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   LA CREENCIA Y EL HACEDOR

  Aproximaciones a la experiencia judeocristiana

  Por Sergio Fuster


 

Breve presentación

La creencia y el hacedor. Aproximaciones a la experiencia judeocristiana

Breve presentación

La experiencia religiosa constituye un horizonte omnipresente en la historia. La vida humana nunca puede eludir una decisión respecto al sentido. La decisión por un sentido que desborda nuestra finitud, o por un sentido que sólo es creación subjetiva, construcción cultural. Sergio Fuster, destacado investigador de la religión hebrea y de las culturas del Cercano Oriente, y frecuente colaborador de Temakel, explora los pliegues de la decisión hebrea y cristiana por un sentido de filiación divina. En el ensayo que presentamos a continuación, de sólida osamenta erudita, se saca a luz los filones y fundamentos de la creencia judeocristiana en un Hacedor.

Para comunicación con el autor:  Sergio Fuster

 

 

 

 
 

 

LA CREENCIA Y EL HACEDOR. Aproximaciones a la experiencia judeocristiana

 

Por Sergio Fuster 

A la memoria de mis Padres

 

Et mortuus est Dei filius, prorsus credibile est, quia ineptum est. Et sepultus resurrexit; certum est, quia impossibile est"* -Tertuliano, De carne Christi, 5.

 

*(Y muerto está el hijo de Dios, lo cual realmente es creíble, porque es absurdo. Y sepultado, resucitó; lo cual es seguro, porque es imposible)

 

  Durante estas última décadas, las ciencias duras han abordado con bastante asiduidad el tema del "instante" de la creación. Tal vez, sorprenda saber que la cuestión del origen del Universo no tiene nada de nuevo. Allá por el 1700, Sir. Isaac Newton planteó la hipótesis de que el sistema solar tuvo que tener una causa primera(1). Dijo: "Este hermosísimo sistema del sol, planetas y cometas solo pudo proceder del consejo y dominio de un ser inteligente y poderoso"(2).

Traspasando los límites de nuestro sistema planetario conocido y pensando en la totalidad del universo, hoy en día, la teoría de la "Gran explosión" o "el problema del principio del universo", es generalmente aceptada en el ámbito de la astronomía y la astrofísica. Por supuesto, la intervención de un ser causante en un Big Bang es un asunto que los entendidos prefieren no tocar y que descartan sobre los teólogos, que a no ser por los recursos míticos o por los presupuestos adoptados por el dogma tampoco sabríamos resolver de manera satisfactoria(3).

Ya que así están dadas las cosas, me permito decir algo que tampoco tiene nada de nuevo: que dicha teoría astronómica sorprendentemente confirma lo que ya describía el saber pretérito acerca del comienzo del universo y del mundo.

En la sabiduría del Egipto antiguo leemos:

"Pero Ptah había ideado primeramente el universo ( pt lit. Cielo; t3 lit tierra o país) en su corazón(ib, lit vasija canopo), ante la totalidad de los Dioses, para perfeccionar las nueve formas. Todo lo que él imaginó lo pronunció su boca a manera de orden"(4) (Según la inscripción de Shabaka y el papiro Harris, col. 44, 2 ff.)

Otro ejemplo similar lo encontramos en la tradición semítica. Aquí exponemos las palabras de apertura de la Biblia en Génesis 1: 1 que nos dice:

"En el principio creó Dios el cielo y la tierra."(5)

Tal como sucede con la escritura del papiro egipcio antes citado, en el hebreo bíblico tampoco encontramos una palabra adecuada para señalar a lo que nosotros entendemos como universo(gr. kosmos(6)), por ello la expresión "cielo y tierra", bien suple esta idea(7).

La misma limitación idiomática aparece en la versión acadia del poema de creación babilónico(8) Enuma Ellis, cuando en la tableta I nos cuenta:

"Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado,

En lo bajo la tierra no tenía nombre..."

O en el texto bilingüe de la biblioteca del rey Teglatfalasar I que transcribimos a continuación:

"Después de que, fundidos juntamente, el cielo se alejo de la tierra, y las Diosas madres vinieron a la existencia,

y fue hecha la tierra, y la tierra fue hecha...(9) "

En síntesis, en las distintas tradiciones míticas notamos que el origen de todo lo conocido es antecedido por una causa: la manufactura divina sobre la obra presente; sea este el poder vibratorio de la palabra, el aliento de la boca, o el método por fundición (en un horno)de un hábil herrero o alquimista(10). En todos los casos vemos un esquema de transformación.

Pero volvamos al libro de Génesis. Observamos aquí que Dios aparece y funciona como el "causante" que crea, (heb. bara), aquel que moldea su materia prima con solo una orden que profiere de su boca, como una emanación desde el "espíritu" hacia la concreción de la "materia".

De la obra dejada por el artista se desprende que su existencia (idea-espíritu)y acción (brazo -logos) es un hecho real, inmutable e indiscutible. ¿Indiscutible? Llevando el ejemplo al plano divino ¿Acaso la existencia de Dios no es un tema a debatir? Es mas, muchos profesan ser a-teos(11).

Esto es cierto, pero si utilizamos para el texto un enfoque teológico, es decir, partir de un presupuesto de Dios, debemos admitir que en el instante de la creación no existían todavía los hombres para que pudieran dudar o discutir su mismísima existencia.

Por lo expuesto, admitimos entonces que la existencia de Dios es un presupuesto único en sí mismo. Dicho en otras palabras, en este caso se debería separar de la dependencia de la fe subjetiva visto desde un enfoque eidetico; porque para el sentimiento traducido en el dogma, Dios es anterior a la Fe y anterior al hombre con sus dudas o certezas.

Siguiendo esta línea de razonamiento, el hombre no necesariamente debe ver milagros para creer; ya que Dios efectuó obras poderosas que legitiman su condición aún antes que hubiera humanos que pudieran ejercer fe. En Génesis 1: 6 y 9, leemos:

"Dijo Dios: Haya un firmamento (Lit. expansión) por en medio de las aguas, que las parte unas de otras (...) Dijo Dios: Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco. Y así fue."

Observe. Aparece la tierra. Inmensas placas tectónicas emergiendo de caóticas aguas y creando una atmósfera(12), un catastrofismo. Seguramente hubiese sido impresionante haberlo visto, pero desde ya nadie pudo presenciarlo(13). No obstante, nadie duda que esto alguna vez ocurrió, porque la tierra está aquí bajo nuestros propios pies para probarlo.

Veamos un segundo ejemplo más cotidiano, leamos Génesis 1: 11:

"Dios dijo: Produzca la tierra vegetación: hiervas que den semillas y árboles frutales que den fruto según su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra. Y así fue."

Este es un "milagro" diario que damos por sentado, el crecimiento de la vida vegetal según su especie.

Por lo expresado, debemos dejar bien claro que en nuestra consideración no discutiremos si Dios existe o no, ya que Dios mismo dijo lo siguiente a Job (38: 4):

"¿Dónde te hallabas tú cuando yo fundé la tierra?

Infórma(me) si de veras conoces el entendimiento."(14)

 

¿A donde queremos llegar con el razonamiento expuesto arriba?

Que según la mayoría de los mitos de creación, cuando el hombre devino a la existencia fue formado de esa misma naturaleza terrestre, cuyo artesano fue el Ser Supremo. Por lo tanto, llevamos en nuestro "ser interior" la esencia de ese Ser exterior primero(15). Dicho en otros términos, somos en cuerpo (Materia)y en espíritu (Energía)un milagro viviente, tan perfectos que nuestra misma condición lleva aparejado el proceso de ejercer nuestro propio pensamiento y de llegar a dudar, o hasta negar, a ese Ser primero.

Este hecho último no debería sorprendernos, según da a entender la antropología bíblica, el libre albedrío es parte integrante de la perfección humana.

Parte integrante de nuestra perfección es también la impresión en nuestra psiquis -herencia psíquica- de ese Ser primero, diseñador y constructor de nuestro ancestro originario(adamá). Tal como un niño lleva estigmatizado en lo más profundo de su ser la experiencia de su nacimiento y su niñez, de la misma manera nosotros heredamos la percepción de ese instante creador en el "inconsciente colectivo"(16); aquello que muchos denominan ese Dios interior(17). A ese "recuerdo" lo vamos a llamar la idea a priori o el tipo (lit. gr. topos)del Ser Supremo (18).

