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FAHRENHEIT Y EL ROMANTICISMO

Por Guido Maltz 

 

Una escena del film Fahrenheit 451, inspirada en la novela homónima de Ray Bradbury. Montag, el personaje principal, luce detrás del jefe de su patrulla de bomberos.

  

   Fahrenheit 451, la famosa obra de Ray Bradbury supuso un cruce entre cine y literatura. La novela de Bradbury se convirtió luego en pretexto inspirador de la textualidad fílmica de François Truffaut. El personaje de la novela, Montag, es un bombero cuya labor, como es bien sabido, no consiste en apagar incendios sino en quemar libros ocultos que atentan contra el ideal de tranquilidad pública de una sociedad futura que no tolera las transgresiones a las normas colectivas que surgen de aquellos que,  impulsados por la lectura de grandes obras, amenazan con seguir peligrosos caminos personales. En este texto de Guido Maltz, realizado en el contexto de sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, se despliega la tesis sobre una posible influencia de la cosmovisión romántica, típica de la Europa del siglo XVIII, en la construcción del bombero que, contradiciendo su misión prestablecida, optó por salvar la memoria que late en los libros y enfrentar el desafío de la libertad. 

E.I

 

FAHRENHEIT Y EL ROMANTICISMO

Por Guido Maltz 

 

Introducción

En el trabajo que se presenta a continuación nos disponemos a tratar el tema de la relación entre el Romanticismo y la obra literaria "Fahrenheit 451", con el objetivo de dilucidar si el protagonista de la obra posee los atributos típicos del "héroe romántico". Para tal empresa, expondremos de manera sintética algunas de las características principales de aquel movimiento que nos parezcan más relevantes en relación con determinados aspectos de la novela del escritor Ray Bradbury, intentando descubrir el legado del Romanticismo en la historia pero siempre haciendo especial énfasis en la figura del "Yo heroico-trágico" romántico. Vinculando varios fragmentos de la obra con la corriente antes mencionada y conectándolos entre sí, trataremos de unir las piezas para demostrar que el personaje principal se encuentra en un contexto que determina, en cierta forma, que él actúe de manera romántica. A manera de conclusión, terminaremos el escrito con una síntesis de las cuestiones analizadas y algunas consideraciones finales.

Antes de encender el kerosén

Acerca del origen del Romanticismo

El Romanticismo se inició en Alemania e Inglaterra a finales del siglo XVIII, siendo su característica esencial la irrupción de lo irracional, en contra de preeminencia de la razón. Su advenimiento fue casi contemporáneo con el de la Revolución Francesa, con la cual compartió en un principio aquella explosión de los impulsos irracionales y subconscientes; el apasionado afán de libertad era la unión que entre ellos existía.

Empero, con el transcurso del tiempo el suceso revolucionario tomó un curso diferente al que lo había puesto en marcha, cambiando su inicial carácter defensivo por un nacionalismo francés agresivo, que se extendió de manera violenta por toda Europa. Así fue que la anterior esperanza en que la Revolución condujera a una época de descentralización y federalismo había sido defraudada; no había cumplido su promesa de Libertad y Fraternidad, y la Igualdad, que de las tres aspiraciones resultó ser la más duradera, fue discutida entre los románticos, algunos de los cuales no compartían la idea de nivelación social, cultural y política. Aquel desvío de la Revolución había producido una profunda desilusión romántica, y le significó a ella una fuerte crítica por parte del Romanticismo.

 

Líneas generales del movimiento romántico

Los románticos afirmaron la primacía del lirismo y del subjetivismo sobre la impersonalidad y la objetividad preconizada de los clasicistas. Fueron irracionalistas e individualistas. Otorgaron suma importancia a la peculiaridad y singularidad, haciendo mayores concesiones a los derechos de la personalidad que los racionalistas. Ponderaron la supremacía del espíritu sobre la materia. Frente al espíritu reflexivo, la serenidad, la mesura y el orden clásicos, exaltaron el valor de la sensibilidad individual, la pasión, el instinto y la imaginación. Sobre ésta última hicieron especial hincapié, afirmando que sólo ella podía ayudar al artista o al poeta a hacer justicia a la unicidad y peculiaridad del objeto particular que hubiese decidido retratar.

