|
EL
CINE COMO EXPERIMENTACIÓN FILOSÓFICA EN ALAIN BADIOU
Por Raúl
Favella
|

Alain
Badiou
|
Aquí
presentamos un valioso artículo sobre las ideas
del filósofo francés contemporáneo
Alain Badiou en torno al cine editado previamente en la
Revista Lote, cuya dirección electrónica
figura abajo en la indicación de las fuentes.
EL CINE COMO
EXPERIMENTACIÓN FILOSÓFICA EN ALAIN BADIOU
Por Raúl
Favella
Alain
Badiou, el autor de El ser y el acontecimiento (1988)
y creador de una de las corrientes filosóficas más importantes
de la actualidad, visitó Buenos Aires para dictar un seminario
sobre "El cine como experimentación filosófica", organizado
por el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos
Aires. La Revista LOTE participó en calidad de invitada. Este
es una síntesis de lo dicho a lo largo de las populosas reuniones.
Alain Badiou parece pensar el
cine con la misma desmesura con que el cine esparce su perenne
fascinación por el mundo. Lo suyo no es un vínculo establecido
únicamente a partir de la objetividad científica. Lo delatan
la expresión de niño sorprendido que dimana del fondo de sí
al hablar de cine y también algunas expresiones provocativas,
como cuando dice sin hesitar que "la metafísica ha muerto".
No hay muerte posible de la búsqueda del saber esencial del
hombre, y Badiou lo sabe. Hace poco estuvo en Buenos Aires para
decirnos que desde hace algo más de un siglo el hombre viene
pudiendo acercarse a él no sólo a través de la filosofía y sus
conceptos sino también por medio de las imágenes que el cine
le propone.
"¿Cuál es el lazo íntimo entre la aparición del cine y
las nuevas formas posibles del pensamiento?"se pregunta.
Como su maestro Gilles Deleuze, Badiou cree que el cine construye
una dimensión especial del tiempo aunque para ello elija caminos
de oposiciones aparentes. Imaginen ustedes cómo aflora la historia
de Rusia para quien recorre su arte de siglos en el interior
de los muros del Museo Hermitage de San Petersburgo (ver nota
de Cecilia Brück en este mismo número). Un solo plano secuencia
de noventa minutos la contiene en el filme de A. Sokurov, El
arca rusa (2002). Opongámoslo al tiempo fragmentado de Corre
Lola Corre de Tom Tykwer, que convierte una anécdota de 20 minutos
en un largometraje de cien.
Más adelante, en las palabras de Badiou encontrarán hasta dónde
es difuso el límite entre ambos y en qué instancia final cada
uno de ellos alcanza a contener al otro. Pero en el plano secuencia
la disputa entre lo bueno y lo malo de una toma se da dentro
de sus propios límites, donde ambos quedan marcados de manera
indeleble. En cambio el montaje es una operación infinita, como
infinitas son las dudas acerca de la eficacia de su corte final.
Toda operación de selección y descarte, y el montaje en gran
parte lo es, genera la angustia de las decisiones trascendentes.
Tan es así que el padre del montaje dialéctico, otro ruso: Sergei
Eisenstein, dilató la terminación del quinto acto de su clásico,
El Acorazado Potemkin (1925) hasta el momento mismo del estreno.
Dice Badiou que en la dialéctica entre la continuidad y la discontinuidad
está la vida, y que las decisiones marcan el tiempo de la filosofía.
Sus palabras son una potente alquimia entre la sabiduría clásica
y las afiebradas tribulaciones del hombre actual, sometido como
está permanentemente a la obligación de decidir en una realidad
impregnada de incertidumbre. El hombre actual es el montajista
de su propia vida, y cada corte trae para él y su entorno fuertes
consecuencias de orden ético y moral. Las situaciones filosóficas
que el cine plantea, en la teoría de Badiou son la moderna creación
del hombre para dilucidarlas.
Seleccionar los párrafos del seminario que les presentamos a
continuación fue para mí una operación de montaje. En cada una
de sus etapas me sentí como obligado a saltar sobre el abismo.
Me tranquiliza el advertir que cada uno de ellos les va a brindar
una noción de totalidad. Espero haber logrado, no obstante la
discontinuidad que provocan los cortes, una noción de continuidad
del relato.
Situaciones filosóficas
El cine tiene relaciones muy particulares con la filosofía.
Podemos decir que el cine es una experiencia filosófica. Tenemos
dos problemas: como la filosofía mira al cine y luego como el
cine transforma a la filosofía. La relación no es de conocimiento,
no se trata de decir que la filosofía reflexiona y conoce al
cine, es una relación viva, concreta. Y es una relación de transformación.
