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 LA CIUDAD DE LAS COLUMNAS

Un documental de Luis García Verdú sobre la Habana, corazón de Cuba

 

 

Imagen de una de las calles de la Habana. Imagen irrepetible que perdura en el documental "La ciudad de las columnas".

  

      La Habana irradia hoy su destino singular entre la magia de numerosas y firmes columnas. El documentalista español Luis García Verdú se adentró con el ojo de su cámara en la vida que camina y respira entre los pilares de la ciudad que es corazón de Cuba. Todas las imágenes que se exhiben aquí pertenecen al documental La ciudad de las columnas. Un rico devenir entre la realidad humana y arquitectónica de La Habana. Abajo, presentamos el comentario del propio realizador de la obra y, luego, un texto que rescata sólo algunas pocas resonancias que entrega al espectador la ciudad de las columnas.

E.I

Otro documental de Luis García Verdú  comentado en Temakel: 

Varanasi y las sagradas aguas de la Madre Gangá. Un documental de Luis García Verdú

 

Comentarios sobre " La Ciudad de las Columnas", por Luis García Verdú:

  En "La ciudad de las Columnas ", libro de Alejo Carpentier, encontré la inspiración para grabar este documental. Como dice Carpentier en su libro: las columnas vigilan al viandante. La Habana es la ciudad con más columnas de América Latina. En ningún momento quise comprometer a los personajes del documental. Siempre quise que todo saliera lo más natural posible. Simplemente ellos se quedan y yo me voy. Sólo quería mostrar la ciudad y unos personajes en su mundo. Mostrar con imágenes denunciar muy sutilmente como Rómulo Gallegos en sus novelas. En la plaza de la revolución habían buitres sobrevolando el monumento y pensé que la revolución se estaba pudriendo y así monté una secuencia. La ausencia de vof en off es para respetar a la ciudad y a los personajes e intentar conseguir esa melancolía y tristeza que se respira en la ciudad.

La revolución fue un momento muy importante para Cuba. El Che es un personaje muy querido en Cuba. Los tiempos son diferentes, después del recorrido con los personajes me dio por pensar que ellos se convertían en columnas. Claro, ésta siempre será mi visión.

Comunicación con Luis García Verdú: 

   luisgv@imagen.ua.es

 

EN LA CIUDAD DE LAS COLUMNAS

Imágenes del documental "La ciudad de las columnas", de Luis García Verdú

Texto: Esteban Ierardo

 

   En cada nueva jornada se renueva en La Habana el aire de su destino histórico especial. Entre la ciudad pululan las columnas. Firmes pilares que entregó el estilo barroco americano. Entre las sólidas sombras de las columnas caminan imágenes que el ojo del documentalista retiene en la memoria del celuloide: un músico que improvisa; unos niños que juegan a las cartas; un hombre limpiando unas rejas de sinuosas líneas. Y un perro que duerme. Sueño paralelo al de un hombre que duerme. Y un auto antiguo que rueda tras la silueta de la reja de un balcón. 

 

 

   En el corazón de la pasión cubana conviven lo europeo y lo africano. Pero preservando sus diferencias. El África ancestral llegó a América entre cadenas ensangrentadas y el perturbador vaivén de los barcos esclavistas. El africano arribó a una tierra americana de dolor y sufrimiento. Tras siglos de penurias y cascadas de lágrimas, logró recuperar alguna libertad. Libertad para venerar y preservar sus raíces, la voz de los tambores y ritos del continente de los ancestros.  

  El sacerdote Babalaw Osvaldo Olivera es uno de los que, en la ciudad de las columnas, veneran y preservan las tradiciones ancestrales.

 

 

 

 

 

 

  El sacerdote babalaw no puede ser ladrón, embaucador o licencioso. Su presencia debe irradiar el bien. El babalaw debe alimentar a los dioses en su altar a través de una comida especialmente preparada para ellos; debe purificar a personas y lugares; debe comunicar al hombre con lo sagrado. La religión y el ritual auténticamente vividos son escaleras desnudas y libres hacia las gemas de algo divino. Y también, en La Habana singular, brilla el arte documental, el de Henry Eric, realizador de Bocarrosa, testimonio en la década de los 80' del difícil destino del travesti en una urbe de rígido machismo. Algunas imágenes de Bocarrosa fulguran en el devenir de La ciudad de las columnas. Y, asimismo, se muestra la pasión creadora de lo teatral. Del teatro de Pepe Santo. 

 

  Santo es director de Juegueespacio, un grupo de teatro experimental. Santo educa a sus actores en el arte de desplazar el espacio y los objetos. La escena ya no es un inmóvil decorado. El espacio es lo escénico nómada, lo que se mueve gracias al libre y ocurrente desplazamiento de los objetos por parte de los actores. Agilidad, libres movimientos corporales, acrobacia, le dan movilidad a los objetos; y, así, muestran la fuerza de su presencia, de su singularidad.

