Introducción
En
el trabajo que se presenta a continuación nos disponemos a
tratar el tema de la relación entre el Romanticismo y la obra
literaria "Fahrenheit 451", con el objetivo de
dilucidar si el protagonista de la obra posee los atributos
típicos del "héroe romántico". Para tal empresa,
expondremos de manera sintética algunas de las características
principales de aquel movimiento que nos parezcan más relevantes
en relación con determinados aspectos de la novela del escritor
Ray Bradbury, intentando descubrir el legado del Romanticismo en
la historia pero siempre haciendo especial énfasis en la figura
del "Yo heroico-trágico" romántico. Vinculando
varios fragmentos de la obra con la corriente antes mencionada y
conectándolos entre sí, trataremos de unir las piezas para
demostrar que el personaje principal se encuentra en un contexto
que determina, en cierta forma, que él actúe de manera
romántica. A manera de conclusión, terminaremos el escrito con
una síntesis de las cuestiones analizadas y algunas
consideraciones finales.
Antes
de encender el kerosén
Acerca
del origen del Romanticismo
El
Romanticismo se inició en Alemania e Inglaterra a finales del
siglo XVIII, siendo su característica esencial la irrupción de
lo irracional, en contra de preeminencia de la razón. Su
advenimiento fue casi contemporáneo con el de la Revolución
Francesa, con la cual compartió en un principio aquella
explosión de los impulsos irracionales y subconscientes; el
apasionado afán de libertad era la unión que entre ellos
existía.
Empero,
con el transcurso del tiempo el suceso revolucionario tomó un
curso diferente al que lo había puesto en marcha, cambiando su
inicial carácter defensivo por un nacionalismo francés
agresivo, que se extendió de manera violenta por toda Europa.
Así fue que la anterior esperanza en que la Revolución
condujera a una época de descentralización y federalismo
había sido defraudada; no había cumplido su promesa de
Libertad y Fraternidad, y la Igualdad, que de las tres
aspiraciones resultó ser la más duradera, fue discutida entre
los románticos, algunos de los cuales no compartían la idea de
nivelación social, cultural y política. Aquel desvío de la
Revolución había producido una profunda desilusión
romántica, y le significó a ella una fuerte crítica por parte
del Romanticismo.
Líneas
generales del movimiento romántico
Los
románticos afirmaron la primacía del lirismo y del
subjetivismo sobre la impersonalidad y la objetividad
preconizada de los clasicistas. Fueron irracionalistas e
individualistas. Otorgaron suma importancia a la peculiaridad y
singularidad, haciendo mayores concesiones a los derechos de la
personalidad que los racionalistas. Ponderaron la supremacía
del espíritu sobre la materia. Frente al espíritu reflexivo,
la serenidad, la mesura y el orden clásicos, exaltaron el valor
de la sensibilidad individual, la pasión, el instinto y la
imaginación. Sobre ésta última hicieron especial hincapié,
afirmando que sólo ella podía ayudar al artista o al poeta a
hacer justicia a la unicidad y peculiaridad del objeto
particular que hubiese decidido retratar.
La
forma en que los románticos describieron los paisajes da cuenta
de la forma en que contemplaban a la naturaleza, manifestando un
gran aprecio hacia ella. El hombre romántico sentía una
particular repugnancia hacia la idea de dominar la naturaleza;
su relación con ella no era ni científica ni religiosa y sí
tenía mucho de mágica. Los románticos no expresaban el
paisaje de manera fiel y objetiva sino que lo pasan por el tamiz
de su sensibilidad; lo subjetivizan. Frecuentemente se sintieron
ofendidos en su sentido de la belleza por la fealdad de los
recién surgidos distritos industriales.
La
desmedida vinculación del lado racional del hombre fue atacada
a lo largo de todo el período romántico. Samuel Taylor
Coleridge, quien junto con William Wordsworth inició el
romanticismo poético inglés, sostuvo al respecto que sólo el
hombre de profundos sentimientos puede alcanzar los pensamientos
profundos. Para los hombres del Romanticismo "los grandes
pensamientos se originaban en el corazón". Mientras que la
Razón científica concebía el conocimiento como poder, la
Razón romántica lo concebía como sabiduría. La división y
oposición entre el conocimiento como sabiduría (intelecto con
sentimiento) y el conocimiento como poder (intelecto sin
sentimiento) es una de las claves de la actitud romántica ante
la ciencia.
