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MULHOLLAND
DRIVE
La
dinámica de lo ilógico en David Lynch
Por
Esteban Ierardo
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El
afiche de "Mulholland Drive", obra maestra del
cine de David Lynch.
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El cine
de David Lynch es un raro salto fuera del convencional cine
lineal. Su arte se empeña en colapsar la narración clásica
y generar aperturas hacia lo real como un fluir extraño e
ilógico. De diferentes maneras, esta experiencia brota en
sus films Cabeza
borradora (Eraserhead, 1976);
Terciopelo
azul (Blue velvet, 1986); Twin
Peaks: Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walks
with Me, 1992);
Carretera perdida (Lost highway, 1996); y El
camino de los sueños (Mulholland
Drive,
2002), acaso su obra maestra y expresión
de un genio artístico maduro. Aquí les presento un texto personal
donde, a través de una reflexión que se concentra esencialmente
en Mulholland Drive, se pretende enfatizar el cine
de Lynch como creación de estados sensitivos, y como afloración
de lo ilógico.
E.I
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MULHOLLAND
DRIVE
La
dinámica de lo ilógico en David Lynch
Por
Esteban Ierardo
El último refugio del arte es la suspensión
de la lógica. Una forma de la trasgresión. David Lynch es
un brillante transgresor del relato realista. En muchas de
sus obras claves, la disonancia transgresora acontece dentro
de una historia inscripta en una recurrente trama policial
o criminal.
En
El camino de los sueños (Mulholland
Drive,
2002), se delinea un relato inicialmente lineal en
torno a una joven aspirante a actriz, y una misteriosa visitante
de su departamento en Los Ángeles. El film se desenvolverá
con la acertada musicalización del eterno hacedor musical
de los films de Lynch: Angelo Baladamenti.
La historia posible en términos realistas comienza a ser traspasada
por la trasgresión a-lógica mediante dos elementos iniciales
y paralelos: la amnesia y el sueño como potencia invasora
de lo real. Una bella mujer sufre un accidente en Mulholland
Drive. La fuerza del impacto desgarra su memoria; inhibe su
recuerdo y suspende su identidad. La mujer accidentada deviene un
yo anormal, afectado por una borradura de sí. Sin saber cómo,
la mujer perdida llega al departamento donde vive Betty (Noemí
Watts). La llave del apartamento le fue entregada por su tía
Ruth, para que se estableciera en la capital de California
y se iniciara allí como actriz. La inesperada visitante, ante
la pregunta sobre su identidad borrada, y frente a un poster
de Gilda, contesta "Rita". Rita
(Laura Elena Harring)
inicia la búsqueda de la claridad perdida; y, en esa pesquisa
compromete también a Betty. A partir de ahora, la claridad
o trasparencia nunca retornará en el film.
El otro elemento que quiebra el decurso realista del relato
es la escena de un joven que recrea una pesadilla en un
fast food. La vivida y afiebrada recreación de la ensoñación
por el soñador nutre también su temor. Sospecha que lo soñado
es anticipo de una inminente irrupción en la llamada vida
real de una criatura del misterioso mundo de sus pesadillas.
Lo profetizado por el soñador se cumple. Al salir del lugar
de su recuerdo-oráculo, se encuentra con el ser infernal de
la pesadilla. Que actúa como materialización objetiva de lo
soñado.
En
los films de Lynch, allí donde la plausibilidad lógica retrocede,
irrumpe la imposibilidad como nueva realidad. En Cabeza
borradora (Eraserhead,
1976), la
relación entre Henry y su novia carece de un real afecto que
justifique el vínculo. En el vacío o ausencia afectiva se
origina un hijo monstruoso. En Terciopelo azul ( Blue
velvet, 1986) el hallazgo de una oreja por
Jeffery Beaumont suspende
el orden, hace estallar lo siniestro en un paraje de serenidad
idílica; y contamina a Jeffery con la anormal obsesión por
invadir la privacidad de una cantante sospechosa de haber
participado en el presunto crimen del individuo al que pertenecería
el órgano desmembrado. En Carretera perdida (Lost
highway, 1996), Fred Madison, yace prisionero en una prisión;
desaparece entonces misteriosamente y, en su lugar, y desde
una dinámica "fantasmal", según refiere uno de los
guardias, aparece Pete. En este inesperado desdoblamiento
de su identidad se inicia la extrañeza sin retorno del film.
