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LA
MEDEA DE PASOLINI
Por
Martín Bidau
Pasolini es un poeta. Que piensa mediante
imágenes. Y también a través del discurso y el poema. Uno de
los picos de su creación poética y cinematográfica se
encuentra en su Medea, recreación del ancestral y fundamental
mito griego que motivó una de las máximas tragedias de
Eurípides. Aquí presentamos un esclarecedor y profundo
análisis de Martín Bidau, teórico del cine y profesor de
filosofía. El texto que sigue a continuación fue leído en la
mesa redonda "Los sentidos del arte", realizado en la
Biblioteca Nacional de Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires,
el 30 de agoto del 2005.
E.I
LA
MEDEA DE PASOLINI
Por
Martín Bidau
El
objetivo de este trabajo es analizar algunas escenas capitales de
la película desde la óptica cinematográfica para intentar
profundizar en las ideas que entiendo Pasolini quiso expresar. No
haré un trabajo de comparación entre esta versión
cinematográfica y las tragedias tanto de Eurìpides como la de
Séneca primero porque la película toma todo el mito de Jasón y
Medea incluyendo el relato de "Los argonautas" de
Apolonio de Rodas además de la tragedia euripìdea (1) y por otra
parte porque tratándose de una adaptación bien libre pondremos
hincapié en las invenciones de Pasolini sin tener que referirnos
a las tragedias mencionadas.
Comencemos
con el primer plano de la película, casi idéntico al que sirve
de final: se trata de un cielo entre naranja y rojo y una cámara
que se ve inundada por los rayos del sol. El director elige esta
imagen para pasar los títulos. Pensemos que ese sol en el mito
era un gran dios y al mismo tiempo el abuelo de Medea ante quien
se prosternará casi en estado de rapto un par de veces en la
película. En el segundo plano aparece en el piso un niño de tres
años bañado por la luz del sol que escucha a su maestro el
Centauro. Éste le confiesa no ser su padre y le cuenta el mito de
sus orígenes y en el cuarto plano (ya hablaremos del tercero) el
niño Jasón se acuesta en el piso como lo hacen los niños cuando
se van a dormir y sus padres les cuentan un cuento que nunca es
más verdadero que en la infancia. Ahora sí hablemos del tercer
plano de la película que a mi entender es clave: en éste antes
de que el niño se estire en el piso quien aparece es el centauro.
Pero ¿cómo aparece? Con una columna delante que separa
perfectamente su parte animal de su parte humana, es decir, el ser
mítico puede ser dividido por la razón en dos gracias a la
columna y entender a este personaje sagrado mediante el cálculo
racional como la sumatoria proyectada de dos seres. Pero ¿quién
lo mira así? Nosotros. Porque la cámara es una clásica mirada
objetiva a la altura del ojo del operador. Aquí reside la astucia
de Pasolini, la primera vez que nos muestra al centauro somos
nosotros los que mediante su trampa lo dividimos o no. Luego será
enfocado desde otro ángulos con su ser completo hasta que sólo
cobre figura humana cuando Jasón es mayor o doble cuando Jasón
se muda a Corinto.
En la
escena posterior, estando rodeados por el cielo, el agua, los
juncos, un árbol y una choza, el centauro le enseña a Jasón que
ahora tiene ocho años: "Todo es sagrado, todo es sagrado,
todo es sagrado. No existe nada natural en la naturaleza mi
muchacho; nunca pierdas eso de vista. Cuando la naturaleza te
parezca natural será el fin de todo y el comienzo de otra cosa.
¡Adiós cielo y adiós mar!". Ahora mirando a su alrededor
proclama: "¡Qué bello cielo, cercano feliz! Dime una cosa:
¿Existe acaso aunque sea una porción de lo que nos rodea que no
sea algo más que natural? Mira alrededor tuyo. ¿Qué ves? ¿Algo
natural acaso? No, eso que ves es una aparición" y después
de alabar poéticamente la belleza de todo lo que los rodea
comenta: "En cada lugar donde reposan tus ojos se esconde un
Dios. Y si por casualidad no está allí Él ha dejado detrás de
sí los signos de su presencia sagrada, sea en el silencio, en el
aroma de la hierba o en la frescura de las aguas dulces."
