QUINTO
ANUNCIO
A
Mi Madre Patricia Pizarro Silva
Por Rodrigo Verdugo
Pizarro
I
El
agua va más lejos que mi propia vida
Siento
que el sueño está vuelto hacia el tiempo
Como
la devolución a un enigma reflejado.
No
se puede Salir de la luz, sin que no se descubra
Esa
profecía que hay entre el cuerpo y el árbol.
Más
tarde, más tarde el aire es visitado por bordes y mitades
Por
estelas que se vuelven contra él
Si
su cabeza empieza a disminuir en la distancia
No
puede salir la luz de nosotros
Sin
que no le salga al encuentro
Esa
alianza que hay entre la hondura y la mano.
II
De
las cavernas nos llega el eco de una orgía de radbomantes
Casi
todos nosotros debemos salir con la campana
Que
se apiada de que la sangre sea nocturna.
Estamos
todos en nuestros puestos
Los
filos aún están en cautiverio
Ya
se abrirá la cámara de algodón
Entrarán
dos centauros infrarrojos a engancharse
Podéis
vosotros allá afuera simuladles sus puestos
Al
buzo cargado de llaves, al bullicio de lana, al ligamento
Simulad
que alguna vez sentisteis un rocío terminal en los pies
Todo
os sucede ahora entre duraciones y estampidas
Los
espectros de piedra oficiaron el aumento de la mañana
Y
traemos aguas que celan a las columnas y a las espadas
Y
traemos arenas azumagadas
Y
traemos el fuego como mudanza
Para
que el día se prepare para un umbral más grande
Cuando
lo olvidemos
Cuando
ya no importe si la eternidad es diurna o nocturna
Cuando
el hombre y la mujer hayan traslucido
Lo
que la muerte va espesando en el sueño.
III
Los
muertos se llevan chispas microcéfalas para sus viajes
Cambian
de rostro a cada momento durante el velorio
De
modo que sus deudos ya no saben a quien están llorando
Tal
vez el mar haya insinuado levantar el velo
Pero
el velo nunca se ha levantado
De
los valles se oyen gárgaras
Con
las que intentan saldar el vuelo de los pájaros
cabalísticos.
Oh
aguas, yo era el que ignoraba hasta
que
la luz respondió a mis huesos
hasta
que las piedras dejaron que la noche agonizara
Oh
aguas, que quede sobre nosotros
Solo
esa liberación entre las nubes y la carne.
IV
Mi
boca ya habrá conocido todo tipo de entrañas
Para
cuando tú me engañes con un ángel.
No
quiero que la piel nos mire enteros
Ni
que por ella, sigan los tormentos parados en la luz.
Estamos
todos en nuestros puestos
Las
venas como andamios
Nuestro
arrepentimiento es imposible de fingir
Nos
exhortan los dos centauros infrarrojos que acaban de salir
Y
dan gritos terribles entre las achiras.
Del
libro inédito "Anuncio"
OCTAVO
ANUNCIO "Es cuando los vestidos se llenan de agua
negra,
Mientras
crece un opaco y turbulento sueño"
Victoriano
Vicario
Ni
con tierra de desierto escarmientan los imanes
Nosotros
tampoco, ni nuestros ojos, ni nuestras manos
Que
juegan a bautizarse en una mano de fuego
Hasta
que los ojos quedan como formulas
Hasta
que las manos quedan como engranajes en tinieblas
Y
listo queda el cuerpo ya para su condena
O
para ver su parentesco en una mano de fuego
O
para luego olvidarlo y andar por todas partes señalando
Esa
iluminación que le teme a las piedras
Ese
fuego que murmura cuerpos ocultos sobre el cuerpo
Esa
sangre que sólo propone ruinas.
Se
remontan tarde los ojos y las manos
Hasta
la más devota orilla del frío
Dejando
atrás el trabajo diario
De
cargar arqueólogos muertos, rebeliones de saltamontes
De
descargar luego en cada tina
Casi
creyendo ver a la garganta del amanecer
Coincidir
con el fondo de las minas
Donde
deben de yacer mis madres
con
trigos y polos estériles en las bocas.