Una
síntesis de la novela
"Fahrenheit
451" presenta una sociedad futurista en la que pensar está
prohibido, ya que "le impide a la gente ser feliz".
Los libros, sinónimo de meditación, reflexión y pensamiento
(y por lo tanto también de desdicha, tristeza y amargura), son
declarados ilegales. La felicidad se alcanza solamente mediante
violentos estímulos instantáneos pero fugaces.
La
gente de esta sociedad descrita en el libro vive sumergida en el
consumo irreflexivo y el hedonismo total; crean herramientas
para satisfacer sus placeres banales. No dan valor especial a la
vida ni a las relaciones con sus semejantes y viven en un mundo
superficial que esconde el vacío interno creado por la ausencia
de significados profundos. Pese a esto, gran parte de la
población esconde el deseo reprimido de una vida diferente,
auque sin ser del todo consciente de ello.
Una
formidable maquinaria estatal represiva es la responsable de la
administración de esta sociedad, y su principal herramienta
para combatir a quienes pretenden tener libros es el cuerpo de
bomberos.
En
esta realidad futura, los avances tecnológicos han logrado
crear casas incombustibles, dejando así a los bomberos sin
función alguna. Sin embargo se les asignó una nueva tarea, la
de "custodios de la paz y de las mentes". Son los
encargados de investigar la posible existencia de bibliotecas
clandestinas y de destruirlas, quemando todos sus ejemplares y
denunciando a los propietarios ante la policía para que los
encarcelen.
El
protagonista es Guy Montag, un bombero de aproximadamente
treinta años que cree sentirse realizado pero, en realidad, se
engaña a si mismo, pues esconde una profunda infelicidad. Él
se da cuenta del vacío que hay dentro de él y que sus
sentimientos se encuentran ahogados por las barreras que le
impone la sociedad; sintiéndose así comprende a los otros, que
los guarda y los esconde, y que solamente se manifiesta a
través de acciones inconscientes (como por ejemplo,
"involuntarios" intentos de suicidio).
Irracionalidad,
sentimiento y fuego brillante
Pensamiento
vs. felicidad
Antes
que nada, es indispensable resaltar el hecho de que en el
universo futurista planteado en la novela, pensar es ilegal
debido a que, supuestamente, "impide la felicidad".
Aquí se puede apreciar fácilmente una conexión entre la obra
y el pensamiento romántico: la "angustia de la
razón". En la experiencia romántica, el conocimiento (o
la razón) producen angustia porque, ante la naturaleza y la
incapacidad de descubrir la propia grandeza de su subjetividad,
el hombre moderno experimenta sensaciones de minimización y
empequeñecimiento. La racionalidad científica transforma al
mundo en un desierto de sentidos y conduce al hombre de manera
inevitable hacia su autominimización y autodestrucción.
El
tema de la angustia de la razón está fuertemente ligado al de
la igualdad de las personas. La equiparación de las personas en
la sociedad que se plantea en el libro (que de acuerdo con la
sociedad de la novela significa felicidad para todos sus
miembros) solamente se alcanza igualando sus conocimientos. La
existencia de personas más inteligentes, más cultivadas o con
mayor capacidad de razonamiento impediría la concreción de esa
"necesaria" igualación. En el fragmento presentado a
continuación (una charla en la que el jefe del escuadrón de
bomberos, el capitán Beatty, le habla a Montag acerca del nivel
de responsabilidad en la tarea que les corresponde a los
bomberos como defensores vitales la sociedad en que viven) se
refleja con claridad esta necesidad de equiparar
intelectualmente (y por medio de la fuerza) a la población:
"[...] la palabra ‘intelectual’ se convirtió en la
interjección que merecía ser. [...] Recuerdas seguramente a un
compañero de escuela excepcionalmente brillante, que recitaba
las lecciones y respondía a las preguntas mientras los demás
lo miraban con odio [...] y [...] era este mismo compañero
brillante el que golpeabas y torturabais al salir de la escuela
[...]. Todos debemos parecernos. No nacemos libres e iguales,
[...] nos hacemos iguales".