Rita y Betty intentan comprender un pasado misterioso, desde
una vida que ahora balbucea una lógica inestable. Las discontinuas
desapariciones de lo lógico desnudan experiencias y símbolos
secretos. En el tiempo del lógos discontinuo surge
un símbolo-puente, un vehículo de pasaje: una caja azul y
una llave .
Rita y Betty contemplan la llave con el asombro y la atención
que sugieren que ya habitan un territorio extraño al que se
llega luego de que una puerta-cerradura se ha abierto. Ahora
saben o intuyen, al menos borrosamente, que están del otro
lado del mundo conocido.
La destabilización de lo lógico, la percepción del mundo como
misterio envolvente, como magnética atmósfera extraña. Y lo
misterioso y raro se arremolinan en un borde, en un espacio
fuera del orden: el teatro-silencio. Rita y Betty buscan
una escena que ilumine y aclare la desaparecida identidad
de la primera. Pero encuentran otro escenario, donde no acontece
la revelación de los enigmas; allí, lo no lógico deviene espectáculo.
Un mago anuncia que en el particular teatro del silencio todo
es ilusión, lugar paradójico donde hay música "sin banda".
Sitio de hechicería, donde "todo está grabado".
En la escena una mujer, Rebeca del Rio, canta "Crying"
de Roy Orbison.
Su canto es bello. La cadencia hipnótica. Las espectadoras
lloran sin entender. La cantante se desmorona. Pero su voz
continúa. La explicación plausible surge sin demora: nunca
hubo canción verdadera; parte del ilusionismo teatral es la
cantante que canta en play back. Pero este teatro se
llama "silencio", apelación sutil a la suspensión
de la ratio que demanda clarificación. En este escenario
vive lo que debe ser escuchado y percibido sin perturbaciones
de premisas y deducciones coherentes. En el teatro-silencio
se suspende la causalidad, el gran principio del mundo lógico
sistematizado en la filosofía clásica griega
por Aristóteles. Ahora, el desmoronamiento súbito de
una cantante, y el porqué de la continuidad de su voz, no
deben ser explicados, no deben encontrar su "causa".
Como tampoco el llanto de dos mujeres traspasadas por lo extraño
en el teatro. Teatro que procede de théatron (de theáomai
=contemplar). Teatro: lugar donde se contempla y presencia
la manifestación de algo que se halla fuera de lo ordinario.
El teatro, como el altar o el santuario arcaico, es sitio
de eclosión de lo extra-ordinario, de lo real como vivacidad
rara, sobrenatural o desconocida.
En el cine de Lynch, en apartados escenarios,
en recintos teatrales o cuasi-teatrales, se producen enigmáticas
revelaciones (1). En Eraserhead,
en una estufa se acomoda un pequeño teatro. En Blue velvet,
la habitación siempre en semioscuridad es una suerte de escenario
para la representación de las poses corporales exigidas al
intruso Jeffery por la mujer fatal, la observada dueña de
casa.
EnTwin Peaks: Fuego camina conmigo
(Twin Peaks: Fire Walks with Me, 1992),
en un escenario apartado de lo cotidiano se manifiesta claramente
la identidad doble de Leland Palmer (padre y violador); y
allí también su hija muerta observa plácidamente al ángel
que ha venido por ella. El teatro-silencio se suma a
estos sitios-escenarios, lugares-teatro, donde se concentra
la manifestación de lo extraño.