La
garganta del amanecer pasaba frente a mi puerta
Nuestros
vecinos la manipulaban con pájaros envueltos en sabanas
Pasaba
seguida de carros funerarios, de peces con ojos de culos
Hasta
llegar al final de la calle donde alguien la mordía
Para
hacerla coincidir con los campanarios
Donde
deben de yacer esperando los murciélagos
Con
una cabeza de maniquí entre las patas.
Se
remontan ya de noche los ojos y las manos
Hasta
ese desacierto brumoso que acompaña a los hilos y a los
pájaros
Señalando
cabezas pintadas en los barrancos
Señalando
esa luz arrodillada
Casi
creyendo ver de nuevo cuando los cubrieron de lilas
maléficas
El
día que partimos a la guillotina
que
esta vez abierta en tres nos esperaba
tal
como fue planeado primero los ojos, luego las manos,
después
el cuerpo que listo sin duda quedará ya para señalar
esa
transparencia que nos espía
o
para ver predicar a los átomos de nuevo
o
andar con las intrigas de los ídolos de goma
casi
creyendo ver que una mano de fuego
los
descuelga de la multiplicidad
una
mano de fuego que sola se remonta al desierto
donde
el sol es derrumbado por gemidos
donde
la noche es impuesta como reducción de tumba
y
nunca se sabe quien traiciona a quien
desde
cuando las venas se familiarizaron con sus pesadillas de
líneas
desde
cuando alguien agrando sus entrañas
para
que todas las redes alucinaran.
Del
libro inédito "Anuncio"
DIECISEISAVO
ANUNCIO
Llegamos
a la ciudad temible
donde
los corderos se columpiaban en alambres
Rondaban
patrullas de lenguas, calvos ancianos de negras capas
era
nuestro lugar de siempre,
nuestro
dormitorio estaba en un ascensor
Luego
de verificar cada rincón, de edificar ciertas alusiones
le
prendimos velas al cadáver de la distancia
llegamos
a acostarnos, a copular, alguien movió la palanca
y
descendimos al subterráneo, las paredes eran distintas,
estaban
llenas de repisas que a su vez estaban llenas
de
tubos de ensayos sucios y vacíos, por una rendija se oían
gritos,
se
veía la sombra de corderos columpiándose
la
intermitencia de esas patrullas de lenguas
estaba
en nuestras bocas y en tu vagina
de
nuestro dormitorio, salían alusiones a la piedra y al agua,
llegaban
a todos los rincones de la ciudad.
Vi
todo lo tuyo y no eras más
que
la inocencia del relámpago sobre la cama
nada
más que la gran oscuridad de un parque
ven
te dije, ven oh pájaro antes que la altura sea estrangulada
ven
a mi, dijiste porque después que nos amemos,
las
nubes entenderán el desgarro.
Alguien
movió la palanca, otra vez ascendimos
Vistes
todo lo mío, la gran oscuridad de un parque
y
yo amordazado sobre la mesa uterina
viste
al que quería partir, como lo iban siguiendo esas olas
que
eran los áureos carpinteros
como
iban ofreciéndole verle desde todos los ángulos a la vez
para
que así pudiese guardar memoria y extinción,
como
dos maceteros distintos.
Viste
al que quería regresar, como las olas estallaban
y
en el camino se encontraba con nidos inasibles, puertas y
tatuajes
la
gran oscuridad de un parque,
memoria
y extinción sobre la mesa uterina
mientras
la sangre nos dimensionaba.