Esta
posición a favor de la igualación se contradice con la
sostenida desde el Romanticismo. Según éste, la nivelación
política, social y cultural conduciría a la vulgarización de
la cultura, que en sí misma constituye un peligro para ella.
Precisamente, en otra parte de la conversación antes citada
(que más bien resulta ser un monólogo del capitán Beatty), se
hace alusión a la forzada "evolución" a la que es
sometida la cultura en aquella sociedad para poder masificarla;
por ejemplo, con el fin de tener más llegada al grueso de la
población (y buscando una mayor instantaneidad e impacto), se
redujeron cada vez más las obras clásicas de la literatura
hasta el extremo de no ocupar más que unas líneas en una
entrada de diccionario.
Clarisse
El
encuentro entre Montag y Clarisse McClellan (la joven vecina del
protagonista) es esencial, pues ella es quien hace que él tome
conciencia de su aflicción. La adolescente vecina de Montag es
quien enciende en él la chispa del cambio mediante su
intuición, su sensibilidad, su peculiaridad y su pureza,
logrando que modifique su forma de actuar y su actitud frente al
mundo. Clarisse obliga al protagonista a que descubra el
significado de su vida y lo orienta para que lo concrete; ella
hace que redescubra el sentimiento, la irracionalidad y la
singularidad individual. No es casualidad que ella sea joven; el
Romanticismo fue, por excelencia, la época de la juventud, ya
que existe una cierta analogía entre la juventud y la
percepción intuitiva.
Al
respecto de la muchacha, cabe agregar que ella se convierte en
un ideal que otorga sentido al mundo de Montag, y simboliza
también otro importante tema dentro del Romanticismo, como lo
es el "eterno deseo"; el romántico no puede consumar
lo que desea. En el caso del protagonista de la historia, el
creciente vínculo afectivo que lo une a su vecina se ve
trágicamente truncado por la accidental muerte de la joven,
situación que le impide cumplir su amor hacia ella.
Aunque
en la novela son pocos los indicios que permitan afirmar que
Montag está enamorado de Clarisse, también son contundentes.
Esto se aprecia principalmente en dos momentos: Uno, al
principio de la historia, cuando Montag le pregunta a Clarisse
porqué él cree conocerla de hace mucho tiempo y ella le
responde "Porque le gusto [...], y no le pido nada. Y
porque nos conocemos". En un segundo momento, cerca del
final de la novela, hay otra situación que da una pista más
acerca del amor del bombero hacia la muchacha. Precisamente,
ésta acontece durante un sueño que el personaje principal
tiene al dormir en un bosque, la noche que escapa de la ciudad y
de quienes lo perseguían. Al soñar se reencuentra con su joven
vecina desaparecida: "[...] miraría hacia fuera y vería
que en la granja se apagarían las luces, y una mujer muy joven
y hermosa se asomaría a una ventana oscura y se trenzaría el
cabello. Le costaría verla, pero su rostro sería como el
rostro de la muchacha que [...] conocía el lenguaje de las
nubes y no temía que la quemasen las luciérnagas, y sabía
qué significaba una flor de diente de león frotada bajo la
barbilla".
Para
dar una suerte de cierre al tema de Clarisse, hay que destacar
que ella tiene, además de las mencionadas anteriormente, otra
actitud muy propia del período romántico: en casi todos sus
encuentros con Montag ella, además de poner en tela de juicio
las creencias del protagonista y de la sociedad misma en que
viven, cita las sabias palabras de su tío, refiriéndose con
nostalgia a un pasado lejano pero sin duda mejor que su
presente, un pasado lleno de sentimientos verdaderos y
subjetividad, pero por encima de todo, repleto de sentidos
profundos. Sin embargo, a lo largo del libro, Clarisse no es el
único personaje que demuestra ese "anhelo por el
pasado"; vemos este mismo talante en Faber, quien ayuda en
su búsqueda a Montag y recuerda con melancolía su pasado como
profesor universitario de literatura, y en Granger, quien
poseyera una gran biblioteca (que fue quemada por los bomberos)
y fuera escritor.