Pero
debemos cuidarnos de querer explicar el sentido del misterio
representado en el teatro-cine ilógico desplegado por Lynch
con sus pases de magia. El poder de su arte se desvanecería
ante una excesiva comprensión intelectual. En Lynch, lo esencial
es la creación de una atmósfera-estado donde la vida como
misterio no racional recupera su seducción. Lynch cultiva
así el cine como apertura a una experiencia sensitiva. Una
práctica similar a la del Tarcovsky de El espejo (Zerkalo,
1974); la aventura surrealista de Dalí y Buñuel de El perro
andaluz (1929); los momentos visionarios de 2001. Odisea
en el espacio (1968), de Stanley Kubrick; Busco mi
destino (Easy rider, 1969), de Hopper Dennis;
Estados Alterados (Altered states, 1980), de
Ken Russell; o Elegía de un viaje (2001), de Alexander
Sokurov.
En el cine de Lynch, la narratividad lógica de la realidad
cede ante un nivel acaso más visceral o primario de lo real
donde el movimiento es desatada intensidad sensitiva. El sentido
de la vida como fluir sensible sólo debe ser entendido
en sus bordes. Su centro permanece libre del intelecto. Y
es ajeno a toda reconstrucción conceptual. Así lo entiende
también Bruno Bettelheim, en The Uses of Enchantment: The
Meaning and Importance of Fairy Tales ( Psicoanálisis
de los cuentos de hadas, 1975), cuando frente a los cuentos
de hadas aconseja refrenar la avidez intelectual por una comprensión
total de las fábulas.
Lynch siempre expresó su interés por lo absurdo. La semántica
de la absurdidad es afín a lo ilógico. La condición no lógica
de la existencia no es entendible ni narrable en términos
de claridad y cohesión. Lo extraño ilógico en Lynch se aproxima
al zen y su continua ruptura de lo racional; y también
a la deconstrucción surrealista de la lógica
obrada, por ejemplo, por Giorgio de Chirico (2). En Estados
Unidos, John Cage fue el precursor de la explosión anti-lógica
zen en la esfera de los hábitos musicales tradicionales (3).
El zen es recuperación de una espontánea interacción con el
mundo. Espontaneidad, libre de todo sentido meditado o calculado, como
la que fluye en la famosa y enigmática escena del incendio
de la casa en Lost higthway. En una entrevista para
Films and arts, el director oriundo de Montana manifestó
que aquel incendio fue algo que se le ocurrió luego de concluir
una jornada de filmación. La imagen de las llamas devorando
la casa surgió como espontánea ocurrencia. Su producción
no obedece a ningún sentido intelectual que deba ser
detectado y sacado a luz (4).
La burla de lo lógico acontece también en los films aparentemente
más lineales de Lynch (5).
El hombre elefante ( The elefant man, 1980)
es
la historia de una excepción, de la monstruosidad como negación
de la forma biológica natural del ser humano. The straight
story suda una aparente linealidad. Es el viaje de Alvin
Straight (Richard Farnsworth) en busca de su hermano, del
que se distanció por una desavenencia familiar. Pero tras
las apariencias, y tras el viaje hacia el hermano ausente
como acto de amor, bulle lo absurdo e inasible. En el mundo
moderno, el viejo Alvin se empecina en recorrer 500 kilómetros
con un pequeño y lento tractor. Es la negación de la lógica
utilitaria que busca optimizar resultados y evitar peligros
o esfuerzos innecesarios. Luego, el encuentro final y la reconciliación
con el hermano acontecen sin necesidad de explicaciones, y
bajo la contemplación del cielo estrellado como indeterminable
metáfora de una experiencia transformadora.
Lynch, cineasta de una inconsciente práctica zen. Creador
elíptico de la narración cinematográfica, que se descompone
a sí misma para liberar la tormenta rara de la realidad que
se burla de todo orden clarificador. En este proceso,
el espectador es exhortado a experimentar y aceptar lo que
vive fuera de la narratividad lineal.
El desdoblamiento del yo es uno de los juegos preferidos de
Lynch para el desmontaje de la realidad lógica. En Twin
Peaks el padre de Laura Palmer se bifurca en sus dos personalidades
paralelas y antagónicas: el honorable padre de familia y el
lascivo Killer Bob; en Lost higtway el apesadumbrado
saxofonista Fred se desdobla en el mecánico Pete.
