La
mirada transparente
Siempre
sentí que los seres que con su arte o su vida nos ayudaron a gozar,
a aprender o a estremecernos forman parte de esa hermandad sensible
que vamos armando en el camino, para sentirnos más fuertes, más
humanos y menos solos. Estar cerca de Werner
Herzog fue confirmar con el cuerpo esa intuición de cofradía
necesaria, porque ante su presencia es inevitable sentir la
fortaleza de los que hacen, de los que quieren transformar la
realidad a fuerza de creación constante. Es en su obsesión por
buscar imágenes nuevas, no contaminadas por la forma usual en que
la cultura contemporánea de la televisión y la publicidad nos ha
mostrado el mundo, donde ha creado un universo propio donde combina
la pasión de viajero, escalador y aventurero con una adoración
total por las historias de hombres arriesgados.
La
mirada de Herzog, lejana, transparente, parece más la de un
buscador de conocimiento que la de sólo un cineasta, aunque a él
le causen gracia estas afirmaciones, ya que dice odiar la
introspección, prefiere hablar de cómo siempre quiso transmitir
ese mareo de los sentidos que han provocado en él tantos paisajes,
personas o historias donde encontraba verdades absolutas, a las que
llegaba, como lo ha dicho, filmando en estado natural de trance. Sus
imágenes, oníricas, épicas, extrañadoras - presentes desde Señales
de vida o Fata Morgana
hasta cualquiera de sus documentales - saben mostrar una naturaleza,
vegetal, humana o animal, tan cautivante como violenta y plena de
una potencia tremendamente viva. Esa fuerza, que parecería ser la
misma que alimentó su propio mito de artista extravagante y sin límites,
es la que lo llevó a cruzar un barco por sobre una montaña en el
Amazonas, a filmar una película hipnotizando a los actores o a
entrevistar en una isla con un volcán a punto de estallar al único
habitante que no quiso dejarla. Quizás esté en ese mismo juego con
los riesgos para conquistar la naturaleza o sus secretos lo que fundó
su trabajo con el irascible y dionisíaco Klaus
Kinski, fiera seductora de una fuerza desbordante, dueño de una
magia primitiva que el actor explicó que venía de la posesión que
sobre él tenía el espíritu de los personajes que encarnaba. Actor
y director se han odiado, temido y amado, pero han creado juntos un
material fílmico - Aguirre
la ira de Dios, Nosferatu, Woyzeck, Fitzcarraldo, Cobra verde -
de un valor poderoso por las energías que han puesto en acción
para retratar a esos seres inundados de una pasión tal que los
convirtió en equilibristas del desvarío.
Cómo
no entender entonces que Herzog mencionase varias veces en la
conferencia de prensa la felicidad que sentía porque iba a
presenciar y hasta filmar el anunciado último partido de Diego
Maradona, guerrero argentino, poderoso y frágil, como los héroes
trágicos de sus mejores films, aquellos donde explora esa
naturaleza contradictoria del hombre, tan humana como divina.
Soldado
de la verdad
En
el Instituto Goethe de Buenos Aires Herzog acaba de presentar su último
film, Little dieter needs to fly, la historia de un alemán
piloto del ejército norteamericano que es apresado y torturado en
la guerra de Vietnam, de donde logra escapar. Una de esas historias
de hombres probados por la vida que él ama contar, que ni siquiera
en su propio país tiene asegurada una buena distribución, no es la
culpa de Holywood y su esquema para “colonización secreta de
nuestros corazones con sus películas”, como dice, tampoco la
televisión alemana se ha mostrado entusiasmada con esta creación.
Asegura que los alemanes no aman a sus poetas. Es terminante y se
define como un buen soldado que no quiere pertenecer a la cultura de
la queja, alguien que siempre ha de encontrar una forma de hacer lo
que quiere, aunque una gran parte de su tiempo se lo lleve su papel
de productor, eso es parte del asunto e filmar. “Yo voy a avanzar
como siempre”, dice seguro el guerrero.
- No
tuve conocimiento de la existencia del cine hasta la edad de 12 años,
vivía en un rincón tan remoto de las montañas en Baviera que tuve
conocimiento de la existencia del cine, no había visto ninguna película,
nunca había visto coches, no había visto una naranja hasta los
trece años, hice mi primera llamada telefónica a una edad de 17 años.