La forma en que los románticos describieron los paisajes da cuenta de la forma en que contemplaban a la naturaleza, manifestando un gran aprecio hacia ella. El hombre romántico sentía una particular repugnancia hacia la idea de dominar la naturaleza; su relación con ella no era ni científica ni religiosa y sí tenía mucho de mágica. Los románticos no expresaban el paisaje de manera fiel y objetiva sino que lo pasan por el tamiz de su sensibilidad; lo subjetivizan. Frecuentemente se sintieron ofendidos en su sentido de la belleza por la fealdad de los recién surgidos distritos industriales.

La desmedida vinculación del lado racional del hombre fue atacada a lo largo de todo el período romántico. Samuel Taylor Coleridge, quien junto con William Wordsworth inició el romanticismo poético inglés, sostuvo al respecto que sólo el hombre de profundos sentimientos puede alcanzar los pensamientos profundos. Para los hombres del Romanticismo "los grandes pensamientos se originaban en el corazón". Mientras que la Razón científica concebía el conocimiento como poder, la Razón romántica lo concebía como sabiduría. La división y oposición entre el conocimiento como sabiduría (intelecto con sentimiento) y el conocimiento como poder (intelecto sin sentimiento) es una de las claves de la actitud romántica ante la ciencia.

 

Una síntesis de la novela

"Fahrenheit 451" presenta una sociedad futurista en la que pensar está prohibido, ya que "le impide a la gente ser feliz". Los libros, sinónimo de meditación, reflexión y pensamiento (y por lo tanto también de desdicha, tristeza y amargura), son declarados ilegales. La felicidad se alcanza solamente mediante violentos estímulos instantáneos pero fugaces.

La gente de esta sociedad descrita en el libro vive sumergida en el consumo irreflexivo y el hedonismo total; crean herramientas para satisfacer sus placeres banales. No dan valor especial a la vida ni a las relaciones con sus semejantes y viven en un mundo superficial que esconde el vacío interno creado por la ausencia de significados profundos. Pese a esto, gran parte de la población esconde el deseo reprimido de una vida diferente, auque sin ser del todo consciente de ello.

Una formidable maquinaria estatal represiva es la responsable de la administración de esta sociedad, y su principal herramienta para combatir a quienes pretenden tener libros es el cuerpo de bomberos.

En esta realidad futura, los avances tecnológicos han logrado crear casas incombustibles, dejando así a los bomberos sin función alguna. Sin embargo se les asignó una nueva tarea, la de "custodios de la paz y de las mentes". Son los encargados de investigar la posible existencia de bibliotecas clandestinas y de destruirlas, quemando todos sus ejemplares y denunciando a los propietarios ante la policía para que los encarcelen.

El protagonista es Guy Montag, un bombero de aproximadamente treinta años que cree sentirse realizado pero, en realidad, se engaña a si mismo, pues esconde una profunda infelicidad. Él se da cuenta del vacío que hay dentro de él y que sus sentimientos se encuentran ahogados por las barreras que le impone la sociedad; sintiéndose así comprende a los otros, que los guarda y los esconde, y que solamente se manifiesta a través de acciones inconscientes (como por ejemplo, "involuntarios" intentos de suicidio).

Irracionalidad, sentimiento y fuego brillante

Pensamiento vs. felicidad

Antes que nada, es indispensable resaltar el hecho de que en el universo futurista planteado en la novela, pensar es ilegal debido a que, supuestamente, "impide la felicidad". Aquí se puede apreciar fácilmente una conexión entre la obra y el pensamiento romántico: la "angustia de la razón". En la experiencia romántica, el conocimiento (o la razón) producen angustia porque, ante la naturaleza y la incapacidad de descubrir la propia grandeza de su subjetividad, el hombre moderno experimenta sensaciones de minimización y empequeñecimiento. La racionalidad científica transforma al mundo en un desierto de sentidos y conduce al hombre de manera inevitable hacia su autominimización y autodestrucción.

