Introducción:
El
ascenso del obrar humano
Sujeto
y estructura
"Que
los espectadores se conviertan en su propio entretenimiento;
que sean ellos mismos actores."
Jean
J. Rousseau
A
grandes rasgos, dentro de las pautas teóricas que se abren en
el interior de la teoría social, la sociología ha creado
todo un acervo teórico focalizado en el análisis de las
perspectivas de los actores sociales, los sujetos (1). Este
interés proviene de las teorizaciones y posteriores
conclusiones por las cuales ésta misma perspectiva del sujeto
-en su sentido más amplio- está intrínsecamente atravesada
en su concepción misma, por una imponente tensión (o relación-tensión)
con las estructuras -también en un sentido amplio- que
aparecen como marco objetivo de referencia del mismo sujeto.
(2)
Esta
mirada conceptual está compuesta de dos senderos, que a
primera vista parecen excluyentes; la ya mentada perspectiva
del sujeto, y la referida a la objetividad de la estructura,
es decir, la de la estructura como sistema objetivo. Sin
embargo, este dilema conceptual a la vez que analítico, nos
permite afirmar con seguridad, que "... Las dos
afirmaciones, que la sociedad es un producto del hombre y que
el hombre es un producto de la sociedad, no son
contradictorias. Más bien reflejan el carácter dialéctico
del fenómeno societal. Solo si se conoce este carácter se
comprenderá la sociedad en términos adecuados a su realidad
empírica.". (3)
Las
teorizaciones que se llevarán a cabo en adelante, pueden
leerse bajo este esquema de pensamiento y de análisis de lo
social. La técnica y el pensamiento técnico, serán
estudiados como fenómenos humanos, históricos, que pueden
ser pensados bajo esta perspectiva dialéctica-analítica del
sujeto y la estructura. Llevando esta lógica al
extremo, se podría decir que en toda teorización de lo
social, esta relación-tensión es el gran tema de fondo. De
esta lógica central, se desprenden como fuerzas centrífugas
todas las temáticas y las teorizaciones acerca de lo social;
o, en casos como éste, se puede inferir cómo se crean, se
presentan y se imponen a los hombres todo tipo de fenómenos,
bajo esta esencial y primaria relación, en todas sus formas y
en todas sus dimensiones de conciencia posibles. La técnica
será leída bajo estas dos dimensiones, fundiéndose en esta
íntima relación arquitectónica de lo social.
Cuando
pretende medirse la acción del sujeto, siempre se lo supone
en relación con la estructura (4) que lo contiene, con el
medio físico, psíquico, social y cultural donde residen
todas las articulaciones de la conciencia y la experiencia
humana existencial y creadora. La estructura, para el hombre,
aparece como "el puente que une todos los diversos
significados de la forma"(5). El sentido (6), en
tanto marco objetivo estructural, y en cuanto dispositivo para
la acción del sujeto, es lo que determina el tipo de relación
estructural del sujeto, una relativa estabilidad de la
estructura en sus formas, y un despliegue particular de
acciones y mentalidades. Toda concepción significativa de
realidad estructural, que es el dispositivo mental humano que
se construye en su intento por percibir el todo, es realizada
por un tipo de sujeto histórico, que crea esa dimensión
mental de su estructura, y que es a la vez un producto más de
ese conjunto de mentalidades históricas y de su síntesis, la
estructura objetiva de cada momento histórico. Un tipo de
ordenamiento constructivo de lo real, como por ejemplo la
percepción holística de la realidad, toma sentido justamente
en su fragmentación significativa, en su parcelación,
dotando a la noción de estructura de múltiples inversiones
entre las relaciones del todo y las partes, resultando
fundamental su enmarcación conceptual en momentos históricos
y en determinados tipos de relaciones sociales, que dotan de
sentido a las estructuras, a su dinamismo y al sujeto social e
histórico que interactúa dentro de las mismas.
De
esta íntima, fundante e implícita relación del sujeto con
la estructura, parten todas las concepciones de naturaleza
humana y la constelación de sensaciones y de sentido que
inspira toda estructura en todos los sujetos históricos. Toda
época está enmarcada en un tipo determinado de relación
entre el hombre y el medio (en el sentido amplio que venimos
esgrimiendo), y por lo tanto, también enmarcada asimismo en
un tipo de acción, relación y conciencia humana; en sujetos,
la primer síntesis. Esta dialéctica confirma las distintas
estructuras de la historia humana, moldeando individuos, y éstos,
creando las estructuras como sistemas acabados.
El
ser-para-el-cambio
"Toda
emancipación es la reducción del mundo humano, de sus
relaciones, al hombre mismo."
Karl
Marx.
El
posicionamiento valorativo en la acción humana, del tipo que
ésta sea, acusa posteriormente una necesidad de teorización,
es decir, una posibilidad de aprehender la naturaleza, las
fuentes y las consecuencias de todo accionar humano en el
mundo en cada momento histórico (7); incluso una teorización
acerca del accionar humano, como sabemos, nos llevará
indefectiblemente a rozar teorizaciones e intuiciones acerca
de las estructuras humanas. Las teorizaciones de un lado o del
otro, serán cuestiones de doble flujo, pues están envueltas,
teóricamente, en una dialéctica (8) de mutua intervención;
el hombre no podrá aislarse de su estructura, y ésta no
tendrá identidad ni realidad sin él. Creemos oportuno
insistir que en cada momento histórico, este tipo de relación
marcará una época característica, un mundo y un hombre
determinados.
Ahora
bien, el pensamiento técnico, o si se quiere, el desarrollo
de la técnica, ha pasado por todas estas etapas junto con el
sujeto que hizo posible todo tipo de avances y emancipaciones
múltiples. De todo esto concluimos que la técnica es uno de
los tantos dispositivos para la acción que posee el ser
humano como ente en el medio Posicionándonos desde aquí, la
técnica moderna se ha caracterizado por llevar al máximo,
cualitativa y cuantitativamente, los primeros exponentes ya
presentes en el nacimiento de la posibilidad técnica en el
ser humano de la modernidad. Entonces, dadas las características
del accionar técnico moderno, ¿Qué clase de sujeto es el
que puede parir estas construcciones del mundo?; o ¿qué
clase de individuo fabrica estos postulados con los que se
objetiva el medio y él mismo?
El
hombre moderno (9), nacido casi explosivamente por sus nuevas
actitudes en medio de una estructura rígida pero inestable,
construye también como en toda época, su concepción del
mundo sobre la base de rupturas y continuidades con períodos
anteriores. Desde lo primario proyectado a todos los fenómenos
del mundo externo, como también el destino sentenciado de los
hombres, tuvieron en la Edad Media y en períodos anteriores,
una referencia necesaria y excluyente, en causas divinas y en
la casuística (10). La base de todas las teorizaciones
cognoscentes, y también la estructura conciente del hombre,
se remitían necesariamente a estos parámetros, insinuados en
su explicación última, monocausal, la respuesta teológica
al mundo, a la totalidad.
Dentro
de las etapas históricas del pensamiento, el período del
Iluminismo es conocido como el progresivo despertar humano de
las ataduras de las antiguas tinieblas en las que estaba
inmerso el inmediato mundo medieval, junto con su organización
economicosocial y junto con sus secuelas mecanicistas en sus
relaciones sociales. Dentro del proceso iluminista, las
concepciones filosóficas de sus hombres, provenían, antes
que nada, de un proceso evolutivo en cuanto a la figura del
hombre en el mundo. Centrándose en el papel de la razón (11)
como cualidad propia, como medio y como exponente máximo en
los criterios de conocimiento y de verdad, las temáticas, ya
abordadas en períodos anteriores (por ejemplo por Descartes,
Spinoza o Kant en el terreno estrictamente filosófico),
instauraban, ante todo, una nueva forma de pensamiento, un
nuevo sistema de referencia y un nuevo dispositivo contextual
para la acción (12). Creaban dentro de un contexto, un nuevo
mundo.
Las
entidades naturales, como el cosmos, el espacio, el tiempo,
los objetos, el movimiento, la velocidad, el entorno, etc.,
serán aprehendidas del mundo fenoménico, para pasar por el
laboratorio de la mente, y ser reprocesadas como categorías
conceptuales dotadas de un valor significativo y locativo
propio, pero atribuido por el hombre. Lo mismo correrá para
los parámetros sociales consensuados de la vida de los
hombres, como las leyes, el poder, la religión, las
instituciones, la ética, el Estado, etc. Todo orden, tanto
del mundo natural como social, serán construcciones humanas,
artificialidades, dividendos de la acción racional del
hombre. De todas maneras, todos estos procesos acontecidos
son, ipso facto, repercusiones del posicionamiento del
hombre como objeto de estudio dentro de la filosofía
contemporánea. El interés por el medio, será el interés
por el sistema donde habita el hombre, sistema no como
escenario de las mayores creaciones divinas, sino campo de
estudio de fenómenos crecientemente aprensibles, localizables
y significables.