Llegamos
a la ciudad temible, de prisa a nuestro lugar de siempre
llegamos
a acostarnos, a copular, a ver todo lo nuestro,
esas
alusiones que salían del mar
porque
el mar era la víspera de nuestros cuerpos
y
llegaba el turno de ellos, quienes nos traían en bandejas
esas
cabezas de corderos, cabezas vertiginosas, por cierto,
prueben
de esa sangre, se oía por las rendijas
porque
cada vez que alguien lo hace el torbellino se persigna
prueben
ponerle esa cabeza de cordero al cadáver de la distancia
mezclen
esa sangre con la vuestra, decían los calvos ancianos
de
negras capas, mientras se acciona de nuevo la palanca,
cambian
de nuevo las murallas
por
las rendijas se oía como respiraba la neblina,
como
si tuviera el resultado de piedras y de aguas,
ese
que tienen nuestros cuerpos cuando duermen
sabréis
oh hombre y mujer como regresar tanto del ángel
que
araña el fondo del mar, como de la inocencia del
relámpago,
ah
en definitiva de la gran oscuridad de un parque
sabréis
como mover la palanca a vuestro favor
o
acaso vuestros cuerpos no vuelven juntos,
justo
cuando las grietas perdonan lo que pasa dentro de las nubes
y
las alusiones rodean por los cuatro costados a la ciudad
temible.
Del
libro inédito "Anuncio"
DIESCICIETEAVO
ANUNCIO A Ludwig Zeller
Un
anzuelo de labios para ir en busca de ese paraíso
que
se extravió en el fuego
relacionarse
como manchas con la muerte,
otros
como golondrinas con la intemperie masacrada
las
lámparas reciclan fantasmas, sin estar destinadas a eso
siempre
cuando escribimos, estamos imitándolas
siempre
con el mismo susurro como derrotero,
un
susurro que aunque lo dejemos en la tierra o en el cielo,
no
puede ser consumido por nada
pero
que a cualquier precio seduce a las raíces durante las
noches.
Yo
comercio con escarabajos, aguas amnióticas, hipótesis,
porque
vendrá el exterminio
y
que pueden hacer algunos si no es tener una cruz de mañana,
cubrir
de fluor el desfiladero
saber
que el párpado vuelve inmemorial al ojo
y
volver a buscar debajo de las piedras
que
pueden si son arrojados por sus propios huesos,
cuando
la seducción va saliendo de las cajas de niebla
y
el animal alquímico sigue robando uñas,
y
sigue incitando a las puertas, estrellas y piedras
a
una fusión riesgosa.
Nos
hemos comparado tanto con ellos, que los creemos como
hermanos
Seguimos
comparando manos, acantilados, petrificaciones
con
un estallido que nos trae de todas partes,
sin
que tengamos necesidad de trazar una red
o
una ley para la sed de las horas,
es
simplemente que nunca estaremos listos
como
la espuma para el secreto
ese
es nuestro consuelo, ojalá nunca lo sepan nuestros padres
porque
no seguirían levantando la fortificación
por
eso comparando hemos llegado a saber
que
las confesiones de la noche son pájaros,
y
cuando vuelve el día no están por ninguna parte,
aunque
algunos busquen infructuosamente en los armarios,
en
las casas de muñecas, en los ceniceros y hasta dentro
del
propio ancestro, como si un desconocimiento se metiera
dentro
de todos los ojos
haciéndonos
saber que lo que nunca seremos abre puertas
debajo
de la tierra.
Nuestros
padres se inclinan ante la piedra
que
encierra la posibilidad de que seamos infinitos
piedra
que luego será muro, oh primera piedra a la que llegaron
cuando
venían del mar con un desastre de labios,
cuando
no resistían la mordedura del paraíso con tablas fabulosas
pero
ya en tierra firme, se frotaron las manos en la piedra
él
hizo su inscripción de niebla en las semillas
una
y otra vez le decía: "sea tu cabellera la que brote
de
la boca de la esfinge,
eso
seria como aquel terremoto en el cementerio",
"Lo
que advierten las estrellas esta en tus pechos,
yo
lo sé y lo grabo porque se que cuando nos despidamos
el
fuego separara los mundos.
