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LAS FIGURAS DEL EROTISMO EN
SADE Y EL CINE
Entrevista
a Michel
Foucault

En esta
entrevista, el célebre pensador francés reflexiona sobre la obra de Sade,
el sadismo y sus deformaciones en el cine. Critica la lectura
disciplinaria del creador de Los 120 días de Sodoma, que reduce
su experimentación con el erotismo a prácticas protofascistas de
control o destrucción del cuerpo. Por el contrario, según Foucault, el
erotismo sadeano es estímulo para un "inventar con
el cuerpo, con sus elementos, sus superficies, sus volúmenes, sus
espesuras; un erotismo no disciplinario: el del cuerpo en estado
volátil y difuso, con sus encuentros azarosos y sus placeres
incalculables". Estas y otras perspectivas podrán hallar en este
diálogo con el historiador de la cultura de Vigilar y Castigar, Las
palabras y las cosas, o el Pensamiento
del afuera,
en este momento de Cine y trascendencia de Temakel.
C:
Cuando Ud. va al cine, ¿se siente impresionado por el sadismo de
ciertas películas recientes que transcurren dentro de un hospital, o
como en el último Pasolini, dentro de su una falsa prisión?
M.F.:
Me sentía impresionado -al menos hasta estos últimos tiempos- por la
ausencia de sadismo y la ausencia de Sade. Por otra parte, ambas cosas
no son equivalentes. Puede haber Sade sin sadismo y sadismo sin Sade.
Pero dejemos de lado el problema del sadismo que es más delicado, y
quedémonos en Sade. Creo que no hay nada más alérgico al cine que la
obra de Sade. Entre las numerosas razones, primero está la
meticulosidad, el ritual, la forma de ceremonia rigurosa que toman todas
las escenas de Sade y excluyen todo lo que podría ser juego
suplementario de la cámara. La mínima adición, la mínima supresión,
el más pequeño ornamento son insoportables. Ningún fantasma abierto,
más bien una reglamentación cuidadosamente programada. En cuanto
alguna cosa falta o viene sobreimpresa, todo se vuelve una chapucería.
Ningún lugar para una imagen. Los blancos sólo deben ser llenados por
los deseos y los cuerpos.
C:
En la primera parte de "El Topo" de Jodorowsky, hay una orgía
sanguinaria, un descuartizamiento de cuerpos bastante significativo.
¿El sadismo en el cine no es en principio la manera de tratar a los
actores y a sus cuerpos? ¿Las mujeres en particular no son (mal)
tratadas
como los apéndices de un cuerpo masculino?
M.F.:
La manera en la que se trata al cuerpo en el cine contemporáneo es algo
muy novedoso. Véanse los besos, los rostros, los labios, las mejillas,
los párpados, los dientes, en una película como "La muerte de
María Malibrán" de Werner Schroeter. Llamar a eso sadismo me
parece completamente falso, si no el retorno de un vago psicoanálisis
donde la cuestión sería el objeto parcial, el cuerpo fragmentado, la
vagina dentada. Hay que volverse a un freudismo de muy baja calidad para
rebajar al sadismo a esta manera de hacer cantar a los cuerpos y a sus
prodigios. Hacer de un rostro, de un pómulo, de los labios, de una
expresión de los ojos, hacer de ellos lo que hace Schroeter no tiene
nada que ver con el sadismo. Se trata de una desmultiplicación, de una
efervescencia del cuerpo, una exaltación de cierto modo autónoma de
sus mínimas partes, de las menores posibilidades de un fragmento del
cuerpo. Existe allí una anarquización del cuerpo en la que las
jerarquías, las localizaciones, las denominaciones, la organicidad, si
así lo prefiere, se están deshaciendo. Mientras que en el sadismo es
el órgano en sí mismo el objeto del encarnizamiento. Tienes un ojo que
mira, yo te lo arranco. Tienes una lengua que he tomado entre mis labios
y mordido, voy a cortártela. Con esos ojos no podrás ver más, con esa
lengua no podrá ni comer ni hablar nunca más. En Sade el cuerpo es
aún definidamente orgánico, anclado en esa jerarquía. La diferencia
reside, claro está, en que esa jerarquía no se organiza, como en la
vieja fábula, a partir de la cabeza sino a partir del sexo.
