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   LA OSCURA

   Por Roxana Rajmilchuk
     


 
 

 

Prólogo

La oscura

 

Prólogo  

La Oscura es ese ser que se vale de la poesía como medio de transporte silencioso entre los umbrosos parajes de bosques soñolientos y cielos lúcidos.
Sus poemas son como viejas figuritas abrillantadas coleccionadas en la intimidad del ser. O como hojas habituadas al rocío visionario en su canasto de ensoñaciones.
Vaivén oscilante en el ritmo, péndulo pausado que hipnotiza iluminando las formas y las figuras de ojos entreabiertos.

La Oscura, criatura encantada va imantando de visiones el territorio de las esencias. Por momentos deja entrever a su alrededor el movimiento asombroso de un universo que es extensión de su pulso.
Intención formulada en dosis mesuradas, su poemario recorre el itinerario de un sonido que se expande libremente.
La luz, amante de lo oscuro, es su instrumento para la escenificación de las visiones encarnadas en poemas.
Vuelo hacia la médula del mundo. La Oscura es la marioneta de un Dios que encandila y juega.


Roxana Rajmilchuk

 

 

 

LA OSCURA

Por Roxana Rajmilchuk 

 

1.

La Inanimada
teje hacia adentro
mantillas abrigadas
para su alma de invierno.

Con lana que extrae
del ovillo azul

del cielo.



2.

Una serpiente enrosca
su longitud azul
y vendando en círculos

la carne del mundo
se proclama Cielo.

Hinca su diente
a modo de tormenta
destilando en lluvia
su veneno.



3.

Fulgor:

Por ti he ido
al Bosque
a sorber negrura.

Y ningún escándalo
el alba, por ti,
había sido.

Más bien lisura de sol.




4.

Enrulados árboles
crispan de inocencia
el aire.

Como un jinete
el verdor se ensilla
sobre el maderamen.

Enramaje en quietud
o inmóviles crines
en formol de viento.





5.

Molinas estrellas
girando hélices de luz
en el vasto campo de la noche.

Panes de plata
se desmigan
para el mundo palomo.




6.

Balbuceando luz
están las estrellas.

Por querer decir algo
están.

Como cebollitas de plato
relucen.




7.

Caballeriza la tarde
en que el sol indomado
dispersa en oros su crin.

Nubes–monturas
encieladas
para la noche cabalgante.





8.

Luna-palta
partida al medio.

Tu luz cae
en verdor
sobre los árboles.

Tu toda luz

aceita
las ramas más crujientes.

Por ti
las aves resbalan
en sus vuelos.






9.

El ave-trueno
platinando la sien
del cielo.

Sabe a mordedura
su quebrado desliz.

A estrella ultrajada
su hipnótico zigzag.






10.

Este día chiquilín
mastica una atmósfera
flexible de limón.

Infla sus mejillas de cielo
y desde el alba le sale
un globosol.

Las estrellas y sus aguijones
vienen todas juntas
a pinchar la piñata.

Cae la noche
en forma de
cho
co
la
ti
nes
ne
gros.






11.

Justo frente a mi entrecejo
una nube pequeña
del tamaño de una miga de pan
de pronto se estaciona.

Descarga una lluvia fugaz
con la potencia
de su minúsculo blanco

....y se va
habiéndose mostrado.

 

 

 

12.

Desde las tribunas verdes
como romanitas
las hojas de los árboles
gritan sus vivas!

El sol emperador
desde lo alto
observa.

En la pista terrestre
la condenada primavera
empuña su látigo de flores silvestres.

Y el león merodeador,
felino otoño,
rasguña el aire
con zarpas siniestras.






13.

Como apostadores al viento
los árboles lanzan
cartas marrones al suelo.

Juegan por el sol,
por llenarse de sol
los bolsillos verdes
que aún tienen.

Y fuman pájaros
que suben como humo
hasta el cielo.






14.

Y la luna
única magia
que ha atravesado el día
tiembla de frío
en la alcoba del cielo.

Toda palidez
pide que la vistan
-tan desnuda está-

Túnicas nubes
le cubren el cuerpo
mientras el viento
azota.