El tema de la angustia de la razón está fuertemente ligado al de la igualdad de las personas. La equiparación de las personas en la sociedad que se plantea en el libro (que de acuerdo con la sociedad de la novela significa felicidad para todos sus miembros) solamente se alcanza igualando sus conocimientos. La existencia de personas más inteligentes, más cultivadas o con mayor capacidad de razonamiento impediría la concreción de esa "necesaria" igualación. En el fragmento presentado a continuación (una charla en la que el jefe del escuadrón de bomberos, el capitán Beatty, le habla a Montag acerca del nivel de responsabilidad en la tarea que les corresponde a los bomberos como defensores vitales la sociedad en que viven) se refleja con claridad esta necesidad de equiparar intelectualmente (y por medio de la fuerza) a la población: "[...] la palabra ‘intelectual’ se convirtió en la interjección que merecía ser. [...] Recuerdas seguramente a un compañero de escuela excepcionalmente brillante, que recitaba las lecciones y respondía a las preguntas mientras los demás lo miraban con odio [...] y [...] era este mismo compañero brillante el que golpeabas y torturabais al salir de la escuela [...]. Todos debemos parecernos. No nacemos libres e iguales, [...] nos hacemos iguales".

Esta posición a favor de la igualación se contradice con la sostenida desde el Romanticismo. Según éste, la nivelación política, social y cultural conduciría a la vulgarización de la cultura, que en sí misma constituye un peligro para ella. Precisamente, en otra parte de la conversación antes citada (que más bien resulta ser un monólogo del capitán Beatty), se hace alusión a la forzada "evolución" a la que es sometida la cultura en aquella sociedad para poder masificarla; por ejemplo, con el fin de tener más llegada al grueso de la población (y buscando una mayor instantaneidad e impacto), se redujeron cada vez más las obras clásicas de la literatura hasta el extremo de no ocupar más que unas líneas en una entrada de diccionario.

 

Clarisse

El encuentro entre Montag y Clarisse McClellan (la joven vecina del protagonista) es esencial, pues ella es quien hace que él tome conciencia de su aflicción. La adolescente vecina de Montag es quien enciende en él la chispa del cambio mediante su intuición, su sensibilidad, su peculiaridad y su pureza, logrando que modifique su forma de actuar y su actitud frente al mundo. Clarisse obliga al protagonista a que descubra el significado de su vida y lo orienta para que lo concrete; ella hace que redescubra el sentimiento, la irracionalidad y la singularidad individual. No es casualidad que ella sea joven; el Romanticismo fue, por excelencia, la época de la juventud, ya que existe una cierta analogía entre la juventud y la percepción intuitiva.

Al respecto de la muchacha, cabe agregar que ella se convierte en un ideal que otorga sentido al mundo de Montag, y simboliza también otro importante tema dentro del Romanticismo, como lo es el "eterno deseo"; el romántico no puede consumar lo que desea. En el caso del protagonista de la historia, el creciente vínculo afectivo que lo une a su vecina se ve trágicamente truncado por la accidental muerte de la joven, situación que le impide cumplir su amor hacia ella.

Aunque en la novela son pocos los indicios que permitan afirmar que Montag está enamorado de Clarisse, también son contundentes. Esto se aprecia principalmente en dos momentos: Uno, al principio de la historia, cuando Montag le pregunta a Clarisse porqué él cree conocerla de hace mucho tiempo y ella le responde "Porque le gusto [...], y no le pido nada. Y porque nos conocemos". En un segundo momento, cerca del final de la novela, hay otra situación que da una pista más acerca del amor del bombero hacia la muchacha. Precisamente, ésta acontece durante un sueño que el personaje principal tiene al dormir en un bosque, la noche que escapa de la ciudad y de quienes lo perseguían. Al soñar se reencuentra con su joven vecina desaparecida: "[...] miraría hacia fuera y vería que en la granja se apagarían las luces, y una mujer muy joven y hermosa se asomaría a una ventana oscura y se trenzaría el cabello. Le costaría verla, pero su rostro sería como el rostro de la muchacha que [...] conocía el lenguaje de las nubes y no temía que la quemasen las luciérnagas, y sabía qué significaba una flor de diente de león frotada bajo la barbilla".