Mientras que en ciertas películas contemporáneas, la manera en la que
se hace escapar al cuerpo de sí mismo es muy distinta. Se trata
justamente de desmantelar esa organicidad: no es más una lengua, es
algo diferente a una lengua que sale de una boca, no es el órgano de la
boca profanado y destinado al placer de otro. Es una cosa
"innombrable", "inutilizable", fuera de todos los
programas del deseo; es el cuerpo vuelto enteramente plástico por el
placer: algo que se abre, que se alarga, que palpita, que sacude, que
abre. En "La Muerte de María Malibrán", la manera en la que
se besan las dos mujeres, ¿qué es? Dunas de arena, una caravana en el
desierto, una flor voraz que avanza, mandíbulas de insecto, una
anfractuosidad al ras de la hierba. Antisadismo de todo eso. Para la
ciencia cruel del deseo, nada que hacer con esos pseudopodos informes
que son los movimientos lentos del placer-dolor.
C:
¿Vio Ud. En Nueva York esas películas llamadas "Snuff movies"
(en la jerga americana, to snuff = matar) en las que una mujer es
cortada en pedazos?
M.F.:
No, me parece, según creo, que la mujer es verdaderamente descuartizada
viva.
C:
Es puramente visual, sin palabra alguna. Un registro frío, con
relación al cine, registro caliente. Más literatura sobre el tema del
cuerpo: es solamente un cuerpo muriéndose.
M.F.:
Eso no es más cine. Eso forma parte de los circuitos eróticos
privados, solamente hechos para encender el deseo. No se trata más que
de ser, como dicen los americanos, "turned on", con esa
cualidad propia del encenderse que no se debe más que a las imágenes.
C:
¿No es la cámara la dominadora que trata al cuerpo del actor como una
víctima? Pienso en las caídas sucesivas de Marilyn Monroe a los pies
de Tony Curtis en "Some like it hot". La actriz
seguramente tiene que vivir eso como una secuencia sádica.
M.F.:
La relación entre el actor y la cámara de la cual Ud. habla, a
propósito de esa película, me parece todavía muy tradicional. Se la
encuentra en el teatro: el actor que toma sobre sí el sacrificio del
héroe y que lo consuma en su propio cuerpo. Lo que me parece nuevo en
el cine del cual hablé es este descubrimiento - exploración del
cuerpo que se hace a partir de la cámara. Me imagino que las tomas en
estas películas deben ser de gran intensidad. Se trata de un encuentro
a la vez calculado y aleatorio entre los cuerpos y la cámara
descubriendo algo, haciendo levantar un ángulo, un volumen, una curva,
siguiendo un trazo, una línea, eventualmente un pliegue. Y luego
bruscamente el cuerpo se desorganiza, deviene un paisaje, una caravana,
una tempestad, una montaña de arena, etc. Es lo contrario del sadismo
que recortaba la unidad. Lo que hace la cámara de Schroeter no es
detallar el cuerpo para el deseo, es hacer levantar el cuerpo como una
masa y de hacerle nacer imágenes que son imágenes de placer e
imágenes para el placer. En el punto de encuentro siempre imprevisto de
la cámara (y de su placer) con el cuerpo (y las pulsaciones de su
placer) nacen esas imágenes, placeres con múltiples entradas.
El sadismo era anatómicamente sabio, y si causaba estragos era en el
interior de un manual de anatomía muy razonable. Nada de locura
orgánica en Sade. Querer retranscribir a Sade, ese anatomista
meticuloso, en imágenes precisas, no funciona. O Sade desaparece, o se
hace un cine de otra época ("de papá").