- Los
alemanes reconocen las películas si hay conmoción en otros países,
la única forma de que la prensa le diera importancia a Aguirre,
la ira de Dios fue cuando fue un gran éxito en Francia y la
gente en Alemania preguntaba, por qué no podemos ver la película y
yo les decía, idiotas, si la han visto pero después de cuatro días
estaba fuera del cine, pero la prensa la había calificado como la
peor del año. Pero eso es algo especial de la cultura alemana,
nunca han amado a sus poetas y algunos países tienen el mismo
problema, los japoneses, por ejemplo, no aman a Kurosawa.
Es difícil a veces establecer una cultura del cine en el propio país.
- Yo
no creo mucho en el Cinema
Verite, la verdad no se descubre en la superficie de las imágenes
y los acontecimientos, como en la poesía, existe en el cine una
verdad muy profunda y muy misteriosa, inexplicable, yo estoy siempre
buscando en capas mas profundas de la verdad. Por eso no creo que la
fantasía, hasta la mentira a veces rinde más que las miradas
superficiales. En esta película hay mucha invención, los sueños
de Dieter son pura invención. Esta secuencia con aguas vivas es
pura invención, como el describe la imagen de la muerte, el
abriendo y cerrando las puertas. Este tipo de visión rinde algo muy
profundamente en el alma de Dieter, no es mentira, es pura fantasía,
pero al mismo tiempo es una verdad profunda, brinda una visión
profunda a los mas íntimos rincones de su corazón y por eso para mí
la línea de división muy clara para periodistas entre los
documentales y las películas de ficción no existen, para mi mejor
documental es Fitzcarraldo.
- Un
truco o modelo es la marca de Hollywood, que al inicio quería
producir Fitzcarraldo, inmediatamente me han dicho tú tienes
que construir un modelo y jalar acaso un pequeño cerro en el
estudio, en el jardín botánico, pero yo siempre he evitado esa
cuestión de solución plástica. Creo que mucha vida real, mucha
imaginación solamente es posible en este caso jalando un barco de
300 toneladas, eso no es broma, en este caso la realidad se
convierte extrañamente en un acontecimiento operístico. Es muy
extraño, muy realístico pero pasaron cosas que uno nunca hubiera
imaginado, esto aconteció en la película, la llenó de vida. El
momento cuando sube el barco es todo el elemento de ópera lírica.
Los
viajes, la caminata, lo importante
Alguien le pide que hable de su pasión por los viajes, le
asegura que la familia reunida de sus films es un largo travelling
que busca descubrir algo intenso, que penetra con originalidad en lo
extraño, en lo exótico para la visión europea. Dónde nace esa
necesidad del viaje no es algo que Herzog responda con facilidad,
pero sí halla un inicio que liga el traslado físico con
necesidades internas, teniendo al cine como un punto de enlace y al
caminar a pie grandes distancias como una de sus gestas más
valiosas, como la que lo llevó a unir Munich con Paris para
enfrentar la posible muerte de Lotte Eisner, intelectual
alemana que diera gran impulso al Nuevo Cine Alemán.
- A
una edad de catorce años fue evidente que tenía que hacer cine,
estuve dos años y medio trabajando como soldador toda la noche en
una fábrica de acero, ganando dinero para producir mis primeros
cortometrajes. Inmediatamente entre en los 35 milímetros y al mismo
tiempo empecé una época religiosa muy intensa, me convertí a la
fe católica, contra una familia de ateos militantes, era una lucha
grande para un niño. Al mismo tiempo empecé a viajar a pie, mi
primera caminata fue a Albania, un país completamente inaccesible,
recluso, como el Tíbet, no se podía entrar, era el gran misterio
de Europa, la mancha blanca en el mapa y en los ´50 no era posible
obtener visa, por eso viajaba a pie, cruzaba la línea de las
fronteras por las montañas. He viajado a pie varias veces y las
cosas esenciales en mi vida las he hecho a pie. Un hecho evidente
fue la inminente muerte de Lotte
Eisner, cuando me llamó un amigo inmediatamente tomé una
mochila, era invierno y pasé tormentas, marche rápidamente, en línea
recta, sabiendo que ella iba a estar en el hospital, ella tenía que
sobrevivir, no quería darle
ni una chance a que muriera, era muy importante para mí y para el
cine alemán. Cuando llegué
a París había sobrevivido. Vivió 9 años más y murió a una edad
de 89 o 90 años. Yo creo que un hombre no debería marchar a pie,
no debería hacer una llamada por teléfono o ir en avión, si usted
quiere ser parte de la vida de un niño, una vida con una mujer no
se hace por teléfono, ni en coche o en tren, hay que andar a pie,
las cosas decisivas siempre las he hecho a pie.
