
El
art nouveau, estilo vinculado con
el llamado Modernismo, buscó recuperar lo artesanal y la decoración de
motivos florales y animales en contraposición a los edificios nacidos
de una producción en serie. La delicadeza de la ornamentación del Art
Nouveau se manifiesta en numerosos edificios de Europa y también de
Buenos Aires, una ciudad del sur. Cerca de las fachadas, ventanales y
puertas de este frondoso e imaginativo estilo podemos caminar en este
nuevo instante de Caminata Urbana de Temakel. Y lo haremos
mediante una galería fotográfica y luego un texto sobre el Modernismo
y sus orígenes y su expresión en Buenos Aires. Tanto el texto como las
fotos pertenecen a Victoria Linari, joven integrante de la
Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos
Aires.
( Todas
las fotos pueden ser ampliadas mediante un clic )
Foto
arriba portada: Detalle del edificio
construido por Virginio Colombo ubicado en Hipólito Yrigoyen 2570,
Ciudad de Buenos Aires.
Otras
imágenes: 1: Ventana con decoración
floral de La casa de los Lirios, arquitecto Ortega, en Rivadavia
2013; 2:
Edificio del arquitecto Alfredo Massue, en
Talcahuano y Tucumán; 3: Detalle
edificio anterior; 4:
Cúpula con reminiscencias del estilo de Antonio Gaudí, en Rivadavia y
Ayacucho; 5:
Construcción del arquitecto Virginio Colombo, escultor Passing, en
Hipólito Yrigoyen 2570; 6:
Puerta del edificio anterior; 7:
Balcón decorado con figuras de pavos reales de la Casa de los Pavos
Reales, arquitecto Virginio Colombo, Rivadavia y 24 de noviembre; 8:
Cúpula del Instituto Rawson, arquitecto Benedetto, Rivadavia 4841; 9:
Detalle de fachada del edificio anterior; 10:
Puerta en Casa de los Lirios; 11:
Fachada de Casa de los Lirios; 12:
Detalle del edificio de Hipólito Yrigoyen 2570; 13:
Puerta del Instituto Rawson; 14:
Fachada con motivos florales de Casa de los Lirios; 15:
Puerta del Instituto Rawson.
Modernismo
A
finales del siglo XIX un cierto número de artistas tomó conciencia de la necesidad de un nuevo concepto, propio de su época y no heredado de los modelos antiguos. Nace así, dentro de las denominadas vanguardias estéticas, un movimiento de "arte nuevo" -que nosotros abordaremos principalmente en el ámbito arquitectónico- con un estilo de carácter complejo e innovador que se dio en el campo de la estética y el diseño europeos durante las últimas dos décadas del siglo XIX y la primera del siglo XX. Entre las figuras más emblemáticas se encuentran Víctor Horta en Bruselas, Otto Wagner, Joseph Maria Olbrich y Josef Hoffman en Viena, y el escocés Charles Rennie Mackintosh, que desarrolló un estilo propio con reminiscencias medievales. Un caso aparte es el del catalán Antoni Gaudí –que será desarrollado luego especialmente- que comenzó su carrera en las filas del neogótico pero más tarde evolucionó por un camino personal. Antecedentes de este arte nuevo pueden encontrarse en el arte de los prerrafaelistas e incluso en el poeta visionario del siglo XVIII William Blake. Surgió como consecuencia de los postulados del movimiento Arts & Crafts, fundado por William Morris en 1861. A la vista del incremento de la producción en serie, y de la mala calidad de los diseños y la realización que ello conllevaba, este movimiento pretendió recuperar los buenos diseños y la elaboración artesanal aplicada, y oponerse al historicismo ecléctico de estilos pasados. Fue, por ello, un movimiento de vanguardia característico del cambio de siglo, y a la vez una estética nueva para intentar impugnar el auge de la maquinización que iba ganando terreno.