15.

Avinagróse el verano
y mira de costado
su sol.

Por sobre el hombro del este
su mentón naranja
despunta ausente.

Los pájaros cantan hacia adentro
Inflados de sonido
estallan en silencio.






16.

Tímido promedio
de luna desvariada
en noche sin maíces
ni quehaceres para damas.

Engulle el espacio
la Visitadora
brincando a uno y a otro lado
con soga de sangre.

Y son sus saltos
rojas cicatrices
que en la espalda del aire
abre.





17.

Tránsito de pies equilibristas
sobre ejes de muerte
en certámenes de existencia.

El corazón ha lanzado
muy lejos su martillo
mil veces propulsado.

Jabalinos cuerpos
estacados en la tierra
aún vibran.

Arriesgan olímpicos saltos
las almas entregadas

al vacío.

Inasibles trofeos
los días llegados.

 

 

 

18.

Alúdate
con todos tus escombros.
Úntate en la ladera
más abrupta
y mata

a todos tus turistas:
al que desde el acangtilado
contempla el verdor,
al trémulo que asoma
su cabeza al abismo,
al héroe que en zigzags
aborda los caminos asfaltados....

Pero a aquella!
a la Risueña
escarbando en la nieve
la carne para su muñeco....


Amaga,
déjala viva
en el fragor de los veranos!




19.


¡Circulen
fetas de dios inmensurable
de mano en mano
como fiambre!

Empaqueten
vitamínicos aménes
para las estanterías
de los Supertemplos.

En el alambique terrestre
el Corazón Humano
es destilado.

Gota por gota
cae
en frascos de aerosol.

Y todos aman
por pura coquetería
echándose un poco de esencia
en las caras abatidas.

 

 

 

20.

Dichoso el velerito
que en la lontananza
echa a andar
su blanco triangulito.

Si así mi corazón
pudiera navegar
sereno el viento
lejos de las costas humanas.





21.

Hermoso sería
pasearse sin rumbo
de la mano del Abominable
y cruzar juntos

las plazas
equidistando siempre
de los niños
en simulacros de espasmos
primaverales contenidos.

Y entrecruzando
las piernas de los ojos
visionar los opalinos escándalos
que llevan los transidos
y muy vegetantes
absorber de pómulo

el beso del día
fugitivo.






22.

Aniñada calavera:
¿qué nueva tertulia
convoca tu sonrisa
entre dientes?

Cruje un poco
y haz memoria
y recopila en tu museo bucal
frescas palabras malhirientes.

No seduzcas más
y en principio
alíneate con la luna
y ráscate el pómulo
con tu tabique ventilado.

como un búfalo abatido
resopla sobre las margaritas
y quítales a todas

sus pétalos blancos.




23.

Las manecillas de la luna
dando la hora-luz
en la medianoche de las almas.

Todo lujo
transfigurado

en desecho.

Todo lo ceniciento
queda en harapos.

Lo carrozo de la vida
en calabazo.



24.

Iré
con mis hinojos
a extinguir
los vagos oráculos solares.

Y con mis vinagres
arrasaré
la inmensa curvatura
del lomo mundanal.

Y haciendo crujir
estos óseos cristales
-de alguna rabiosa manera-
fundiré mis dientes
en el cartílago de los cielos.

Y hormigueando
así
entre los surcos subterráneos
arribaré triunfal
a la médula
de mis amigos esqueletos.


 

25.

A dentelladas de felina luna
el día desgarrado

abrió su entraña nocturna.

Las estrellas vociferaron
el lucero aulló
el sol salpicó con sangre
todo el confín.

Y todavía sin hartarse
con blanca lengua de luz
succionaba los humanos huesos
que sobresalían en las calles.






26.

Me ardillo ante ti
Amor-Arbol
de verde espesura
y ágil me elevo
en tu corazón enramado.

Rota la cáscara del día
un sol-nuez nutre
mi salvaje alma
en espera.



27.

En compactas mañanas
la Oscura se detiene
y se deshilvana.

Hebras de luz
penden
de su forma humana



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