Esta idea está varada de nuestro inconsciente. A raíz de esto solo la recordamos en forma de imágenes oníricas, o abandonando el lenguaje del psicoanálisis y adoptando el léxico religioso, en formas de representaciones míticas como una de las manifestaciones del consciente que efectúa un juicio de valoración numinoso i. e. traducción en figuraciones y símbolos; desde allí se transparenta y nos habla.

Pensar a Dios en nuestro ser interior es el primer paso en el camino del alma, pero pocos tienen conciencia de ello. Este olvido produce "la angustia de los orígenes", angustia entendida en términos de la filosofía budista como nesciencia. Este velo nos lleva a las búsquedas de "algo" o "alguien" en el más allá. Semejante pulsión ha sido definida por muchos como la dimensión espiritual.

Por ello, reconocer que la idea del Ser Supremo tiene su asiento en el laberinto de nuestras profundidades e inunda nuestra alma, nos distingue como hombres; negar esta idea equivale a negar la naturaleza y singularidad humana.

En otras palabras, la religión, entendida como un sistema mas o menos ordenado de símbolos, mitos, ritos y dogmas, satisface en forma de objeto una necesidad básica del hombre: la espiritual. No por nada en el discurso más famoso de Jesús que pronunció sobre una montaña utilizó como apertura esta concepción: "Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual" (Mateo 5: 3).

Ahora bien ¿Cuál es la primera vía (razón básica) de percepción de un Ser Supremo? A diferencia de lo que planteó Jung, con relación del origen de la noción religiosa inconsciente, proponemos que esta idea, además, es solidaria (esta indisolublemente ligada)con el ambiente exterior (lo dado) que asombra, supera y trasciende al individuo(es proyectiva), por lo tanto, lo damos en llamar "un sentir la ley natural".

Esta idea ya la planteó el Barón de Montesquieu(19) en el siglo XVIII. El propuso que Dios tiene una relación primaria, natural con lo creado, porque estableció leyes naturales para conservar esa creación.

Por ejemplo, observemos a una de las cuatro leyes físicas fundamentales, la ley de gravedad(20) Esta ley nos permite conservar la vida y desarrollarla sobre nuestro planeta, siempre y cuando la utilicemos apropiadamente. No podemos arrojarnos de un noveno piso y salir ilesos. En otras palabras, no podemos violarla -ni esta ni ninguna otra ley natural o moral- sin sufrir las consecuencias. La armonía con la naturaleza y sus códigos implícitos es imprescindible, en esto el Rta hindú, el Tao chino o el ma'at egipcio tienen razón.

Nosotros podemos definir la ley natural como cada uno de los invariables principios por los que se rige el mundo externo, al que denominamos universo (cosmos); sean dimensiones visibles o invisibles.

Esta constancia observable en la naturaleza inmediata, esta inmutabilidad, contribuye a que se produzca una dialéctica contradicto in terminus; es decir, a que se imprima en nosotros "el homos religiosus como término de base" la conciencia del Ser primero desde otro término ontológico de base.

Esta polaridad en la noción de totalidad ontica es el mysterium magnum. Durante los últimos siglos, los antropólogos e historiadores de la religión han hablado que esta inmutabilidad produjo en el hombre arcaico lo que llaman 'La religión natural' naturaliter religiosus(21).

Es enteramente cierto que el hombre en su ego mas intimo tiene impreso una espiritualidad (religiosidad) innata, basada en la lógica ecuánime de objeto-sujeto; es decir, como la observación de los ciclos invariables del cosmos por un lado, y la esencia de su propia conciencia por el otro(según Steiner, él "Yo" espiritual)(22). Estas condiciones producen una sensación de expectativa y una actitud de espera. Digamos pues: "el sol siempre sale por oriente", este hecho empírico da los basamentos necesarios para creer que seguirá saliendo por el mismo lugar.

En otras palabras, aunque un agricultor no tenga fe en una deidad determinada(una máscara de Dios(23)), tiene que creer en la ley natural, por el ciclo de las estaciones, por las cosechas, porque siempre crecieron y siempre crecerán 'según su género', y de ninguna manera son decepcionados.

Por lo tanto, la observación de la estabilidad de las leyes naturales o de los ciclos biocósmicos que gobiernan el universo inmediato constituyen el fundamento para los planes y para las actividades del hombre.

Pero a pesar de la noción natural de un Ser supremo, nuestra época se caracteriza por una inversión de niveles: el escepticismo. La gente cree en lo que ve y da por sentado lo que existe simplemente porque es constante, y por lo tanto, lo ha olvidado. La humanidad, en líneas generales, ya no medita en lo creado, porque siempre esta; y por la ley natural confía en que siempre estará.

En síntesis, para tener fe hay que tener algo más que la idea del Ser supremo mediatizada por los invariables sistemas naturales. Ya que esta idea sin una guía y un entendimiento apropiado, en que consiste y como funciona, existencialmente hablando, sin la transparencia simbólica de los estados del alma(24), produce lo que ya conocemos como adoración ritualista, desde la especulación racionalista del dogma hasta las prácticas mágicas in situ(25), como una inversión de niveles, presentada en la forma de una re-ligación próxima a su fosilización(26).

Tener fe no es simplemente creer en algo, es un saber que da una experiencia. Por ello, cuando esta idea se combina con una norma básica espiritual de entendimiento exacto de la divinidad como una deidad concreta (teísmo) y verdadera, en un juego de búsquedas y encuentros y de un conocimiento interior, produce fe también estable y auténtica.

Esta dimensión enaltece al hombre y su experiencia religiosa, mantiene con vivacidad primera las significaciones propias de sus sistemas simbólicos, lo eleva, ya que lo pone en una posición natural ante el asombro del misterio, y esto es el motor del alma.

La fe es un concepto que ensancha el proceder axiológico humano, propio de una experiencia autentica de la divinidad.

Pero esta condición de fe no siempre se produce, por ello hay que definirla dialécticamente según el lenguaje bíblico, comprenderla ontológicamente, edificarla sobre fundamentos espirituales meditativos, ejercerla en la praxis religiosa y conservarla a través de las etapas vitales, para que contribuyan al crecimiento profundo de la persona.

La idea del Ser supremo es común a los hombres; la fe no es posesión de todos(II Tesalonicenses 3: 2).

Por ello en nuestra ruta vamos a transitar los siguientes itinerarios: en primer lugar debemos lograr proponer una definición de fe, como dimensión teológica bíblica lo más funcional posible a nuestros objetivos; segundo vamos a argumentar como edificarla dentro de un aparato existencial; y tercero propondremos un autoexamen para ver si somos hombres de fe, para lo cual nos adentraremos en nuestro aspecto emocional.

Conclusiones

 

  1. La idea del Ser Supremo no es únicamente psíquica ("Yo" espiritual)sino que tiene fundamentos objetivos sensitivos y ontológicos bien demarcados, como por ejemplo: la observación experimentada de las leyes que rigen la naturaleza por un lado, y el conocimiento intelectivo en una divinidad determinada mostrada por una tradición, por el otro.

  2. La observación y dependencia de estas leyes naturales han producido en el hombre por lo menos cuatro reacciones fenoménicas como ser:

  1. Prácticas mágicas. Dichos actos tienen por objeto manipular las fuerzas ocultas que regulan estas leyes, sean mentales o naturales.

  2. Ritualismo. Nos referimos a la perdida de sentido de la verdadera experiencia de Dios, racionalizada en el dogma. En dichas circunstancias los rituales bajo "la especulación filosófica" de alguien pierden su valor hierofantico originario y son olvidados.

  3. Escepticismo. El mecanismo es similar al supracitado, explicándolo "todo" bajo la razón y la demostración empírica. Vía inadecuada para abordar el proceso espiritual.

  4. Fe. Nos referimos a vías del saber del orden vivencial, a una sensación de espera piadosa por las decisiones de una deidad volitiva con personalidad propia.

