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MUSICA Y MUNDO ANIMAL (l): EL CANTO DEL LOBO
Por Esteban
Ierardo
Lois
Crisler, una científica norteamericana especialista en lobos,
describe el coro de aullidos de sus animales favoritos como
un placer musical y escalofriante: ¨Fuimos despertados,
en plena noche canadiense, por los aullidos de los lobos.
Probablemente, su canto figura
entre las más hermosas composiciones animales del mundo.
Las
dos voces cambiaban de continuo. Se elevaban y descendían
siempre en forma de acordes, nunca en unísono ni en disonancia.
Los intervalos alternaban entre terceras menores y quintas.
A veces se oía una nota larga de un lobo, mientras que la
voz del otro tejía curiosos acompañamientos alrededor de
la del compañero. Sus
sonidos, extraordinariamente puros, recordaban los de un
cuerno de caza. Los lobos se interrumpían intempestivamente
y entonces reinaba un silencio impresionante, como si escucharan
. La inquietante impetuosidad de aquel dúo nos envolvió
en un miedo oprimente¨. La científica recrea el canto de
los lobos con admiración. Desde una respetuosa distancia.
¿Pero qué podría ocurrir si los misteriosos animales
del bosque cantaran cerca, tan cerca que...?
EL CANTO DEL LOBO
Por Esteban Ierardo
Te
mueves, hermano lobo, donde se besan la luna y el bosque.
Acaso por momentos, recuerdas tu nacimiento, la salida del
vientre de tu madre. Aquella vez, los fríos dientes del
viento mordían ramas y hojas que se movían en animada danza.
Diste entonces tus iniciales pasos sobre la nieve. Alzaste
tu hocico para abarcar el cielo, con una primera mirada.
Pero, desde entonces, rara vez contemplas la bóveda completa.
Porque siempre están cerca de ti el alma de madera de los
árboles, y los senderos que zizaguean como serpientes barnizadas
de penumbras.
Mientras
gobierna el sol, las paredes de tu verdadero cielo son la
maleza, las piedras y los arroyos. Y en el techo de
tu firmamento hay de nuevo bosque, nubes que son cabelleras
de ramas y hojas. Pero, quizá, en la noche, las nubes de
hojas que se suspenden en las copas, se elevan. Y entonces
ves la cúpula inmensa. Y tus ojos arden cerca de los cuarzos
de fuego, oscilantes. Sin fin. De las astros. Y ella, la
mujer secreta, la mujer nocturna, te incendia de fascinación.
Ella...
¿Cuántas
veces ya la has mirado a Ella? En la noche atiborrada de
nubes, o caldeada de estrellas. Y cuántas veces, mientras
Ella riega una parcela del cielo con rocas de plata y enigma,
tú te unes a la manada, como ahora lo haces. Y con los otros
seres de tu especie, exhalas aullidos y símbolos.
Y junto con la manada, escuchas al más anciano de tus congéneres.
De su garganta vetusta emana un canto. Que resuena como
un cuerno de caza. Y entonces corres. Corres. En tu boca
entreabierta, bullen futuros aullidos. Y tú, y tus hermanos,
la siguen a Ella, cuando Ella grita luz en las alturas nocturnas
o cuando recorre veloz el bosque.
Y
entonces toda la manada se detiene. Y en misteriosa conjunción
de voces, cantan. Cantan. ¿Acaso le cantan a Ella? ¿Le cantas
a Ella, lobo apasionado?
¿Por
qué cantas animal del bosque? ¿Por qué haces rodar los soles
de tu soledad sobre las tierras heladas mientras te mueves
con el viento para, junto con la manada, llegar a
otro lugar donde debes cantar? Cantar...Cantar..¿Qué
hay en tu canto? Déjame entrever, en alguna noche de pinos
y follaje, las campanas que repiquetean en tu cantar animal.
Animal eres: inteligencia que piensa desde la sensación
viva.
Tal
vez tendría que seguir con obstinación, sin temor a la locura,
a una nube que vuela ahora sobre la ciudad. Y que se dirige,
sé que así es, hacia tu reino, lobo, hermano animal. Tu
hogar: un mar de olas vegetales. Flujos de savia, claroscuros
y sonidos. De aves y viento. Que te aman. A los que tú amas,
hermano animal.
Sí,
quizá debería ser nube, delicadeza líquida que desciende.
Lluvia que desciende sobre el bosque. Así me imagino. Y
mientras soy esa nubosidad y las gotas que se precipitan,
entro en el bosque. En la noche. Y, entonces, te descubro
entre el arroyo y el árbol. Y soy, imagino ser, la
polifonía de la lluvia. Su crepitar constante es la caricia
de un frescor vivo, profundo. Y te percibo cerca,
hermano mío. Te has separado de tu manada. Respiras ahora
con un aire más viejo que los mares. Una todavía callada
emoción esculpe el rostro de tus antepasados en tu piel.
Y
caminas ya bajo el susurro de las gotas. En el bosque. Hondo.
Hondo. Y yo, gota que soy, que imagino ser, me escribo cayendo
lenta. Pues quiero contemplarte más, hermano animal. Quiero
contemplar tus huellas; tu anatomía empapada que arrastra
las sombras de los robles; tus ojos de luz extraña que perciben
árboles y misterios. Que no existen para el humano.
Y
cuando estoy tan cerca de golpear la nieve, palpito en ti,
criatura lejana, enigmática. Que creas una música más inquietante
que la del violín o el tambor. Y caigo al fin sobre
la nieve del bosque. El bosque que conozco, el que imagino.
No el tuyo que mi especie no puede presentir ni sospechar.
Y entonces, ¿acaso Ella está cerca, en el cielo o en la
tierra? ¿Es por eso que comienzas a cantar?
Y escucho tus cantos. Tus cantos: quejidos, himnos o melodías
que tallan altares. ¿A qué fuerza veneras en tu templo nocturno?
¿De qué culto eres sacerdote? ¿Cómo nadar en los lagos
pintados de noche que vibran en tu voz? ¿Por qué no te compadeces
de mí, de la angustia de no ser tu destino de centinela
del bosque que bebe plateadas bebidas de luna? ¿Hasta cuándo,
asombrado, preguntaré por tu canto, lobo salvaje?
Quizá, mientras soy agua, lluvia y nieve, tú me enseñes
a fundirme con la fogata de tu voz. Quizá, a pesar de todo,
ya canto contigo. ¿No será que ya las has convencido a Ella
para que me acepte como el hermano de tu magia?
Quizá
gracias a ti, la siento a Ella. La percibo mientras brilla
y corre. Y escucho que me dices: venera a aquella mujer,
que medita y nos imagina. Desde el firmamento y el espinazo
de la madera.
Y
junto contigo, le canto a Ella, mi hermano animal. Soy tan
parecido a ti. Lo mismo que tú, persigo el magma y el misterio.
Sí, por eso, contigo, hermano lobo, otra vez canto. Otra
vez, concédeme el don de cantar con tu voz. En el bosque
y la noche.
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