Aguirre,
la naturaleza y los espejos
Quizás sea Aguirre la ira de Dios la película más
famosa de Herzog y una de las que más representan esa búsqueda de
mirar el alma de los hombres extremos que sueltan su fervor
irracional en momentos donde todo el universo parecería
confabular en su contra, los que antes de
paralizarse ante las injurias del ambiente buscan hasta la última
expresión de su energía antes de aceptar la derrota. Nadie mejor
que Kinski para mostrar en la pantalla un espíritu del que se ha
rebelado contra el imperio español al buscar el mismo esa ciudad
dorada donde fundar una nueva dinastía, sueño alocado que debe
surcar los desafíos de una naturaleza hostil y peligrosa, la misma
que volvió peligroso el rodaje y que enfrentó con violencia a
Herzog con su actor, poseído por el carácter tremendo de Aguirre,
un hombre que desató tormentas y hasta inspiró el nombre de un
grupo de rock argentino, emocionado por la presencia del director
alemán en Buenos Aires.
- Prácticamente
no hay documentos históricos sobre Lope de Aguirre, apenas quince páginas,
mucho sobre Aguirre es invención, pero es un personaje fantástico,
posiblemente uno de los primeros que tenía una visión de la
independencia de Latinoamérica, muy personal por supuesto, la
historia no lo ha descrito como un buen hombre, porque no es
vencedor, es un perdedor. El origen de la película es bien extraño,
un día en la casa de un amigo estaba mirando unos libros y de
repente en un libro para jóvenes sobre descubrimientos y aventuras,
era un libro pésimo, pero de repente vi parte de una página, no más
de veinte líneas sobre Lope de Aguirre y era tan fascinante que esa
misma noche empecé a escribir un guión, que terminé en dos días
y medio. Gran parte lo escribí en un viaje en autobús con mi
equipo de fútbol y como encargamos bastante cerveza todos se
emborracharon durante las primeras dos horas y yo defendiendo mi máquina
de escribir sobre mis rodillas, tenía que empujar a cada uno de
ellos que últimamente vomitaba, por eso algunas de las páginas no
se pudieron salvar, echadas fuera de la ventana por el olor
insoportable, algunas escenas que he olvidado. Después en una
librería he encontrado algunos documentos sobre Aguirre, como la
famosa carta al rey Felipe II, la carta del rebelde, que se llama La
ira de Dios y el gran traidor. Es un buen nombre para una banda
de rock porque el verdadero rock tiene que ver con rebelión y la
verdadera rebelión tiene que ver con fuerzas ocultas, oscuras,
también algo que ver con las partes oscuras de nuestras almas.
-
Tengo
una buena respuesta sobre la naturaleza en una película de Les
Blank, La tierra de los
sueños, donde hablo cinco minutos sobre eso, lo que siempre
mantenía Kinski sobre la selva, que es diabólica. Yo pienso que es
obscenidad, fornicaciones, el denominador común es la matanza, la
asfixia, el desorden, el caos. Probablemente esta posición muy rara
en relación a la posición muy visible en los Estados Unidos por la
new age y los esotéricos, eso es una desviación de la humanidad,
es una tontería, hablan de la naturaleza de una forma que no puedo
soportar. Me hacen enojar mucho, pero son demasiados. Es simplemente
una de las enfermedades de esta civilización.
Poco
después de la conferencia, en el tumulto de lo que aún queríamos
hablarle de cerca no pude no preguntarle por el misticismo de gran
parte de su cine, por esa sensación de penetrar sin solemnidad
dentro de lo sagrado.