El
terreno gradualmente ganado por las prácticas científicas,
canalizadas en la organización conceptual de la experiencia,
incentivó la meditación filosófica y científica de estos
fenómenos. Se creía en -y posteriormente se demandaría- la
racionalización, no sólo de la naturaleza, sino también del
mundo social y cultural del hombre(13). La razón sería la
medida de todas las regularidades naturales, como así el
fundamento de las instituciones humanas que son pensadas como
las regularidades del hombre y como norma. Esta intención
emancipadora respecto a las atávicas estructuras materiales y
mentales como repertorio de la historia, se centró en la acción
racional humana; se centró en el hacer, en el hacer pensado y
justificado, en la meditación, en la reflexión y su
resultado, en la acción intencional, provista de sentido. El
nacimiento del hombre moderno, no sólo libera a él mismo de
los compartimentos del pasado, si no que libera
progresivamente todas las potencialidades humanas. Es, sin más,
la reafirmación del sujeto como componente sui generis
de la estructura natural. El sujeto racional formará parte
del curso de las cosas, es decir, será, igualmente que su
medio, un producto histórico motivado, devenido de un proceso
conciente, nacido por la provisión de sentido propio. Este
curso será interrogado en su esencia, en su devenir, y el
hombre querrá intervenir, en y por su sentido, histórico,
cultural y conceptualizado en relación con los demás hombres
y con el pasado. El sujeto se erigirá como autopresencia autónoma
en la conciencia y en la práctica, despojándose de todo
tutelaje ajeno a él, al que no pueda someter al examen
racional. El hombre moderno disuelve la antigua totalidad para
crear otra, y mata al viejo mito para reemplazarlo por otro
sistema de valores. Cambia la estructura piramidal y hermética
del pretérito mundo por la inmensa diversidad, por la
multiplicidad en todas sus relaciones; cambia la realidad
suprema, por el caos múltiple, hacia donde se proyectará
para descifrar su esencia, su regularidad, su pretensión de
aprehensibilidad. La soberanía en el mundo no será una
entidad superior, sino sus mecanismos de captación de la
totalidad; será su propia entidad, su ser.
La
razón del mito
"De
lo que se trata en primer lugar y siempre es de comprender la
esencia de la era a partir de la verdad del ser que reina en
ella, porque solo así se experimenta al mismo tiempo aquello
que es más digno de ser cuestionado y que soporta y vincula
desde un fundamento a un crear en dirección al porvenir,
dejando atrás a lo que está ahí para que la transformación
del hombre se convierta en una necesidad surgida del propio
ser...".Martín Heidegger
La
modernidad, espacio de la historia donde creemos movernos,
posee varias vetas que necesitan de una genealogía analítica
de sus lógicas y sus características dominantes. Como hemos
visto hasta aquí, toda era es un momento histórico creado y
dominado por lógicas estructurantes que poseen su
fundamentación valorativa en sus continuidades asi como en
sus rupturas y en sus posteriores proyecciones devenidas en
postulados dictaminados. La acción del hombre proveerá al
mundo de sentido, de sentido humano subjetivo, devenido
pretenciosamente en objetivo. La capacidad y el potencial de
hombre se canalizaran en la acción intencional, en el
nacimiento de la voluntad como motor subjetivo. Cada hombre
será una voluntad, un ser emancipado del mundo teológico,
pero a la vez de los demás hombres; será un individuo. Lo
que dictará sus actos, ya no serán los mandatos divinos, o
cualquier inspiración mágica, sino su razón. La razón como
conductora de este proceso continuo, a la vez que su contenido
y medida.
Lo
inédito de la modernidad, y que resulta revolucionario en el
campo de la técnica, fue que el hombre, por primera vez en la
historia de la humanidad, había podido conjugar, dentro de su
mente, la función crítica con la acción productiva,
haciendo de estas dos, un estado de cosas nuevo mediante la
acción racional. (14)"La fe se vuelve razón, el
valor último se convierte en racionalidad instrumental, la
acción como ejercicio de "la voluntad" se trueca en
conducta como "un hecho de la naturaleza", el reino
moral se transforma en el reino científico, la conexión de
sentido pasa a ser conexión causal, el mundo nouménico se
transforma en fenoménico"(15). Esta relación entre
pensamiento crítico y praxis, estrecha los vínculos de estos
dos momentos desde su nacimiento; sin esa potencialidad crítica
de reestructuraciones totales, el avanzar metódico del
sujeto, no poseería la gran carga innovadora y el especial énfasis
práctico que caracteriza a este momento histórico. La
praxis, nacida de las constantes reestructuraciones de
sentido, determinara las nuevas nociones de movimiento y
cambio estructural, tanto del hombre, como del medio
referencial.
Tal
vez de esta forma, por este camino, se encuentre la manera
justa para intentar esbozar una teorización acerca del
pensamiento técnico. Dentro del pensamiento técnico, un tipo
de pensamiento para la acción, la distinción residirá aquí
en el papel de la técnica moderna, en su importancia en esta
etapa histórica y en el sujeto que la hace posible, y en las
consecuencias para su vida -cada vez más tecnizada- que
acarrea toda creación técnica. La modernidad verá a la técnica
como desafío humano, como constructora del mundo social. Como
hemos visto, lo que posibilita la técnica es un tipo de
pensamiento y actividad humana, constante a lo largo de la
historia y en todos los ámbitos de la vida humana que se
cristaliza en los márgenes de acción y de emancipación que
tiene el hombre con su relación al medio.
La
base lógica del pensamiento técnico, una constante a lo
largo de la historia humana, aparece como el pensamiento
gradualmente emancipador del hombre en referencia y relación
con el mundo, que es de donde nace la capacidad técnica para
abordar el medio. El notorio papel de la técnica en esta era,
es el posicionamiento de sus incógnitas, valores y hallazgos
en el centro de una época, la dimensión totalizadora de la meditación
del ser. Esta acción liberadora es la autoafirmación de
necesidades humanas como problemáticas centrales de una época,
y las creaciones que posibilitan esos dispositivos llamados a
enfrentarlas; eso caracteriza al hombre moderno y lo
caracteriza como un tipo de hombre determinado en sus prácticas
y en sus relaciones con la estructura. El acervo del criterio
de verdad de esta era -su herramienta metafísica-, y por el
cual se construye, se comprende y se modifica la estructura
(el método más efectivo, certero), es la racionalidad con
que se lee al mundo fenoménico natural y sociocultural en sus
distintas relaciones e idiomas. Concepción de realidad, de lo
múltiple por definición, a la dominación de ciertas
parcelas de la misma mediante elementos provistos de exactitud
creados por el hombre. Ese es el escenario donde nació y
donde se desarrolla la técnica moderna.
El
hombre ingresó a la modernidad con esas ambiciones, que a la
vez fueron desafíos, puesto que, como piensa el filósofo
francés Pierre Thuillier, "cuando el hombre dice: la
naturaleza es como una máquina y voy a desarmarla con mi
destornillador, ya es filosofía."
Lo
que se tratará realizar aquí es, por un lado, identificar a
groso modo las grandes modificaciones que ha tenido la técnica
y sus creaciones en la etapa moderna. Por otro, responder a
los interrogantes que se desprenden inevitablemente del
impacto que ha tenido este devenir en la existencia del hombre
en cuanto sujeto social inserto en su estructura.
La
primer parte de este trabajo estará remitida a las
caracterizaciones paradigmáticas de los cambios producidos en
el pensamiento técnico moderno, las teorizaciones que acusan
y denuncian dichas modificaciones, y también al tipo de
sociedad que resulta de lo anterior.
La
segunda parte estará dedicada a ejemplificar lo expuesto
anteriormente con, lo que creemos, es el emergente de este
tiempo -en lo que respecta a productos técnicos-; la creación
de un sistema técnico de comunicación, complejo, que por las
características que presenta, justifica preguntarse cómo, en
qué medida y en qué forma, condiciona potencial y
progresivamente al hombre a vivir en un tipo determinado de
sociedad, diferente a la recientemente anterior, y que además
ofrece las posibilidades, potenciales también, de crear un
nueva dimensión cultural y orden técnico donde éste se
mueva con competencia. Al preguntarnos por el cómo, en qué
medida y en qué forma, estamos hablando de definir un posible
nuevo tipo de relación del sujeto con la estructura.
Parte
I: Bosquejo de la genealogía del pensamiento técnico moderno
La
fundamentación de una era
"El
hombre es la medida de todas las cosas"
Protágoras
El
hombre como constructor del medio
El
tiempo de la historia humana suele dividirse para su
clasificación y su ordenamiento, en períodos que son
característicos por ser lapsos de tiempo en donde el hombre
que vive en ellos, mantiene postulados y sostiene concepciones
de las cosas de una manera y no de otra. Podemos decir todo
esto apoyados en ciertas concepciones y estructuras reales que
poseyó el hombre a lo largo de la historia y que han ido
mutando con el correr del tiempo y el devenir de las etapas
históricas.
Cada
sistema de concepciones dentro de una dimensión cultural, está
formado por sólidos sectores teóricos-argumentativos y una
estructura de valores acerca de lo real (paradigmas), que
constantemente el hombre buscar redefinir y/o culminar de
definir en toda su dimensión. La modernidad es una era
característica por sus rupturas, radicales en ciertos campos
donde se venían sosteniendo ideas, conceptos y concepciones
desde hacía mucho tiempo.
