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   EN BUSCA DE QUE ME NOMBRES

  Por Paolo Saborido


 
 
  

  Paola Saborido

  Prólogo, por Esteban Ierardo

  En busca de que me nombres

 

 

  PAOLA SABORIDO nació en Haedo, pcia. de Buenos Aires. Fue secretaria de la Asociación Amigos de la Biblioteca de Morón, Domingo F. Sarmiento; miembro directivo de A.D.E.A (Asociación de Escritores Argentinos) filial Hurlingham; socia de S.A.D.E (Sociedad Argentina de Escritores) sucursal Norte y tallerista en C.A.S.H (Centro Activador Social Haedo), organización no gubernamental de su ciudad natal.

Tiene cursos realizados sobre: literatura, filosofía, plástica, cine, semiología, psicología y en lengua inglesa, francesa y alemana.

En la actualidad se encuentra trabajando en su segundo libro.

 

     PRÓLOGO

 Es la poesía la escuela de la metamorfosis. De la hechicería verbal que busca que el humano sensible se transforme en el mundo contemplado. John Keats creía que un poeta al ver una nube se convertía en esa nube. Creencia en la fusión entre lo cantado y el ser que líricamente canta. 

   Esta magia rítmica de lo poético acontece en la incipiente llama de la poesía de Paola Saborido. En la obra que presentamos a continuación en esta Biblioteca Virtual Temakel esta joven poetisa argentina oficia como la hechicera del cambio mágico y el oído que escucha lo secreto. Sus versos fluyen enzarzados como ríos de notas de una única melodía. Un único aliento de música de palabras donde la poetisa atraviesa el espacio con un pathos ascensional: "me aventuro hacia el sol/ como el corazón de un ave". Este volar es un acercarse a una fisura desde donde pensar lo no evidente. Una hendidura de relevaciones siempre palpitante en el presente, pues "la única abertura es el ahora". Atravesar ese portal despejado es ir hacia una "tierra luminosa concéntrica" y hacia "un abismo enclavado en lo umbrío del suelo". Una vez allí, la poesía de En busca de que nombres, es la emoción anhelante que deviene "lágrimas de nubes"; y es "centinela junto al viento". Formas de la piel poética desde la que puede escucharse la vida sutil de los laberintos del tiempo, y desde donde puede recibirse el resplandor de telares de lunas. 

  Y cuando la piel se hace tacto que roza y toca el mundo con caricias extrañas, se aviva el deseo de la mujer poeta de la metamorfosis mágica y trascendente: "a veces quisiera transformarme en luna/ o tener estrellas que jerarquicen mis tobillos/ o sentir un río de nieves perdurables/ habitando las raíces de mi cabellera / o ver peregrinar al sol hasta ponerse/ entre un codo y otro de mi cuerpo". 

   La poesía de Paola Saborido es ejemplo de esa poética que siempre aspira a que el universo sea calor y figura dentro del cofre del propio cuerpo. Incendio de la vastedad en el altar de los huesos. 

  La poética de En busca de que me nombres no es palabra quieta, sepultada en la inmanencia del puro decir formal. Por el contrario y por una fortuna a celebrar, sus versos no son jardines vacíos sino una nueva contorsión del ala de la única poesía que, con brío inevitable, sube hacia lo lejano y hacia los filamentos de un olvidado manantial secreto.

Esteban Ierardo 

 

  

EN BUSCA DE QUE ME NOMBRES 

 

aquí

entre cumbres gastadas por mis vigilias
encuentro un nombre escondido
                                                    disfrazado
las ruinas se oprimen detrás de la llanura
         yo no sé de otra posibilidad

las imágenes destejen al poniente
su rojo laberinto de greda


y las hebras de un entramado recordar
me anudan a otra espalda
       sigo siendo la misma que vio
       la que leyó las letras en el templo
el rayo y el fuego endurecen la piedra
la sal pule el dibujo

en mis manos
ese gajo de eternidad impuesto
y el fango
                      que me responde quién soy


todo está del revés
una mirada desde otra parte
puede ser lo absoluto
o ninguna cosa

re– crear cada espacio

según una posición cualquiera
según un estadio tal vez libre
quizá construido por indigencia
por queja
ya es un giro en sí

cabeza abajo

la realidad no es una actitud
distinta de mis actos
son los sucesos consolidados en mí

una quietud que avanza en su trayecto

                           en esta lejanía de sentirme idéntica

                           puedo cambiarlo todo

de regreso
y este murmullo que tranquiliza
y este ir y viajar inadvertido de los peces
y este puro cruzar de alas
                  caminar de corales
                  adornar de espuma
contra mi tajante fluir de agua desprejuiciada
                                             envolvente
                                               mineral
                                 de perpetuo
                                   de nunca