En
Mulholland Drive se agregan la duplicidad Betty-Diane
y Rita-Camilla. Los desdoblamientos instalan la incertidumbre
en una identidad plenamente dueña de sí (6). El cogito
cartesiano era seguro autodominio. Pero la modernidad siembra
la duda respecto a sus propias certezas mediante la crítica
romántica. El romanticismo regresa a la percepción del trasfondo
instintivo y misterioso del ser humano, que siempre subsiste
bajo su apariencia de sujeto racional. Stevenson y su El
extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde constituye una clara
intuición de esta existencia paralela del yo lógico y la pulsión
biológica prerracional. La realidad yuxtapuesta de la apariencia
racional y burguesa y el trasfondo no lógico animal es claro
en la dupla Killer Bob-Leland Palmer.
La salida del orden cotidiano no es el único plano de significación
troncal en Mulholland Drive. Lo sensitivo inasible de
Lynch coexiste en este caso con una intensa crítica a la maquinaria
hollywodiense
de los falsos sueños, de sus ambiciones y presiones. El director
Adam Kesher (Justin Theroux) se
emplaza en un primer momento como personaje enfrentado al negocio
cinematográfico. Kesher participa de una reunión donde es presionado
para aceptar una actriz dentro del elenco de una de sus películas.
En su primera fase, Kesher acumula rupturas, disonancias, actos
de violencia. Destruye el auto de uno de los productores que
lo presionan; inunda con pintura las joyas de su mujer infiel
(co-partícipe así del entorno corrupto que lo rodea y sofoca).
Y se encuentra con un misterioso cowboy. Personaje que
ratifica la amenaza del sistema contra su voluntad de independencia
artística. El Cowboy, un icono no sólo de la conquista del Oeste
sino también de los momentos más exitosos de la maquinaria proveedora
de entretenimiento y aventuras en la cultura de masas. Kesher
es inicialmente la energía indisciplinada del artista que se
opone al autoritarismo del establishment. Pero la oposición
es fugaz. El creador independiente no puede consumar el sueño
de la libertad completa. Kesher cede al fin. Acepta la actriz
que se le impone desde la oscuridad del reducto mafioso gobernado
por un estrafalario líder enano (Michael Anderson), presente
también en el misterioso recinto teatral de Twin Peaks.
La pequeñez y rareza
de Anderson contribuyen al efecto de otredad ilógica de los
films de Lynch (7). La tenebrosidad del poder mafioso enquistado
en la producción cinematográfica aflora asimismo por la acción
de un asesino por encargo. Un rubio criminal que mata a un individuo
peligroso por poseer una agenda con información confidencial.
El asesino profesional mata con la simplicidad con que se respira.
Su obrar homicida revela la insignificancia de la vida ante
la mirada del poder. Pero la acción del asesino no escapa
al absurdo y lo no previsible. Luego de asesinar al dueño
de la agenda, una serie de imprevistos lo llevan a matar a dos
personas no previstas y a escapar tras el estallido de una estufa.
En un momento inesperado, la caja-llave nuevamente ejerce su
efecto transformador del continuun cotidiano. Betty
se trastoca en la antes buscada Danie. Rita-Camilla es en realidad
la actriz que habitaba la casa en Los Ángeles, cerca de la meca
del cine hollywodiense.
Camilla es tal vez la que recibió la visita de Betty-Danie,
ávida por triunfar en Hollywood, el paraíso de los sueños. Diane
es la que padece el retorno agobiante de la realidad más sórdida.
En la recuperación de su memoria perdida, Rita halla lo que
parece el cuerpo putrefacto de una Diane que por su propia voluntad
abandona un mundo de falsos sueños. Y Daine enamora
a Camila. Su lésbica pasión le permite
la entrada en las reuniones de los divos del séptimo arte. Allí,
la Daine enamorada descubre el generoso afecto de su amada a
Kesher, y a una bella cantante. Daine entiende que los sueños
son tan frágiles como hojas secas desmenuzadas por los golpes
del viento. Daine se hunde en la soledad de un humilde cuarto.
Allí espera la visita de una Camilla que la convenza de que
la frustración es una ilusión, una efímera mella en un radiante
palacio de cristal. Pero sólo un sueño es verdadero: el que
contamina la realidad de extrañeza y altera los códigos cotidianos.