Lo
que denominamos la concepción de la realidad, tiene, creemos,
una importancia suprema en lo referente al estudio de la
relación del sujeto con la estructura. Tal importancia está
cimentada en la referencia objetiva que supone al hombre el ámbito
donde se desarrolla la vida en general, desde la historia de
la humanidad, hasta cada partícula cósmica que reside en el
mundo; desde lo hiper concreto a la abstracción total. El
mundo como observación, como unidad y sistema, como imagen de
presentación de unidad unívoca, indivisible, aprehensible, y
como representación, supone, como venimos sosteniendo, un
tipo de sujeto. Esta construcción estructural tuvo su proceso
histórico, como hemos visto, y fue uno de los productos de la
evolución secular de la ciencia y del pensamiento moderno en
general.
El
hombre moderno, que es el hombre que interesa abarcar aquí en
referencia a la técnica, entra en su era, ante todo, con la
conciencia y la angustia de lo múltiple. La realidad será,
palabras más o menos, con claridad o no tanto, la síntesis
percibida de un entramado de múltiples relaciones, ámbito
que pone límites a la estructura mental del hombre, pero que
también ofrece desafíos de dominio en cuanto a ciertas de
sus parcelas.
La
manera con el que hombre aborda el entramado de lo real, es
decir, las pautas modernas de aprehensión de lo real, estará
apoyado en la certidumbre de la manifestación de los fenómenos.
Aunque por un tipo de manifestación que permite congelar en
su lógica a lo aparentemente real, estamos hablando de las
construcciones conceptuales sobre la base de las
regularidades. Todas estas percepciones y posteriores
teorizaciones, hacen pensar al sujeto situado en el constante
movimiento de lo real, y en la necesidad de hacer un corte estático
en la misma realidad para poder obtener cierta certidumbre en
los tópicos y en las construcciones buscadas, en los datos.
Allí el hombre construye las regularidades.
En
la base de este esquema mental, donde las relaciones se
encadenan y crean fenómenos que a la vez se explican
siguiendo (en dirección directa y contraria según el caso)
una cadena causal, se descubrirá que ciertos fenómenos,
causas o relaciones no se dan o aparecen en la realidad tal
cual son, es decir, no develados empíricamente, una vez dado
este primer paso.
Dada
la multiplicidad y la velocidad de la totalidad percibida e
intuida, y por lo tanto su inaprehensibilidad íntegra, el
hombre fragmenta la trama de lo real y construye las
regularidades observadas en los fenómenos, en las
manifestaciones de lo real percibido. "Galileo cuando
ve moverse un cuerpo hace todo lo contrario: se pregunta de qué
movimientos elementales y, por lo tanto, generales, se compone
aquel movimiento concreto. Esto es el nuevo modo de operar con
el intelecto: <análisis ed la naturaleza>."
(16) Las regularidades, repetición fáctica de fenómenos o
acontecimientos reales que se encuadran dentro de un sistema,
funcionaran como indicadores de ciertos estados de cosas
estables de lo real dentro de lo múltiple indescriptible. La
regularidad de ciertos hechos, develará muchas veces que los
mismos son parte de cadenas que remiten a otros estados
reales; por lo tanto, una regularidad percibida como hecho
simple, por su carácter regular, formara parte de un proceso
que será un hecho fáctico complejo, alejado de ese primer
momento de simplicidad empírica. Las regularidades son
esquemas mentales de asociación de ideas y de momentos, que
trabajan sobre el entramado de lo real.
Por
las regularidades percibidas, el hombre amplía
progresivamente su campo de acción, por lo tanto minimiza
parcialmente su sentimiento de vulnerabilidad con el medio.
Cuando argumentamos que las regularidades de los fenómenos
sirven al hombre como único indicador del lo real, estamos
haciendo hincapié en un tipo de concepción de la realidad y
de esquemas mentales y técnicos del hombre moderno
occidental, ámbito de nacimiento de estas manifestaciones
axiomáticas, filosóficas y cognoscentes. Estamos
presenciando una metodología de acción del hombre para con
su medio, un accionar moderno, resultado de la ciencia secular
que el sujeto la percibe como el único medio develador, el único
que le permite conocer el medio en sí y tener algún tipo de
inferencia sobre el mismo.
En
síntesis, lo regular y su manifestación, será la pauta de
aprehensión humana -con sentido subjetivo y posteriormente
presentado como objetivo- de lo real. Es la relación más
general que el hombre entablará con su estructura percibida
como real. Uno de los tantos paradigmas que crea el hombre,
como nuevo posicionamiento ante el medio, su creación y
relación estructural.
La
técnica
Una
definición (primera y general) de pensamiento técnico, podría
ser: Como todo
pensamiento determinado por la relación, devenida en
necesidad, por parte del hombre con el medio.
El
hombre es un creador de dispositivos artificiales funcionales
y teleológicos que logra insertarlos en los medios naturales,
estableciendo una continua trama entre ellos y él, con el fin
último de adecuar el medio para la mayor y creciente adaptación;
ésa es la lógica primera del pensamiento técnico, humanizar
técnicamente lo natural, desde las aprehensiones a las
creaciones. Como accionar práctico, todo pensamiento técnico,
y la técnica en sí, son realidades antiguas; tal es así,
que podemos pensar en la técnica, el pensamiento técnico y
la imaginación técnica, la posibilidad técnica del sujeto,
como una característica esencial del ser humano.
La
técnica es el dispositivo con que el hombre adapta el medio a
sus necesidades y a sus intereses; consiste básicamente en la
construcción por parte del hombre de un entorno artificial
para su vida, la que se desarrolla dentro de un sistema
complejo de necesidades, donde la primera es subsistir. La
creación de lo artificial devenido en "natural" es
lo característico del hombre. No hay manera de concebir la
vida humana sin este accionar técnico, de manera que el
hombre no se limita a utilizar la técnica como medio para
sobrevivir, pues cada necesidad típica de éste lo impulsa a
producir otros aspectos artificiales que ensanchan su dominio
técnico y crea nuevas dimensiones artificiales. Partimos de
la presencia del hombre en el medio, condicionado; y partimos
de una característica técnica del hombre, como dispositivo y
como recurso para intentar minimizar este condicionamiento. De
allí las necesidades, y de allí el hacer del hombre, un
nuevo tipo de hacer que consiste en producir lo que no existe
en la naturaleza, sea que no esté presente en absoluto, o que
no esté cuando sea necesidad apremiante. (17)
Para
Lewis Mumford, en una obra citada aquí, la técnica es un fenómeno
y un proceso que "...
comenzó cuando el hombre usó por primera vez sus dedos como
pinzas o una piedra como proyectil: como el arte mismo, se
enraíza en el uso que el hombre hace de su propio
cuerpo."
La
práctica secular mediante la cual el hombre se relaciona y
modifica el medio, son pautas y praxis históricas y
culturales que poseen una evolución determinada, donde cada
acción, se manifiesta con todo un acervo de historias de
metodologías en el método técnico, es decir, la técnica es
un proceso acumulativo; lo que se sabe por adelantado al
contemplar las cosas, es el acervo de conocimiento del cúmulo
de creaciones humanas en torno al mundo y a las cosas. Si el
hombre es un ser histórico, también lo es su relación y su
modo de relación con la naturaleza y su grado de evolución
en el pensamiento, la imaginación y las posibilidades técnicas
creadas o por crear. Por lo tanto, también supone un análisis
histórico el accionar técnico, junto con sus creaciones, y
la escala de necesidades e intereses. Para ser más
ilustrativos podríamos citar al mismo Ortega (1939) cuando
explicaba que "Eso que llamamos naturaleza,
circunstancia o mundo no es originariamente sino el puro
sistema de facilidades y dificultades con que el
hombre-programático se encuentra [...] Y esto que
primitivamente hallamos no tiene un ser aparte e independiente
de nosotros, sino que agota su consistencia en ser facilidad o
dificultad, por lo tanto, en lo que es respecto a nuestra
pretensión. Sólo en función de ésta, es algo facilidad o
dificultad Y según sea la pretensión que nos informa, así
serán éstas o las otras, mayores o menores, las dificultades
que integran el puro y radical contorno. Así se explica que
el mundo sea para cada época, y aún para cada hombre algo
distinto." Una vez satisfechas las primitivas
necesidades, las de sustento, la posibilidad técnica del
hombre -y lo que lo será rasgo característico y exclusivo
suyo (18)-, se cristalizará en el incremento material de
nuevas necesidades e intereses más elevados y sus posteriores
conjuntos de creaciones técnicas llamadas a absorberlos. Lo
que nos mueve a sostener que los dispositivos técnicos, y lo
que lleva a considerar la técnica en sí, no es la satisfacción
solamente de las necesidades, sino también englobar las
situaciones de bienestar, cualitativamente y esencialmente más
profundas, superfluas y complejas. Una de las tantas
implicaciones en el accionar del hombre que lleva consigo el
fenómeno técnico, son los crecientes logros en materia de
adaptabilidad del medio, con una concomitante reducción del
esfuerzo impuesto en la acción productiva.