consigo ver cómo el horizonte trasiega auroras
                                                       crepúsculos
hacia mis ojos que son contados por la arena
                                    mirados por el tiempo


por qué no hallar lo que es cierto en lo insondable
por qué no ser Jonás devuelto de una boca

                       rodeado por la corriente hasta el alma
por qué no llorar lágrimas de nubes para estar


por qué no resurgir con cada ola que se suelta
en la playa               y dejarse arder al sol de los retornos
                              y beberse sobre amplias rocas
                              y absorberse
                                                     hasta ser factible intervalo
o más
hoy me permito la pena
como si fuera pieza de alguna rebelión
de algún rebote lanzado al desamparo
                                                           o a la soledad

una ajena intuición me dedica quimeras
pero mi deseo se ciñe con el pasado

la única abertura es el ahora

busco un pretexto
             y entre tanta incuria
             me aventuro hacia el sol

                                      como el corazón de un ave


Creó, pues, Dios al hombre a su imagen
Génesis, 1-27

 

puedo todo
hasta el íntimo gesto de crear

a la vida nos ponen con una misión
con un cifrado saber que se rastrea en la carne
hasta convertir al tiempo en escolta de
varios huesos apenas bosquejo de nosotros mismos
tal vez nosotros mismos
ya en el final del recorrido


repito y me desconozco

el caos reanuda una idéntica larga hilera de veces
la ausencia
un no ser que acude acaso adrede

                            
  e interactúa con lo diario
una nada imperiosamente deseada en donde juego siendo

en donde elijo quedarme
como un dios aprisionado
obsesivo
modelando por necesidad
                                         hasta la fatiga
                                                                mi obra


la labor


y mis dedos que interpelan cisuras en otro plano

me alojo en él

como en la lengua que no enmudece mi sospecha
y en la elipsis que apuntala mi elegía


sostengo en el rebelde porque de estos bienes
mi sanguínea escritura

                    una atinada afirmación


la bendita acústica de las ánimas
                                                 que me pueblan

 

* Something strarge is the soul on the earth

George Trakl


después de la ablución
mi silueta abandona el ritual
ya no soy yo
soy el agua que circula y no se deposita


soy el alma del agua
                                   lo extraño


el elemento constante

un espíritu con afán de indicio posible
una cadencia interior
el suave significado de la huella
             por la que trajino una andanza fecunda

me sé algo central y delicado

                   intenso

me siento algo trascendente
                                           puesto a vivir


* Algo extraño es el alma sobre la tierra. G. T.

es probable que hoy me contradiga
la noción de una certeza que se labra de lo simple
me explica desde un ritmo inicial
desde el aire que se enfrenta con el agua
desde lo que no se ve

de la coincidencia con lo divergente
nacerá un cambio

un conflicto

la fisura donde pienso al ser

soy cautiva
y al mismo tiempo
                             la victoria me libera

mi contradicción indaga la esencia permanente de las cosas

Una gota más una gota, no hacen dos gotas,
hacen una más grande.
Dicho Popular

nostalgia
tristeza que provoca la memoria del bien perdido
o de encontrarse lejos
                                     o de verse solo
la acongojada perspectiva de vivir siendo un andariego
sin pertenencia donde abrigarse del dolor
porque esa facultad aprieta adentro
y es uno
y es todos los juicios
nadie puede cubrir nuestra angustia
aquella que nos espera para que empecemos a volver
para que nunca terminemos de llegar
aquella de la que estamos hechos
todos añoramos una misma región
igual los ríos y el mar
que confluyen
pero siempre dejan una gota ausente
allí
donde se puede crecer

 

Uno tal vez ponga ya de pie sus sentidos
y parta a responderse con la misma pregunta

Gabriel Lotorto

de nuevo el insistente y vago aleteo del viento
el plan de principio que me acosa
y el remolino del final como una llama

si volver fuera lo que ampare mis dilemas
los cobije sin averiguar
sin pedir explicaciones
volvería

total por cada tramo de envés
se me unirán suficientes enigmas
que sólo aumentarán mis demandas

seré detrás de lo inconcluso
la brizna exacta de inseguridades que irrumpe
con la marcha pausada y en retroceso
          que se mantiene a su pesar entre mareas
hasta ahogarme en las ganas de reformular
lo que es
                     en otro sitio
                                             en otra latitud
para poder ir
o venir
                           interminables veces
                           con la misma incógnita
por momentos
pierdo cualquier alcance
y un afluente de desorientación
deambula por mis arterias
ya no acierto con el agua
ni con el fuego
que templados supieron afianzar mi sangre
dejo de ser también como la tierra
y otro es el aire que me aviva
desde miles de pedacitos
voy