- No
sé si es misticismo, yo soy bien simple, no sé si hay componente místicos,
no quiero preguntarme, es extraño, nunca me veo en un espejo, afeitándome
yo veo que lo estoy haciendo, pero hasta hoy día no conozco el
color de mis ojos, no quiero verlos, no quiero ver adentro de mí
mismo. La introspección es algo abominable para mí.
Eterno
retorno de la secta
En
el teatro San Martín, días más tarde, un entusiasta Herzog
presenta su primer largometraje, Señales de vida (un film
donde una imponente escena filmada en Grecia de un campo de 10.0000
molinos de viento es el punto central, sirve de metáfora del
estallido de locura del personaje) ante un público que comenzaría
a conocerse entre sí en esa semana que duraría la retrospectiva,
bastaba saberse amparado por ese placer de disfrute de imágenes no
habituales e historias de hombres únicos para sentir una filiación
en común. Todos los miembros de la secta Herzog escucharon la
presentación del padre y no dejaron de indagar en detalles que hacían
conocer más el fondo de la creación de las películas y a su mismo
creador, que asegura que para hacer cine hay que conocer la energía
criminal y saber de largas caminatas, habla de su trabajo con la música,
de Wagner.
-
Soy autodidacta, no he sido asistente de nadie ni he
estudiado en una universidad del cine, mi cine es pura invención de
mí, como alemán de la generación de posguerra estábamos sin
padres, sólo con abuelos, nos encontrábamos como lejanos, teníamos
que reinventar el cine, eso fue la fuerza del renacimiento del cine
alemán, yo formo parte de ese renacimiento, desgraciadamente hoy en
día no existe más esta onda de películas, sólo sobreviven
comedias e imitación de Hollywood. Yo no puedo hacer eso, no tengo
miedo y sigo trabajando. Mañana tengo el gran placer de que unos jóvenes estudiantes de cine me han organizado un boleto para
asistir
a la despedida de Maradona, yo entro al estadio bajo el pretexto de
filmarlo. Así ustedes pueden ver mi primera película de
largometraje que hice a la edad de 24 años y hasta hoy día mis películas
y mi trabajo es el boleto para la vida.
- He
vivido mucho con música, trabajo ahora como realizador de
opera lírica, pero eso es algo que nunca había pensado, me han
agarrado y empujado para hacer este trabajo, no puedo leer notas
musicales, eso es parte de una pequeña tragedia de mi adolescencia,
teníamos un maestro de música que tenia la idea loca de que cada
uno de nosotros era un artista, que cada persona podía cantar y pedía
que al final de cada año cantara cada alumno y todos cantaban en
orden alfabético y yo me negué rotundamente a cantar, quizás por
el cambio de voz en mi adolescencia me daba mucha pena y me resistí
media hora e insultándolo le pregunté si él podía hacer la
vuelta carnero. Me amenazaron con echarme de la escuela con el
director y los criminales tomaron como rehén a toda la clase diciéndoles
que no salían si no cantaba, después de cincuenta minutos de
rebelión mis compañeros me empujaban, rompieron mi espalda y me
cantaron una canción, sabiendo que nunca volvería a cantar jamás
en mi vida, hasta hoy en día no podría cantar más. Nunca he
aprendido nada y a una edad de18 años era casi como un vacío en mi
vida, tenía un hambre muy fuerte para la música, tengo una relación
muy intensa y parte de eso es el resultado de una catástrofe, me da
pena hasta hoy en día. Creo que la música puede transformar un
mundo entero y cuando dirijo una opera lírica es una transformación
de un mundo entero en música.
- No
creo en escuelas de cine, no existen escuelas de poesía, he
pensado varias veces en fundar una escuela de cine, pero hay que
poner en las solicitudes que los alumnos hayan andado a pie una
distancia de al menos mil kilómetros. Una escuela tiene que incluir
lo evidente, hay que ser ladrón, hay que tener energía criminal,
tienen que aprender a falsificar documentos, como abrir puertas,
como robar un coche, hacer algo físico como el boxeo o el fútbol,
eso seria una escuela de películas mas adecuada a la situación
real de lo que es hacer cine. Por ejemplo durante la filmación de Fitzcarraldo
hubo hasta una guerra de once días entre Ecuador y Perú, quemaron
nuestro campamento para mil personas,
y lo mas grave es que no nos permitieron navegar el
río Marañón con nuestro barco y por eso yo inmediatamente
falsifique un documento muy impresionante firmado por el presidente
de la República, con sellos del secretario privado y con otras
firmas, es un documento muy impresionante, el coronel en un
campamento de los militares nos saludaba y nos dejaba pasar. Eso
hasta cierto punto ha establecido la posibilidad de filmar que no
hubiera existido de otra manera, hasta hoy día tengo ese documento,
es muy bello.