 

¿QUÉ ES LA FE?

El conocimiento popular habla de la fe en distintos ordenes. En los diccionarios de la lengua castellana el concepto es vertido generalmente de la siguiente manera: "Creencia firme y sin examen para lo cual no hay prueba"(27).

Dicha definición describe más bien lo que se entiende por credulidad o confianza facilista (28), en algo imaginario por nesciencia que da como resultado la superstición. Teológicamente, la Fe (en este caso hablamos de la fe de la que nos habla la Biblia), adopta distintos sentidos funcionales de acuerdo a la época en que se la encuadre.

En el Antiguo Testamento ´aman (Heb. lit. estar firme, en forma causativa héémin, creer confiar(29)) significa una actitud del hombre frente a Dios. Implica el asentimiento de la inteligencia, la confianza del corazón y la obediencia de la voluntad(30). De esto se desprende que en el lenguaje paleotestamentario "confianza" y "obediencia" preceden a la Fe(31).

En tiempos del judaísmo se recalca el lado intelectual de la Fe(32). Esta consistía en una fe depositada en un solo Dios y en su justicia, que castiga con bien o mal en una condición escatológica(33).

La visión cristiana primitiva da su propia aplicación(34) y definición. Los escritos neotestamentarios no conocen una estructura uniforme acerca de la Fe. De estos se desprende que no estuvieron interesados en sintonizar los diversos conceptos, ya que se centran únicamente en el acontecimiento de Cristo(35). Pero sí se esfuerzan por hacer una diferenciación entre la Fe como saber y la creencia en cuanto a un relato "de oídas". I Timoteo 4: 6, 7 dice:

"Si tú enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe (...). Rechaza, en cambio, las fábulas profanas y los cuentos de viejas(Lit. muthos, según Mss. Alejandrino (A))..."

A continuación procederemos a analizar esta visión que nos evidencia la dicotomía entre creer en algún "cuento"(gr. mithos) o en saber "algo" mediante una experiencia.

Alrededor del año 60, un sabio cristiano compone, en un griego culto dentro del koiné, un tratado teológico que integra magistralmente la visión paleotestamentaria con las interpretaciones cristológicas que estaban en boga entre los discípulos de Jesús: nos referimos a la carta a los Hebreos. Esta epístola difícil arroja luz sobre el tema que estamos considerando.

La carta a los Hebreos 11: 1 lee -para favorecer su comprensión a continuación exponemos cuatro formas de traducir el texto-:

A) "Y es la Fe la seguridad que se tiene de las cosas esperadas, la prueba que hay de las cosas que no se ven". (V M(36))

B) "Ahora bien: es la Fe la garantía de lo que se espera, la prueba de las cosas que no se ven".(N C(37))

C) "La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve". (NBJ(38))

D) "Fe es la expectativa segura de cosas esperadas, la demostración evidente de realidades aunque no se contemplen" (TNM(39)).

A pesar de las diferencias lexicales que se observan en las traducciones supracitadas se distingue un denominador común. Palabras más palabras menos, todas orientan el tema en dos direcciones polares dentro de la "no visión" sensitiva: por un lado hacia acontecimientos en el plano físico, pero están propuestos en una dimensión de tiempo futuro y por ese mismo hecho velados a nuestra vista; y por el otro, de la presencia implícita de seres espirituales en el presente pero invisibles también al ojo humano por la naturaleza de su sustancia incorpórea.

No debemos olvidar el contexto en el que el escritor da esta definición que nos ocupa. Desde el vss. 36 hasta el vss. 39 del capitulo anterior (X) habla de la fe como una condición que sirve de inestimable ayuda para la perseverancia en tiempo de persecución, incluso cuando la misma muerte esta cerca(40).

En esta porción el escritor contrapone la vida, como consecuencia directa de una fe viva y constante ante la perdición del alma. Sin duda es de una orientación escatológica, propia de seguir el modelo del dechado Jesús, quién conservó su "estado activo en otro cuerpo" aún después de ser muerto, ya que Dios lo resucitó(41).

En este sentido, la dirección doctrinaria es proyectada en el tiempo pasado -mito (no en el sentido de "cuento" sino en el orden de un acontecimiento dador de sentido)o kerigma (en el sentido de saber)- y alimentada por un suceso originario. El creer con fundamento que ciertos acontecimientos realmente ocurrieron en la historia fáctica, condiciona la espera confiada en los sucesos futuros dentro de la misma línea argumental.

A continuación, procederemos a realizar nuestra propia traducción del versículo 1 de la epístola a los Hebreos en el capítulo 11 para lograr una mayor comprensión de la cuestión. Para lo cual hemos decidido tomar el griego común (koiné) del texto maestro de B. F. Westcott y J. A. Hort(42).

"Estin(43) dé pistis(A) élpizoménon(44) úpostasis(B), pragmáton(45) elegkos(C) ou blepomenon(46)".

A. Pistis(47): Esta palabra se traduce como "Fe"(48). Según el griego koiné denota "confianza y firme convicción"(49). El griego clásico nos enriquece el término(50) con las siguientes acepciones: "Garantía"; "Prueba"; "Argumento"; "Pacto"; "Juramento"(51).

B úpostasis: (Hipóstasis) "Esperanza", "confianza", "base", "sustancia", "causa", "fundamento", "esencia", "certeza", "garantía", "convicción". Se traduce como "expectativa segura", "garantía de lo que se espera" o "seguridad de las cosas que se esperan". Además de las acepciones con la que comúnmente se la emplea dentro de la experiencia religiosa, tiene un sentido comercial(52).

    En los antiguos documentos en papiro donde aparecen listas de compras, "hipóstasis" se usa con la intención de transmitir la idea de algo tangible que garantiza posesión futura(53).

    Por ejemplo, en el puerto de Biblos (antigua Guebal) era común que la gente comprara y vendiera cosas que no veía ni podía asir -invisible e intangibles-. A cambio de su dinero recibía "una escritura de propiedad"(54), es decir, un documento que garantizara la posesión futura del objeto no visto. Aclaremos que era "no visto" porque su presencia estaba en el tiempo futuro. Los productos comprados estaban en camino dentro de las galeras que venían de Africa, de Tarsis o de la India. Esta espera confiada estaba alimentada en la experiencia empírica de pasadas transacciones exitosas.

    Por lo tanto, podemos ahora traducir el texto de la siguiente manera:

    "Fe(esta es) es la escritura de propiedad"

  1. eleycos: "Convicción", "prueba", "garantía". Se traduce como elenco o catálogo. Sin duda podemos decir que tiene un sentido teatral. En las antiguas tragedias griegas de Sofocles, Esquilo o Eurípides, antes de entrar en el anfiteatro, el espectador tenía acceso a un catálogo con los nombres de los personajes de la obra y en ocasiones la letra del coro. Seguramente estos pormenores, más allá de facilitar la comprensión del tema expuesto, le creaban expectativa; de modo tal que pudieran disfrutar de estos detalles antes de verlos, con la seguridad de que va a ser así(55).

En síntesis: la fe sería una clase de conocimiento o una confianza firme, como si uno tuviera un documento o una declaración jurada de que va a poseer algo que todavía no ve. Pero aclaremos, no lo esta viendo no porque no exista o porque sea una expectativa fantástica, sino porque dicho acontecimiento o es de orden espiritual, o en su defecto, esta en el tiempo futuro.

El análisis de este texto de Hebreos 11: 1 nos lleva a preguntarnos ¿Fe o convicción en que tenían los cristianos primitivos?

  1. Tenían la seguridad de tomar posesión de las csas que se esperan, pero que no veían todavía porque eran atemporales.

  2. Por otro lado, tenían la certeza de que existen seres espíritus que no son visibles al ojo humano solo porque tienen cuerpos inmateriales.