El cine transforma a la filosofía, transforma la noción misma
de idea. El cine no es más que la creación de una nueva idea.
Otra forma de decirlo es decir que el cine es una situación
filosófica.
¿Qué es una situación filosófica?
En lo abstracto es la relación entre términos que no mantienen
relación alguna. Es un encuentro entre términos extraños. Tres
ejemplos. El primero es en un diálogo de Platón. En este diálogo
tienen la intervención brutal de un personaje llamado Calicles
y tienen la relación entre Sócrates y Calicles. Es una suerte
de teatro filosófico. El pensamiento de Sócrates y el de Calicles
no tienen ninguna medida en común. Son extraños uno al otro
y la discusión entre ellos consiste únicamente en comprender
que tenemos dos pensamientos sin nada en común. Calicles sostiene
que el derecho es la fuerza, que el hombre feliz es el tirano,
el que prevalece sobre los otros; y Sócrates sostiene que el
verdadero hombre es el justo. Entonces entre la justicia como
violencia y la justicia como pensamiento no hay una relación
verdadera. La discusión no es una discusión sino una confrontación.
Ninguno de los dos va a convencer al otro. Finalmente Calicles
es el vencido, pero es el vencido de la puesta en escena de
Platón. Quizás sea la única vez que alguien como Calicles resulta
vencido ¡Son las alegrías del teatro! ¿Cuál es la filosofía
en esta situación? Es mostrarnos que debemos elegir entre estos
dos tipos de pensamiento.
Entonces la filosofía es el pensamiento como elección, como
decisión. La filosofía tiene que hacer que esta elección sea
clara. Una situación filosófica es el momento en que uno hace
la luz sobre una elección de existencia o de pensamiento.
Segundo ejemplo: el amor del gran matemático Arquímedes.
Él era de un pueblo de Sicilia y Sicilia fue invadida y ocupada
por los romanos. Arquímedes participó de la resistencia pero
vencieron los romanos. Arquímedes es uno de los espíritus más
importantes que haya conocido la Humanidad. Todavía hoy sus
textos matemáticos resultan sorprendentes. Intentó el cálculo
infinitesimal unos cuantos siglos antes que Newton. Es un genio
excepcional. Al principio de la ocupación romana Arquímedes
retomó sus ocupaciones y tenía la costumbre de dibujar figuras
geométricas sobre la arena. Un día lo estaba haciendo y viene
un soldado romano y le dice que su general quería verlo. Los
romanos eran muy curiosos respecto de los sabios griegos. El
general Marcelus quería ver a Arquímedes. No me parece que el
general Marcelus fuera muy bueno en matemáticas pero quería
verlo. Y Arquímedes no se mueve. El soldado le insiste y Arquímedes
sigue sin contestar. El soldado romano, que tampoco estaría
muy interesado por las matemáticas, dice: "el general te
quiere ver". Arquímedes levanta un poco la vista y le dice:
"déjame terminar mi demostración". El soldado insiste:
"Marcelus te quiere ver". Y Arquímedes retorna a sus
cálculos. Al cabo de cierto tiempo, furioso, el soldado lo mata
y Arquímedes cae muerto sobre su figura geométrica. ¿Por qué
se trata de una situación filosófica? Porque muestra lo siguiente:
entre el poder del Estado y el pensamiento creador no hay una
medida en común, una verdadera discusión.
En definitiva el poder es la violencia. El pensamiento creador
sólo conoce sus propias reglas.
Arquímedes está en su propio pensamiento y está fuera de la
acción del poder, por eso finalmente lo va a alcanzar la violencia.
No hay medida común entre el poder por un lado y las verdades
del otro (las verdades como creación). Diremos entonces que
entre el poder y la verdad hay una distancia que es la distancia
entre Marcelus y Arquímedes.
En algún momento debemos empezar a hablar del cine. Por eso
el tercer ejemplo es un filme admirable del japonés Kenji Mizoguchi.
Una película llamada Los amantes crucificados. Tal vez
la más bella película de amor realizada. La historia es muy
simple. Es un hombre propietario de un pequeño taller al que
su esposa no ama. Llega un hombre joven. Estamos en el Japón
medieval, donde el adulterio se pagaba con la muerte. Los amantes
adúlteros deben ser crucificados. Los dos amantes terminan huyendo
al campo. Una escena maravillosa de huida en el bosque y los
lagos; se refugian en una especie de naturaleza poética y en
un instante, el buen hombre que es el marido trata de protegerlos.