-
Siente
alguna afinidad humana con Richard Wagner.
- Humana
no, porque su vida privada no me gusta, fue un pequeño fraude, pero
es extraño porque es un compositor tan grande, para mi es
incomprensible como un tipejo como el puede escribir música de tan
alto alcance de tanta profundidad, es un misterio, pero su música
es algo nuevo en mi vida, solo desde hace cinco años que lo escucho
con intensidad y dentro de tres semanas voy a dirigir Tanhausser en
Sevilla.
- La
escena de los molinos recuerda a Don Quijote.
- No
he pensado en eso, hasta filmar Señales de vida no había leído
a Cervantes. No es un grupo de molinos en realidad son diez mil,
nunca he pensado en Don Quijote. He visto este valle lleno de
molinos a una edad de quince años, había viajado a Grecia porque
mi abuelo Rudolf, se que el era loco al final de su vida, el era
arqueólogo y me interesaba recoger los sitios donde él había
hecho sus trabajos y de repente vi los molinos y en ese momento pensé,
esto no puede ser, es pura fantasía, yo pensé seriamente que me
había vuelto loco, era un momento de mi vida, de la adolescencia
que me impresionaba tanto que pensé inmediatamente que esa visión
que no podía existir en el mundo tenía que ser una imagen central
en mi primer película de largometraje. Tardé bastante hasta que
pude hacerla.
-La
idea de Kaspar Hauser es un acontecimiento bien
conocido en Alemania, existe en el conocimiento colectivo, pero toda
la literatura se refiere al caso criminal, que no es tan interesante
y la cuestión de quién era, hay ideas muy locas, que era un hijo
ilegitimo de Napoleón, un inglés de un grupo de circo, pero a mi
me interesaba algo diferente y eso es la película. Bruno S. Es uno
de los momentos de mi vida y a veces pasan y es pura suerte,
escribiendo el guión me encontré inmediatamente con el problema de
quién podría desempeñar el papel y en la televisión vi a Bruno sólo
dos días mas tarde, en una película de un joven cineasta de la
escuela de cine de Berlín y el aparecía junto a otros marginados,
me fascinó inmediatamente. Era muy difícil establecer contacto con
él, porque había pasado 20 años de su vida en cárceles e
institutos, su madre era una prostituta que lo había golpeado mucho
que había perdido el habla, lo que fue excusa para internarlo en un
instituto de retardados, pero él no era loco. Escapó una y otra
vez, lo atraparon y fueron poniendo en institutos cada vez más
seguros y de repente lo dejaron en libertad a los 26 años, los últimos
años y medios los había pasado en un manicomio. Era muy
desconfiado al principio, pero establecimos muy rápidamente una
amistad muy profunda.
La segunda dificultad fue convencer al equipo y la gente que
financiaba la película.
-
Bruno
S.
terminó trabajando en una fábrica de aceros como montacargas,
todavía tiene problemas con el alcohol y con la sociedad en
general. Vivió como marginado, casi como un mendigo, pero después
de la película la gente lo aceptaba más fácilmente, pero hoy en día
la gente lo reconoce y lo ayuda, el peluquero le corta el pelo, es
un poco más fácil para él, pero no ha cambiado mucho su vida. El
nunca quiso ser una estrella de cine, quería ser el soldado anónimo
del cine, por eso se lo conoce como Bruno S.
- Los
lugares de mis películas son muy importantes para mí. En Ingmar
Bergman es muy evidente que el punto inicial es un viaje, es una
cámara, en mi caso varias veces eran un sitio que me fascinó,
antes de la historia. Esta imagen de los 10.000 molinos era el
origen de la película sin saber nada de la historia que esta
contada alrededor de esta imagen central. Muchas de mis películas
nacieron de un paisaje.