En
busca del sentido
Otra
cuestión a tener en cuenta es la búsqueda del sentido profundo
de la vida, que para Montag es también la búsqueda de la
felicidad. Como se dijo más arriba, el encuentro con Clarisse
es para él el detonante del comienzo de la búsqueda activa del
sentido de la existencia; es en ese momento cuando advierte su
infelicidad. La desdicha, originada por la angustia existencial,
lo impulsa a cuestionarse y a actuar para encontrar algún
rastro del sentido real de la vida, el cual empieza a buscar en
los libros. También la misma Clarisse se convierte para él en
un ideal y una vía hacia el ser. De hecho, al final todo parece
apuntar hacia ella: los libros, el sueño de la granja, la
aceptación de la naturaleza hacia el, las vías de ferrocarril
que antaño ella había transitado y que conducían a la
libertad, etc.
Para
los hombres del romanticismo, el movimiento y el dinamismo
constituyen el nervio mismo del ser; el universo no es una
estática máquina muerta, sino una unidad viviente, que a su
vez necesita de cierta estabilidad.
No
obstante, en el caso de "Fahrenheit 451", la sociedad
vive en una permanencia peligrosa. Ésta proviene de leyes que,
prohibiendo el pensamiento e ilegalizando los libros, rechazan
totalmente la renovación y el cambio. El orden imperante trata
de perpetuarse promoviendo el status quo propio de un
sistema político totalitario. Teniendo en cuenta esto último,
llama la atención que lo permanente y reacio al cambio utilice
al fuego (flamear y cambio constantes) como su principal arma
contra la transformación y el movimiento.
La
persistencia de ese orden dado, en una sociedad que maneja
formas fantasmales y superficiales para poder sobrevivir, se
contradice totalmente con el cambio y transformación que le
permiten al individuo acercarse al sentido de la vida. Es por
ello que, para poder acercarse verdaderamente al ser, Montag
debe fugarse del emblema mismo de esa permanencia (como lo es la
ciudad) utilizando como medio de escape un concepto
diametralmente opuesto: el río, movimiento y fluir continuos.
Con el derivar del río, el protagonista comienza a sentir su
desvinculación con el ajetreado mundo de la urbe y su creciente
nuevo enlace con la naturaleza; al poco tiempo de flotar
erráticamente viene a su mente una importante revelación que
lo aproxima un tanto más al objeto de su búsqueda: él, a
través de un pensar poético, llega a un conocimiento profundo,
y entiende por qué no ha de volver a quemar libros. Se da
cuenta de que entre el Sol, que quema el tiempo, y él (junto
con el resto de los bomberos), que quema el mundo, lo queman
todo, y por ello alguien debe dejar de quemar. El Sol no va a
parar de quemar, entonces son él y los bomberos quienes tienen
que detenerse.
Ya
sobre el final de la historia, el protagonista es depositado por
el río en un bosque cuando ya ha caído la noche. Ambos
conceptos, "noche" y "bosque", aluden al
camino romántico hacia el conocimiento del ser. Sobre la
primera, vamos a decir que para el protagonista, ella significa
lo sublime como un estado de elevación ante la realidad
inconmensurable, sobre la cual recién ahora (habiendo salido de
la ciudad) comprende su inmensidad, pero también es tiempo y
espacio para pensar, de manera tranquila y serena, sobre aquel
sentido profundo de la existencia que él persigue.
En
cuanto al bosque, podemos decir que simboliza el encuentro con
lo natural; es el lugar donde se produce la fusión entre Montag
y la naturaleza, además de ser el escenario donde tiene el
sueño en que aparece Clarisse (visto más arriba), su amor
desaparecido, hecho que lo acerca más aún al ser. Al salir del
río y entrar al oscuro mundo del bosque, la percepción
sensitiva del protagonista se ve notablemente intensificada:
percibe fuertes olores, desconocidas texturas y nuevos sonidos.
A esta altura de las circunstancias, Montag ya no es el que era.
La riqueza de los estímulos sensoriales provenientes de la
tierra que han colmado sus sentidos también han cambiado algo
en él; ya no siente aquella molesta y agobiante sensación de
vacío, pues en ese lugar, piensa, "había [...] más que
suficiente para que no se sintiese vacío". Mientras camina
por el bosque piensa repetidas veces sobre su anhelo por
"tomar al mundo en su sangre (que aquí simbolizaría la
representación física de su alma) para hacerlo propio",
lo cual demuestra su deseo por unirse a la naturaleza.