De
lo anterior podemos esgrimir las diferencias que encarna el
proceso que junta las condiciones para que emerja la técnica
moderna. La técnica premoderna, la práctica técnica
premoderna, artesanal, era un proceso que tendía, ante todo,
al equilibrio estático, a la conjugación de medios
apropiados y fines reconocidos anteriormente; y era en gran
medida, la creación y el uso de herramientas y dispositivos
para el negocio y la economía de la vida (Mumford dirá que
en un principio la técnica estuvo "ampliamente
orientada hacia la vida, no centrada en el trabajo o en el
poder"). La técnica estaba asociada a las personas
productoras de artesanías o artefactos, que a la capacidad técnica
en sí, como posibilidad extraordinariamente humana de
proceder. El proceso era continuo y los grandes cambios eran más
bien cualidad inesperada de las casualidades y sorpresas.
Centralmente, las técnicas y las herramientas para estos
fines concientes fueron esencialmente los mismos durante
enormes períodos de tiempo. La cierta rigidez que encarnaba
la técnica premoderna estaba sedimentada en la falta de un
motor ideal de progreso -cosa que sí tendrá su equivalente
entrado en la modernidad- en el culto a las artes (contexto técnico
del momento), y tal vez lo más importante, adolecía de un método
intencional y racional para producir los avances y las grandes
rupturas, como prácticas investigativas, experimentales e
informacionales. (19)
El
proceso técnico moderno difiere en todas estas dimensiones
características de la práctica técnica premoderna. Los
medios técnicos modernos no se agotan en el alcance de sus
objetivos, sino que son un proceso continuo, no estático,
multifacético y sin búsqueda de equilibrio (Mumford, dirá
de la técnica moderna o monotécnica, que se "basa en
la inteligencia científica y la producción cuantificada, se
dirige principalmente hacia la expansión económica, plenitud
material y superioridad militar"). Las innovaciones técnicas,
teóricas y las apropiaciones prácticas, son intensamente
difundidas, sin ser agotadas en su aplicación y en un eterno
redescubrir, presente en su espíritu constante de progreso.
El filósofo Martín Heidegger explicitaba este espíritu
estrictamente moderno de la técnica, cuando escribía que "...
realmente es verdad que el hombre de la era técnica está
pro-vocando de un modo especial y sobresaliente al
desocultar." En el plano de la subjetividad, las
realizaciones técnicas, además de cumplir ciclos como los
que anteriormente expusimos, estructura al ser en cuanto a su
realización como ente sobre el medio y como ser histórico.
Como ente en el medio, porque su escenario será la
naturaleza, la realización material de sus actos; y como ser
histórico porque cumple con los dictámenes naturales sobre
la base de las herramientas físicas y metafísicas acordes a
su evolución y posición histórica. La técnica es el puente
en su relación con la estructura, y a la vez su dispositivo
como ser en una vía histórica. Lo que es, históricamente,
lo desoculta, lo crea y lo plasma sobre la tierra.
Una
de las características más importantes que le queremos
atribuir al estado moderno del desarrollo técnico, y que algo
insinuamos párrafos anteriores, es que este accionar
esencialmente humano, al entrar en esa etapa histórica, deja
de ser un dispositivo íntegramente práctico para
transformarse en un accionar complementado por argumentaciones
teóricas de dicho accionar. Estamos hablando de la relación
estructural que tienen en la modernidad, en occidente, la técnica
con la ciencia moderna.
La
relación entre la técnica y la ciencia, mostrará el interés
humano por el conocimiento en cuanto tal, la epistéme. Y
este estado mental y material de cosas, separará las prácticas
técnicas procesadas por generaciones como un mero proceso
acumulativo de saberes; la atención estará depositada en la
práctica fundamentada, en la pretensión de conocimiento de
las causas y razones de toda nueva creación, de todo nuevo
accionar. Es el principio de exactitud y de eficacia del
pensamiento técnico.
Todo
acervo teórico será apuntalado por las prácticas científicas,
y en lo que respecta a la técnica, el hombre moderno creará
un campo específico dentro de la ciencia que se centre en los
avances técnicos. En síntesis, esta evolución mostrará un
estado de cosas nuevo donde "... la tecnología puede
entenderse como aquello que acontece en el interior de la
trayectoria de la técnica cuando surge, dentro de la
civilización occidental, un conjunto de conocimientos teóricos
que permiten explicar o dar razón de lo que es eficaz en
concreto. Este paso fundamental se cumple dentro de la
civilización occidental en el momento histórico de
descubrimiento y construcción de la ciencia natural moderna.
Es esta ciencia la que permite ofrecer las razones teóricas
que justifican (es decir, explican conceptualmente) por qué
ciertas prácticas concretas son eficaces y permiten proyectar
nuevas prácticas sin necesidad de basarse en una experiencia
previa." (20)
La
moderna práctica de la ciencia va emparentada con un momento
anticipador, que se ve confrontado con el medio, la
experiencia. Este último paso es posterior al previo
pensamiento y comprensión de ciertas regularidades del medio
ya moldeadas por la ciencia, y es el nuevo modelo de acción
de la técnica dentro del circulo virtuoso de la observación
y la teoría.
Si
hacemos un esporádico recorrido de esta relación entre
ciencia moderna y técnica moderna, es decir, si nos detenemos
en las nuevas formas que se montan en torno a estas
disciplinas en la modernidad, vemos que las pautas de acción
del hombre, si bien son creadas por la capacidad técnica intrínseca
en él y toda su memoria cultural, se ven revolucionadas por
ciertos emergentes. Donde y cuando la ciencia descubre
entidades reales, cualidades nuevas, propiedades inéditas en
los organismos o en el medio, que eran hasta ese momento
imposibles de percibir o de prever basándose en los
antecedentes conocidos por esta amplia y atávica acumulación
de saberes, se produce un nuevo avance que, amplia el
campo de acción del hombre y reafirma la metodología de los
dispositivos técnicos y científicos como paradigmas de
conocimiento y de creación, es decir, de aprehensión de lo
real bajo la forma del entendimiento y la praxis humana.
Ciencia
y técnica
Una
de las características principales de la ciencia occidental
moderna, es que en tanto proceso evolutivo, sus saberes
obtenidos pueden acumularse y agregarse de manera integral y
complementaria en una estructura jerárquica de conocimiento.
Este ordenamiento y posterior desarrollo continuo, pudo
alcanzarse una vez que el hombre consiguió explicar teórica
y metodológicamente un gran cúmulo de fenómenos -en primera
instancia- naturales de toda índole.
Bajo
este esquema teórico-explicativo y demostrativo se realizó
la síntesis que inició la nueva mecánica matematizada,
conjuntamente con la física teórica moderna. La unión de
las distintas ramas de las ciencias naturales, subordinadas
constructivamente a una misma historia y esquema cognitivo, ha
creado una unidad que ha mutado -aunque en una sola dirección-
en los últimos tres siglos.
Concomitantemente,
la filosofía de la ciencia -mediante sus abstracciones acerca
de la ciencia y su método-, contribuyó a la creación
racional de un conocimiento científico y unificado; una quimérica
construcción final de un sistema único, homogéneo,
virtuoso, donde cada fenómeno tiene descripción, explicación
causal y se puede clasificar y aislar espacio-temporalmente,
observando sus relaciones dentro de un sistema único, medible.
El sueño de la totalidad aprehendida por el hombre moderno,
fue lo que lo caracterizó: "El
progreso de la ciencia, se pensó, se podía medir contra el
acercamiento a dicho sueño." (21)
De
lo expuesto anteriormente, creemos poder afirmar que los
nuevos matices con que la técnica ingresa en la modernidad,
están estructuralmente relacionados con el desarrollo de la
ciencia moderna.
Este
proceso paralelo por el cual transita el recorrido de las
transformaciones se evidencia en los nuevos métodos que
utiliza la ciencia, como por ejemplo la organización teórica,
conceptual e instrumental de la experiencia. La fabricación
de artefactos justa y precisamente para las prácticas científicas,
posibilitó la matematización exacta de los fenómenos a
tratar, y por ende, la creación de instrumentos de calidad
creciente en cuanto a la medición y parametrización, lo que
posibilitó incrementar el conocimiento en referencia al
medio, y todo un acervo teórico en cuanto a prácticas científicas.
Para ser claros, la ciencia dejará de ser una práctica de
contemplación tal cual era entendida en la antigüedad, y
pasará a ser una ciencia que debía sus experiencias a la
percepción y aprehensión de fenómenos vía la técnica; los
fenómenos comenzaron a construirse técnicamente, a
observarse instrumentalmente.
Todo
esto induce a pensar que la ciencia moderna es tal en cuanto
modificaciones en el método posibilitados por la tecnología,
puesto que la construcción de instrumentos de medición
potencializa -siguiendo los parámetros técnicos aquí
vertidos- las percepciones humanas y crea las condiciones
ideales para la experiencia, donde entran en juego postulados
teóricos en su posibilidad de contrastación empírica; es
decir, crea ambientes artificiales donde se den en término
justo las variables necesarias para tal experimento, algo que
en la observación a secas de la naturaleza, sería casi
imposible. Las posibilidades de la ciencia moderna, también
dependieron del grado de desarrollo de estos primeros
instrumentos de medición. Lo inobservable, lo imperceptible a
los sentidos, es percibido, construido y entendido en forma de
cálculo -fruto de anteriores aprehensiones devenidas en
regularidades estables-; eso es el objeto de estudio de la
ciencia, construcciones teóricas apoyados en soportes tecnológicos,
que se evidencian por efectos perceptibles que revelan tales
instrumentos.