en busca de que me nombres


como un alma errabunda
canto ante los susurros de un panorama sin luz
de una colina sin cuevas donde asilarse
                                                             o protegerse
me agoto en una garganta sin humedad
o en el llanto profano de los hombres que confían
sin notar que es la nada quien maneja el tiempo
un lapso que se fagocita hasta la matriz
               unas pocas horas de inoportuna felicidad
                                          unas pocas horas sin culpa


me pregunto si se acabará este baldío
este páramo de vanidades extensas donde todo se esfuma
donde ingenuas cimas se confunden con el cielo
                                                              tan alejado

me pregunto si alguien en esta selva de trampas inútiles
se detuvo a pensar en lo aparente
o en la rosa
la líquida rosa que se despeña en su rosal
                                              de unos días

intento cantar desde el olvido entero
                     desde mi propia omisión

ensayo ser
una integridad sin máscaras

una zona llena de lucidez

duele en la tarde
el asfixiante resquebrajar del invierno

pero allí está el bien– estar

a mí me daña la piel
el despiadado vértigo de lo que no se ve

las apariencias se condensan en las formas

una variación sería nacer antes de época
o descubrir que no he nacido

asumo la tempestad
la vez que no evité la suerte
                                            el delirio


logré entreverlo todo

a la zaga del perímetro de un día
el comienzo fue el comienzo

yo

           estaba siendo creada


observo
una y otra imitación de mí

frente a mí me desplomo sin tocarme
y soy de agua
            de amatista
                o de infinito


multiplico mis perfiles sin irme demasiado lejos
pero me reúno distante en un remoto contorno

aquí
más allá de mí una identidad parece imposible

sin embargo

el reflejo de mis ojos que me divisan
hace menos difícil la perfecta ceremonia
de tener que volver a esta osamenta

                                                      después de haber sido tantas

escapo

huyo de lo cierto y de la noche
         de la pesadilla inefable
          del sabor rancio que ocasiona la providencia
cuando entiendo que es la clara verdad

cuando veo a la tenaz fortuna
que me empuja hacia sus desafíos

pero no alcanza con que ciegue mis sensaciones
ni que reniegue de mí
                                      ni que diga basta


fugarme
                         tampoco es suficiente

tal vez si disimulo
consiga desterrar la acedía

o tal vez ni aún así

* à la fin la masque devient visage


* a la larga la máscara se convierte en rostro. Marguerite Yourcenar

 

... quizá detrás de la moneda esté Dios.

Jorge Luis Borges

estoy
donde nunca dejo de buscar
me encauzo
                       me abarco
                                        me ignoro
siento cómo lo lejano me empuña

soy fuerza
una hechicera que calcula un calendario
el almanaque se me brinda flexible
y cada día es un zahir

cada número un reino
el vacío un sen–ti–do diferente

la alquimia
                      o mejor
                                     la formación


puedo verme
trazando con mis manos sobre el polvo racial de las costas
                                                           en cada continente

un anuario de sal y de fuego


mitigo mis secretos

es el tiempo quien me recobra
mientras mi piel va
soltando una arenisca reciente

tibia

que me re–crea

      incalculable                                 palimpsesto
       desde                               de algún fragmentado
                            lo repentino


suspendo el tiempo
mi boca se abre como la de un pájaro

pruebo capturar el vuelo

no tengo rumbo urgente
con equilibrio honro el aliento de la plenitud

me demoro
contemplo lo austero de la vista

vertiginoso un punto estalla en mis ojos

inconcebible
                             una geometría se hace enorme

                                                                 ideal
y el firmamento se
expande oculto alrededor de mis plumas


* And the death won’t have domain

Dylan Thomas

a veces quisiera transformarme en luna
o tener estrellas que jerarquicen mis tobillos
o sentir un río de nieves perdurables
habitando las raíces de mi cabellera
o ver peregrinar al sol hasta ponerse
entre un codo y otro de mi cuerpo

ambiciono ser una con lo natural

experimentar el color de la hierba
mezclado a la libertad de mi razón
y el perfume del aguacero que se alarga
desde la serranía cubierta de romero
                                                              hacia mi frente
                       entonces no reconocerme

 

ser día
                    noche
cielo
                    tierra
ser condición de mí misma
                                               así la muerte pasa
ignorando que por las inexploradas ranuras de mis uñas
      puede imperar velado
                                                 el secreto del cosmos


* Y la muerte no tendrá dominio. D.T.