Pero
ya en tierra firme ella se confeso diciéndole:
"nunca
terminaras de conocer esa sal que aparece
en
los agujeros ebrios,
"Hoy
en día un llanto de meteoros mide los arrecifes,
mide
los martillos"
¿pero
que es lo que él engendra, que es lo que ella guarda
en
su vientre?
si
todo es pensamiento debajo del agua.
Comparamos
manchas, vuelos, rotaciones, vasos
jamás
lo hacemos de día, de día un umbral siempre pasa la lista,
y
siempre faltan algunos
andarán
blasfemando contra el horizonte, o asexuando las anclas
tal
es el dolor de ellos, que apadrinan acantilados
y
no haya red ni ley que valga para ellos,
al
volver la noche, solo encontramos una desnudez que destruye
reconstruimos
con diamantes la boca
que
animalizó al viento y al fuego
como
si fuera también un consuelo
ante
tanto arrebato, ante tanto extravío.
Del
libro inédito "Anuncio"
DIECIOCHOAVO
ANUNCIO "Yo baño caracoles fétidos, la muerte
mientras
tanto
camina lentamente"
Armando
Uribe
Oh
esencia negra que cuelgas como vestido
algunos
viajan hacia ti, nosotros te tomamos
para
que nuestra sed sea un castigo para las aguas.
Algunos
viajan hacia ti con naipes y muebles
nosotros
te tomamos para calmar la serpiente de miles de bocas
que
anda casa por casa, playa por playa,
vendiendo
el disfraz de la cicatrización, bajo un sol de otoño.
Algunos
levantan el vestido y encuentran manicomios submarinos.
nosotros
aún mentimos, les decimos a nuestras mujeres que irán
con
nosotros, pero solo a una le llegamos a decir:
"Te
prometo que aunque las víboras destronen la lluvia,
tus
filos seguirán cantando, aún bajo la luz de esa estrella
que
no muere ni deja morir".
Si
mujer, la noche esta enterrada en tu lengua,
por
eso es tan bella tu sed.
algunos
antes de partir, cristalizan su hermandad,
me
ponen un anzuelo maldito,
por
eso amaneces con un feto de cera entre las piernas
y
yo debo sacarlo los domingos,
llevarlo
a la rueda de la fortuna, que de mil vueltas
que
vea como los esqueletos gigantes se apoderan de los
cementerios
no
es verdad acaso que si los días tuvieran la originalidad de
dios,
las
piedras no nos habrían dejado escapar
estaríamos
presos todavía, sostenidos por un ojo, sin saberlo,
pero
ay no ponemos acaso espejos dentro de las cavernas
y
los adornamos con guirnaldas
y
detrás de nosotros siempre aparece aquel ojo, al que le han
puesto
precio
los demás ojos
y
creemos que es nuestro hermano muerto, y nos sentimos
culpables.
tanto
como aquella vez que pusimos un feto de cera entre tus
piernas
y
te masturbamos con él
entonces
la sombra de un latido huracanado iba abriéndose camino,
iba
extendiéndose como un paraguas bajo el que algunos se
esconden
para
ver a los ángeles enrollar las cavernas
y
guardarlas como pertenencias propias.
Nadie
dudaría que ojos y fuentes son validos para el viaje,
más
validos que cualquier otra pertenencia que se transparenta
al
instante
de partir
es
que tanto ha ahondado en nosotros que ya no sabemos
cuando
estamos debajo del mundo o no
con
una sangre desértica que no cuenta ni con ojos, ni con
fuentes,
a
la hora de amar, al instante de partir, tú lo sabes, mujer
tantas
bocas, pezones, piernas,
significan
que la tormenta engrana las vidas
déjame
andar con la mentira congelada en la frente
yo
descoseré el vestido, antes que amanezca,
me
ayudaran fetos de cera, hermanos muertos
el
tejido sin querer ira formando otro vestido aún más grande
nos
debatiremos a muerte por ser el primero en levantarlo
y
hay tantos que ya vienen en camino,
y
tantos que no pidieron viajar,
y
tantos que llenan de tierra de cementerio, los prostíbulos
como
la muestra más grande de éxtasis
y
tanto que quisieron y que no pudieron viajar
y
tantos que disfrazan con algas su oxidación
como
la muestra más grande de catástrofe.