En la
siguiente escena como Jasón ya es mayor y posee barba, desde un
cámara subjetiva, es decir desde sus ojos, vemos al mismo
centauro pero sólo con forma humana. Es aquí cuando le dice:
"Tal vez me has encontrado no sólo un poco mentiroso sino
incluso demasiado poético". Y luego agrega: Para el hombre
antiguo, los mitos y lo rituales son experiencias concretas, que
lo rodean y lo engloban en todo momento comprendidas su existencia
corporal y cotidiana." Es muy serio y profundo lo que dice
pero pasa a una explicación racional y así funciona la mente de
Jasón pasar a una progresiva explicación dialéctica de lo
misterioso.
En la
escena posterior luego de instar al joven para que busque a su
tío Peleas que usurpó el trono de su padre le anticipa:
"Allí harás la experiencia de un mundo muy diferente a los
usos de nuestra razón. Su vida es una vida muy realista." Y
continúa como antes explicado lo mítico: "Porque no existe
sino lo realista para ser mítico ni lo mítico para ser realista.
Esto es al menos lo que puede prever nuestra divina razón, lo que
no puede prever desgraciadamente, son los errores a los que
conducirá y ¿Quién sabe cuántos serán?"
En la
siguiente escena encuadra como un sendero en el agua y luego va
girando la cámara en panorámica donde se muestre la casa
lacustre del centauro que agrega: "Eso que el hombre al
descubrir la agricultura, ha visto en los cereales, lo que
aprendió en su relación y lo que entendió detrás de los granos
que pierden su forma bajo la tierra para finalmente renacer; todo
eso constituye la sección definitiva: la resurrección querido
mío." Ahora cambia el plano y el tono deviene escéptico.:
"Pero ahora esta lección definitiva de nada sirve. Lo que
ves ahora en los cereales, lo que entiendes por el renacimiento de
los granos, está para ti vacío de sentido, como un antiguo
recuerdo que ya no te concierne. Y en efecto ya no existe dios
alguno."
Después
de este parlamente lúcidamente Pasolini cambia de paisaje y de
lugar y nos transporta justamente a un espacio arcaico, a una
tierra en contacto con la divinidad y esto se refleja en la
participación popular en el rito sagrado del sacrificio humano
para fertilizar la tierra y celebrar su constante renovación en
muchas muertes y resurrecciones. Producido el rito Medea en la
persona nada más y nada menos que de Maria Callas, desde quien
Pasolini había concebido toda su película porque como se
encargó de decir: "esta barbarie está inscrita en ella, que
irrumpe de sus ojos, de sus rasgos, pero no se manifiesta
directamente, la superficie es incluso casi refinada, en breve los
diez años pasados en Corinto serían un poco como la vida de
Maria. Ella viene de un mundo campesino, griego, agrario, y luego
fue educada para un mundo burgués. Entonces intenté, en una
cierta manera, concentrar en su personaje lo que ella es en su
totalidad." Decía que Medea pronuncia las siguientes
palabras: "Da vida a la simiente y renace con la
simiente." Y luego los hombres portando máscaras que
representan a los muertos se confunden en una danza casi
orgiástica que representa el retorno al caos original.
La
imagen que ya desde el guión está pensada por contrastes
justamente porque ahora llegan los argonautas, que aunque griegos
son los verdaderos bárbaros, a una tierra arcana y empapada de
sacralidad y no respetan ni siquiera el oro del templo al que
profanan como profanan con su sed de conquista todo lo que tocan.
Las mujeres entre tanto cantaban proféticamente sobre el arribo
de un hombre bello que encantará a las mujeres y que el reino
quedará abandonado por los dioses.