Fue Inglaterra, pionera de la industrialización, la primera en producir tal reacción esteticista. Junto con esa idea de retorno a la artesanía y a cierto espiritualismo como antídotos de la fealdad producida por la industria, se quiso llevar a la práctica la renovación, imaginando un arte para todos y en todas partes en el mismo instante en que la pacotilla industrial lo invadía todo. Con una línea de honradez, pureza formal y lucha contra la retórica orgullosa del eclecticismo, tal como la había emprendido Morris, este fenómeno presenta una libertad, una claridad y una desnudez que lo sitúan como precedente directo del movimiento racionalista. Su manifestación, que tuvo tanta importancia en Inglaterra, no dejó de afectar a los otros núcleos industriales. En París, Gustave Moreau con su preciosismo, Odilon Redon con su irrealismo, Pubis de Chavannes con su mística elevación purista, forman el lado refinado y evasivo de la respuesta al capitalismo, mientras que Van Gogh y Gauguin, desde 1886, con Lautrec, buscaron la salvación en lo primitivo, reivindicando el arte negro y la estampa japonesa. En esos años, y paralelamente a la consolidación capitalista, las principales ciudades de occidente venían sufriendo una transformación edilicia, convirtiéndose en ciudades de masas donde el hombre moderno comienza a perder su individualidad en el anonimato de la urbe.
Este estilo, cultivado con una infinita variedad curvilínea, se caracterizó por una concepción artística global, desde los objetos decorativos y el mobiliario hasta el propio edificio, y por su libertad creativa, simbolizada con las formas orgánicas de la naturaleza. Se manifestó, ya se ha dicho, como una reacción esteticista contra la civilización industrial, basada en las ideas del simbolismo, y un acercamiento a la morfología de la naturaleza.
El vocabulario de formas y motivos que lo conforman es delicado y dinámico, dueño de un interés fuerte por las formas en espiral: edificios, paisajes y figuras humanas son transformados en dinámicas espirales abstractas. Su paleta denota la influencia persa y asiática, con predominio de dorados, plateados y, especialmente, de rojos y verdes fosforescentes. Se aprovechó la apertura comercial con Japón, en 1854, para introducir composiciones con formas del arabesco japonizante, con tintas planas, acordes de color totalmente nuevos, la presencia del elemento floral y armonizaciones en oro y azul profundo.
Mientras mucho de su material es puramente abstracto, otros están compuestos por elementos figurativos: formas naturales, especialmente flores y plantas, estaban entre las más importantes fuentes de inspiración para los diseñadores. Por otro lado, del reino animal colaboran gatos, delfines, lechuzas, tortugas y pavos reales, que son el mayor emblema del estilo Art Nouveau. También aparecen mujeres delgadísimas con cabellos sueltos y fluidos, cuyos rizos eran a menudo trabajados en los marcos del soporte. Fue, sobre todo, un estilo decorativo y como tal se utilizó con gran éxito en metalistería, joyería, cristalerías e ilustración de libros, en los que queda patente la influencia de los grabados japoneses. Se manifestó en un amplio abanico de formas artísticas —arquitectura, interiorismo, mobiliario, carteles, vidrio, cerámica, textiles e ilustración de libros— y se caracterizó por su tendencia a utilizar líneas curvas y ondulantes muy largas semejantes a latigazos, basadas en sinuosas formas vegetales y con frecuentes elementos fantásticos. El término que da nombre al movimiento se tomó de La Maison de l’Art Nouveau, tienda que abrió el marchante Sigfried Bing en París en 1896. El fenómeno más característico del modernismo fue el gran desarrollo de los bellos oficios, que responde al intento buscado por William Morris, de incorporar el arte a la vida cotidiana de todo el mundo. Las ideas fuertes de la creación estaban basadas en la sinceridad, la autenticidad de los materiales y los procedimientos, y también la del acercamiento a la vida y a la naturaleza. Nietzsche y la literatura escandinava favorecieron esta dirección temática, que llegó a la reivindicación de lo irracional.
Otra idea fuerte, fue la búsqueda de lo original entendida como retorno a los orígenes, en una aspiración a lo primitivo. Al buscar lo natural se encontraba a menudo lo patológico, lo vicioso, y aparecía el gusto por lo enfermizo. Por otra parte, el uso que las clases sofisticadas hacían de tales ensueños avecinaba las obras de arte con lo precioso. La sensualidad presidía estas creaciones, destinadas a generaciones de grandes empresarios capitalistas, y se complacía en toda clase de sensaciones inéditas, que se buscaban a través de lo ambiguo. Por esto gustaban el nácar, el ópalo, lo traslúcido, el tornasol, lo lechoso o neblinoso, las vaguedades de todo orden, los colores en disonancia, el uso y abuso de los tonos venenosos, los verdes y violetas, y la aparición de personajes dobles, como la niña perversa, el hada bruja, la ninfa princesa.
Propio de esta mentalidad era el culto a lo efímero, a la nube, las espuma marina, las mariposas, las libélulas, las flores y al latiguillo de las cintas volando en el aire. El placer modernista, a través de estos temas, se asociaba al dolor, como lo erótico a lo fúnebre, en una medida que unía a ambos polos.