Más
tarde, cuando sigue las abandonadas y herrumbradas vías del
ferrocarril (¿acaso otra clase de ruinas dejadas por aquella
sociedad futurista?) y se encuentra con un grupo de hombres
calentando sus manos frente a una fogata, su fusión con la
naturaleza es casi completa; permanece a la sobra, imaginándose
a sí mismo como un ser salvaje, un animal que había sido
atraído desde el bosque por el fuego.
Vamos
a agregar algo acerca de las recién nombradas vías férreas:
ellas podrían ser consideradas, desde un punto de vista romántico,
como ruinas de la edad moderna, ya que aparecen como testimonios
de una era más antigua, a la vez que son un camino para reencontrarse
con ese pasado. Los hombres del Romanticismo llegaban incluso
a "rendir culto" a las ruinas, las cuales los conectaban
con aquel pasado (que en su caso era la Edad Media) que tanto
añoraban e idealizaban.
El
"Yo heroico-trágico"
Ahora,
habiendo visto y analizado el entorno en el que se desenvuelve
Montag y cómo influye sobre él, es tiempo de avocarnos de
lleno a su personaje. Para ello, creemos conveniente ver lo que
Argullol dice acerca de las características típicas del
"héroe romántico", porque ellas son también las del
protagonista a lo largo de la novela:
"Los
héroes románticos son seres solitarios, asociales. [...] Se
hallan en la guerra perpetua contra el universo carcelario que
les rodea y que advierten también en su interior. Su pasión
por la libertad y por la justicia emana exclusivamente de la
atención prioritaria que otorgan a su dictamen de conciencia.
[...] Sometido a la lógica del ‘vicioso círculo del honor’
el héroe romántico se lanza, solo y desvalido, contra un
desmesurado poder. [...] Los héroes que emergen de la poesía
trágica romántica están poseídos por la certidumbre de la
inutilidad de su esfuerzo. [...] Su poderosa imaginación
mítica les hace alcanzar insospechados horizontes [...]; mas,
al cesar el sueño poético, [...] la profundidad de su
desencanto les conduce a las más pesimistas conclusiones".
Contrastemos
el párrafo anterior con lo que sabemos del personaje principal.
Es una persona solitaria, ya que ningún ser cercano a su
persona (hasta antes del encuentro con Clarisse) mantiene
verdaderamente un vínculo afectivo con él.
Cuando
se da cuenta de la desdicha que vive y decide buscar el sentido
de su existencia es también cuando comienza su continua batalla
contra el Estado ("nada más adverso al Estado, al Sistema,
al Bloque, que el romanticismo trágico [...], [el cual] siente
manifiesta aversión a toda instancia supra-individual que se
arrogue la representación de las conciencias e
identidades", diría Argullol).
Montag
es guiado casi siempre por un "instinto", no suele
pensar mucho en cómo ha de actuar; su plan para destruir a los
bomberos haciendo que se quemen a sí mismos ocultando libros en
sus casas y dando la alarma era utópico y pretencioso. Cuando
sus propios compañeros descubren que escondía libros en su
casa es el momento en que más cerca se encuentra de perder las
esperanzas y de una posición pesimista, pero al salir airoso
logra conservar intacta su ilusión.
A
lo antes dicho añadiremos un aspecto más sobre el protagonista
que, pensamos, es importante considerar si queremos definir
a aquel como un "héroe trágico": Montag, al intentar
aproximarse al ser en un contexto que le es totalmente adverso,
está defendiendo una causa ya prácticamente vencida. ¿Quién,
sino un héroe romántico, defendería una causa vencida, como
lo es la búsqueda del sentido de la existencia, en una sociedad
en la que esa tarea sea prácticamente imposible?
Conclusión
Finalmente,
creemos oportuno remarcar algunas cuestiones y expresar nuestra
propia visión sobre el tema tratado.