Justamente
el mayor contraste, y allí se inicia lo trágico, se produce
cuando Medea como llamada por lo inasible se dirige al templo con
sus prendas sacerdotales, pasa por el rito de purificación del
fuego llega al lugar santo y después de venerar al vellocino de
oro tiene una suerte de visión que la desploma en tierra: no se
trata de un dios sino de quien en adelante ocupará su lugar. Es
la belleza de Jasón la que cautiva de tal manera a Medea la que
la llevará en adelante a dejarlo todo y seguirlo hacia tierras
donde se sentirá sin un norte, vaciada, alienada de sí misma y
del mundo, donde rogará al sol, la tierra incluso a la hierba que
le hablan porque ya nada expresa su sentido originario y vive
frente al escándalo de los argonautas que mezclan su vulgaridad y
superficialidad con un visión bajamente horizontal de la
existencia. Es lo que Pasolini llama su conversión al revés.
Resulta
de especial significación el momento en que Medea en contacto con
otro espacio de lo sagrado que es el entrelazamiento carnal con
Jasón se levanta del lecho rebozante de vida y retorna a él para
volver a reunirse con él toda entera física emocional y
espiritualmente pero luego de un beso éste está mirando a los
lejos a la rica ciudad de Corinto. Ya no necesito citar los ricos
diálogos de Pasolini sino que apenas con describir un plano se
descubre un sentido más que elocuente expresado con el elemento
más propiamente cinematográfico: la imagen.
Describiré
sucintamente las escenas que se destacan en Corinto La primera es
la última aparición del centauro doble en Corinto, ahora sí
estamos frente a una cámara subjetiva es decir la mirada de
Jasón y el propio centauro profano, que ahora está afeitado y
que será el único que hablará, responde a la pregunta de Jasón
por el "¿Qué haces acá?" Recibiendo por respuesta
"Querrás decir ¿qué hacemos acá?" Confirma que se
trata de una visión pero haciéndole ver que es él quien la
produce. Jasón desconcertado afirma: "Yo no conocí más que
un centauro". "No –le dice el centauro- tu has
conocido dos, uno sacro cuando eras niño y uno profano cuando te
volviste adulto. Pero aquello que es sacro persiste al lado de su
forma desacralizada. Y es así como somos dos, uno al costado del
otro." Entonces Jasón pregunta: "Pero ¿cuál es la
función del viejo centauro aquel que conocí en mi
infancia?". "Él no habla –dice el centauro humano-
porque su lógica es tan diferente de la nuestra que sería
imposible entenderlo."
Pasamos
ahora a la casa de Medea. La vieja sacerdotisa camina hacia el
centro de la ciudad y viendo bailar a su esposo con un montón de
jóvenes el baile del fin del celibato toma cuenta de que será
abandonada por la princesa hija del rey de la ciudad, vuelve a su
casa, se encierra en su habitación y llora amargamente.
Ahora
comienzan a confundirse las visiones de Medea con lo que sucederá
en la realidad que en sí mismas no será tan distintas. En su
habitación y desesperada ve por la ventana aparecer al divino sol
que le pregunta: "¿Ya no me reconoces?". "Sí –dice
Medea- tu eres el padre de mi padre." "Entonces ¿qué
esperas? ¡Coraje!" Y Medea eleva una oración al sol
idéntica a la que figura en la tragedia de Eurípides donde clama
por justicia y desarrolla los planes de su venganza para que
aquella se vea cumplida. Entonces manda a llamar a Jasón por
medio de su laya y le hace creer que aceptará el destierro que
Creón le ha impuesto, le entrega a sus hijos unos regalos para
Glauca la hija del rey y futura esposa de su marido y en una
visión ve como la princesa y su padre son devorados por las
llamas.
Ahora
el sol le dice que se ponga sus antiguos hábitos sacerdotales.
Viene Jasón y en tono más realista se reproducen los pasos
anteriores. Pero esta vez les dice a sus sirvientas vestidme y
comenzará el gran ritual de la venganza. En la ciudad las mujeres
preparan la fiesta de bodas. Nuevamente la princesa, no sin antes
verse en el espejo con sus nuevas ropas regaladas, comienza a
incendiarse y Medea en fundido disfruta. Era otra visión.