Las
pautas técnicas con que la ciencia realiza el impacto
cognoscente, construyen una noción de realidad y de
regularidad tal, que podemos afirmar que cambia radicalmente
el concepto y la práctica misma de la observación. Las prácticas
empíricas todavía poseen un valor importante en la ciencia
moderna, aunque debamos hablar de otro tipo de percepción empírica;
la observación será tal en cuanto exacta, por lo tanto
instrumentalizada, y será constantemente ampliada en doble
sentido, por los instrumentos técnicos, y porque cada nueva
experiencia será resultado de las modificaciones (producto de
pretéritos experimentos contrastados y por lo tanto
teorizados) y las consideraciones de las anteriores. De esta
manera, la exactitud, como también la más profunda empíria
y fundamentación teórica posible de la experiencia, serán
dos procesos paralelos (22).
La
contrastación de la experiencia y sus postulados con la
realidad, supondrán un riguroso examen experimental en los términos
artificiales anteriormente expuestos, único modo de
fabricarlos y darle la nominación de postulado científico.
La capacidad de generar dispositivos técnicos por medio de la
tecnología, es la condición básica y necesaria de cualquier
método experimental que pretenda cientificidad, dada la
característica técnica y artificial de los experimentos.
Como
vemos, la técnica focalizada y estudiada como formas
primordiales de la acción humana, la tecnología, es un
componente más de la ciencia moderna, tanto teórica como práctica.
Otro
aspecto que creemos fundamental, en lo referido al papel de la
técnica y la tecnología en el desarrollo de la ciencia
moderna, es la base instrumental y por lo tanto técnica que
poseen los conceptos científicos. Esto posibilita leer lo
real en términos objetivos en cuanto a las entidades
naturales en tanto regulares; como en cuanto a los objetos o
cosas que se mueven dentro de esos parámetros de realidad.
Permite profundizar las características, las entidades de los
objetos, también el medio en donde se desarrollan tales
características a tener en cuenta (siempre y cuando sean
fundamentables y subordinadas a una regularidad mayor) para
crear parámetros de función y desenvolvimiento de tales
entidades. La ciencia crea técnicamente nuevos conceptos
clasificatorios y de medición.
Es
un método conceptual-teórico, posibilitado por el soporte técnico
de los experimentos que hacen posible la confirmación de las
teorías. También es el método que utiliza la ciencia para
construir sus postulados acerca de lo real. "En el
mundo actual, los resultados fácticos de las confirmaciones
de nuestras teorías científicas son los productos tecnológicos,
y éste es el punto fundamental. ¿Qué son tales productos?
Todos son previsiones que tienen éxito." (23)La
misma idea de confirmación, constrastación o falsación que
están en las escuelas epistemológicas, es el criterio de
verdad de la ciencia moderna; esto corre, como vimos, para los
postulados teóricos de cada disciplina científica, como para
el éxito preventivo de cualquier concepto o instrumento de
medición científica. Por eso, "...
desde el punto de vista epistemológico, la tecnología, a
través de los productos tecnológicos, constituye la base más
fuerte para aceptar la mayoría de las teorías científicas
actuales, y no sólo se refiere a la utilidad práctica de sus
aplicaciones." (24)
Estrictamente
en nuestra época, es muy difícil poder sostener un consenso
y un discurso serio acerca del realismo de la pretendida
unicidad científica (25), es decir la unidad metodológica
bajo una diversidad descriptiva y explicativa o argumentativa.
La instrumentalización de la práctica científica ha
posibilitado nuevas y complejas imágenes que utiliza la
ciencia como energía informativa que inspiran a una creciente
especialización y fragmentación de la práctica científica
primero -vía la heterogeneidad de datos-, y una disgregación
disciplinaria, después -vía la proyección de imágenes
cognitivas que hacen que los límites sean cada vez más
flacos, pero que a la vez la unión disciplinaria sea casi
imposible-.
La
especialización creciente ha causado cierta inestabilidad en
la pretendida unidad científica, la de explicar bajo una
misma mirada conceptual las apariencias y la esencia de la
naturaleza. Sin embargo, al surgir nuevas disciplinas -o
ciencias- que fragmentan, delimitan y recortan aspectos del
medio natural y social mediante mecanismos totalmente
distintos entre sí, aparecen momentos cognitivos gradualmente
aislados que impiden un acumulamiento lineal al estilo clásico
y la posterior reducción o fusión epistémica.
La
práctica científica actual nos muestra una gran diversidad
en cuanto a las mismas, a los métodos, lenguajes,
comunidades, instituciones, etc, que difícilmente puedan
conjugarse bajo una luz común. Lo central es que ha habido un
surgimiento de nuevas -y cada vez más impermeables y menos
exportables- comunidades científicas subordinadas a prácticas
y recortes igualmente diferentes. Cada vez es más forzada la
alianza o subordinación excesiva, cada magnitud de nivel
descriptivo o conceptual, o de recorte y construcción teórica,
de una disciplina hacia otra (26).
Siguiendo
en sintonía con lo que venimos sosteniendo, la ilusión de
control completo del ente que puede pensarse en la práctica
científica moderna, choca contra lo que posibilitó este
postulado. La técnica y la tecnología aplicada a los
experimentos ha creado una variedad de campos para aplicarlas,
fragmentando cada vez más esta práctica. La tecnologización
de la práctica científica hace posible una revisión histórica
acerca de la praxis cognoscente y puede posibilitar al hombre
nuevas líneas de unificación como de fragmentación científicas.
La
mecanicidad
Partiendo
del concepto de regularidad que intentamos recortar y trabajar
aquí, podemos ver como la mecanicidad, forma regular de acción
con la que se puede -gracias a su aprehensibilidad previa
provista de un mismo tipo de regularidad anterior o superior-
conducir las entidades reales de la naturaleza (por ejemplo el
movimiento, la fuerza, el tiempo y el espacio), deviene como
un concepto de fundamento y función hermética, que el hombre
crea, absorbe y utiliza para su acción.
El
concepto de mecanismo, de mecánico, o conjuntamente, de
mecanicidad, es ante todo, un paradigma. Los mecanismos son
estados de cosas, sistemas con una lógica propia, bloques
esquemáticos de acción, de dirección autocumplida de
sentido.
La
mecanicidad como concepto recibe también el impacto epistemológico
que le otorga la tecnología bajo tres formas; una, como
sistema conceptual, definido clara y profundamente basándose
en las crecientes internalizaciones categoriales de la
observación y la construcción del medio; la segunda, como
sistema cerrado de acción y transmisión continua de datos y
movimiento; y la tercera, resultado de ésta última, como
cosificación de esta lógica, la creación mecánica, las máquinas.
La
semántica de este concepto ha variado dentro de una misma lógica
durante las etapas de la historia; de su significado en la
antigua sociedad griega como "invención ingeniosa",
ha pasado a ser un sistema conceptual de referencia en cuanto
a movimiento, enlace y circulación de impulsos energéticos o
de datos, de la índole que éstos sean. Tal esquema lógico,
se ha posicionado durante mucho tiempo como dispositivo para
explicar y conceptuar diversidad de entidades, como sistemas
filosóficos o metafísicos, realidades orgánicas o la misma
naturaleza, la primera gran analogía mecánica organicista.
Como
sistema mecánico, la naturaleza posee características tales
en su funcionamiento que pueden aprehenderse conceptualmente
si se la entiende como sistema mecánico de sucesos. Esta
forma de ver y construir la naturaleza conceptualmente fue
preponderante en la etapa comenzada por René Descartes. Otro
tanto vale para cualquier entidad que en su accionar, su lógica
o modo de funcionamiento, tome forma el concepto de mecanismo
o mecanicidad. Nuevamente nos es claro Ortega (1939), cuando
nos dice que "La
técnica moderna enlaza con Galileo, Descartes, Huygens; en
suma, con los creadores de la interpretación mecánica del
Universo. Antes se creía que el mundo corporal era un ente
amecánico, cuyo ser último estaba constituido por poderes
espirituales, más o menos voluntariosos e incoercibles. El
mundo, como puro mecanismo, es en cambio la máquina de las máquinas."
Dentro
de la ciencia moderna y su creciente especialización, el
concepto de mecánica explica la relación y el movimiento de
los cuerpos; de este modo, cada teoría dentro de la física,
posee este carácter y puede ser englobada en una forma más
de utilización del concepto. Cada sistema teórico mecánico,
se coloca dentro de la teoría general de la mecánica, como
por ejemplo el newtoniano. (27)
Puede
afirmarse que, a grandes rasgos, con la noción de mecánica o
mecanicismo (conjunto de sistemas mecánicos que a la postre
forman un sistema mecánico total que los engloba), se ha
tratado de construir significativamente la noción de realidad
orgánica o de naturaleza, utilizando la mecanicidad como
instrumento hermenéutico, y posteriormente también la noción
de instrumento mecánico creado.
Los
métodos de investigación científicos tipificaron una manera
de estudiar y teorizar el entorno mediante esquemas de
pensamiento trazados por esta lógica. El estudio del
movimiento de los cuerpos, se proyectará ad infinitum y será
propicio para tratar de dominar conceptual y fácticamente a
la naturaleza.