Porque él también es culpable si no los denuncia. Trata de ganar
tiempo, dice que su mujer partió al interior... un buen marido.
Finalmente son llevados a suplicio atados espalda contra espalda.
El plano fija la imagen de los amantes atados que van a una
muerte atroz y los dos sonríen vagamente, una sonrisa extraordinaria,
van así entonces en su amor. No es la idea romántica de la fusión
del amor y la muerte. Nunca quisieron morir. Es que el amor
resiste la muerte, como lo decía Deleuze y lo marcó respecto
a la obra de arte. Es sin duda lo que hay de común entre el
amor verdadero y la obra de arte. Es lo que resiste a la muerte.
Y esta sonrisa de los amantes es una situación filosófica. ¿Por
qué? Porque nos muestra que entre el acontecimiento del amor,
el trastoque de la existencia, las reglas comunes de la vida,
las leyes de la ciudad y las leyes del matrimonio no hay tampoco
una medida común. ¿En esta ocasión, qué nos va a decir la filosofía?
Hay que pensar en el acontecimiento y la excepción. Tenemos
que saber lo que vamos a decir respecto de lo que no es común.
Hay que pensar en el cambio de la vida. Podemos resumir entonces
las tareas de la filosofía en relación con las situaciones.
Primero hechar luz sobre las elecciones fundamentales del pensamiento.
Y esta elección recae siempre entre lo que es interesado y lo
que es desinteresado. En segundo lugar hechar luz sobre la distancia
entre el pensamiento y el poder, medir la distancia entre el
estado y las verdades, saber si se la puede traspasar o no.
Y en tercer lugar hechar luz sobre el valor de la excepción,
el valor del acontecimiento y el valor de la ruptura. Esto corta
la continuidad de la vida contra el conservatismo social. Estas
son las tres grandes tareas de la filosofía a partir del momento
en que la filosofía cuenta en la vida y es algo distinto a una
disciplina académica. Finalmente la filosofía es el lazo entre
las tres: la elección, la distancia y la excepción.
Un arte de masas
El cine es una paradoja que gira alrededor de la cuestión de
la relación del ser y el aparecer. Es un arte ontológico. Desde
hace mucho la cuestión del cine es realmente el problema del
ser. El problema de lo que es mostrado cuando se muestra. Esta
es la primera razón por la que hay un problema del cine. Pero
quisiera entrar en el tema de una manera más simple, partiendo
de una constatación: que el cine es un arte de masas. Voy a
darles una definición muy sencilla de arte de masas: lo es si
ese arte, sus obras incontrovertibles, son vistas por muchas
personas en el momento mismo de su creación. Estoy hablando
de millones de personas que aman una creación en el momento
mismo en que aparece. Tenemos ejemplos indiscutibles en el cine.
Los grandes filmes de Chaplin se vieron en el mundo entero y
hasta los esquimales los vieron. Todos comprendieron inmediatamente
que esas películas hablaban de la humanidad, de manera profunda
y decisiva. Lo que yo llamaría la humanidad genérica, más allá
de las diferencias. El cine es difícil de sobrepasar como arte
de masas. El arte de masas es una relación paradojal. No es
para nada una relación evidente. ¿Por qué? Porque la masa es
una categoría políticamente activa mientras que el arte es una
categoría aristocrática. Decir esto no es un juicio, es simplemente
que el arte envuelve la idea de creación y entonces pregunta
para comprender la creación.
Una educación particular hace que el arte siga siendo una categoría
aristocrática mientras que masa es una categoría democrática.
Entonces arte de masas es una relación paradojal entre un elemento
democrático puro y un elemento aristocrático histórico.
Aristocracia y democracia
Hay un cine aristocrático, hay un cine difícil que supone el
conocimiento de la historia del cine, pero la filosofía debe
pensar al cine como ruptura. Hay en el cine una relación paradojal
entre términos heterogéneos: el arte y la masa, la aristocracia
y la democracia, lo nuevo y el gusto general.
¿Qué fue en la historia de la humanidad el cine como ruptura?
¿Con qué rompió la humanidad al inventar al cine? ¿La humanidad
con cine es diferente de la humanidad sin cine?
Para pensar el cine han habido cinco grandes tentativas.