Finalmente manda a llamar a Jasón todo se reproduce de un modo
similar y se representa la verdadera muerte de Glauca y de su
padre.
La
última escena que describiré es la del sacrificio de sus hijos
por parte de Medea. Ésta camina por las habitaciones de su casa
luego de haber tenido las visiones de los cruentos asesinatos de
Glauca y de su padre Creòn. Por una ventana ve la luna en el
cenit y luego por la otra al sol en su despertar. Comienza sonar
una música sacra. El preceptor canta con sus niños. Medea con
gran dulzura llama a uno de ellos y lo pone entre sus brazos con
mucha calma y amor lo mece hasta que el niño se duerme, ya no se
escucha la música sino el sagrado silencio de la tarde, en un
plano fugaz sugiere el asesinato mediante la mostración de un
cuchillo. Nuevamente se levanta y como siguiendo un ceremonial
busca a su hijo mayor. Esta vez lo baña y le pone unas túnicas
blancas. También lo acuna en su cuerpo casi como en un acto
amoroso, el chico no se puede dormir hasta que finalmente lo
logra. También se elide el momento del sacrificio. Un silencio
impera en la casa, la luna reaparece por una ventana y Medea se
arrodilla frente a ella. Los niños descansan en sus camas como
bañados por la luz lunar. Ahora comienza a sonar y muy fuerte
aquella música sacra oriental, todo comienza a arder bajo las
llamas y Jasón llega para cuestionar a su antigua mujer y le
implora estando separados por las llamas de un fuego devorador
poder tocar a sus hijos por última vez a lo que Medea responde:
"No, cesa de insistir. Nada es posible, en adelante." Y
con la misma música la película termina casi con el mismo plano
del atardecer y los fuertes rayos del sol que bañan la cámara.
Es el dios de la justicia.
¿De
qué nos está hablando esta interpretación libre del mito de
Medea de Pier Paolo Pasolini?
El
choque que se produce entre Medea y Jasón, es el choque entre dos
universos, dos culturas o mejor aún dos cosmovisiones del mundo
tal vez irreductibles entre sí.
Por un
lado Medea pertenece al mundo arcaico, aquel que Pasolini ya
representase en sus "Edipo Rey", en "Las notas para
una Orestíada africana" e incluso en su "Evangelio
según Mateo". En el personaje de Medea se da una relación
sagrada con la tierra, con el sol, con la luna porque para ella
todo es santo, como le repetía el centauro a Jasón en su
educación. Para ella cada rito está cargado de sentido porque
venera cada elemento de la naturaleza. Ella es mujer y como tal,
tiene contacto con la vida porque la lleva dentro suyo. Es la
tierra como lugar de fecundación y germinación de la de la vida,
a la que luego dará a luz colaborando con la constante
regeneración. Ésta que incluye el sacrificio humano, porque para
ella la vida se renueva en constantes muertes y resurrecciones en
una visión cíclica de la historia.
Por el
otro lado se encuentra Jasón el inventor del primer barco, la
inteligencia puramente práctica o técnica. El varón a quien la
ausencia de la generación de la vida dentro suyo lo hace ir
obsesivamente detrás de conquistas inútiles, que no teme
siquiera de hacerse del oro de un templo. Jasón es el hombre que
cree ciegamente en el progreso y con ello en una visión lineal de
la historia. El hombre que no practica rito alguno y que va
detrás del poder mundano. En su arquetipo se da el imperio del
dinero que arrojando abajo a los antiguos dioses se sienta en el
trono y se hace adorar. Lo sagrado, el misterio, lo religioso
entonces son confiscados por el dinero, por el interés, por la
carnada del poder, son apartados por la sed de conquista, de
empresa, de posesión. Jasón es la encarnación de ese pecado de
orgullo tan occidental.