  Y el director juega ante cámara con su propio cuerpo, con sus brazos extendidos sobre una blanca pared. Los dedos se extienden, proyectan hacia adelante sus líneas, guían al ojo en el salto hacia otra imagen.

 

  José Martí alza su mano bajo la mirada alta del cielo y la nube. Martí, "el poeta, escritor, orador, catedrático, agitador, conspirador. Estadista y soldado", en el decir de Varona. El héroe cubano, el de "Por Cuba y para Cuba"; el de "La edad de oro", una revista dedicada a los niños; el de "Granos de oro", sus pensamientos selectos en cinco volúmenes; el de las traducciones de Víctor Hugo y Thomas Moore; el que murió de "cara la sol" en la batalla de "Dos ríos". El que golpeó con fiereza, como lo hace el boxeador entre las nerviosas cuerdas de un ring.

 

 

 

 

 

 

 

   En la ciudad de las columnas golpea y esquiva Edilberto Castillo, batallador que enseña el viril combate en un gimnasio en el que reinan el fervor y la disciplina. La cámara lo contempla en su atento contemplar un televisor donde rugen con sus puños De la Hoya y Vargas. Castillo dice al documentalista que lo visita que el boxeador es el que lucha desde abajo, desde el sótano de las privaciones, desde la pobreza de los que más sufren. Y el boxeador disfruta con el golpear y ser golpeado. Ser hombre del box es disfrutar con la lucha de la que tanto sabe la Cuba de ayer y hoy.

 

 

 

 

 

 

 

    La Cuba del Che es la de la dura escuela de la lucha revolucionaria. El Che de la iniciativa transformadora, del combate contra Batista y de la aventura épica en Bolivia. Sus efigies en La Habana son todavía la señal de un ejemplo. Una imagen con aureola sagrada. 

  En el presente de la ciudad de las columnas continúa la arquitectura de la revolución, y la memoria de las proezas bélicas de antaño. Y la frescura líquida de la alta cúpula que cae, se despeña, una vez más, sobre las duras columnas y las calles...

 

 

    ...y sobre el paraguas de apasionado rojo de una mujer que camina. Pincelas húmedas barnizan la ciudad. Las gotas orquestan su música cuando sus dedos pulsan las teclas de las casas y peatones, de autos y calles. Música de la lluvia celeste, hermana de la otra, de la musicalidad que brota de los dedos de Víctor Seide mientras rasga su guitarra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   Seide derrama su canto y los sones de su resonante instrumento. Y también agita el recuerdo de los días del combate revolucionario. Es familiar de Batista, el corrupto dictador del pasado. Pero eligió combatir por otra causa. Recuerda Seide la ausencia de distancias entre los oficiales revolucionaros, bajo la conducción de Castro, y los soldados rasos.  Primero comían los soldados, después los jefes. Muchos hombres fumaban de un solo cigarrillo. El Che emerge también entre los recuerdos. "Si no tienes valor para ir donde voy yo, no puedes incorporarte a nuestro ejército", decían los labios del argentino revolucionario. Que emanaba la autoridad de los que avanzan siempre adelante en el momento del ataque. Y recuerda Seide que, antes de la Revolución, el placer del mar también era para los ricos. En la playa de Varadero no se admitía a los que habían nacido sin una banda de oro en la frente. Pero ahora, en las costas de la ciudad de las columnas, el agua baña por igual a todos. El mar alza su mano líquida para empujar hacia el futuro. Empapa la ola al niño con algún sueño. Que todavía espera.

 

 

 

Todas las fotografías arriba expuestas pertenecen a el documental La Ciudad de las columnas,  por Luis García Verdú, realizado con la colaboración de Producción Ochun y el Taller de Imagen de la Universidad de Alicante. 

 

 

(*) BIOGRAFIA De LUIS GARCÍA VERDÚ:

Operador de cámara y editor de la serie documental " Vent de Mar " 1992.

Operador de cámara y editor de la serie documental " Cota Cero " 1994.

Realizador de la serie de la serie documental " Escritores Latinoamericanos en

Vísperas de un nuevo Siglo " 1995.

Operador de cámara y editor de la serie documental América entre dos Oceános "

1997.

Operador de cámara de la serie documental " La España Sumergida " 1998.

Operador de cámara en la serie documental " Crónicas del Mediterráneo" 1999.

Operador de cámara para la Biblioteca Virtual "Miguel de Cervantes" de la

Universidad de Alicante 2000-2001.

Operador de cámara en el documental "Mujeres de la noche que buscan el día "

2001.

Operador de cámara en el documental sobre Pablo Casals " Un Músico para un mundo mejor", 2002.

 

 

 

 

 

 

  © Temakel. Por Esteban Ierardo