Para dar una suerte de cierre al tema de Clarisse, hay que destacar que ella tiene, además de las mencionadas anteriormente, otra actitud muy propia del período romántico: en casi todos sus encuentros con Montag ella, además de poner en tela de juicio las creencias del protagonista y de la sociedad misma en que viven, cita las sabias palabras de su tío, refiriéndose con nostalgia a un pasado lejano pero sin duda mejor que su presente, un pasado lleno de sentimientos verdaderos y subjetividad, pero por encima de todo, repleto de sentidos profundos. Sin embargo, a lo largo del libro, Clarisse no es el único personaje que demuestra ese "anhelo por el pasado"; vemos este mismo talante en Faber, quien ayuda en su búsqueda a Montag y recuerda con melancolía su pasado como profesor universitario de literatura, y en Granger, quien poseyera una gran biblioteca (que fue quemada por los bomberos) y fuera escritor.

En busca del sentido

Otra cuestión a tener en cuenta es la búsqueda del sentido profundo de la vida, que para Montag es también la búsqueda de la felicidad. Como se dijo más arriba, el encuentro con Clarisse es para él el detonante del comienzo de la búsqueda activa del sentido de la existencia; es en ese momento cuando advierte su infelicidad. La desdicha, originada por la angustia existencial, lo impulsa a cuestionarse y a actuar para encontrar algún rastro del sentido real de la vida, el cual empieza a buscar en los libros. También la misma Clarisse se convierte para él en un ideal y una vía hacia el ser. De hecho, al final todo parece apuntar hacia ella: los libros, el sueño de la granja, la aceptación de la naturaleza hacia el, las vías de ferrocarril que antaño ella había transitado y que conducían a la libertad, etc.

Para los hombres del romanticismo, el movimiento y el dinamismo constituyen el nervio mismo del ser; el universo no es una estática máquina muerta, sino una unidad viviente, que a su vez necesita de cierta estabilidad.

No obstante, en el caso de "Fahrenheit 451", la sociedad vive en una permanencia peligrosa. Ésta proviene de leyes que, prohibiendo el pensamiento e ilegalizando los libros, rechazan totalmente la renovación y el cambio. El orden imperante trata de perpetuarse promoviendo el status quo propio de un sistema político totalitario. Teniendo en cuenta esto último, llama la atención que lo permanente y reacio al cambio utilice al fuego (flamear y cambio constantes) como su principal arma contra la transformación y el movimiento.

La persistencia de ese orden dado, en una sociedad que maneja formas fantasmales y superficiales para poder sobrevivir, se contradice totalmente con el cambio y transformación que le permiten al individuo acercarse al sentido de la vida. Es por ello que, para poder acercarse verdaderamente al ser, Montag debe fugarse del emblema mismo de esa permanencia (como lo es la ciudad) utilizando como medio de escape un concepto diametralmente opuesto: el río, movimiento y fluir continuos. Con el derivar del río, el protagonista comienza a sentir su desvinculación con el ajetreado mundo de la urbe y su creciente nuevo enlace con la naturaleza; al poco tiempo de flotar erráticamente viene a su mente una importante revelación que lo aproxima un tanto más al objeto de su búsqueda: él, a través de un pensar poético, llega a un conocimiento profundo, y entiende por qué no ha de volver a quemar libros. Se da cuenta de que entre el Sol, que quema el tiempo, y él (junto con el resto de los bomberos), que quema el mundo, lo queman todo, y por ello alguien debe dejar de quemar. El Sol no va a parar de quemar, entonces son él y los bomberos quienes tienen que detenerse.

Ya sobre el final de la historia, el protagonista es depositado por el río en un bosque cuando ya ha caído la noche. Ambos conceptos, "noche" y "bosque", aluden al camino romántico hacia el conocimiento del ser. Sobre la primera, vamos a decir que para el protagonista, ella significa lo sublime como un estado de elevación ante la realidad inconmensurable, sobre la cual recién ahora (habiendo salido de la ciudad) comprende su inmensidad, pero también es tiempo y espacio para pensar, de manera tranquila y serena, sobre aquel sentido profundo de la existencia que él persigue.