Pero
este conflicto, que puede tener caracteres inmemoriales, también
tiene un contexto histórico que Pasolini denuncia con su obra.
Antes de desarrollarlo, querría hablar de lo que yo entiendo fue
la función profética de este poeta, novelista, ensayista,
polemista y cineasta que muriera asesinado en 1976. El profeta, y
tomo por ejemplo a los profetas bíblicos del antiguo testamento,
no es aquel que cuenta con el don de visionar hechos puntuales que
sucederán en el futuro, sino que por el contrario es el profundo
y sutil lector del presente y como tal aquel que puede predecir lo
que sucederá en el futuro si las cosas se siguen desarrollando
como ellos denuncian. El profeta es fuertemente incomprendido por
su época y es portador de durísimas palabras para con su tiempo
como el Cristo que Pasolini se encargó de reflejar en su
Evangelio según Mateo.
¿A
quién denuncia el director en esta obra en el contexto del año
69? En primer lugar a la Italia del milagro, que desgraciadamente
es sólo y únicamente un milagro económico. Una Italia que sufre
una transformación abrupta del paso de lo rural a lo industrial,
una Italia que se vuelve profundamente consumista y conformista.
Que pierde el contacto con la tierra, con el maravillarse ante la
naturaleza, con el milagro de cada instante que es la vida. Una
Italia que lentamente va perdiendo todos los valores populares que
Pasolini buscaba destacar en su películas en la pureza de su
actor fetiche Nineto Davoli, joven encontrado en las borgate
romanas, pero un tipo de joven que a medida que pasaban los años
se hacía más difícil de hallar porque la nivelación u
homologación que producía el neocapitalismo lavaba con todas las
tradiciones populares. Es oportuno destacar que después de Medea
el director filmó tres películas llenas de vida y optimismo que
integran la Trilogía de la vida, en las que exalta el cuerpo
humano y su más noble expresión que es el sexo. Pero termina tan
desencantado con lo que la educación obligatoria y la televisión
realizaron en la juventud que en su última película un año
antes de morir filma "Saló o los 120 días de Sodoma"
expresando artísticamente lo que él ya había declarado como la
abjuración de la Trilogía de la vida, el fin de los cuerpos.
Pasolini
denuncia también a la Iglesia Católica que en cuanto tal deja de
ser cristiana, según su perspectiva expresada en su obra "El
Evangelio según Mateo", donde ataca sin piedad a los
fariseos como figuras eclesiásticas. Una iglesia que,
obsesivamente preocupada por cuestiones moral menores y
especialmente de moral sexual, le hace el juego a la burguesía;
una Iglesia que ha perdido su propio amor por lo sagrado y está
demasiado cercana al poder (piénsese en este sentido la
prolongada permanencia del Partido Demócrata Cristiano en el
poder que comienza en la Italia de la posguerra y llega hasta
mediados de los años setenta) (2). Pero es justo decir, y esto es
un comentario aparte, que Pasolini tenía una gran admiración por
el Papa Juan XXIII a quien consideraba un hombre santo (3).
El
director italiano también denuncia a la televisión que
estupidiza las mentes y hace a los hombres únicamente seres de
consumo. ¿Acaso lo que este artista e intelectual leía en su
presente no se cumplió e incluso superó cualquier pronóstico
del supuesto intolerante o pesimista? ¿Acaso hoy Italia no está
sumida en el más bajo consumismo olvidándose de siglos de su
rica cultura? ¿Acaso hoy no es gobernada y en un segundo mandato
por el hombre, al que además de haberle sido comprobados actos de
corrupción, colaboró con la estupidización de la población a
través de lo que probablemente sea la televisión más chata del
mundo?
También
el artista y pensador italiano estaba preocupado por la situación
del tercer mundo. Pasolini gustaba mucho de viajar a estos
países, especialmente a África y a la India. Ciertamente le
preocupaba la miseria en la que vivían sus habitantes pero no
menos las invasiones de las culturas de consumo que también aquí
destruían universos arcaicos, de culturas milenarias en contacto
con la tierra. Pasolini no se debe haber sacudido en el cajón
cuando hace unos pocos días salió en la primera página de un
diario argentino que la empresas de comunicaciones apostaban
fuertemente a África, en países como Ghana o Nigeria, donde el
negocio de los celulares era el que más crecía en el planeta.