Pero el asunto va más allá de este análisis expuesto. Porque el contexto testamentario sugiere que la fe es mucho más que pruebas tangibles no visualizadas, estén en el pasado, presente o futuro y que pasen solo por un proceso de cognición. Ver con el sensor anímico no es una condición sine qua non. Más bien abarcan la idea de una clase de visión etérea, espiritual que ilumina el corazón de los hombres sensibles que andan con Dios, o que gustan una relación de confianza con él. Dicho sea de paso, es ver de otra manera (ojo espiritual); es como un estado que florece en el corazón humano como resultado de tener "el Espíritu Santo de Dios" y se basa fundamentalmente en la confianza en el otro a través de una vivencia religiosa.

PRESUPUESTOS TEOLOGALES PARA EDIFICAR LA FE

La Fe, como virtud teologal, se edifica sobre "dos cosas" inmutables, eternas, que no pueden cambiar.

  1. La Palabra de Dios

  2. La garantía legal que reside en dicha palabra

La palabra de Dios

Cuando abordamos el tema de la "palabra de Dios", es decir, aquella que profiere la divinidad, tanto en el concepto antiguo como en el concepto teológico cristiano, es necesario enfatizar que la misma se presenta en dos estados dentro del marco la experiencia humana, sea mística o dogmática.

  1. Un estado oral

  2. Un estado escrito

  3. El estado oral:

  4. Cuando hablamos del estado de oralidad de la palabra de Dios nos referimos a una manifestación etérea. Ahora bien, lo primero que nos viene a la mente son los mitos de creación de Génesis 1. Según la forma estructural del relato sacerdotal(P), cada día creativo comienza con la expresión "Dijo Dios" (lit. habló, expiró Dios), suceda esto o aquello, y culmina el núcleo temático con una expresión resultante: "Y llego a ser Así" (TNM) o "Así fue"(BJ)(Lit. se materializo el hálito). Es decir, la palabra de Dios se cumple.

    El mitologema de la aparición del universo conocido a partir del Verbo en función de "brazo" creador de los Dioses es un motivo bastante común en la constelación paleoriental.

    Para la mentalidad arcaica el Verbo (Lit. acción. Hb. dabar, lit "cosa", "elemento concreto")era portador de un poder <potencia, carga> perteneciente a las dimensiones espirituales(56).

    "Aquello que nosotros llamamos una frase, se constituye de una serie de seres aéreos, sutiles y vibrantes... Las palabras son las esencias materiales y activas de las cosas, y hablar equivale a hacer manifiestos a estos grupos de simulacros animados, personales y sonoros de los objetos y los seres, que constituyen las secuencias verbales".(57)

    Para los egipcios las cosas fueron hechas a partir del "viento" o aliento creador y las lágrimas de Horus(58).

    En el portón de Euergetes (Ptolomeo VII)en Karnak se escribió un resumen del concepto general de la creación del mundo, aunque el origen del texto podría remontarse a la época saita:

    "El ( Amón el oculto)anunció las cosas venideras y éstas se produjeron inmediatamente. El creó lo que era pronunciado por su voz".(59)(El nun, fonema n, lit. "agua corriente", compuesto del fonema r lit boca, hablar, da lugar al "nombre". Eg rem)

    Para los hindúes todo provino del aliento creador de Brahma(60). En el Enuma Ellish, poema babilonico antes citado, Marduk creo a un hombre al hallar inspiración en la palabra ( acadico Nmm. Lit. semen) de los demás Dioses(61).

    Volviendo a la idea del Génesis 1, la creación misma nos da evidencia del cumplimiento de la palabra hablada de Dios. Recordando el vss 11 de Génesis 1, si uno siembra una semilla de trigo, va a crecer trigo. Aunque no se vea inmediatamente este invariable resultado, se puede tener la expectativa segura que va a crecer la planta correspondiente a la semilla que uno plantó. Teológicamente ¿cómo se puede estar seguro o confiado de este fin? Porque Dios habló en el principio que las plantas crezcan "según su género" y esto es inmutable, no falla. No falla sencillamente porque no puede, porque la ley natural lo plantea así. Que de la semilla de trigo nazca otra planta es físicamente imposible.

    En otras palabras, la creación misma nos habla de la confiabilidad de un Creador y nos hace percibir a este Ser Supremo hoy, gracias a los dichos del pasado, sostenidos en la experiencia de la narración mítica que da sentido a nuestra realidad.

    Sin embargo, esta naturaleza no siempre ha acercado al hombre a Dios ya que este no siempre ha sabido leer el mensaje implícito en ella.

    La epístola a los Romanos Cap. 1: Vss. 25 nos dice:

    "a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén".

    La idea que plantea Pablo, siguiendo la línea de la propaganda profética testamentaria, es que el hombre, muchas veces, en vez de ver la obra de Dios en la creación, vio en ella a Dios mismo. Invirtió los niveles de la experiencia. Y esto desde el punto de vista del espectador es en cierta medida cierto.

    Una creencia muy arcaica es que los cuatro elementos básicos como "fuerzas" cósmicas contrapuestas y en equilibrio(aire, fuego, tierra, agua), son emanaciones de la divinidad y tienen un carácter entitativo. Cuando uno ve el culto que el oriental le rinde al río Ganges(elemental "agua", visto como los cabellos de Siva), no todos los devotos tienen conciencia de que es un medio simbólico para adorar a alguien "más alto" y no un signo acuoso mágico.

    Esta tautegorización reductiva del fenómeno en pro de una experiencia esencial, dentro del adorante es lo que criticó el Apóstol cristiano. Para el ideario neotestamentario, esta clase de culto es adoración primitiva, degradada, porque rinde devoción a elementos inferiores y adultera la concepción espiritual. Esto no es fe entendida en el lenguaje cristológico. Esta se edifica más bien, no en percibir las cualidades de los elementos implícitos, sino en sentir las cualidades de aquel que creó los elementos.

    "Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables"(Romanos 1: 20 ).

    Los recursos naturales dados nos deberían conducir a percibir en ellos algo más que funciones, hablamos de experimentar cualidades que transignifiquen la cosa, como por ejemplo el Amor, la justicia, la sabiduría y el poder; que no es otra cosa, según los místicos, que la visión elevada de los cuatro elementos.

    Pero el hecho de que el hombre por su mera observación no siempre haya edificado Fe verdadera, que tampoco haya llegado a conocer ciertas verdades fundamentales (Como el eterno cuestionamiento de porque los ciclos estacionales no le revelen definitivamente la dimensión existencial luego de su extinción), demuestra que la creación natural no es suficiente como función comunicativa. "Los cielos declaran la gloria de Dios"(62), pero es un testimonio callado (Hablo una vez y para siempre y está narrado en el mito) la espiritualidad del hombre trasciende más allá de lo que ve, es expansiva como el espíritu que reside en él, necesita nutrirse de respuestas concretas en el presentes para espectar en el futuro, datos intelectivos que la naturaleza por sí misma no puede proporcionar, revelaciones desde otra dimensión (la mostración de la otredad). Necesita una revelación divina.

  5. El estado escrito

La invención de la escritura es un hecho cultural sin precedente. Mediante ella se puede asegurar la fijación de la palabra. En consecuencia, el fenómeno de la constitución de un corpus sacrum se entiende como que Dios tuvo que materializar su palabra hablada en un documento testamentario para satisfacer la necesidad espiritual de los hombres mortales y transitorios..."por si lo buscan a tientas pueda ser hallado(63)".

La misma estructura se da en la vivencia de todas las culturas (Islam, Brahamanismo, taoísmo 'aunque algunos hablan del absoluto por vía negativa son demasiados verbosos como para pretender la ocultación', etc.)que tienen textos "revelados", como cierta la epifanía del misterio.

La revelación escrita (en este caso la Biblia)de ninguna manera muestra todo en cuento a Dios: "Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra; así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros"(Isaías 55: 9); pero sí hace por lo menos tres proposiciones cognoscibles a la mente humana que la creación por su misma esencia no puede.

  1. Revela el Nombre de Dios: Jehová o Yahvé y lo que esta grafía significa.

En la antigüedad, todos los Dioses tenían nombre. Este era en sí mismo parte de su naturaleza divina. En el caso de Yahvé, su nombre era una evidente sustitución de su representación física. Al invocar su nombre se lo hacía presencial.

