbólica, lograr que la mujer cumpla dos
funciones generales que el sistema les tiene asignadas: por un
lado, a la mujer se le otorgaría la misión de pacificar,
equilibrar y resolver ciertas contradicciones especiales del
sistema (María humana en Metrópolis) mientras que, por otro
lado, la mujer debe asumir e interiorizar el papel de pilar de la economía
de apoyo mediante el trabajo invisible (rol cumplido en cierta
manera por María-vamp-robot)”(30).
Para
esta estudiante-analista y directora de cine, uno de sus objetivos
es poner de manifiesto esta violencia ejercida sobre la mujer,
pero sin dejar de hacer hincapié en tratar de encontrar caminos y
herramientas mediante las cuales se pueda revertir esta condición
dada hasta el momento.
Como
mujer del arte creo que es necesario rastrear, analizar y
evidenciar las representaciones femeninas en el arte para así
comenzar a desandar el camino de la desnaturalización de los
estereotipos femeninos del discurso hegemónico que “fagocitan
los elementos disruptores, absorben las representaciones que
rompen con la regla e introducen en el desorden”(31).
El primer paso entonces es hacer visible lo invisible, decir lo no
dicho. Y con respecto a esto creo que debemos retomar la noción
del grito expresionista. Si somos mujeres violentadas no podemos
susurrarlo, debemos gritarlo desde el fondo de nuestra alma.
A
partir del conocimiento de los discursos que nos fueron
construyendo dentro y fuera del cine y de su reflexión crítica,
será posible construir un arte, y en particular un cine donde las
mujeres no seamos objetos sexuales o decorativos, pasivos y
dependientes de un personaje masculino. Es allí donde
necesitaremos una recuperación de la historia personal y
colectiva y ese, a mi
entender, debe ser el objetivo de estos trabajos de análisis,
como único modo de superar la instancia de lo meramente
descriptivo.
Y
en relación a esto también podemos poner en práctica una
herramienta expresionista y romántica: debemos buscar otra
racionalidad, que sea propia, distinta a esa que se naturalizó
como unívoca pero es sólo una forma de ver el mundo y, por ende,
de vernos, concebirnos como mujeres. Debemos desarrollar una
sensibilidad subjetiva que redefina la figura del mundo y, a
partir de allí, realizar nuestra re-representación.
Este
camino es el que nos llevará (seguramente no es el único, pero sí
uno posible) a construir un arte, y un mundo, en el que las
mujeres seamos protagonistas activas, dueñas de nuestro destino,
donde plasmemos nuestra subjetividad y una nueva racionalidad que
subvierta los valores del cine patriarcal y reivindique
expresiones artísticas alternativas, basadas en una férrea
convicción política. “Si las películas han sido realizadas y
protagonizadas por hombres, respondamos con películas realizadas
y protagonizadas por mujeres. Si la forma de construir dichas películas
y su mensaje responden a una mirada masculina busquemos una
especificidad femenina y apliquémosla (32)".
A
su vez, lo peligroso de estas representaciones misóginas y
objetivantes, es el hecho de que más allá de que forman parte de
ficciones, tienen consecuencias y se inscriben en una realidad
dada. Las representaciones estereotipadas de las mujeres se
instalan en una historia que lo espectadores aceptan como verosímil.
Las mujeres vivimos esta presión constantemente en nuestra vida
diaria. “Una santa en la casa y una puta en la cama”, dice el
dicho popular. Se nos exige ser María y Vamp, y por si nadie se
dio cuenta aún, es imposible ser virgen y sexualmente salvaje a
la vez.
A
pesar del postulado de su postulado de negarse a representar lo
bello del mundo enfrentándose al criterio burgués de la belleza
en el arte, las vanguardias no pudieron superar los valores estéticos
que priman sobre las mujeres. Las mujeres en el cine de vanguardia
pueden ser buenas o malas pero siempre son bellas. Más allá de
que el artista vanguardista intentó demostrar la infamia del
mundo burgués mediante su puesta en evidencia, no pudo evitar
seguir, con respecto a la representación de la mujer, una ideología
hegemónica, patriarcal y burguesa inscrita en un sistema
capitalista.
En
relación a la estereotipia y la predeterminación de lo bello y
no bello en la mujer, Laura Mulvey propone “la necesidad de
subvertir esta imagen de belleza desnaturalizándola y poniéndola
en evidencia. Mediante técnicas de distanciamiento había que
borrar todo rastro del discurso hegemónico y reivindicar el
derecho de las mujeres a la producción de elementos
culturales”(33).
“Las
mujeres han sido usadas como imágenes para la contemplación;
personajes pasivos cuya función se supeditaba a los deseos y las
necesidades del protagonista masculino; estereotipos construidos
por intereses y prejuicios patriarcales (la vamp, la esposa fiel,
la virgen, etc.) Han pivotado siempre entre la clásica dicotomía
virgen / puta, madre / esposa, ingenua / perversa, María /
Eva…Se han silenciado posibilidades temáticas y narraciones con
personajes femeninos protagonistas. Se les han negado deseos -se
les ha negado como personas-. En muchas ocasiones ni siquiera han
sido necesarias para la historia -como si en las guerras no
hubiese mujeres-.Todo este silencio y manipulación han
contribuido a reforzar una sociedad que considera a las mujeres
ciudadanas y personas de segunda categoría”(34).
Los
valores que se transmiten a través de esta imágenes son sistemáticamente
funcionales, por supuesto, al sistema capitalista, como, por
ejemplo la exaltación del matrimonio y el amor heterosexual, con
su consiguiente recompensa
de la maternidad, el sacrificio, la abnegación, el deber
cumplido, etc. La reproducción de este tipo de historias e
ideales femeninos con temas y roles patriarcales, es aún más
preocupante y peligroso en el arte cinematográfico, dado que
constituye uno de los medios de difusión de ideas más
influyentes que existen. Es necesario que nos liberemos de esta
tutela mediática acrítica que contribuye a la propagación y a
la perpetuación de la desigualdad entre sexos.
Si
la racionalidad hegemónica y patriarcal ha fabricado mujeres
silenciosas, pasivas, ausentes o marginales, entonces es necesario
como ya dijimos, crear otra racionalidad opuesta, que genere otra
visión de mundo y subvierta valores hegemónicos en relación a
la representación de la mujer en el cine y en la vida en general.
Para esto, siguiendo a Ann Kaplan, es imprescindible desarrollar
una teoría de la referencia, porque nuestra opresión en la
formación social nos afecta en nuestra vida diaria. Para eso
debemos conocer nuestra historia de sometimiento, y este
conocimiento debe ser utilizado como herramienta para sortear la
dificultad de representar relaciones que no estén fabricadas por
el orden dominante en el que estamos insertas. (*)
(*)
Fuente:
Carolina Reynoso, "La
representación de la mujer en el cine epxresionista",
trabajo realizado en el contexto de la materia Principales
corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de
Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en
2007.