 

me quedé
                   centinela junto al viento


y un rugido del aire confinó en mí
                                                     su capricho


inspiro la incidencia de la luz
           en la terca confianza de la sombra

exhalo una locuaz alianza cincelada de tinturas
           para desplegar nuevamente el riguroso remanso
                                                     de la naturaleza

respiro

           sigo sujeta a los ciclos más antiguos del paisaje

voy cayendo

una lazulita en mi destino
me vuelve siete veces

y llego a deducir mis pasos

a partir de una distancia cercana
                                                     que deja que me evoque


desciendo encima de la tierra luminosa
                     concéntrica
atraída por los surcos de un perdido itinerario

la inmensidad ejecuta su vigorosa armonía de espejos

                         yo me modifico

durante la entrega

                             el devenir hace


de este duelo
                             un manantial inagotable

 


Para que no te olvides, que si existo
ha sido sólo para nombrarte
.
Hugo Ditaranto

con humildad tu voz
acaso sea lo que solicito

oír
oírte
              hasta desatenderte
              hasta volver a escuchar

los acordes de las quebradas que cimbran
el bramido del océano cultivado en una caracola
la canción del aire cuando eleva las hazañas de los héroes
o cuando pergeña mitos
                            para dejarlos prosperar de casta
                                                                en estirpe


oírte nombrarme con la gracia de una flor
llamarme por mis versos

soy grafía que alberga entre sólidos renglones
                                                      montados a reserva
la ilusión de tu milagroso decir

* –Hypocrite lecteur, –mon semblable, –mon frère!

               improvísate una nueva existencia
               cada vez que me pronuncies


* –Hipócrita lector, –mi semejante, –mi hermano! Charles Baudelaire

 

asciendo en medio de un humo infatigable


aquel calor lleno de lenguajes
                                             reincide


la promesa quedó franca ante la hoguera
y una energía perduró ágil
expiada por la pira fatal que fue mi grito

hacia occidente un rezo se quema
                                     se retuerce

me asemejo al humo

decido que mis oraciones penetren inalcanzables confines
          luego de desnudar aquella adormecida liturgia

hoy

el trabajo es solitario
sigiloso
                con prudencia


formar una ética
una estética

y nada más tener discursos
                                             arquetipos para derribar



me expatrío de la ley


entera confecciono los tramos
            de una gran estrofa
que me olvida en los bordes
          entrelazo cada remate

                                                 el poema no tiene fin

 





* Puis, l’homme, de faute en faute,

trouve le chemin qui mène au feu.
Antoine de Saint-Exupéry

quizás a menudo incurra en el equívoco
y este éxodo no sea más que
el tránsito por los escalones de
una montaña abierta al resplandor de
un abismo enclavado en lo umbrío del suelo


apegado a blandas rendijas de ancestrales cavernas


emplazado en el talante hundido de un volcán

donde exquisita la arcilla hecha flor de cuatro pétalos
me concede averiguar en sus cenizas
                                                           el fuego


diáfano pórtico que me dará vida
después de haber bailado la última danza
para conseguir amanecer igual al cielo

honda
                  tan enorme
                                       como el sol


* Luego, el hombre, de error en error, encuentra el camino que lleva al fuego. S-E.

una brisa anuncia hoy mi fe
es una plegaria
                           además es música
un renovado suplicar de voces
                                                  y de esperas

parte el viento para instaurar el mundo
                      para fundarlo

sublime
                    re– ligo

                   en un soplo

mi voz
a esa ofrenda

y juro
y capitulo a la rueda de lo eterno


 

* Mantua me genuit
Virgilio

 


aspiro a ser uno
o todos los leones

traspasar el eximio fuego que delimita un círculo
esa temida esfera donde arder sería empezar
y elevarse
                    emprender


conquistar las nueve órbitas celestes del Paraíso

si obtengo la justa letanía
o la mano de mi firme maestro
que sea solito mi oficio
quien revele mi terruño
                                               y abra
                                                              la flor



* Mantua me generó. V.

 

Pero también, también los dioses mueren para ser inmortales
y volver a encender, en un día cualquiera, el polvo y los escombros
Olga Orozco

hoy me conocí rayo

fulgor primero saturado de creación


lancé mi brillo en torno de los sueños de otros soles
y amaneció luz el día

más tarde

la realidad completó hombres de polvo
como espejismos que se van desmoronando
uno                      detrás                       del otro
                                                      hacia el desierto

donde cada partícula de sal
se define en roca

y así
mudado en piedra
lo permanente conserve                   quién sabe

la
         manera
                               de resistir
símbolos profusos
y una visión cautivada por lo exótico

          suelo ser como una pitonisa

delante del vértice azul de mi obligado arcano
                                                   que traspongo


en un rincón hay una niña que llora
sentada a la vera de un cristal

me nombra

pero mi nombre ya no resuena

                                                               sin pactos
                                                               me adivino

me pregunto quién soy

ardua ocupación la de develar
compleja artesanía la de mi modo

creo ser aún un poco más
esta que proyecta

la palabra

fiel ente que acontece en silencio
             en penumbras

que arriba como una bocanada de dolor
que aumenta como la tierra incesante en su donar
que acaricia la vida que al fin                     se alza


            me pregunto quién soy
             y sólo percibo ese refinado misterio que se vive

levanto piadosamente mis dudas del camino
                                                                       soy fugaz
y continúo

 

 

 

 

 

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