En cuanto al bosque, podemos decir que simboliza el encuentro con lo natural; es el lugar donde se produce la fusión entre Montag y la naturaleza, además de ser el escenario donde tiene el sueño en que aparece Clarisse (visto más arriba), su amor desaparecido, hecho que lo acerca más aún al ser. Al salir del río y entrar al oscuro mundo del bosque, la percepción sensitiva del protagonista se ve notablemente intensificada: percibe fuertes olores, desconocidas texturas y nuevos sonidos. A esta altura de las circunstancias, Montag ya no es el que era. La riqueza de los estímulos sensoriales provenientes de la tierra que han colmado sus sentidos también han cambiado algo en él; ya no siente aquella molesta y agobiante sensación de vacío, pues en ese lugar, piensa, "había [...] más que suficiente para que no se sintiese vacío". Mientras camina por el bosque piensa repetidas veces sobre su anhelo por "tomar al mundo en su sangre (que aquí simbolizaría la representación física de su alma) para hacerlo propio", lo cual demuestra su deseo por unirse a la naturaleza.

Más tarde, cuando sigue las abandonadas y herrumbradas vías del ferrocarril (¿acaso otra clase de ruinas dejadas por aquella sociedad futurista?) y se encuentra con un grupo de hombres calentando sus manos frente a una fogata, su fusión con la naturaleza es casi completa; permanece a la sobra, imaginándose a sí mismo como un ser salvaje, un animal que había sido atraído desde el bosque por el fuego.

Vamos a agregar algo acerca de las recién nombradas vías férreas: ellas podrían ser consideradas, desde un punto de vista romántico, como ruinas de la edad moderna, ya que aparecen como testimonios de una era más antigua, a la vez que son un camino para reencontrarse con ese pasado. Los hombres del Romanticismo llegaban incluso a "rendir culto" a las ruinas, las cuales los conectaban con aquel pasado (que en su caso era la Edad Media) que tanto añoraban e idealizaban.

El "Yo heroico-trágico"

Ahora, habiendo visto y analizado el entorno en el que se desenvuelve Montag y cómo influye sobre él, es tiempo de avocarnos de lleno a su personaje. Para ello, creemos conveniente ver lo que Argullol dice acerca de las características típicas del "héroe romántico", porque ellas son también las del protagonista a lo largo de la novela:

"Los héroes románticos son seres solitarios, asociales. [...] Se hallan en la guerra perpetua contra el universo carcelario que les rodea y que advierten también en su interior. Su pasión por la libertad y por la justicia emana exclusivamente de la atención prioritaria que otorgan a su dictamen de conciencia. [...] Sometido a la lógica del ‘vicioso círculo del honor’ el héroe romántico se lanza, solo y desvalido, contra un desmesurado poder. [...] Los héroes que emergen de la poesía trágica romántica están poseídos por la certidumbre de la inutilidad de su esfuerzo. [...] Su poderosa imaginación mítica les hace alcanzar insospechados horizontes [...]; mas, al cesar el sueño poético, [...] la profundidad de su desencanto les conduce a las más pesimistas conclusiones".

Contrastemos el párrafo anterior con lo que sabemos del personaje principal. Es una persona solitaria, ya que ningún ser cercano a su persona (hasta antes del encuentro con Clarisse) mantiene verdaderamente un vínculo afectivo con él.

Cuando se da cuenta de la desdicha que vive y decide buscar el sentido de su existencia es también cuando comienza su continua batalla contra el Estado ("nada más adverso al Estado, al Sistema, al Bloque, que el romanticismo trágico [...], [el cual] siente manifiesta aversión a toda instancia supra-individual que se arrogue la representación de las conciencias e identidades", diría Argullol).

Montag es guiado casi siempre por un "instinto", no suele pensar mucho en cómo ha de actuar; su plan para destruir a los bomberos haciendo que se quemen a sí mismos ocultando libros en sus casas y dando la alarma era utópico y pretencioso. Cuando sus propios compañeros descubren que escondía libros en su casa es el momento en que más cerca se encuentra de perder las esperanzas y de una posición pesimista, pero al salir airoso logra conservar intacta su ilusión.

A lo antes dicho añadiremos un aspecto más sobre el protagonista que, pensamos, es importante considerar si queremos definir a aquel como un "héroe trágico": Montag, al intentar aproximarse al ser en un contexto que le es totalmente adverso, está defendiendo una causa ya prácticamente vencida. ¿Quién, sino un héroe romántico, defendería una causa vencida, como lo es la búsqueda del sentido de la existencia, en una sociedad en la que esa tarea sea prácticamente imposible?

Conclusión

Finalmente, creemos oportuno remarcar algunas cuestiones y expresar nuestra propia visión sobre el tema tratado.