La
creación del espacio y el tiempo como categorías humanas
científicas, no puras, impulsó al sujeto a enmarcar sus ámbitos
naturales más radicales bajo la lógica de la mecanicidad.
Todo ámbito de acción, tanto en la naturaleza, como en
cualquier sistema mecánico creado por el hombre, formara
parte de la misma cadena causal bajo las constantes entidades
regidoras de la naturaleza. Los movimientos de los cuerpos, y
a la vez la realidad natural toda, serán secuencias de un
sistema mecánico, con sus regularidades y reglas, que
corresponderá a una rigurosidad causal exclusiva y
excluyente. La naturaleza es, a los ojos del hombre moderno y
su ciencia, un sistema mecánico construido por un cuasi
infinito sistema causal llamado siempre a autorrenovarse en su
finalidad.
A
lo largo de la historia, el resultado material del pensamiento
técnico, es su aplicación en el mundo y en el hombre, y las
creaciones artificiales desde un primer momento. La técnica
puede ser comprendida como transformación de la práctica;
como reducción, abstracción y cosificación de trabajo
humano, de actividad humana. El comienzo de la lógica mecánica
tiene varias etapas, pero en donde residen las características
evidentemente revolucionarias, es en el comienzo de la
automatización, es decir, la transformación autonómica de
la praxis humana solo permitida por la evolución tecnológica
de los sistemas de movimientos y cierto grado en la
subordinación de las entidades reales.
A
partir de este esquema mental, los fenómenos pueden leerse
bajo otra perspectiva, a saber, el lenguaje humano de la
naturaleza, la matemática y la física (28). Movimiento,
control y encauzamiento de los movimientos, fijación de los
hechos y su constante variación como tales (regla y ley),
espacio, tiempo, relación entre materia, espacio y tiempo,
etc. Este tipo de pensamiento llevado al momento creador de
materialidades para un fin, cosifica trabajo humano mediante
dispositivos materiales que reproducen y re-producen (como lógica
humana, es decir, ya existe en el pensamiento) la mecanicidad
de los movimientos. Esta lógica prolongadora de la acción
humana sobre el medio, potencializa esta acción y la proyecta
a la autonomatización en la mayoría de los casos. La técnica
entonces aparece como la práctica que inicia la búsqueda de
medios para real-izar y llevar a la práctica ese tipo de
pensamiento previo.
Puede
pensarse que el primer fruto material de esta lógica técnica,
es el dispositivo de alcance humano más inmediato, la
herramienta -posteriormente será el sistema mecánico o máquina-,
protoproducto del pensamiento técnico al potenciar el esquema
corpóreo humano en el medio.
Máquinas
y ontología
Lewis
Mumford afirma que la máquina es el emergente más
significativo de la técnica a lo largo de la historia; es, en
sus palabras, "el hecho técnico más patente de los
últimos mil años" (29). Este autor rastrea, creemos
acertadamente, el nacimiento de toda noción de autómata con
el desarrollo de las facultades del cuerpo humano.
La
evolución de la máquina tuvo varias etapas. Las máquinas,
como también las herramientas, han nacido como creaciones
humanas inspiradas en dos funciones íntimamente relacionadas
-tal vez las mismas que la de la propia técnica-, reforzar y
proyectar al máximo posible la fuerza humana, corpórea, el
trabajo humano; y la otra, -su consecuencia- modificar, con
gradual importancia, el medio físico y humano.
La
máquina posee una gran carga ontológica. La idea de máquina
se basa en la idea del hombre como ser funcional; las primeras
aproximaciones y los primeros modelos maquinales fueron
humanos, grandes ensambles colectivos de cuerpos humanos
focalizados en funciones específicas. Las máquinas en la
forma moderna, explotan y se proyectan como forma general,
cuando el hombre pluraliza las funciones y logra otorgarle una
forma no humana, no orgánica, donde el hombre modifique
crecientemente el medio y potencialice sus acciones. La gran máquina
humana fue el antecedente obligado de los sistemas mecánicos
alimentados por fuerzas o energías exógenas y extraorgánicas.
Mumford
sostiene que las ideas que inspiraron a las máquinas (sintéticamente,
la regularidad y repetición, el orden y la organización de
la acción) ya estaban en la mente humana sobre la base de la
misma analogía del hombre mismo como un ser internalizador y
aplicador de hábitos asumidos. El encauzamiento mecánico de
la acción, dispositivo primario de toda acción maquinal,
elimina la cuota de azar real y posibilita que la regularidad
-atributo humano real y construido a la vez- se proyecte en
una creciente cantidad de acciones humanas productivas.
El
gran impulso de la máquina como modelo óptimo de trabajo se
vió potenciado por dos factores, uno psicológico, y es
cuando el hombre utiliza su imaginación como primer campo
experimental para proyectar toda función dentro de un marco
de mecanicidad. El otro factor tiene que ver con las prácticas
científicas, el interés en dominar y crear sistemas mecánicos
cada vez más complejos y donde la acción regular sea cada
vez más autónoma y con un margen de error en el proceder y
funcionamiento mínimos (30). El autor mismo nos dice que: "Galileo
se halló a sí mismo con un mundo físico abstracto hecho de
masa y movimiento que podía ser observado por el ojo,
manipulado por la mano, y reducido a cambios de cantidad y
posición que podían ser descriptos por los matemáticos. La
ciencia, al otorgarle un certificado de realidad sobre esta
clase de mundo, le concedió a la máquina prioridad por sobre
otras áreas de la cultura humana." (31)
La
internalización del medio será la imagen del mundo como
reserva de energías a capturar para hacer funcionar y crear
todo autómata. El circulo virtuoso esta alimentado por la lógica
de la creciente aprehensión, de reservas de poder energético,
que son cosificadas en entes mecánicos que posibilitan la
potencailización de la acción humana autónoma y de la acción
humana en el medio.
La
creación de un producto típico de la aplicación material de
la ciencia moderna es la máquina. En cierto sentido, la máquina
no sólo es analógica con el funcionamiento de la naturaleza,
también en ciertos momentos llega a remplazarla y a
superarla. Es la creación de un sistema autonómico, nuevo,
que imparte sus lógicas en todo entorno humano.
La
creación de la máquina supone una certeza pretérita en
cuanto a su constitución y funcionamiento, cuestión que la
diferencia de toda constitución orgánica o natural. La
creación de la máquina moderna, es fruto de una creación
intelectual anterior, es decir, es un sistema creado a costa
de y paralelamente a la naturaleza.
Las
máquinas son modelos, y se presentan en muchos momentos de
manera ideal. La mecanización de los fenómenos naturales u
orgánicos son modelos de funcionamiento y de manifestación
de los mismos.
Las
máquinas se han desarrollado basándose en dispositivos
artificiales, no orgánicos, que ensamblados en una relación
común, operan sobre el medio canalizando energías,
realizando actividades útiles para el ser humano,
potencializando el alcance del cuerpo humano, o focalizando
una función o tarea determinada (32). La evolución de las máquinas
-de la cuál es imposible hablar hasta un momento determinado
separándola de la herramienta- (33), logra su última etapa,
la actual, en el alcance de la acción automática, en la
automatización.
La
automatización es la abstracción máxima del trabajo humano,
la captación, cosificación y proyección ad infinitum
de acción humana con independencia relativa. La automatización
es un sistema de secuencias de acciones determinadas por y
para un fin. Con todo esto estamos diciendo que un desarrollo
determinado de la mecánica, es una condición necesaria para
que se pueda hablar de automatización. Las distintas nociones
de automatización se deben al grado de independencia de
ciertas funciones determinadas en referencia al ser humano.
(34)
Todas
las actividades o campos de la vida humana que son absorbidos
y moldeados por la técnica, son esferas regulares en el
transcurrir, son momentos mecánicos en la estructura de
actividades humanas. Momentos vitales, fundamentales en cuanto
a manutención y progreso como especie.
Continuando
con el tema de la evolución de las máquinas, desde la
herramienta hasta el autómata, la esfera de la producción
propició de escenario cuasi excluyente en lo referente a los
nuevos avances tecnológicos, es decir, nuevos métodos y
modos de captación y reproducción de actividades humanas. ¿Quién
puede dudar, desde Marx hasta aquí, el papel fundamental que
tiene el trabajo, la praxis productiva, en la evolución del
hombre biológico y social?
Sostener
estos postulados nos puede sugerir dos estados de cosas
reales; el primero, que la técnica es un medio presente en
toda actividad vital del hombre, que se entiende como el
dispositivo mental con que el hombre ha tratado estos temas
desde su ser como especie, y que cada emergente en los
dispositivos técnicos asciende al hombre, en su relación con
el medio, como ser progresivamente emancipado. Segundo, que
dadas las características de las esferas vitales del hombre
donde operan los dispositivos técnicos, el hombre
necesariamente reproducirá un orden estructurado en su
momento histórico y en su vida en particular, acorde a la
evolución de sus comportamientos y hábitos tecnizados.