El inicio clásico para pensar esta relación paradojal es a partir
de la cuestión de la imagen. Veamos pues por qué el cine es
un arte ontológico:
La imagen
El cine es un arte de masas porque es un arte de la imagen y
esta puede fascinar a todo el mundo. En este caso empezamos
en una visión del cine como fabricación de algo que se parece
a lo real, el doble de lo real. En el fondo se trata de comprender
la fascinación del cine desde la fascinación por la imagen.
El cine es la perfección del arte de la identificación como
ningún otro arte. Y es un arte de masas por esto. En el fondo
tiene una capacidad infinita de identificación.
El tiempo
Para Guilles Deleuze la cuestión del tiempo era fundamental.
El cine es un arte de masas porque transforma el tiempo en perfección.
Hace que el tiempo sea visible. El cine es como un tiempo que
se puede ver; crea una emoción del tiempo que es otra cosa que
lo vivido del tiempo, lo muestra. Todos tenemos una vivencia
inmediata del tiempo que el cine transforma en representación.
Si tenemos esta interpretación estamos acercando el cine a la
música, que también es una experiencia del tiempo. Finalmente
de modo sencillo la música hace escuchar el tiempo y el cine
lo hace ver (y escuchar porque la música entra en el cine) Imagen
y tiempo serían dos modos filosóficos de entrar en la cuestión
del cine como arte de masas.
Las demás artes
En el fondo se podría decir que el cine va a retener de las
demás artes todo lo que éstas tienen justamente de popular,
y el cine, que es el séptimo arte, toma de las otras seis lo
más universal, lo que mayormente está destinado a la humanidad
genérica.
¿Qué
toma el cine de la pintura?
La
posibilidad de la belleza del mundo sensible. No retiene la
técnica intelectual de la pintura ni los modos complicados de
la representación. En este sentido el cine es una pintura sin
pintura. Un mundo pintado sin pintura. De la música retiene
la posibilidad de acompañar el mundo con el sonido, una cierta
dialéctica de lo visible y lo audible. El encanto del sonido
dentro de la existencia. En el cine hay una emoción musical
relacionada con las emociones subjetivas, un acompañamiento
del drama que es también una música sin música, tomada prestada
pero que se devuelve a la existencia. De la novela no retiene
la caracterización psicológica sino la forma del relato, contar
grandes historias a toda la humanidad.
¿Qué retiene del teatro?
La figura del actor, de la actriz, el encanto y el aura del
actor y de la actriz. El cine los transforma en estrellas. Es
cierto finalmente que el cine toma algo de todas las artes.
Pero en general toma aquello que es más accesible. El cine abre
todas las artes, saca sus aspectos aristocráticos y entrega
todo esto en la imagen de la existencia en tanto que novela
sin psicología, música sin música, teatro sin actores; es en
el fondo la popularización de todas las artes y por eso tiene
vocación universal.
Arte y no arte
La cuarta tentativa es examinar la relación entre arte y no
arte. El cine es un arte de masas porque siempre está en el
borde del no arte. Es un arte siempre cargado de formas vulgares;
siempre está por debajo del arte en algunos aspectos y finalmente
explora exactamente en cada época la frontera entre lo que es
arte y lo que no lo es. Incorpora las formas nuevas de la existencia
–artísticas o no– haciendo una selección que nunca es completa.
De manera que en cualquier película, hasta en una obra maestra,
siempre se pueden encontrar imágenes triviales, estereotipos,
imágenes conocidas, cosas que no tienen interés. Esto no impide
que sea una obra maestra sino al contrario, facilita la comprensión
universal. Se puede entrar en el cine a partir de lo que no
es arte. Se puede ser un espectador común, se puede tener mal
gusto e igualmente los espectadores pueden llegar a comprender
cuestiones complicadas y profundas, pero nunca se les pide el
camino inverso.
Los héroes morales
El cine sigue proponiendo figuras heroicas. Uno no lo imagina
sin esas grandes figuras morales. Sin el gran combate del bien
y el mal. Evidentemente esto tiene una faceta americana: la
proyección política del western a veces es desastrosa. Pero
también hay un aspecto admirable en todo esto, como en la tragedia
griega. Propone al gran público figuras típicas y los grandes
conflictos de la vida humana.
El cine de todas maneras habla del coraje, la justicia, la pasión
y la traición. Los grandes géneros del cine, los más codificados,
como el melodrama y el western, son precisamente géneros éticos
que se dirigen a la humanidad para proponerle una mitología
moral y en este sentido el cine es heredero del teatro. En el
momento en que el teatro era un teatro para los ciudadanos.
Y por esto también es un arte de masas. Estas son las hipótesis
sobre la paradoja del cine.
La metafísica ¿ha muerto?