Una vez más los espejitos de colores.
En
pocas palabras para confirmar su carácter profético todo este
avance que el denominó neocapitalista él ya lo veía en el 69 y
por ello no era querido ni por la Iglesia, tal vez porque admiraba
y amaba mucho a Cristo, ni por el Partido Comunista Italiano que
lo expulsó de sus filas por denunciar entre otras cosas los
abusos contra los derechos del hombre en la Unión Soviética.
¿Qué decir de las críticas que recibía a diario por parte de
las derechas ya fascistas ya consumistas que para él eran la
misma cosa?
Esta
es la situación del momento que le tocaba vivir cuando hizo su
película, sin olvidarnos tampoco de la guerra fría y lo peligros
nucleares que amenazaban a la mayor parte del planeta. Este
choques de culturas es el de la Italia y la del mundo en el fin de
los sesenta. Y precisamente en este mundo donde el triunfo de
Jasón sobre Medea se imponía fuertemente.
Volver
al pasado arcaico-religioso, frenar el progreso que lleva a la
masificación y el consumo, parar a la ciencia que jamás se
detiene ante el misterio y en su propia soberbia de creer conocer
todo y poder modificarlo todo: este parece ser el discurso del
marxista Pasolini más que un progresista parece un reaccionario
si entendemos por tal a quien se opone a la evolución propia de
la cultura. Aunque la palabra reaccionario él jamás la hubiese
aceptado porque tiene muchas otras connotaciones, especialmente la
de fascista entre quienes estaban sus peores enemigos. Pero jamás
tuvo que disculparse por no ser moderno ya que decía de sí mismo
en un verso: "Yo soy una fuerza del pasado. Mi amor está
solo en la tradición. Vengo de las ruinas; de las iglesias, de
los retablos, de las aldeas olvidadas de los Apeninos o de los
Prealpes donde han vivido mis hermanos."
Pero
dejemos por un momento a la persona de Pasolini y al contexto en
el que fue filmada su película y volvamos al sentido que la
traspasa: esta oposición entre lo sagrado y lo profano, entre lo
arcaico y lo moderno, entre lo femenino y lo masculino es en
algún punto tan antiguo como el propio mito.
Pero
Pasolini era demasiado inteligente para ser maniqueo y por ello la
dualidad no es de dos principios antagónicos en el universo sino
que esencialmente reside en el corazón de cada hombre; en Jasón
pero también en la misma Medea. Porque para todo hombre existe un
viejo centauro mítico que le habla de la sacralidad del mundo y
otro racionalista para quien todo es explicable en la naturaleza
donde todo es natural. En todo hombre conviven un principio
masculino y otro femenino, un principio creativo y otro que
materializa esa creatividad. Y también Jasón, como le dice el
centauro, ama el costado místico-religioso de Medea, además de
haberla usado para conquistar el poder. Y la pobre Medea, que al
sufrir lo que Pasolini llama una conversión al revés, se
encuentra ante un mundo desencantado fruto de la desacralización
de los bárbaros (aunque griegos) con quienes viaja y sufre sus
consecuencias. También esta misma Medea es responsable de haber
caído bajo el embrujo de la belleza física de Jasón. Es cierto
que los encuentros carnales eran para ella un fortísimo contacto
con la vida en lo que ella tiene de divino pero no supo atravesar
con su mirada para ver qué se escondía detrás del hechizo de la
bella masculinidad de Jasón.