En paleohebreo sabemos que no se usaban vocales, y en el caso del Nombre divino era representado gráficamente con cuatro letras: Y H V H, conocido como el tetragrámaton. Con el tiempo este idioma pasó al olvido y así la pronunciación correcta del Nombre se olvido. Las tradiciones judías consideraron que este Nombre era demasiado sagrado para pronunciarlo, de esta forma que quedo lentamente en desuso. Tal es así que hoy no se conoce con exactitud su verdadera dicción(64). Sin embargo, pronunciación más usada en español es Jehová(65).

Con relación al significado, debemos decir que el tetragrámaton tiene una función "de acción". La gramática hebrea posee dos tiempos verbales primos: un estado perfecto o acción acabada y otro, tiempo imperfecto, que muestra una acción en curso.

YHVH tiene todas las características de ser un verbo en forma causativa del estado imperfecto hawar, lit "llegar a ser" o "causar que las cosas sean". Este modo aparece por primera vez en Exodo 3: 14, aquí Dios se revela a Moisés quien no sabe a ciencia cierta el significado del nombre divino(66) o lo que este implica.

En este pasaje Moisés pregunta:

"Contestó Moisés a Dios: 'Si voy a los israelitas y les digo: El Dios de Vuestros padres me envía a vosotros; y ellos preguntan: ¿Cuál es su nombre?, ¿Qué les responderé? Dijo Dios a Moisés: "Yo soy el que soy" Y añadió: "Así dirás a los israelitas: Yo Soy me ha enviado a vosotros".

La Versión Moderna y la Nacar Columga hacen la misma traducción del pasaje hebreo "Yo Soy". Es cierto que el significado tiene una arista filológica, es decir, lo que significa el término, pero también es cierto que tiene una significación teológica y de sentido que le da al Dios hebreo una funcionalidad determinada y lo propone como sustantivo definido.

El Término hebreo en primera persona "Ehyer asher ehyer" traducido habitualmente como "Yo soy", y vertido del griego "Ego eimi ho ón", tiene una raíz indudablemente de ser y esta influenciado de alguna manera por la filosofía griega. El verbo usado no significa ser llanamente sino literalmente llegar a ser(67), pero no tampoco significa la existencia en un modo taxativo, sino significa venir a la existencia, acontecer, ocurrir, asumir un atributo, entrar en un estado, constituir (68).

Esto en lo que refiere al lado etimológico. Con relación al aspecto funcional de Yahvé como una divinidad que realiza lo que dice y escribe, diremos que este Dios confiable, en el estado de ser no significa que tiene la condición que siempre tuvo a la manera aristotélica; más bien tiene la connotación de venir o resultar ser(69)

Vale decir, que su significación es sin duda simbólica. Encierra la noción de que Él es intrínsecamente cumplidor de sus palabras, de las que salen de su boca o de las que escribe con su dedo. Yahvé, en el lenguaje y pensamiento helenístico, siempre tubo la condición de ser (ente), pero al dar a conocer su nombre y manifestarse llegó a existir. Según la metafísica arcaica(70), tener nombre, dar nombre o llegar a conocerlo, es llegar a ser o devenir, existir.

De esta manera Yahvé se devela como un ser "vivo", "activo" en la historia, él no es como los seres inertes antiguos obradores de hazañas arquetípicas narradas en los mitos y eternizadas en los ciclos astrales o vegetales, sino un actor constante que da bases para confiar en su acción.

Para comprender el alcance que tiene el significado de su nombre con su naturaleza como divinidad, sería bueno repasar comparativamente algunos sistemas narrativos sagrados contemporáneos. Hemos visto que en las estructuras míticas orientales "todo" lo existente proviene de las aguas primigenias, del caos pre-creacional o de la unidad mínima.

Volviendo una vez más al poema de Enuma Ellis, Marduk crea el orden (cielo y tierra) después de vencer al des-orden o el caos primigenio simbolizado por el monstruo Tiamat y por Ab-zu. Entre los egipcios Atum, el autocreado, nacerá de la manifestación ordenadora dentro de las aguas de Nun, lo pre-formal, las oscuras profundidades del inconsciente. Lo mismo vemos en los textos de Ugarit, con relación a la mitología cananea, que los Dioses, aunque no nacen de un mar embravecido, sí surgen de un oscuro vapor ex deo.

En síntesis queremos subrayar que los antiguos mitologemas de los vecinos del pueblo de la Biblia, presentan un motivo de una unidad informe como origen de la emergencia de las entidades divinas. Dicho en palabras de Jung(71), venciendo los terroríficos monstruos y fantasmas que tanto tememos de nuestro inconsciente para conquistarlos en el plano de la conciencia pura(72).

Por lo tanto, en la teodecia antigua(73), vemos que lo caótico(el líquido amniótico), esta primero y guarda un esquema de unidad, es "la causa" que al igual que el ensof da a luz, lo "que llega a ser" -Dioses y titanes- personajes que desarrollaran el drama mítico(74).

Sin embargo, en el esquema bíblico, Yahvé se movía sobre las aguas primeras, como un pájaro, causando los acontecimientos en sí mismos. Vale decir que él es la causa y el ser que da origen a los demás seres. Siendo una divinidad que no puede trascenderse a sí misma. El es la reunión de lo sagrado y de su manifestación(75).

2) La palabra escrita, al presentar a un Dios vivo y actuante en la historia, revela al hombre cual es su voluntad parcial, sus leyes generales, además de ser, su palabra escrita misma, relato de su intervención en ciertos puntos directrices de la historia en los cuales entendemos sus pactos con hombres de fe de tiempos antiguos.

La intervención de un Dios vivo en la historia religiosa de un pueblo, como lo fue en el caso de Israel, hace que nazca una nueva experiencia religiosa: la Fe. Según la tradición bíblica el Padre de la todos los hombres de Fe fue el patriarca Abraham(Romanos 8).

Analicemos los hechos.

La historia de Abraham es bien conocida. Trata de un patriarca que habitó el levante durante los siglos XIX -XVIII aproximadamente (76). Su historia es la historia de una amistad comunicativa, es el relato de una promesa: la de Dios con relación a la posesión de la tierra a los descendientes del patriarca y su cumplimiento, como consumación de las palabras de Génesis 1 "Dijo Dios"-"Así fue".

El tema que genera la dimensión teologal de la Fe se refiere a que Dios le profirió a Abraham una promesa imposible: que tendría un hijo a la edad de 100 años junto con su mujer de 90 años. A pesar que dicha predicción le causo gracia a su mujer, Abraham creyó en que Dios realizaría la sentencia de su palabra. Y así fue. Abraham y Sara concibieron un hijo con la ayuda de Yahvé.

Sin embargo el relato es interrumpido por una narración insólita. Yahvé, el Dios de la vida, le pide a Abraham que inmole a su hijo como sacrificio a él -que lo devuelva al origen-. Insólito para la mentalidad del patriarca, pero no para la mentalidad de los pueblos circunvecinos.

En el entorno del segundo milenio en el Antiguo Oriente Próximo, las divinidades adoradas por las ciudades estado cananeas eran cósmicas, es decir, se manifestaban en los ciclos estacionales, y al ser sedentarias, hierofanizadas en el crecimiento anual de las cosechas.

Según el mito, durante el invierno o temporada seca, el malvado Dios de la aridez Mot (funcionalmente Azazel) asesinaba a Ba'al y ejercía un reinado de desolación e infertilidad. Al aparecer la primavera, Ba'al el Dios de la buena cosecha, resucitaba y vencía en feroz combate a Mot aprisionándolo en las profundidades de la tierra. Para bendecir la temporada Ba'al mantenía lujuriosas relaciones sexuales con Astarte. Acción de la cual quedaban profundamente agotados(77).

Este mito tenía un rito análogo que lo reactuaba todos los años. Se decía que por lo menos una vez en la vida una doncella de alta sociedad debía prostituirse ritualmente en el templo(78). Siete días previos a la llegada de la estación primaveral, las doncellas se internaban en el templo dedicado a la Diosa, durante el cual lamentaban la muerte del Dios. Según versaba el mito el día séptimo resucitaba Ba'al y se apareaba con Astarté. Razón por la cual justificaba una orgía en los recintos sagrados. Tiempo después muchas doncellas terminaban encinta. Eran bendecidas por tener el hijo del Dios. En realidad un extranjero o un sacerdote cumplió con el servicio(79).