Las nuevas síntesis del cine van contra el dualismo metafísico.
¿Cuál es la diferencia en el cine entre lo sensible y lo inteligible?
No la hay en realidad. Lo inteligible en cine es sólo una acentuación
de lo sensible. Una luz de lo sensible. También por eso el cine
puede ser un arte de lo sagrado o del milagro. Les doy un ejemplo
que es el final de Viaje a Italia de Roberto Rossellini. Este
filme es también un filme sobre el amor. Uno se pregunta qué
haría el cine sin el amor. O qué haríamos nosotros mismos sin
el amor. Es la historia de una pareja que no se está llevando
bien. Se van a Italia con la esperanza oscura de arreglar las
cosas; algo que no sucede. El hombre está sometido a tentaciones,
otras mujeres. Ella busca el aislamiento. El filme termina con
la reconstrucción de su amor. Esta cuestión del arreglo de su
situación es una suerte de milagro.
Lo que Rossellini nos dice es que el amor es más fuerte que
la voluntad. En realidad algo de la pareja debe salvarse solo.
Como si el amor fuese un nuevo tema y no el objeto de una negociación,
porque el amor no es un contrato sino un acontecimiento. En
la secuencia final se va a filmar el milagro, todo sucede en
medio de la muchedumbre y lo que impacta es que se puede filmar
un milagro, es eso lo que hay que tener en cuenta. Y quizás
el cine sea la única de las artes que puede ser milagrosa.
En una secuencia de La dama de Shangai, de Orson Welles, la
negrura de la mujer (Rita Haywoorth) es reflejada en espejos
hasta el infinito. Estos espejos son rotos por disparos de fuego
de manera que la imagen femenina es destrozada. La película
es la construcción de un mito negro y su deconstrucción; nos
muestra el carácter abierto de las formas y una nueva síntesis,
muestra que a propósito de la novela negra se puede indicar
las formas, crear la mitología y la negación de esa mitología,
y mostrar los dos al mismo tiempo. No hay una operación exterior
de deconstrucción, en un único movimiento hay una poesía mitológica
y la deconstrucción de esta mitología.
Es la construcción de un género y en sentido estricto su estallido.
De esto el cine es realmente capaz. Encontramos de nuevo la
cuestión de la metafísica y el cine. El cine es capaz de mostrar
la metafísica y de mostrar su deconstrucción. En particular
todos los filmes de Welles tienen esta explicación poética,
mostrar una mitología metafísica y la ruina de esta mitología
en un único movimiento cinematográfico.
Milagro y ruptura
El verdadero problema filosófico es el de la ruptura y la síntesis.
El amor puede inventar la síntesis de la ruptura, algo como
el invento del milagro permanente. Conserva la discontinuidad
pero toma también algo de la continuidad. Sócrates conserva
su oposición absoluta a Calicles pero toma de él la idea de
la felicidad. Tenemos en el amor el mismo problema, conservamos
la continuidad y el acontecimiento pero las consecuencias del
encuentro amoroso van a durar, no serán solamente cuestión de
unos días sino una parte de la vida. Esa es la experiencia del
amor pero filosóficamente se puede construir una síntesis de
la ruptura, el amor junto con la revolución fueron un ejemplo
característico de este problema. La idea de revolución está
en crisis porque no se está seguro de que la síntesis sea posible
en la figura de la revolución. La idea era que se podía construir
un poder revolucionario, había en la revolución un poder que
la conservaría, la revolución permanente, el milagro permanente.
Hubo cosas que no fueron así, la idea de revolución sufrió.
En el amor existe el mismo problema. ¿Puede durar el acontecimiento,
puede producir una síntesis? El amor probablemente permanezca
como ejemplo viviente principal, pero el segundo ejemplo es
el cine, hay un vínculo extraño entre el cine y el amor, no
sólo porque el cine habla de amor sino porque uno y otro proponen
síntesis entre continuidad y discontinuidad. Uno y otro hacen
la misma promesa, la promesa de la permanencia del milagro.
En el fondo la filosofía gira alrededor de este tema, la verdadera
vida está presente, ¿realmente? ¿La verdadera vida es una vida?
Una vida que dura, una continuidad, un milagro y una continuidad.
Esto es algo que nos aporta el cine. Una especie de amor en
imágenes, por eso lo amamos. (*)
(*)
Fuente:
Raul
Favella, "El cine como experimentación filosófica. Alain
Badiou", editado originalmente en Revista Lote (
http://www.revistalote.com.ar)
en Diciembre 2003 - Año VII - Número 77.
|