Esta
misma dualidad puede ser leída en la resolución que Pasolini le
da a su película. Por un lado los frutos de dos principios tan
contrapuestos, me refiero a los hijos de los protagonistas, no
pueden sino morir y allí estamos propiamente en la tragedia. Pero
pensemos también que la matanza de esos niños tienen un
carácter sacrificial, en la medida en que Medea amorosamente los
prepara para la muerte en un ritual en el que los niños
terminarán como dormidos y e iluminados por la última luz del
sol y la primera de la luna ambos dioses desde su experiencia
religiosa del cosmos. En el mundo de Medea a diferencia de Jasón
la muerte no tiene la última palabra.
Finalmente
Pier Paolo Pasolini tampoco era un hombre peleado con el todo el
mundo, que solo denunciaba y que sólo tenía enemigos. Podía ser
un hombre de una inmensa ternura y de ello son testigos todos sus
amigos y entre ellos María Callas que después de esta película
fue su compañera de muchos viajes entre ellos a África (e
incluso al Festival de cine de Mar del Plata). Pero no edulcoremos
su figura ni su mensaje profético porque su película termina con
un plano de Medea gritando furiosa contra Jasón impidiéndole que
toque el cuerpo de sus hijos con las llamas del fuego que los
separaba y finalmente con el plano final del dios sol con el que
comenzaba la película, sugiriendo la circularidad de la historia,
el dios al que clamó para pedir justicia. Éste último tal vez
despierta una esperanza. (*)

(*)
Fuente: Martín
Bidau, "La Medea de Passolini", trabajo leído en la
mesa redonda "Los sentidos del arte" realizada el 30
de agosto de 2005, en el Auditorio de la Biblioteca Nacional de
la República Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires.
Citas:
(1)
El rey Frixos de Iolcos fue salvado durante su infancia por
Néfeles de la muerte que Ino por envidia quería propiciarle.
Para ello le cedió la piel de un carnero que el dios Hermes
le había regalado y que se la conoce como el vellocino de oro
y cuya posesión asegura la perennidad del poder. Frixos al ser
rescatado por Eetes, rey de la ciudad de Ea en la Cólquide de
Asia Menor, como agradecimiento le entrega el vellocino. Más
tarde Frixos tiene dos hijos, Esón que debería ser su sucesor
en el trono de la ciudad griega de Iolcos y Pelías que expulsa
de la ciudad y hace matar a su hermano mayor y heredero legítimo
del trono. Antes de que esto sucediese Esón había enviado por
secreto a su hijo Jasón a lo del divino Centauro Chirón
para que lo educara. Cuando Jasón adquiere la mayoría de edad
se dirige a Iolcos a pedir a su tío Pelías que le entregue el
trono que por derecho le corresponde. Éste le dice que su abuelo
Frixos se le aparece en sueños pidiéndole que recupere el vellocino
para que su alma pueda estar en paz y le promete a Jasón que
si lo trae de vuelta le daría el trono que le pertenece.
Jasón
acepta y recluta lo mejor de la Grecia antigua: Teseo, Herácles o
Hércules, Castor, Pólux y Orfeo, serán llamados en adelante los
argonautas porque son los marinos que viajaron en la primera
embarcación que navegó por lo mares llamada Argo. Luego de
innumerables aventuras Jasón y los argonautas llegan a la
Cólquide y se presentan ante el rey Eetes a quien piden el
vellocino. El rey dice que lo concederá si Jasón pasa por una
serie de pruebas. Para lograrlo el héroe contará con la ayuda de
la hija del rey, la maga y sacerdotisa Medea nieta del Sol
y sobrina de la maga Quirque que cae perdidamente enamorada de
Jasón. Finalmente éste se apropia del vellocino y le promete a
Medea casarse con ella si lo ayuda a escapar de la ciudad. Medea
para hacerlo mata a su propio hermano al que descuartiza dejando
los miembros de su cuerpo en el camino para retrasar a las tropas
del rey que iban detrás de ellos. Después de escaparse con el
vellocino llegan a Iolcos y su tío el rey Pelías se niega a
entregar el reino que había prometido a cambio del Vellocino
razón por lo que Medea lo mata envenándolo y huyen a Corinto
donde son recibidos con hospitalidad. Allí Medea tendrá dos
hijos con Jasón pero éste, ávido de poder, deja a Medea para
casarse con Glauca la hija de Creón el rey de Corinto. Medea
reacciona con una venganza que será fatal para Jasón: envenena a
su nueva prometida y a su padre junto a ella y luego mata a sus
propios hijos para inflingirle la mayor pena a quien fuera su
amor.