Del
libro inédito "Anuncio".
DESPUÉS
DE ESE DÍA
Cambiaron
la ubicación de las cosas
sabían
demasiado de una música de tierra para el viaje enemigo
El
aura del mar levantándose, dejando atrás nuestros
terribles ejes
la
forma de mirarnos a los ojos, la forma de mirar a las
piedras.
Sabían
demasiado bien como unirse,
por
eso recibieron el revés de las cosas
y
se empezó gota por gota, nombre por nombre
mientras
el mito se deshojaba a nuestros pies.
Sabían
demasiado bien y no esperaron retratar a sus muertos
les
bastó que el revés del mundo se levantara
contra
los árboles y las aguas, contra las cosas, y las vidas,
contra
cualquier herida que no tuviese un arrojo de estrella.
Lo
sabían demasiado bien, apareando a las sílfides
contaminadas,
saldando
algo con ellas
poniendo
plumas quemadas dentro de las almohadas,
reanudando
las capturas
para
que así llegaran y se ubicaran gota por gota, nombre por
nombre
como
antes cuando las cosas no limitaban con los hombres
sino
que el tiempo limitaba con la piedra, limitaba con la luz
y
piedra y sangre por igual buscaban legitimar el rayo
mientras
la belleza ahuecaba los mares
y
al final dios estaba esperándonos
con
un ramo de accidentes en las manos.
DESDE
QUE DESPERTÉ CONTIGO A Diana Camacho B.
Si,
esta noche la eternidad se arriesga en nuestra sangre
Y
antes que yo, el desciframiento cubre tu cuerpo.
¿
Recuerdas que con solo clavarle al ardor de un pecho
El
bosque fue nuestro?.
Desde
que desperté contigo
Las
aguas nos volvieron imborrables
Y
los días y las noches
se
mantienen como caídas inconclusas.
ANOCHECE
En memoria de Stella Díaz Varin
Nos
tapamos el rostro con un escombro viudo
Pero
igual vemos el mar y el cielo: los mismos delirios
enraizados
Tampoco
sabemos que hacer durante el día
Salvo
tocar la flauta para que se abra la matriz blasfema
Donde
tú estarás desaprobando ciertas sombras, ciertas llamas
O
perfumándote para que los salvajes
te
conduzcan en medio de una tempestad de imanes.
Mira
como en ninguna casa nos reciben, como cierran sus puertas
Le
temen a tu cabellera porque tiene el designio
De
esos padres laberínticos que no tuvieron piedad de la luz
E
hicieron un lecho sobre aberraciones de sal.
Vas
engrandecida por cenizas lujosas, por armas de hielo
Que
te rodean en círculos hasta que ninguno puede entrar
Salvo
que tú lo decidas, salvo que le hagas la señal a la copa
Y
el cielo enrojezca
Mientras
tanto aquí nos quedamos aferrados al polvo jactancioso
Nos
quedamos fuera de todo linaje, mientras la piel atrapa al
día
Y
una amenaza de cáscara se cierne sobre el mundo.
Esos
padres laberínticos te están vaciando los ojos
Infringiendo
lo conocido del agua
Quedan
escombros viudos al centro de la noche
Donde
tú estarás viendo a los pájaros alcanzar la angustia del
fuego
Y
nosotros aquí nos quedamos viendo que hombres y pájaros
Se
quedaron para siempre en ello
Siempre
nosotros mordiendo los árboles,
mientras
que ahora ningún abismo le falta a la luz. (*)
(*) Fuente: Rodrigo
Verdugo Pizarro, "Quinto anuncio", enviado
gentilmente por su autor para su edición aquí.