- Nunca
he editado un mensaje en mis películas. Para dar un mensaje
solo se necesita un micrófono, pero no soy un mensajero, solo un
contador de historias. Película es algo diferente y todos los
esfuerzos a finales de los sesenta del cine político donde la gente
quería mandar mensajes políticos y el cine lo rechaza, no
funciona, porque para cambiar nuestra sociedad lo que funciona mucho
mas es gente que saben hablar, los grandes oradores o los rifles,
pero no el cine, que no quiere estas ideas de cargar con mensajes la
historia nunca funciona.
- La
cuestión de la improvisación es importante para mi y
posiblemente para todos los que trabajan en el cine, normalmente el
aparato de filmación y la parte técnica no permite la improvisación,
en las películas de Hollywood es imposible, está fuera de cuestión,
pero para mantener cierta vida de una película hay que desviar a
veces el guión, las personas o los sitios establecidos. Muchas
veces he dejado de la do el guión, improvisando y agregado cosas no
pensadas de antemano. Durante Fitzcarraldo se ha improvisado hasta
el 30 por ciento de la película.
- Mi
sueño desde hace más de 20 años es filmar las montañas
del Tíbet y el centro del desierto del Sahara, pero es inaccesible
por las guerras civiles, es demasiado riesgoso.
Hay lugares increíbles, pilares de basalto de más de 3.000
metros de altura, flotando durante el día, cuando hace calor hay un
efecto de montañas que parecen flotar. Otros sitios, yo quiero
filmar en un viaje a otro planeta, siempre llevan consigo a los
ingenieros, a los pilotos, pero jamás han llevado un poeta ala luna
y yo tengo un derecho natural a ir a Marte, a las estrellas, quiero
filmar ahí.
- Yo
envidio a algunos cineastas que han encontrado algunas imágenes,
envidio a Buster Keaton,
a Fred Astair, a Marilyn
Monroe. O películas que me impresionaron mucho, como Rashomon
de Kurosawa o La
pasión de Juana de Arco, de Carl
Dryer, que desgraciadamente no son mías. La vida es mucho más
soportable porque existen estas películas, son casi como hermanas
desconocidas para mí, son como mi familia.
Los
honores de las fieras
“Hay
que desarrollar una energía criminal, pero no hago cine marginal,
sino que hago el cine del centro de la existencia”, aclara Herzog,
que escucha lo que miembros de la secta le dicen sobre algunas
escenas de películas. Kinski aparece todo el tiempo, como un bello
fantasma inevitable. “He hecho una pelicula sobre Kinski, pero
mucho de su autobiografía es pura mentira”, dice firme cuando le
mencionan todo el trauma en que habría quedado el actor luego de
filmar Woyceck, pero para Herzog es “apenas una película más”,
más allá de que sigan diciéndole que nunca se había filmado así
a la locura. No parece querer hablar ya mucho, menos sobre la locura
y sobre Kinski, que en su autobiografía despliega acusaciones
tremandas hacia Herzog por los maltratos a los que sometía a su
equipo en sus epopeyas en la selva, llega a decir que estuvo a punto
de matarlo y lo trata de cobarde, todo el tiempo. Herzog,
finalmente, acepta la pulseada y responde: “Era un gran histérico,
una bestia, yo tenía el trabajo de contenerlo, de domesticarlo, de
darle forma a su locura y a su energía para la pantalla, era un
proceso de domesticación muy difícil, él era una bestia”. Con
Kinski aún en el aire de las últimas palabras, alguien le aconseja
que no fuera a ver a Maradona, “porque está peor que Bruno”.
Las palabras vuelan con todos los ánimos, pero Herzog sigue
inmutable, como siempre. “Ojala que aparezca en el estadio para
para jugar, hay que despedirlo con todos los honores”, dice. “No
en ese estado, debería haberse despedido hace años o haberse
cuidado”, le contesta el consejero, a lo que el alemán, antes de
desaparecer en un ascensor, responde con la seguridad de quien
conoce de la naturaleza pasional y guerrera de algunos hombres, esos
que a él le gustan: “Mi opinión es que va a aparecer para jugar
mañana. Yo estaré esperándolo”.
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Herzog
(izquierda) con Diego Ramos durante su paso por Buenos
Aires. |