Lo otro es el falso sueño, el irrealizable sueño para Betty
de una vida de aplauso y reconocimiento, de fama y estrellato.
Betty-Diane se desbarranca en la realidad de una vida miserable.
Únicamente queda el placer de la venganza. Diane contrata a
un criminal para cortar el destino de Camilla. El asesinato
está por consumarse en Mulholland Drive. Un azar, un
inesperado percance, impide la ejecución homicida. Camilla sufre
el impacto. Pierde la memoria. Vuelve sin saber a su acomodado
departamento. Ahora cree que es otra. Mientras Betty ya no se
engaña. Es Diane. La que conoce el pasado oscuro de la Rita
que nace desde el olvido de la Camilla amnésica.
Y Diane no sabe qué abre la llave, que siempre vuelve
y se repite. La llave de la caja azul, la llave que fuerza aperturas
y saltos, o regresos siniestros, y sin sentido, como el de la
tía Ruth. Aparición primero pequeña y borrosa
en la habitación oscura de una mujer solitaria. Pero
luego presencia tangible. Que corre. Sofoca. Con sus risas grotescas.
Que detonan en Diane el recuerdo de lo imposible, el recuerdo
del inicio del viaje al añorado estrellato, a las luces del
éxito radiante. Pero el fracaso es la pesadilla insoportable
para Betty-Diane. Mulholland Drive: la historia del fracaso
del deseo. Y de la lógica, siempre estrangulada por el sueño
y el silencio. (*)

(*)
Fuente: Esteban
Ierardo, "Mulholland Drive. La dinámica de lo ilógico en
David Lynch", editado aquí de manera original.
Citas:
(1)
Una suerte de recinto o escenario teatral es también la sala de
puro blanco donde, en Matrix, Morfeo (Laurence Fishburne)
le revela a Neo (Keanu
Reeves) parte de los misterios de la matrix.
(2)
En la "pintura metafísica" del surrealista
italiano Giorgio de Chirico (1888-1978), es esencial liberar
a las cosas de un exclusivo sentido lógico. Así
el artista manifiesta en un texto sobre el quiebre de la secuencia
lógica de los recuerdos: "Piénsese, por
ejemplo, que un hombre está sentado en su cuarto, entre
jaulas con pájaros, libros...todo parece lo más
habitual, porque la cadena de recuerdos lo explica todo lógicamente.
Pero supongamos que, por un momento, y por razones ignoradas
e independientes de la voluntad, se rompa un eslabón
de la cadena; quién sabe cómo vería entonces
al hombre allí sentado, la jaula, los libros; qué
sorpresa aterradora...Entretanto, la escena seguiría
siendo la misma: sería yo el que estaría viéndola
desde otro punto de vista, y así llegamos al aspecto
metafísico de las cosas"; (Giorgio De Chirico,
"Ruptura de la conexión lógica", en
Walter Hess, Documentos, Buenos Aires, Nueva Visión,
p. 138).
(3)
La inclinación en Cage y la beat generation por el
zen surgió por la decisiva influencia de las conferencias
del profesor japonés Daisetz
T. Suzuki pronunciadas
en una serie de universidades norteamericanas durante
la década del 50'.
(4)
Agradecimiento a Jorge Luis Viera para haberme comunicado
este interesante elemento para la consideración de lo ilógico
en el cine de Lynch.
(5)
La salida de la narratividad lógico-convencional no
ocurre en Dune (ídem, 1984), infructuoso intento
de competencia con Star Wars; ni, a nuestro entender,
en la discreta Corazón Salvaje (Wild at Heart,
1990).
(6)
La temática del doble como desdoblamiento del yo tiene como
ejemplos, además de la mencionada relación con Stevenson,
el relato William Wilson, de Edgar Allan Poe, y El
doble, de Dostoievski.
(7)
La acción actoral del diminuto Anderson en los films de Lynch
recuerda el gusto de Werner Herzog por los enanos en Los
enanos también se divierten, o la actuación de un actor
enano en varias de las obras del creador de Fitzcarraldo.
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