C:
Un cine "de papá" en sentido estricto ya que se tiende
recientemente a asociar, en nombre de un resurgimiento rétro, fascismo
y sadismo. Así Liliana Cavani en "Portero de Noche"
y Pasolini en "Salo". Ahora bien, esta representación
no es la Historia. Visten a los cuerpos con viejos atuendos que
representan a la época. Querrían hacernos creer que los secuaces de
Himmler se corresponden con el Duque, el Obispo, la Excelencia del texto
de Sade.
M.F.:
Es un error histórico total. El nazismo no fue inventado por las
grandes locuras eróticas del siglo veinte, sino por pequeños burgueses
de los más siniestros, molestos y asquerosos que se pueda imaginar.
Himmler era vagamente agrónomo, y se había casado con una enfermera.
Es necesario comprender que los campos de concentración nacieron de la
imaginación conjunta de una enfermera de hospital y de un criador de
pollos. Hospital más corral: he aquí el fantasma que se encontraba
detrás de los campos de concentración. Allí se mataron a millones de
personas, así que no estoy diciendo esto para disminuir el vituperio
que debe recaer en tal empresa, sino justamente para desencantarla de
todos los valores eróticos que han querido imponerle.
Los nazis eran domésticas en el mal sentido de la palabra. Trabajaban
con el trapo de piso y la escoba, queriendo purgar a la sociedad de todo
aquello que consideraban supuraciones, escoria, basura: sifilíticos,
homosexuales, judíos, los de sangre impura, negros, locos. Es el
infecto sueño pequeño burgués de la propiedad racial lo que subtiende
el sueño nazi. Eros ausente.
Dicho esto, no es imposible que localmente haya habido, en el interior
de esa estructura, relaciones eróticas que hayan anudado, en el
enfrentamiento cuerpo a cuerpo, al verdugo con el ajusticiado. Pero era
accidental.
El problema que se plantea es el de saber por qué hoy nos imaginamos
tener acceso a ciertos fantasmas eróticos a través del nazismo. ¿Por
qué esas botas, esos cascos, esas águilas con las que tan a menudo se
entusiasman, y sobre todo en los Estados Unidos? ¿No es la incapacidad
que tenemos de vivir realmente ese gran encantamiento del cuerpo
desorganizado lo que nos hace volcarnos hacia un sadismo meticuloso,
disciplinario, anatómico? ¿El único vocabulario que poseemos para
retranscribir ese gran placer del cuerpo en explosión, será esta
fábula triste de un reciente Apocalipsis político? ¿No poder pensar
la intensidad del presente sino como el fin del mundo en un campo de
concentración? ¡Vea lo pobre que es nuestro tesoro de imágenes! Y
cuán urgente es fabricar uno nuevo en lugar de llorar con las quejas de
"la alienación" y de vilipendiar el "espectáculo".
C:
Sade es visto un poco por los realizadores como la criada, el portero de
noche, el lavador de ventanas. Al final de la película de Pasolini se
trata de ver los suplicios a través del cristal de una ventana. El
lavador de ventanas ve a través del cristal lo que sucede en un patio
lejano, medieval.
M.F.:
Ud. sabe, yo no estoy por la sacralización absoluta de Sade. Después
de todo, estaría dispuesto a admitir que Sade haya formulado el
erotismo propio de una sociedad disciplinaria, una sociedad
reglamentaria, anatómica, jerarquizada, con su tiempo cuidadosamente
distribuido, sus espacios delimitados, sus obediencias y sus
vigilancias. Se trata de salir de esto y del erotismo de Sade. Hay que inventar con
el cuerpo, con sus elementos, sus superficies, sus volúmenes, sus
espesuras, un erotismo no disciplinario: el del cuerpo en estado
volátil y difuso, con sus encuentros azarosos y sus placeres
incalculables. Y lo que me fastidia es que se utilice en películas
recientes un cierto número de elementos que resucitan a través del
tema del nazismo un erotismo de tipo disciplinario. Tal vez haya sido el
de Sade. Tanto peor entonces para la sacralización literaria de Sade,
tanto peor para Sade: nos fastidia, él es un disciplinario, un sargento
del sexo. (*)
(*)
Entrevista de Gérardo Dupont, extraída de Cinematographe. La
Revue de L´actualite cinematographique N 16.

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