Toda
base argumentativa en la etapa moderna está apoyada en el
modelo y en la sensación de que los autómatas en su última
etapa de desarrollo, son entes a considerar en cuanto a la
relación que el hombre entabla con ellos, dado que en la
psiquis del hombre aparecen como entes con "vida
propia" llamados a reemplazar al hombre en ámbitos cada
vez más humanos. Mumford junta dos sensaciones humanas que
son tan imaginarias como reales: "La
máquina ha establecido un omnipresente sentido del orden
transfiriendo las regularidades primero asociadas con los
cuerpos celestes a las instituciones humanas, entrenando a las
personas en hábitos de puntualidad y brindándoles la
confianza en el poder del hombre para comprender las fuerzas
que lo rodean y diseñar los medios para controlarlas y
adaptarlas a sus propios fines [...]
de aquí que el problema planteado por el éxito de la máquina
sea cómo restaurar esos objetivos humanos que fueron
abandonados en la búsqueda de poderes extrahumanos, sin que
esto implique la pérdida de las ventajas que la máquina
trajo aparejadas." (35)
Técnica
y teoría
Toda
teoría es presentada y es constituida como abstracción y
ordenamiento de cualquier tema específico. También es
abstractamente expuesta, en referencia a conceptos -también
abstractos- construidos. Sin embargo, las teorías también
son sistemas coherentes de ideas y postulados que datan y
estructuran lo real.
La
importancia de las teorías, además de su poder epistemológico,
es que reflejan épocas y personas. Toda teoría habla de su
época -como estructura histórica- y de su autor -como sujeto
histórico-. J. Alexander, dice: ".... hablaré de la
sociedad contemporánea no sólo porque ha afectado la teoría
contemporánea sino también porque la teoría contemporánea,
a fin de cuentas, trata sobre la sociedad contemporánea."
(36)
Toda
teoría tiene (o sus autores pretenden que tenga) poder de
fijación y de generalización. Sus postulados priorizan un
ordenamiento de la realidad que es global y en algunos casos
omni-explicativo. Toda teoría que tenga aspiraciones, fijará
sobre lo real (como vinimos sosteniendo) leyes, estructuras y
modelos que expliquen el devenir de las lógicas de lo real.
Tal es así, que este autor también afirma que "la
teoría es una generalización separada de los particulares,
una abstracción separada de un caso concreto." (37)
Las
teorías son razonamientos teóricos que no se relacionan en
un sentido lato, directo e inmediato con "lo real"..
No son procesamientos puros de realidades. Son conjuntos de
ideas acerca de lo real que sostiene tal o cual escuela, o tal
o cual hombre. Por lo tanto, sostenemos que ver una teoría
como un sistema acabado es, ante todo, un error. Las teorías
son generadas y construidas por datos empíricos, pero también
por datos extra-empíricos no contrastables. Es lo que el
mencionado autor llama los "elementos apriorísticos"
de la ciencia y que "....
este elemento no depende de las observaciones sino de las
tradiciones. ¿Qué son estas tradiciones científicas?
Podemos convenir, sin lugar a dudas, en que están integradas
por los componentes básicos de la ciencia social."
La
técnica, tomada como un fenómeno emergente en sí, el
desarrollo de la ciencia y la tecnología, y los impactos
-entendidos como consecuencias- en la cultura y la vida de los
hombres -como procesos paralelos- han sido temas de
importancia para la teoría social. "La pólvora como
arma de fuego y la imprenta son auténticamente
contemporáneos de la brújula y el compás: los cuatro, como
pronto se advierte, de un mismo estilo, muy característico de
esta hora entre gótica y renacentista que va a culminar en
Copérnico. Noten ustedes que esos cuatro inventos obtienen la
unión del hombre con lo distante –son la técnica de la
<actio in distants>-, que es el subsuelo de la técnica
actual. El cañón pone en contacto inmediato a los enemigos
lejanos; la brújula y el compás al hombre con el astro y los
puntos cardinales, la imprenta al individuo solitario,
ensimismado con esa periferia infinita –en espacio y
tiempo-, infinita en el sentido de no finito – que es la
humanidad de posibles lectores." (Ortega 1939) Las
intenciones y valores que mueven todas estas teorizaciones
acerca del fenómeno técnico, son visiones acerca de la
manifestación de éste, y pueden leerse bajo la relación
sujeto-estructura.
En
un contexto altamente tecnizado, el sujeto reaccionará ante
la rígida y fría racionalidad técnica que estructuralmente
envuelve al mundo moderno desde su nacimiento, y a la vez esta
estructura -con estas características-, creará las
condiciones materiales para parir sujetos social y
culturalmente más técnicos, en su devenir subliminalmente
violento y abarcador. El arrollador avance de los dispositivos
técnicos en la vida social, tornará autónomo y determinista
a todo desarrollo tecnológico, que causará la pérdida de
los fines, y dictaminará la lucha de esta racionalidad técnica
con el espíritu humano, como la angustia existencial de la
modernidad y el sujeto histórico que habita en ella.
Esta
esquematización -más que nada provocadora- es propuesta para
poder explicar los tópicos que poseen las teorizaciones
acerca de la técnica y el desarrollo tecnológico en la vida
social moderna, articulación fundamental de toda teoría
referida al tema en cuestión.
Las
teorías sobre la técnica y el desarrollo tecnológico, puede
separarse en dos grandes grupos: la teoría instrumental y
la teoría sustantiva. (38) La primer teoría,
conceptualiza el desarrollo tecnológico como un dispositivo
humano dependiente de las demás esferas de la organización
economicosocial; la técnica es vista como algo manejable, útil
y previsible. La teoría sustantiva, la segunda en cuestión,
le otorga al desarrollo tecnológico, no una dependencia, sino
lo contrario, autonomía, autonomía feroz, arrasadora, que
puede subordinar bajo su lógica cualquier forma y momento
social y cultural del hombre. Para traducirlo en términos
weberianos, la primer noción de desarrollo tecnológico, no
supone la pérdida de los fines por los medios, cosa que sí
sucede en la segunda concepción.
A
continuación, se expondrán las características dominantes
de estás nociones de tecnología. (39)
Lo
central de la argumentación de la teoría instrumental o
ingenieril, es la neutralidad de todo fenómeno tecnológico.
Como entidad neutral, es aceptada en toda su forma y
apariencia, y es conceptualizada como medio para un fin, es
decir, como una herramienta útil para los propósitos
fijados.
La
neutralidad -característica principal- del campo tecnológico,
supone:
-
Como
medio puramente instrumental, el desarrollo tecnológico
podrá ser utilizado para una constelación de
fines, independiente de los que sean, y del
desarrollo técnico mismo.
-
Independencia
total en relación con la esfera política y ajena a
las instituciones -"un
martillo es un martillo".
-
Neutralidad
total por poseer la racionalidad instrumental y la
universalidad de postulados como criterios de
verdad.
-
Su
neutralidad supone su aplicación masiva y que se guía
por las mismas normas donde quiera que se aplique.
-
Proceso
devenido "naturalmente."
-
Tecnología
como medio.
-
Búsqueda
de función o funcionalidad.
Todas
estos postulados que caracterizan una corriente de pensamiento
hacia lo técnico, remarcan la neutralidad esencial de todo
fenómeno tecnológico y deja vía libre para su aplicación y
desarrollo indiscriminados, sólo determinados por parámetros
de eficiencia y eficacia. Teoría que también ensaya los
pasajes y desfasajes del cambio en las sociedades bajo la
variable tecnológica; "La comprensión
instrumentalista de la tecnología es especialmente prominente
en las ciencias sociales. Aparece como un elemento importante
en las tensiones entre tradición, ideología y eficiencia,
que surgen de los cambios socio-tecnológicos." (40) La
tecnología es un fenómeno tomado en toda su naturaleza, en
sí mismo, analizando sus estructuras cognoscitivas y sus
manifestaciones objetivas. Las defensas anteriores y recientes
al fenómeno técnico y tecnológico por parte de los
partidarios de esta teoría o corriente del pensamiento
tecnológico, corresponde a ciertas materialidades aportadas
al hombre por parte de la tecnología. El concepto de libertad
mismo, será entendido en estos términos, y la actividad
tecnológica –su meta, su telos- será la obtención
de la libertad humana como ninguna entidad puede lograrla. La
libertad es entendida como el dominio material y la
superación de las limitaciones y coacciones del medio natural
a la acción y aspiración del hombre como sujeto terrenal.
(41)
Lo
principal en la teoría sustantiva o humanista
de la tecnología es negar cualquier tipo de neutralidad en la
esfera técnica y tecnológica. Esta teoría conceptualiza a
la técnica como un sistema acabado, con autonomía propia y
que posibilita materialmente el constante surgimiento de
nuevas dimensiones sociales y culturales para el hombre.
Lo
fundamental de esta tradición teórica es que:
-
El
universo técnico y tecnológico, no son neutrales ni
tampoco están subordinados a las demás esferas de lo
social.
-
Sistema
expansivo, sin control, y creador de nuevos sistemas
culturales. Fenómeno típico de la modernidad.
-
Proceso
inevitable en su creciente instrumentalización -"un
destino del cual no hay otro escape más que la
retirada". Semejanza con el capitalismo.
-
A
menudo, conclusiones apocalípticas.
-
Tecnología
como medio y modo de vida desubjetivado.
-
Proceso
devenido cultural y arbitrariamente.
-
Búsqueda
de sentido.
Lo
que querríamos resaltar en esta teoría, es la presencia implícita
y, en pasajes, explícita que posee la perspectiva del sujeto.
