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VOLCÁN DE COLORES EN CALLE LANÍN (*)
En el barrio de Barracas, en la Ciudad de Buenos Aires, el pintor Marino Santa María decidió plasmar un proyecto encantado: inundar con la fantasía del color 35 fachadas. El 19 de abril la obra afloró con sus pinceladas definitivas. En este momento de Caminata urbana de Temakel, les proponemos un especial deambular entre las fachadas impregnadas de cielos coloridos, de volcánicas tonalidades de creación. Para ello, le ofrecemos primero una galería fotográfica y luego un texto, junto con más imágenes. Ambos instantes surgen del fervor de Andrés Manrique, entusiasta colaborador de Temakel, que nos guía en un caminar donde los ojos asombrados pueden fundirse con el hechizo del color.
( Todas las fotos pueden ampliarse mediante un clic)
Por Andrés Manrique Los espacios cotidianos amplían sus fronteras cuando la sensibilidad artística los retoca. Así, las sencillas cuadras de un barrio que probablemente caerían en el olvido apenas transitadas, se convierten en un túnel de color que se interna dentro nuestro. La explosión colorida se expande y de pronto, sin saberlo, nos encontramos involucrados en su juego. La calle cobra otra dimensión y se impregna en nuestra memoria. Las fachadas se ablandan por la plasticidad del pintor, y las paredes comienzan a bailar en la fiesta del color. Este
nuevo sendero de Temakel propone un mágico caminar por esa zona, a
pocas cuadras de Constitución, para ir entrando bien de a poco y gozar
la danza del contraste. La luz se ensombrece cuando rueda por Barracas. Por allá, las casas chatas se encorvan bajo el sol y hunden sus hombros descascarados a la espera de la noche que vele su descuido. Los años pasan y el barrio va acumulando capas y más capas de hollín. El gris predominante va apagando la esperanza y muy de vez en cuando, brilla algo ahí. Las fachadas resisten, algunas olvidadas y otras abandonadas por las fábricas que han dejado de funcionar. Dispersas, unas chispas de color brotan en las paredes sometidas al collage publicitario y, de tanto en tanto, los muros resquebrajados usan como “curitas” los carteles de las campañas políticas. Una plaza, cada tanto, se integra entre los muros, como un pedazo de tierra sobre la que jadea una pelota en disputa por dos grupos de chicos. Todo eso y mucho más era el barrio de Barracas hasta que un atardecer de 1998, el cielo de colores decidió caer entero sobre una de sus calles. Los mil tonos del crepúsculo se esparcieron sobre las fachadas grises que Marino Santa María coloreó junto con otros artistas. En la calle Lanín, luego de ser revocadas las 35 fachadas, fueron tocadas por el pincel del artista. El color aferrado a las figuras abstractas revitalizó esa calle, que desde el 19 de abril de este año -fecha de su inauguración- volvió a levantar su frente al cielo. La
iniciativa partió de Marino Santa María, artista plástico y porteño nacido
en Barracas que, como dijo: “Toda la vida viví acá, ahora trabajo sobre lo
que fue mi patio de juegos.” Su padre, Marino Pérsico, fue un pintor y
ceramista conocido en las décadas del ´40 y ´50, pero no quería que su
hijo fuera pintor, porque temía que pasara hambre y “...anduvo cerca, pero
por lo menos me siento bien”, aclaró satisfecho Santa María. Estudió en
la escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y luego en la Prilidiano Pueyrredón
(Escuela Nacional de Bellas Artes), donde se desempeñó como rector entre Mientras
las “Huellas del aire” se colgaban y descolgaban durante más de 700 días,
el pintor realizó las 35 fachadas a lo largo de tres Santa
María ilustra claramente la idea que subyace: “El objetivo no es convertir
esto en un museo al aire libre ni hacer peatonal la calle, Todas las pinturas sobre los frentes están basadas en cuadros anteriores del artista, excepto los dos que quedaron blancos porque sus dueños se opusieron. Las molduras fueron pintadas con colores lisos, sin figuras geométricas, puesto que el pintor esparció su obra sólo en la parte lisa de las fachadas: “Fue un trabajo de equipo que a lo largo de dos años sumó como veinte personas: albañiles, pintores. Hubo que lavar las paredes, sellarlas, revocarlas.” El proyecto de Marino, único de arte público en la ciudad, no tiene muchas referencias. Tal vez, únicamente, la del precursor Benito Quinquela Martín, que ya en la década del ´50 coloreó vivamente algunos trolebuses. El proyecto Lanín pudo ser cristalizado por un convenio entre el artista, la Fundación del Banco Ciudad, la Secretaría de Cultura porteña, S.A. Alba, O.E.I., UNESCO, MNBA y Corporación Buenos Aires Sur. Y parte del mismo, es el galpón-taller que hoy es galería de arte y espacio para conferencias y eventos culturales. Ahora están preparando un terreno vecino, para transformarlo en un parque de instalaciones de esculturas con vista a la calle. Afortunadamente, los vecinos de Barracas apoyan, en su gran mayoría, estas iniciativas. Será interesante seguirle los pasos a esta realización, ya que el espíritu coloreado de Lanín se está extendiendo y, actualmente, Santa María está dándole forma a la idea que tiene para el Cuartel de Bomberos Voluntarios de La Boca, ubicado en Almirante Brown y Pedro de Mendoza, en el que pintará el frente con los colores del fuego y colocará 100 velas eléctricas encendidas como llamas. Asimismo, las paredes laterales serán pintadas con los tonos del agua, mientras decenas de veletas de acero inoxidable serán sacudidas por el viento. Puesto que la zona está cobrando un importante interés turístico, el pintor está pensando en un corredor de arte y color que unirá La Boca con Barracas: un trayecto que empezaría en los murales pintados en la cancha de boca por Pérez Celis y Rómulo Macció, continuaría en la calle Caminito y sobre la Avenida Pedro de Mendoza, seguiría camino hacia el edificio de barraca Peña y la torre junto al Riachuelo (donde
De este modo, a través del arte, los barrios comenzarían a tenderse las manos. De este modo, se buscaría que el arte abrazara la vida. Esta es la forma en que la ciudad renacería.
(*) Fotos y texto Andrés Manrique |
© Temakel. Por Esteban Ierardo