De alguna manera, el hijo que llevaban en su vientre era el hijo de Dios y a Dios le pertenecía su vida. Según versa el credo cananeo, la pareja sagrada queda tan exhausta debido al acto de fertilizar la tierra que necesita sangre humana para regenerarse. Ello justificaba la práctica de los sacrificios humanos. Los hijos del Dios debían ser reintegrados al Dios mediante el sacrificio por fuego. Era una economía de lo sagrado cíclica, cada acto se justificaba a sí mismo como acción-reacción: Dios-hijo -sacrificio -Dios(80).

Ahora bien, el hecho que Yahvé pidiera un sacrificio del primogénito que nació con su ayuda o bendición no debería ser tan absurdo. Sin embargo, para Abraham lo fue. Yahvé era de una naturaleza distinta de la que poseían las divinidades cananeas. Yahvé no necesitaba de sacrificios humanos para mantener su energía vital, ningún mito hebreo antiguo lo sostenía. Yahvé no era el Dios de las cosechas como Ba'al. Estas eran simplemente manifestaciones del cumplimiento de su palabra hablada.

Por lo tanto, Abraham no entendió; y sin embargo, obedeció. El hecho que Abraham actuara sin comprender planamente el propósito de Dios dio origen relacional al fenómeno de la Fe. Entendida la fe aquí como un saber, no de los misterios de Dios, sino de experiencia de sus cualidades como entidad ontológicamente definida en el marco de una tradición.

Los Dioses de la naturaleza tenían una economía de lo sagrado que se autosostenía en los ciclos cósmicos. Yahvé no. El era de una "naturaleza" distinta, ya que se manifestaba en los hechos de una historia lineal. Aunque Abraham no sabía él porque de dicho pedido divino, obedeció porque confió en que Dios tendría un plan oculto en los acontecimientos futuros, hechos que revelaría a su tiempo indicado.

Esto abre lugar a la dimensión de la promesa(palabra de Dios, hablada o escrita), a la espera piadosa por confianza(esperanza-sin saber claramente el final) y a su cumplimiento. Dicha solidaridad desencadena una asociación de temporalidad. Se prometió en el pasado, se espera en el presente (con confianza, como si uno tuviera una escritura de propiedad) y se recibe en el tiempo futuro el cumplimiento. La recepción de la Palabra cumplida da como resultado el fortalecimiento de la Fe y el crecimiento de una relación(81).

Entonces vemos que en dicho relato, entran en juego las dos condiciones para definir la Fe. 1) La promesa de algo por medio de la palabra de un ser invisible infalible, que no vemos por su sustancia espiritual y por ende es solidario con una "revelación misteriosa" y 2) el no ver momentáneamente los resultados de dicha palabra proferida en el pasado (mito) por hallarse (los resultados) en el tiempo futuro o en camino.

Entonces entendemos aquí por revelación, no los aspectos incognoscibles del misterio hechos públicos, sino la mostración en transparencia de ciertas directrices cualitativas y de propósito dentro de un marco de una relación entre dos sujetos; que al tener coincidencia espiritual es misteriosa en sí misma.

Según la defensa de Pablo, este recibir luego de la "espera" produce la condición de iluminación (ver con el ojo físico lo que ya se veía con el ojo espiritual)y de ser justo a la vista de Dios el Padre, y por lo tanto digno de "recibir" la promesa.

Esta condición de ser justo, da a lugar a la tercera proposición:

3)Se revela que gracias a la Fe de Abraham se removerá algún día la maldición de la muerte que cae sobre la humanidad.

Por esa condición de justicia, a Abraham se le pronuncia una nueva promesa.

"Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz"( Génesis 22: 18.)

Gracias a la Fe que demostró Abraham, la maldición de muerte que cae sobre la humanidad no será para siempre(82). Hay una promesa de bendición aguardando a la humanidad que da sentido a todo su credo interno.

Para la teología cristiana es el elemento central del acontecimiento de Cristo en función de redención. Pero más allá de legitimar un sistema de creencias, la Biblia es la piedra angular de la fe de muchas personas, en dicha dirección podemos decir que es un testamento o un legado para toda la raza humana.

La garantía legal que reside en dicha palabra

El noveno mandamiento, que Yahvé mismo escribió con su dedo sobre una piedra en Sinaí dice: "No levantarás falso testimonio". Mediante esta ley contra el mentir, Yahvé se coloca en contra de los mentirosos, es decir, contra aquellos que pronuncian palabras o escriben documentos en que se comprometen a efectuar determinada cosa y no lo cumplen.

Concluimos entonces, que Dios no puede decir una mentira y al mismo tiempo estar en armonía con su ley.

Por tanto, Dios no puede mentir, es imposible, el noveno mandamiento lo hace imposible; y si no puede mentir su palabra es verdad por definición. Es decir, toda profecía que pronuncie, ya sea un principio moral con un resultado igualmente moral, o una ley natural con un resultado físico, se cumplen en forma inmutable, sin falta.

Yahvé quiso fortalecer la confianza del hombre en que él es el Dios de la verdad, poniendo un sello o carácter legal a su palabra(83).

Hoy en día las personas legalizan documentos por sellos o rúbricas ante escribanos públicos o funcionarios autorizados. Sin embargo en épocas antiguas las palabras, al menos entre pueblos nómadas, se legalizaban mediante una ceremonia de juramentación(84).

En los registros bíblicos se relata un episodio en la vida de Abraham cuando fue ayudado por los reyes del Sidin a expulsar a otros reyes invasores y a rescatar a su sobrino Lot.

El registro del Génesis nos cuanta:

"Después de eso el rey de Sodoma dijo a Abrán: Dame las almas, pero toma los bienes para ti. Ante esto, Abrán dijo al rey de Sodoma: De veras alzo la mano (en juramento)(85) a Jehová el Dios Altísimo, Productor de cielo y tierra, (y juro)que, desde un hilo hasta una correa de sandalia, no, no tomaré nada de lo que es tuyo, para que no digas: Yo fui quien enriqueció a Abrán. ¡Nada para mi! Solamente lo que ya hayan comido los jóvenes, y la parte que les corresponde a los hombres que fueron conmigo... "( 14: 21-24(86))

La actitud de Abraham es opuesta al pago del diezmo del relato que precede(14: 17-20). Pero volviendo al texto, hemos vertido esta traducción por que explica el rito de juramento que solía hacerse entre las tribus caravaneras.

Entre los pueblos antiguos "el juramento" consistía en una aseveración por lo que se desea uno a sí mismo un mal o una desgracia si no dice la verdad o no cumple lo pactado. El efecto mágico de la maldición oral (o escrita como se puede observar en las múltiples inscripciones(87)).

En el acuerdo que data del siglo XV a. C., entre Idrimi rey de Mukish y Pilliya rey de Kuzzuwatna en la zona de Siriopalestina se encuentra la fórmula sobre la maldición ante el no cumplimiento de dicho compromiso:

"Tablilla del pacto(riksu), cuando Pilliya e Idrimi presentaron juramento por los dioses y acordaron un pacto entre ellos (...)A todo el que falte a las palabras de esta tablilla ¡Que los Dioses Adad (lit. Im), Shamash (lit. Utu), Ishhara (Divinidad infernal) y todos los Dioses lo destruyan totalmente"(88).

Un segundo ejemplo lo encontramos en un tratado Hitita con Ugarit(89), donde la inscripción cierra de esta manera:

"Toda palabra de este tratado y de este juramento, inscripto en esta tablilla, si Niqmepa no es fiel a estas palabras del tratado y del juramento, que estos Dioses, por su vida, hagan desaparecer a Niqmepa, a su persona, a sus mujeres, a sus hijos, su ciudad y su país y todo lo que posee".

El efecto de la maldición sobre si mismo es proveniente de una fuerza mágica de la aseveración misma o de la propia divinidad ejecutora ante la mentira. Esto nos hace acordar las maldiciones propuestas en la Alianza mosaíca en el Deuteronomio cap. 30, si no se cumplieran las palabras de esta Ley.