Aunque el movimiento tuvo corta vida, su producción fue abundante y su influencia llegó lejos. Con su rechazo del estilo convencional y su nueva interpretación de la relación entre arte e industria, tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la historia del arte. Sin embargo, nunca fue un estilo generalizado, ya que las mejores obras resultaban costosas y no podían producirse en grandes cantidades (hecho que también tenía que ver con una idea de recuperar la elaboración artesanal aplicada y el objeto auténtico).
Varios de sus artistas representantes, introdujeron innovaciones en el arte gráfico de carteles anunciadores y pósters. Una fuerte vitalidad en este género atrajo a numerosos artistas de los más representativos del Art Nouveau: Aubrey Beardsley, Alphonse Mucha, Henri van de Velde Frances y Margaret MacDonald, Will Bradley, Gustav Klimt y Jan
Toorop.
Modernismo en Buenos Aires
Entre
sus cordilleras de edificios,
Buenos Aires esconde retazos del maravilloso estilo Art Nouveau.
En un recorrido por la capital
argentina, podemos apreciar diversas obras arquitectónicas con reminiscencias del Art Nouveau; entre los edificios más destacados se encuentra el diseñado por el arquitecto Alfredo Massue (sito en Talcahuano y Tucumán). Algunas de sus características pertenecientes a tal estilo son: la ornamentación vegetal sobre la entrada principal, que se continúa hasta llegar a la cúpula; la estilización del ribete anterior a la cúpula; los rostros humanos y antropomorfos; la parte superior de la cúpula que, con su detalle final, simula formas planetoides y posee una textura –simulando las escamas de una serpiente- que recuerda el estilo de Gaudí, con sus formas que aparentan el dorso de un armadillo. Otra construcción, cuyas aberturas son también dueñas de un estilo semejante al de Gaudí, es la cúpula con trozos de cerámica unida (Rivadavia y Ayacucho) que tiene un tratamiento del mosaico parecido al de los bancos del Park Güell. Como hiciera el arquitecto catalán, este edificio toma el cielo como elemento compositivo incorporándolo a su todo.
El detalle central del edificio de Hipólito Irigoyen 2570, del arquitecto Virginio Colombo, presenta formas sinuosas y elementos humanos y vegetales (hojas de vid y sus frutos) típicos del Modernismo. Lo mismo ocurre con las rejas de los balcones y las puertas, clásicos de este estilo. Las hojas de vid recorren todo el edificio dándole vida y los cuerpos humanos y rostros también se repiten. Las formas que bordean las puertas se asemejan a la nieve.
Una muestra fiel y tradicional del Art Nouveau en Buenos Aires es La casa de los lirios. Esta construcción del arquitecto Ortega está situada en Av. Rivadavia 2031. Sus lirios recorren todo el edificio en forma ascendente y simulan sostener cada uno de los balcones formando las rejas. La contención de su baranda superior, con forma de hombre barbudo, respeta las líneas libres y sueltas de este estilo.
Como fue mencionado anteriormente en este trabajo, los pavos reales son considerados como el mayor emblema animal dentro del Art Nouveau. Podemos encontrarlos en los balcones de la casa que lleva su nombre, localizada en Rivadavia y 24 de Noviembre. Dentro de las formas animales también pueden verse en esta construcción leones y variadas formas avícolas. Predominan las formas vegetales que se propagan y recorren todo el edificio, como así también los mosaicos. El que se halla en la parte superior, extendido a lo largo del edificio, puede ser confundido con un vitreaux, pero este friso es, en realidad, un mosaico. Su colorido y movimiento son típicos de la decoración modernista.
Por último, y si bien consideramos que, en cuanto a su estructura, no pertenece en su totalidad al período estilístico estudiado, presentamos al Instituto Rawson del arquitecto Benedetto. Si pertenecen, en cambio, los ritmos y diseños de sus rejas: la lateral (portón), la del balcón, las de debajo de las ventanas y las de la puerta principal y su parasol. Su cúpula, con apariencia de escamas de pez, recuerda la técnica de Gaudí. En esta obra -ya que a tales construcciones no puede considerárselas menos- impacta el tratamiento artesanal de la puerta principal de madera.
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(*)
Fuente:
versión parcial de trabajo realizado originalmente por Victoria Linardi
para la materia Principales Corrientes del Pensamiento contemporáneo de
la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos
Aires.