"Fahrenheit 451" pertenece al género literario de la ciencia ficción, el cual surgió en pleno apogeo del paradigma positivista con las producciones de Julio Verne. Una importante producción de la literatura de ciencia-ficción tuvo lugar durante casi toda la etapa de la "Guerra Fría", viéndose nutrida por los continuos avances científicos y tecnológicos (como por ejemplo con la llamada "Carrera Espacial" y la "Carrera Armamentista" desarrolladas tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética), los conflictos internacionales (como la constante amenaza de guerra nuclear) y, por supuesto, la imaginación de los escritores, que a su vez retroalimentó a la ciencia, proveyéndola de nuevas ideas, algunas de las cuales fueron llevadas a la práctica con los años. A raíz de lo dicho en este mismo párrafo, cualquiera podría pensar que, en una novela de ciencia-ficción, lo último que se encontraría es un contexto propio de una obra romántica y, menos aún, un héroe con rasgos románticos.

Sin embargo esto no es así, y esperamos haber podido demostrarlo a lo largo del trabajo. Con lo que en éste explicamos, creemos haber probado que detrás de una historia que transcurre en una sociedad del futuro, el personaje más importante de la historia, el protagonista, cumplía con los requerimientos para calificar como héroe romántico; expusimos varias situaciones en las que se ve envuelto, sus motivaciones personales, el contexto en el que se maneja, hablamos de algunos personajes que lo rodean, etc., y siempre encontramos alguna pista (más o menos oculta) que nos conduzca a una raíz romántica.

¿Pero qué relación puede llegar a tener la ciencia-ficción con una corriente de pensamiento que, para la mayoría de los autores, se agotó hacia el año 1850? Esta es la pregunta a la que intentamos dar respuesta en las páginas anteriores. Entendemos que, aunque hay un siglo entre la finalización del período romántico y la novela en cuestión, la influencia de esa corriente sigue vigente. Su legado continúa actuando en la literatura, en las artes y en muchas otras áreas del mundo contemporáneo, por lo que es factible suponer que, en cierta forma, su fuego no se ha extinguido del todo. No obstante, pensamos también que esa herencia no debe ser confundida con las ideas populares que hoy en día se tienen acerca del término "romántico", que tienen una connotación distinta a la del concepto original y, en cierta forma, son impuestas por la sociedad de consumo en la que vivimos.

Sostenemos, además, que no siempre es bueno clasificar y encasillar las obras en géneros, porque si bien suele ser útil, también puede llegar a crear prejuicios. No siempre que estemos frente a un mundo futurista con cohetes espaciales, extraterrestres o guerras nucleares tendremos sólo eso; hay que indagar más en los símbolos y significados, realizar un análisis más profundo y no quedarnos solamente con la corteza, pues de esta forma estaríamos perdiéndonos de todo un mar de cuestiones que quedarían si abordar.

Somos conscientes de que nuestro análisis de este trabajo de Bradbury ha dejado afuera muchas cuestiones, las cuales también consideramos interesantes pero no tenían una unión lo suficientemente fuerte con el tema elegido como para ser incluidas.

A través de lo explicado, y a pesar de desarrollarse en un ámbito en el cual los avances tecnológicos y científicos han posibilitado una realidad distinta, confirmamos nuestra hipótesis original, según la cual Montag es un héroe romántico; pensamos que la impronta del Romanticismo es profunda y palpable en "Fahrenheit 451", a punto tal que resulta susceptible de ser hallada en una obra que, sólo en apariencia, parece ser totalmente opuesta a las líneas que constituyen ese movimiento. (*)

(*) Fuente: Guido Maltz, "Fahrenheit y el romanticismo", trabajo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.

Bibliografía

Argullol, R.; El héroe y el único, Madrid, Taurus, 1982, páginas 17-19 y 238-256.

Bradbury, R.; Fahrenheit 451, Buenos Aires, Minotauro, 1995, páginas 31, 53-57 y 128-135.

Quillet, A.; Diccionario enciclopédico Quillet, Editorial Argentina Arístides Quillet, 1964, volumen 2, página 593 y volumen 7, páginas 569 y 570.

Schenk, H. G.; El espíritu de los románticos europeos, Eudeba.

 

 

 

 

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