En Hebreo se utiliza indistintamente la palabra 'ala para juramento y para maldición, esta expresión es usada en el Antiguo Testamento siempre con relación a los juramentos humanos en sus tratados o alianzas.

Otra palabra empleada para "jurar" es shaba, donde la raíz semita es similar a la cifra "siete". Algunos han pensado que la expresión bíblica significa literalmente "septuplicarse", o sea, atarse a sí mismo a siete cosas(90). Sin embargo esta palabra se usa en el lenguaje paleotestamentario con una relación teológica como veremos a continuación.

Ahora bien, si así legalizo Abraham su palabra ante el rey de Sodoma, ¿Cómo fue que Dios legalizó su palabra ante los hombres de aquella cultura?.

La respuesta la encontramos una vez más en el mismo Génesis 22, pero ahora en el versículos 15 ss.

" Y el ángel de Jehová procedió a llamar por segunda vez desde los cielos y a decir: "Por mí mismo de veras juro (91)(shaba)-es la expresión de Jehová- que por motivo de que has hecho esta cosa y no has retenido a tu hijo, tu único, yo de seguro te bendeciré y de seguro multiplicaré tu descendencia como las estrellas de los cielos y como los granos de arena que hay en la orilla del mar(...)(92)"

Y ahora retomamos la promesa supracitada en el vss18.

"Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido mi voz".

De esta misma manera Dios "juró" sobre su palabra. Este hecho fundamental hace que la promesa de que la humanidad no esta olvidada delante de los ojos de Dios adquiera capital importancia y fortalezca la Fe de los hombres seguidores de esta tradición.

Esta es la segunda cosa inmutable en que se edifica la Fe, ya que Dios no solo cumple lo que habla y escribe sino que también jura sobre ella.

COMO SABER SI SOMOS HOMBRES DE FE

La palabra hablada por un lado, y la palabra escrita por el otro, son elementos "cosas" que sirven para edificar la Fe. Pero la esencia misma de la Fe no consiste en la confianza en estas dos cosas puramente, sino que debemos verla como una manifestación del espíritu mismo de la cosa(93). Como un hilo que delicadamente engarza estas "cosas inmutables".

Este hilo parte, no de una concepción intelectual si no desde otro ángulo. Estas son solo marcos o apoyos que la sustentan. La Fe tiene que ver con una percepción que descansa primariamente sobre una base sentimental o cuerpo anímico, como atributo del espíritu o cuerpo etéreo. Esto nos hace suponer, por lógica, que la Fe implica a dos o más personas, una de las cuales no tiene que ser necesariamente la divinidad.

Ahora entendemos el fenómeno de la Fe dentro de otro orden: el de una relación de apertura entre dos personas que se disponen hacia un estado de conciencia determinado. Uno se abre al otro al depositar confianza en ese otro(94). Esta unión es un misterio de comunión entre dos seres, abarca toda la existencia, sin esta apertura el hombre queda condenado a la soledad y en consecuencia a la muerte. La confianza y la fe, en el marco de la relación con el otro, sostiene y da sentido a nuestra presencia (como ser-en-el-mundo), la vida se ilumina y vale la pena transitarla(95).

La confianza en el otro es depositada meramente por un acto de amor. Aquí el misterio divino magnetiza toda la experiencia. Sin amor no hay fe, sin fe(entendida en estos términos) no hay relación posible con las manifestaciones de la vida; los ciclos de la naturaleza (vida mineral, vegetal y animal), con los otros hombres ni con ninguna divinidad.

Llevado al plano bíblico, la Fe en Dios implicaría desarrollar una relación con él. ¿Cómo cultivar un trato con lo que no se puede conocer, con lo otro, el misterio, lo sagrado?. Varios pasajes testamentarios nos hablan de hombres fieles de "anduvieron con Dios".

Esto sería imposible sin la meditación o el pensar profundo en la creación natural entendida como obra divina. Tampoco sería viable sin la tradición hablada o escrita, que por su misma carga cultural da identidad al Dios que hayamos elegido servir. Dichas fuentes le otorgan a la polaridad divina nombre, función, representación, una historia sagrada sostenida en los mitos, entendidos como patrimonio cultural y existencial de la raza humana.

Creer en Dios no significa saber que esta allá, en alguna parte, significa encontrarse con él, a través del mundo natural y la herencia cultural que dan forma a su personalidad. Tener fe no es carecer de dudas o de altibajos en el camino espiritual, sino sentir la fortaleza para vencerlas mediante una lógica religiosa implícita en cada cosmovisión y cada texto sagrado. Pero sobre todo es la fuerza interna o el poder del amor que "todo lo cree" (I corintios 13: 7)como cualidad que vibra en secuencia superlativa; y "no es defraudado" en el depósito de su confianza.

Para la interpretación cristológica, él seguir viviendo como sí viéramos en cumplimiento de las promesas bíblicas como si ya estuvieran en el presente, imaginar el futuro mejor, significa amar al que las promulgo y por supuesto percibir el amor de él hacia el hombre. Esto nos hace encontrarnos hoy con nosotros mismos, hallar paz y vivir con alegría.

Veamos un ejemplo citado en los evangelios acerca de las palabras de Jesús:

"Se venden cinco gorriones por dos monedas de poco valor(96) (lit dos asariones) ¿no es verdad? Sin embargo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pero hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están contados. No tengan temor; ustedes velen más que muchos gorriones." (Lucas 12: 6, 7(97)).

En sus frecuentes visitas a Jerusalén, Jesús, abra observado como los mercaderes ofrecían gorriones (gr. strou-thí-on, término aplicado a cualquier ave pequeña) por un valor muy bajo(98). En otras palabras, estas pequeñas aves no tenían ninguna importancia para los hombres.

Hoy ocurre lo mismo, ¿sabemos cuantas aves pequeñas mueren en una tormenta que azota a nuestra ciudad? ¿Sabemos cuantos cabellos perdemos por día? ¿No es cierto que muchos de nosotros a estos hechos no le damos mayor importancia en nuestras vidas? Sin embargo, Dios esta atento también a estas cosas. Un proverbio chino compara al universo con un gran árbol tupido de incontables hojas. Dice que al observar el cuadro pareciera que todas las hojas adoran al árbol, pero cuando una de ellas cae, todo el árbol se estremece.

Sin duda, al Ser Supremo le interesa cada uno de los seres vivos, todos forman parte de todo y todos somos necesarios para que funcione el universo creado.

No es posible comprender a cabalidad la actitud de Dios de interesarse por estos hechos aparentemente pequeños. Sin embargo, el hombre de Fe entiende que nunca va a conocerlo todo en cuanto a Dios, pero aún confía en él, porque lo ama. El hombre de Fe es diferente al hombre falto de ella, tiene otra concepción de mundo, siempre espera con alegría. Esto llena su vida y le hace agradecer el día presente.

Para la interpretación del escritor de la epístola a los Hebreos, la Fe ha llevado a los hombres a los más osados actos de fidelidad y amor, hasta el agravio y el martirio de muchos como lo muestran la historia de la iglesia primitiva(99).

El análisis del contexto, deja ver que para el mundo sin Fe la actitud de sufrir privaciones hasta el mismo fin es inconcebible, ridículo; pero de hecho ellos estuvieron dispuestos a vivir y a morir por lo que todavía no había llegado(100).

"Pero ahora procuran alcanzar un lugar mejor, es decir, uno que pertenece al cielo. Por lo tanto, Dios no se avergüenza de ellos, de ser invocado como su Dios, porque les tiene lista una cuidad". (Hebreos 11: 6(101)).