"Fahrenheit
451" pertenece al género literario de la ciencia ficción,
el cual surgió en pleno apogeo del paradigma positivista con
las producciones de Julio Verne. Una importante producción de
la literatura de ciencia-ficción tuvo lugar durante casi toda
la etapa de la "Guerra Fría", viéndose nutrida por
los continuos avances científicos y tecnológicos (como por
ejemplo con la llamada "Carrera Espacial" y la
"Carrera Armamentista" desarrolladas tanto en Estados
Unidos como en la Unión Soviética), los conflictos
internacionales (como la constante amenaza de guerra nuclear) y,
por supuesto, la imaginación de los escritores, que a su vez
retroalimentó a la ciencia, proveyéndola de nuevas ideas,
algunas de las cuales fueron llevadas a la práctica con los
años. A raíz de lo dicho en este mismo párrafo, cualquiera
podría pensar que, en una novela de ciencia-ficción, lo
último que se encontraría es un contexto propio de una obra
romántica y, menos aún, un héroe con rasgos románticos.
Sin
embargo esto no es así, y esperamos haber podido demostrarlo a
lo largo del trabajo. Con lo que en éste explicamos, creemos
haber probado que detrás de una historia que transcurre en una
sociedad del futuro, el personaje más importante de la
historia, el protagonista, cumplía con los requerimientos para
calificar como héroe romántico; expusimos varias situaciones
en las que se ve envuelto, sus motivaciones personales, el
contexto en el que se maneja, hablamos de algunos personajes que
lo rodean, etc., y siempre encontramos alguna pista (más o
menos oculta) que nos conduzca a una raíz romántica.
¿Pero
qué relación puede llegar a tener la ciencia-ficción con una
corriente de pensamiento que, para la mayoría de los autores,
se agotó hacia el año 1850? Esta es la pregunta a la que
intentamos dar respuesta en las páginas anteriores. Entendemos
que, aunque hay un siglo entre la finalización del período
romántico y la novela en cuestión, la influencia de esa
corriente sigue vigente. Su legado continúa actuando en la
literatura, en las artes y en muchas otras áreas del mundo
contemporáneo, por lo que es factible suponer que, en cierta
forma, su fuego no se ha extinguido del todo. No obstante,
pensamos también que esa herencia no debe ser confundida con
las ideas populares que hoy en día se tienen acerca del
término "romántico", que tienen una connotación
distinta a la del concepto original y, en cierta forma, son
impuestas por la sociedad de consumo en la que vivimos.
Sostenemos,
además, que no siempre es bueno clasificar y encasillar las
obras en géneros, porque si bien suele ser útil, también
puede llegar a crear prejuicios. No siempre que estemos frente a
un mundo futurista con cohetes espaciales, extraterrestres o
guerras nucleares tendremos sólo eso; hay que indagar más en
los símbolos y significados, realizar un análisis más
profundo y no quedarnos solamente con la corteza, pues de esta
forma estaríamos perdiéndonos de todo un mar de cuestiones que
quedarían si abordar.
Somos
conscientes de que nuestro análisis de este trabajo de Bradbury
ha dejado afuera muchas cuestiones, las cuales también
consideramos interesantes pero no tenían una unión lo
suficientemente fuerte con el tema elegido como para ser
incluidas.
A
través de lo explicado, y a pesar de desarrollarse en un ámbito
en el cual los avances tecnológicos y científicos han posibilitado
una realidad distinta, confirmamos nuestra hipótesis original,
según la cual Montag es un héroe romántico; pensamos que la
impronta del Romanticismo es profunda y palpable en "Fahrenheit
451", a punto tal que resulta susceptible de ser hallada
en una obra que, sólo en apariencia, parece ser totalmente
opuesta a las líneas que constituyen ese movimiento. (*)
(*)
Fuente: Guido Maltz, "Fahrenheit
y el romanticismo", trabajo realizado en el contexto
de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo
de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la
Universidad de Buenos Aires, en 2005.
Bibliografía
Argullol,
R.; El héroe y el único, Madrid, Taurus, 1982, páginas
17-19 y 238-256.
Bradbury,
R.; Fahrenheit 451, Buenos Aires, Minotauro, 1995,
páginas 31, 53-57 y 128-135.
Quillet,
A.; Diccionario enciclopédico Quillet, Editorial
Argentina Arístides Quillet, 1964, volumen 2, página 593 y
volumen 7, páginas 569 y 570.
Schenk,
H. G.; El espíritu de los románticos europeos, Eudeba.