(2)
"Yo soy anticlerical (¡no temo decirlo!), pero sé que
dentro de mí hay dos mil años de cristianismo: con mis
antepasados edifiqué las Iglesias románicas, luego las góticas
y luego las barrocas; su contenido y su estilo forman parte de mi
patrimonio. Estaría loco si negase esta fuerza potente que está
dentro de mi, si les dejase a los curas el patrimonio del
Bien."
(3)
Este año (1964) han sucedido muchas cosas nuevas en el mundo...
(Paso del capitalismo monopolista al capitalismo tecnocrático y
paso del capitalismo colonialista al neocolonialismo en la
relación países desarrollados y subdesarrollados) La tercera
cosa de gran interés es el nuevo curso que se abre en el mundo de
los católicos, primero con el Papa Giovanni (que no solo ha sido
un buen Papa, sino que cuanto ha dicho y hecho es irreversible) y
después, más dificultosamente, con Pablo VI. Me parece que el
mito anticomunista se ha desmitificado en parte por la novísima
generación de dirigentes católicos."
"El
Papa Giovanni ha demostrado que se puede ser "santo",
pero solo a condición de ser avanzado y progresista, es decir
culto, verdadera y profundamente".
"Casi
siempre, un cura frente a un comunista y un comunista frente a un
cura representan la aparición del otro: una raza degrada
por el tabú... Papa Giovanni era incapaz de ver al otro en
el hombre, al enemigo por definición, por preconcepto, por tabú,
por conveniencia; el sólo sabía ver en el hombre a todo
el hombre. Su sonrisa, tan humana y especialmente tan humanista.
Significaba todo eso. El unía a su cultura su esencia
angelical... ¿Os imagináis al Papa Giovanni indignado o
escandalizado contra los ocho millones de votantes comunistas en
Italia? Yo no. Y no lo estaba ni humana ni históricamente. Lo que
es seguro es que él no podía ser cómplice o aprobar su
filosofía atea: esta le hacía mover la cabeza con dulzura y
dolor, con la seguridad absoluta que posee quien cree y por ello
no puede odiar...
Existen
dos cosas seguras, a pesar de cómo vaya todo: 1) una filosofía
atea no excluye el respeto por la religión; 2) una filosofía
atea no es la única filosofía del marxismo, hasta el punto que
la base obrera y marxista ha sido casi siempre creyente en su
inmensa mayoría, y ha habido muchos marxistas católicos a alto
nivel... Lo que haría falta es que en las altas jerarquías de la
Iglesia, aparte del clero humilde, se difundiese una sola idea:
que el gran enemigo de Cristo no es el materialismo comunista sino
el materialismo burgués. El primero es teórico, filosófico,
especulativo y, por lo tanto, incluye los momentos más absolutos
de la religión; mientras que el segundo es completamente
práctico, empírico, instrumental y excluye por el contrario
cualquier momento sinceramente religioso o cognoscitivo de lo
real... El ateísmo de un militante comunista es un primor de
religión respecto al cinismo de un capitalista. En el primero se
pueden encontrar siempre momentos de idealismo, de desesperación,
de violencia psicológica, de voluntad cognoscitiva, de fe –que
aunque sean disgregados, son elementos de religión- mientras que
en el segundo solo se encuentra a Mammón (el dios del dinero).
Las
relaciones que he tenido con los curas, es esta época, han sido
de este tipo: todos, de alguna manera, excluían a la burguesía.
Donde se habla de Dios, incluso para manifestar su incredulidad,
no está la burguesía. Ella va a misa..."
(Pier
Paolo Pasolini, Las bellas banderas)
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