Los cristianos primitivos tuvieron indudablemente Fe en la persona de su Dios fundamentada en el kerigma o resurrección de Cristo, y por lo que se lee a continuación, su Dios tuvo Fe en ellos. Ya que por la misma Fe:

"...por fe derrotaron reinos en conflicto, efectuaron justicia, obtuvieron promesas, taparon bocas de leones, detuvieron la fuerza del fuego, escaparon del filo de la espada, de un estado débil fueron hechos poderosos, se hicieron valientes en guerra, pusieron en fuga a los ejércitos extranjeros. (Hubo) mujeres que recibieron a sus muertos por resurrección; pero otros hombres fueron atormentados porque rehusaron aceptar la liberación por algún rescate, con el fin de alcanzar una resurrección mejor. Sí, otros recibieron su prueba por mofas y azotes, en verdad, más que eso, por cadenas y prisiones. Fueron apedreados, fueron probados, fueron aserrados en pedazos, murieron degollados a espada, anduvieron de acá para allá en pieles de oveja, en pieles de cabra, hallándose en necesidad, en tribulación, bajo maltratamiento; y el mundo no era digno de ellos..." (Hebreos 11: 33-38ª.(102)).

Los hombres de Fe, desde la perspectiva cristiana, pueden estar seguros que Dios tiene un lugar para ellos, su hogar, mediante la descendencia de Abraham -el sacrificio de Cristo-una bendición aguarda a la humanidad.

Como estímulo Hebreos 6 13-19 nos dice:

"Porque cuando Dios hizo su promesa a Abraham, puesto que no podía jurar por nadie mayor, juró por sí mismo, diciendo: "De cierto, bendiciendo te bendeciré, y multiplicando te multiplicaré". Y así después que (Abraham)hubo mostrado paciencia, obtuvo (esta) promesa. Porque los hombres juran por el que es mayor, y su juramento es el fin de toda disputa, ya que para ellos es una garantía legal. De esta manera, Dios, cuando se propuso demostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, intervino con un juramento, a fin de que, mediante dos cosas inmutables (la palabra oral y escrita) en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos nosotros, los que hemos huido al refugio, fuerte estímulo para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.(103) ".

Las Escrituras Hebreocristianas no pretenden, en el espíritu de sus textos, ser testamentos para un solo pueblo; los dogmas de los hombres "que nada entienden" así lo han clausurado. La exposición precedente, se basó en solo una vertiente de tantas. Pero estamos conscientes de que la Palabra de los Dioses no puede ser encerrada en ningún marco sino que emana hacia el interior de los hombres por su misma naturaleza. Los mismos presupuestos fundamentales pueden hallarse en los credos de todos los pueblos a lo largo de la historia del hombre. Así lo entendemos y así debe ser su aplicación.

Los hombres de Fe, tanto de la antigüedad como de la actualidad, y que pertenezcan a cualquier tradición religiosa, pueden tener el estímulo de la palabra jurada de Dios para mover montañas. Por ello, tales espíritus preclaros pidieron a Dios en oración más Fe. Esto requiere solicitar más pruebas de que la palabra de Dios es cierta, es pedirle a Dios más justificación de su amor y que nos sintamos seguros de ese amor; y de que todo lo que El ha hablado en el discurso mudo de las maravillas naturales patrimonio de todos los seres, y ha escrito en los textos sagrados de todos los tiempos mediante sus profetas, tesoro de sus civilizaciones, se cumplirá sin falta: porque su amor lo demanda; y porque él así lo ha jurado.

El siguiente trabajo fue inspirado en parte en una nota que publicó la revista oficial de Watch Tower Bible and Tract Society, en su N- 15 de mayo de 1966. A aquellos autores anónimos, que seguramente están entre los muchos hombres de Fe, sea mi reconocimiento. (*)

(*) Fuente: Este texto de Sergio Fuster nos ha sido enviado para su edición original aquí.

(NOTAS)

  1. Newton había observado anomalías en los movimientos de Júpiter y Saturno que le resultaron inexplicables, llevándolo a pensar en la idea de Dios y la necesidad de su intervención para corregirla. Sin embargo, Laplace demostró en realidad que sus sistemas planetarios eran estables y se autocorregían demostrando que Dios era una hipótesis innecesaria. Cf. Exposition du systeme du monde, 1798.

  2. Newton, I: "Principios matemáticos", Barcelona, 1993.

  3. Baptist Metz, J: "Teología contra mitología. Apología menor del monoteísmo bíblico". En "Cuestiones epistemológicas". "Materiales para una filosofía de la religión". Madrid, 1992, Tomo I, pp. 279-294.

  4. Esta inscripción se halla hoy en el Museo Británico de Londres. El texto completo fue editado por H. Junker: "La mitología de Menfis", Tratados de la Academia Prusiana de Ciencias, Berlín, 1939, N-23.

  5. Las citas bíblicas que ofrecemos en este trabajo serán tomadas de la Nueva Biblia de Jerusalén a menos que se indique lo contrario.

  6. De la palabra Kosmos (lit. orden) deriva cosmético, mostrando la belleza y la armonía del universo. Las propuestas pitagóricas mostraban ideas ocultistas que versaban sobre un universo vivo emanado desde el Absoluto y como consecuencia, los seres humanos compartían su naturaleza astral. Dicho pensamiento ya estaba presente en las mitologías paloorientales con relación a los motivos de la multiplicación a partir de lo UNO y la solidaridad del hombre con los minerales, vegetales, planetas, etc.

  7. Es de notar, que en el hebreo bíblico la expresión 'e-rets, que se vierte como tierra, en esta ocasión se refiere a la tierra en oposición con el firmamento. La palabra 'adha-máh es otra variante que suele traducirse como terreno o suelo cultivable. Es interesante ver también, que algo similar encontramos en la inscripción egipcia supracitada donde aparece la palabra pt para cielo, mientras que la variante p3t se suele utilizar para "era primordial", "en el principio", aunque ellos, a veces, empleaban el concepto de Ma'at para señalar un orden trascendente. Cf. Con los Textos de las Pirámides, 474ª donde dice: "¡El espíritu (aj)al cielo, el cadáver a la tierra". Cf. Jacq, C: "El origen de los Dioses. Claves para descifrar los textos de las pirámides", Barcelona, 1999.

  8. Según algunos eruditos bíblicos la tradición del Génesis fue legada de este mito, aunque es un tema para su discusión; mas que nada desde un punto de vista filológico.

  9. En acadio la palabra cielo se funde con la idea de Dios (protopanteísmo -meter dentro de-) dingir an, en su valor fonético, mientras que su signografía pictográfica ( c. 3100 a. C.) y cuneiforme (c. 2400 a. C. ) se tallaba con una estrella de ocho puntas. Por otra parte, para tierra podemos argüir que corresponde a la representación de la parte más baja de la piedra du, gin, gub (lit. pie, andar).

  10. La palabra acadia traducida generalmente como horno es ku-bu. Sin embargo en Enuma Ellis (IV, 136, I, 3), ka-bu designa al cuerpo de Tiamat, el monstruo que da origen al cielo y la tierra (universo), en este caso asimilado al embrión o al feto que da origen al mundo. Cf. Eliade, M: "Herreros y alquimistas" Madrid, 1993, pp. 68, 69. Ver Thureau-Dangin: Notes assyriogiques, XXXV. En Revue d'Assyriologie, 19, 1922, pp. 81.

  11. Hablamos de ateísmo en la perspectiva de Bloch y como característico de nuestros tiempos. Cf. Gimbernat, J. A: "El ateísmo religioso", Madrid, 1996, pp.209-220. Véase Bloch. E: "El ateísmo en el cristianismo", Madrid, 1983.

  12. Este motivo mítico es muy arcaico. En Sumer la madre Nammu cuyo nombre se escribe con el pictograma de Mar primordial (semen), engendra por partenogénesis al cielo An y la tierra Ki, de su unión sale la atmósfera Enlil. Cf. Kramer: From the Tablets of Sumer, pp. 77 ss.

  13. E. A. Milme escribió: "No podemos hacer conjeturas acerca del estado de las cosas (en el principio); en el acto divino de la Creación Dios no es observado ni tiene testigos". Jastrow, R: "El telar mágico. El cerebro humano y el ordenador", Barcelona, 1981.

  14. Traducción del Nuevo Mundo

  15. La sabiduría oriental supo plasmar, lo que en occidente se conoció por medio de las ciencias herméticas, de una manera magistral en el concepto de atman de Brahman dentro del atman de jiva. Cf. Brihadaranyakopanidhat, IV, 4, 5.<