A la vez que fenómeno instrumental, la técnica y su
posterior desarrollo tecnológico, son analizados basándose
en las sensaciones que despierta estos estados de cosas técnicos
y estructuras técnicas en la conciencia humana. Las dos teorías
vislumbran la técnica como fenómeno estructural, inevitable;
sin embargo, para la teoría instrumental, el fenómeno
estructural es avalorativo y es el grado de desarrollo actual
de un dispositivo humano para real-izar tareas y fines; la
teoría sustantiva impone como tópico central en la discusión,
las sensaciones y consecuencias subjetivas de esa racionalidad
-cosificada y abstraída del sujeto- ordenadora y
dictaminadora en la vida de los hombres y en la estructuración
de las sociedades.
Una
-la primera- deja correr a este fenómeno estructural con
naturalidad y hace al sujeto adecuarse a él; otra -la teoría
sustantiva- condena este transcurrir y recurre a críticas
morales, existenciales, culturales y planea moldearlo políticamente
a favor del hombre o especula con "un regreso a los orígenes".
Adaptación y resistencia, pero ambas bajo la sombra del
determinismo tecnológico.
Desde
la perspectiva que venimos desarrollando, creemos ver
claramente que el desarrollo tecnológico y la técnica en sí,
son cuestiones reales y empíricas que sus naturalezas se
desenvuelven -y por lo tanto pueden teorizarse- bajo la relación
sujeto-estructura. Esta relación hace el hecho técnico. Bajo
esta lógica, intentaremos exponer ciertos momentos de las
teorías sustantivas o humanista en referencia a la técnica.
Elegiremos
dos exponentes de la teoría sustantiva de la técnica, más
útiles para la mirada que nos proponemos realizar del fenómeno
en este trabajo. Para nuestro propósito elegimos ciertos
momentos conceptuales de las teorías acerca de la técnica
que crearon Martín Heidegger (42) y Lewis Mumford (43).
Trataremos de leer bajo nuestra fundante relación de lo
social -sujeto-estructura- cada sector de estas teorías y
localizaremos a ésta misma en cada búsqueda de la verdad que
cada autor intenta develar en sus postulados.
El
hombre moderno en su accionar técnico concibe al medio
natural como una gran base de reservas reales y potenciales de
energía, captadas y traducibles en términos de cálculo. El
filósofo alemán M. Heidegger, atribuye este paradigma a la
esencia misma de la técnica moderna, argumentando para ésto
que la esencia misma de dicha técnica se encuentra en su
constancia y en su desocultar (44); "El desocultar
imperante en la técnica moderna es un provocar que pone a la
naturaleza en la exigencia de liberar energías, que en cuanto
tales puedan ser explotadas y acumuladas. Pero, ¿no vale esto
eso también para un molino de viento? No. Sus aspas giran,
ciertamente en el viento, a cuyo soplar quedan inmediatamente
entregadas. Pero el molino de viento no abre las energías de
las corrientes de aire para acumularlas." (45)
La
técnica se proyecta en el mundo y deja de ser un mero medio
para un fin; es un destino humano llamado a desocultar y donde
se manifiesta el ser. Este desocultar (pro-ducir) que domina
la técnica moderna, acontece de tal manera que hace que se
descubran las energías ocultas de la naturaleza; entonces nos
dirá el filósofo, lo que se desoculta se descubre, lo que se
descubre se transforma, lo transformado deviene en acumulado,
lo acumulado, repartido, y este último se renueva cambiado.
Todas estas etapas son formas de desocultamiento que sólo son
permitidas por la técnica moderna, por la capacidad técnica
del ser moderno. El mundo asi conceptuado, es un medio
totalmente distinto a lo que era para un ser premoderno, donde
esta lógica con el medio no fue llevada nunca hacia un
extremo tan radical como se presenta en la modernidad.
De
la forma desocultante que ahora tiene el hombre técnico
para con el medio, se puede ver la otra arista de este
paradigma relacional, y es la constancia con la que esta lógica
de desocultar actúa en el mundo; "Por doquiera se
establece que hay que estar en todas partes, lugar por lugar,
y estar, ciertamente, para que sea establecible por un
establecer ulterior más amplio. La palabra
"constante" se mueve ahora en el rango de un título.
Caracteriza nada menos que el modo como está presente todo lo
que se refiere al desocultar pro-vocante." (46) Lo
constante será una característica intrínseca del accionar técnico
(desocultar) en la modernidad, el poder provocar de una manera
notable el desocultar, de un modo exacto; el hombre y el método
moderno, colocan a la naturaleza como una "conexión
calculable de fuerzas", medibles, intuíbles,
cuantificables, previamente calculables, es decir, "anunciantes".
La
búsqueda de la esencia de la verdad, será transitada por el
camino del método, modelo mental que tiene una nueva característica,
la certeza apoyada en dicho esquema, la exactitud como norma
general. Todo esto es posible, por un primer momento de
captación de regularidades, que deviene en fuerza constante
de la naturaleza como enunciado matemático.
Sólo
la actitud de provocación del hombre a las fuerzas de la
naturaleza, posibilita este "desocultar
establecedor" (lo Ge-stell); es decir, un sujeto
histórico activo en particular, y no otro (47). El sujeto que
podrá intuir lo real del ente, descifrarlo y medirlo bajo
formas exactas cuantificables, aunque "... del
desenvolvimiento, en el que, en cada caso, lo real se muestra
o retrae, no dispone el hombre." (48)
Este
concepto de la técnica, nos parece oportuno para poder
exponer una noción de sujeto y las nuevas posibilidades que
le supone la aprehensión de la naturaleza y el medio humano
como campo experimental de la constante acción emancipadora
del hombre, aunque con la final conciencia de una imposible
aprehensibilidad totalizadora.
Lo
central del pensamiento teórico heideggeriano en referencia a
la técnica, es que la cuestión o "la pregunta por la técnica"
que se hace el filósofo, dice, resta mucho de ser un problema
o una cuestión técnica. La intervención es una indagación
filosófica acerca del fenómeno técnico, cosa que acusa una
metafísica de larga tradición en occidente, que concuerda
con la época de des-divinización del mundo mediante la
ciencia moderna. Este proceso es el que hizo, por un lado, la
reafirmación antropocéntrica del sujeto y la imagen del
mundo como entidad exacta y calculable (49). El problema de la
técnica envuelve al sistema metafísico occidental, ya que es
la búsqueda de la justificación e identificación del ser
existente y su totalidad. Nuevamente se busca prudentemente
una distancia reflexiva -la búsqueda de sentido- respecto a
la técnica, y no su exaltación ciega.
Por
esta senda, Heidegger escapa a la conceptualización
instrumental de la técnica, que disfraza al fenómeno técnico
como un medio de capacidad humana neutro y que no permite
descifrar su esencia (50). Entonces, ¿Dónde el hombre podrá
acceder a la verdad de la técnica?. En su accionar mismo, en
su pro-ducir, que es un desocultar esclarecedor, un modo de
develar que le es propio. (51)
Este
modo de pro-ducir, de desocultar, es típicamente moderno;
Heidegger lo diferencia del pro-ducir de los griegos como poiesis
(52). El pro-ducir en la técnica moderna, ya no se funda
en un poiesis, sino en un "develar
provocante"; lo Ge-stell (53), otra manera de
hacer presente lo real, que comparte la ciencia física
moderna. Lo real se pro-duce en cada época como develación.
Este
último párrafo, es para remarcar la diferencia del
"dejar advenir" griego (poiesis) y la
"provocación calculante" (lo Ge-stell) de la
modernidad en cuanto al papel activo del sujeto. Contemplación
y manifestación, son superados y subvertidos, por la búsqueda
activa y la enmarcación del medio.
Luego
de la exposición y clasificación de la cuestión técnica
como fenómeno y problema humano, Heidegger alerta mediante célebres
metáforas, el peligro que conlleva esta forma moderna del
desocultar. El hombre corre peligro de perderse en el
trasfondo del medio liberador de energías; hombre que en el
dominar de la naturaleza se domina y elimina a sí mismo como
autopresencia, y pasa a ser una parte más del medio, devenido
en cosa objetiva, cosificado.
El
peligro es que el ser, fundamento de la subjetividad, acepte
sin reticencias este develar calculador como únicamente válido;
el peligro es el sujeto y su pérdida de morada, que es
un dejarse vencer. Aquí es donde el filósofo argumenta que
el pensamiento calculador no es capaz de pensar en el sentido
del ser de lo existente -y donde se acerca a Weber-; al lado
de él, es preciso desarrollar un pensamiento meditativo, que
tome como su tarea la reflexión sobre lo más próximo y
esencial. (54)
El
historiador Lewis Mumford, realiza a lo largo de su obra la
historia de la técnica en la humanidad, o si se quiere, la
historia técnica de la humanidad. La obra de este autor -que
se aleja de la heideggeriana en ciertos aspectos, pero
comparten ciertas conclusiones finales- es una revisión de
los grandes inventos de las eras técnicas por las que ha
pasado el hombre. (55) Realiza análisis de los contextos
donde surgieron los emergentes de cada época, y focaliza, en
última instancia, su mirada sobre las consecuencias
subjetivas de este proceso global e inminente.
Como