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   PRECARIA QUIETUD DE LA HORA

  Por Julio Antonio Corigliano


 

Prefacio

Precaria quietud de la hora

 

Prefacio: Precaria quietud de la hora

    A pesar de la distancia y del tiempo (lo que aleja en rigor es el tiempo) que me separan, por propia decisión, de mis afectos y del país, hay muchos llamados que me hacen retornar súbitamente a mi infancia, mis sentimientos más íntimos, mi errores más gruesos y mi historia más importante. Uno de esos llamados o recordatorios del alma ha sido el libro que me enviaste. Tus poemas me han hecho volver sin retornar a los paisajes, al olor a tierra, a los amaneceres, a la profundidad de la vida que se encuentra en esos momentos que tan bien describís. Son esos cielos, el retorno de la luz, los árboles, el olor de la tierra, la muerte, la mujer, la paternidad (de tan difícil trámite en mi vida), la madre y su desaparición, qué se yo, son tantas cosas. Los paseos, el día en que nos internamos por unos campos húmedos. El descubrimiento del Barro por parte de Dante. Las charlas debajo de ese cielo maravilloso de la Pampa, la cancha de polo y ese verde que irradia luz y energía. No sé, a pesar de que no puedo ser objetivo, sé que tu poesía tiene mucho valor. Valor que no encerraría en experiencias personales, sino en esa tensión permanente que existe entre lo efímero y lo eterno. Encontrar la eternidad en lo efímero, en lo pasajero. Retorno a la Modernidad, profundidad de una existencia que no quiere pasar sin dejar su huella, su testimonio acerca de lo que en verdad es primordial. Parece redundante, pero la vida es esa redundancia de los momentos, que en rigor no se repiten, pero que se pueden inmortalizar. La poesía tiene que servir para dejar esos testimonios aún cuando el mundo no exista y yo creo que tu trabajo alcanza el cometido. Logra transmitir y emocionar. Permite disparar en cada ser lo más propio permitiendo la autenticidad. En mi caso particular me pareció muy relevante la dialéctica entre el dolor, el amor y la muerte. La lucha entre la permanencia, la profundidad y lo efímero. En esa lucha aparece siempre un grito de esperanza, de dolor y de fuerza. Fuerza contenida en los elementos vitales, en los aspectos básicos del querer permanecer en el ser. Spinoza, vitalismo, romanticismo, misticismo, devoción sin rostro, sin nombre. En suma, retorno a la metafísica de lo sagrado, al misterio y a la resurrección. También hay mucho de angustia en el intento de apostar por la resurrección. Angustia personal, pero también angustia existencial y social. El tormento de no saber si se vale, si se es valioso, si es una poesía en acto o un acto fallado/fallido. Es nuestro eterno problema del reconocimiento, la necesidad de autoafirmación frente a un entorno que se fagocita cualquier marca de identidad, cualquier atisbo de talento inconveniente. Pero en el fondo sabemos que tu acto es poético, no sólo por intención, sino por resultado. El resultado está en que es un hermoso acto de creación, que contagia fuerza, autenticidad, angustia, búsqueda de lo absoluto. Eso es tu poesía una desesperada búsqueda de lo absoluto en cada gesto de una vida que resulta breve y que transcurre rápido y a la cual hay que aferrarse... Me encantó el tema de la memoria de los muertos, no sé por qué, pero hay algo en tus reflexiones poéticas que son temas y preocupaciones comunes por lo fundamental-existencial. En fin, lucidez, profundidad, belleza, búsqueda metafísica desde lo cotidiano son los aspectos más notorios de tu libro. Y como te dije, fue un retorno vital a la patria, es decir, a la infancia... Esto es lo que me pareció tu libro: un estado de contemplación que se debería conocer y difundir más, por su belleza estilística y su profundidad conceptual.

WALTER GADEA

DOCTOR EN FILOSOFIA

 

 

 Índice de Precaria quietud de la hora:  Recomenzar el silencio; lejanía distancia soledad; el viento viene de otra parte; regalos de la noche; aire rumoreado por el aire; el ángel y el mar; después de los poemas

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Julio Antonio Corigliano

 

 

 

 

 
 

 

PRECARIA QUIETUD DE LA HORA

Selección del texto original

Por Julio Antonio Corigliano

 

Recomenzar el silencio

Recomenzar el silencio

implorar sus dones

la mirada

la alegría

la confianza

 

Habitar su plenitud

desplegar

abrir

alejar

 

Ensayar la libertad

la extensión

el aire

el vuelo

 

Sostener la vida en alto

suspendida

como la luna

 

y como la luna

descender

luego

descender por detrás

descender despacio

 

como la luna

hacia otra altura

 

La oscuridad se oye

se oye la noche

se oye el tiempo

el silencio se oye

se oye el frío

se oyen los huecos

la rama quieta

la calle dormida

la claridad del alba

se oyen los bordes

los espacios

los rincones

se oye

el aire sobre las cosas

el polvo descendido

lo rugoso

lo áspero

lo liso

se oye

la hoja dentro del libro

los nudos de la madera

el apretado interior del ladrillo

tus miradas se oyen

tus manos vacilantes

tu frente inclinada

se oye tu oír

la red transparente

que has tendido

el cielo

 

 

 

la tierra

la nube clara

los vivos

los muertos

Todo se oye

 

y sobre la infinita tensión del tímpano

también

no se oye nada

el ascenso

el balanceo

la cadencia

antes

después

nunca

jamás

no

se oye nada

 

Descanso, atiendo, escucho

comprendo

no hay palabra

 

En el profundo hueco de la eternidad

el canto de un pájaro resonando

 

suspendido en un aire sin márgenes

ascendiendo por la ladera del cielo

asomado a las cumbres de la claridad

derramándose por la delicada pendiente

de un cadencioso lecho aéreo

 

Después

el vórtice prístino del silencio

una distancia extendida sin límites

hasta desaparecer las cosas

hasta barrer las nubes

los horizontes

las órbitas

sólo distancia

como el vuelo majestuoso del águila

que es el silencio

que ya no se oye, no se piensa... no se canta

 

En el cristal de su absoluto dominio

el índice impreciso de mi nostalgia

dibuja con torpeza nuevamente el mundo

el arco invisible del cielo

el surco de las nubes

la ruta de los pájaros

 

el hueco profundo del canto

la eternidad resonando

 

 

Las palabras son un intrincado bosque

de obsesivas y alarmantes voces

te reclaman, te advierten

te alientan, te levantan

te llevan y te dejan caer

la palabra angustia

te llena los ojos de lágrimas

la palabra dolor te hace llorar

la palabra muerte

se lleva para siempre tus amigos

se lleva tu mujer, tu hijo

tus padres y te espera al final

la palabra absurdo

te pesa al abrir el día

te abate al cerrar los años

la palabra desesperación

te lleva de su mano...

Un intrincado bosque de voces

que te reclaman y no te dejan en paz

la alegría es un cascabel de palabras

el amor es una palabra cálida

la esperanza una palabra con distancias

el éxito una palabra en la cima

de una montaña de palabras

 

 

Palabras, palabras, palabras

infinitas bocas infinitas páginas

se leen, se dicen, se repiten

se escriben, se susurran, se gritan

se guardan, se graban, se publican

se atesoran, se pierden

se regalan, se venden

palabras

palabras

palabras

palabras

y este vacío en el corazón que tiembla

que ya no escucha, que calla

que no sabe si tendrá fin esta tormenta

este infinito silencio como un hueco

con el arrullo del mar dentro

con nubes blancas en el cielo

con bandadas de patos negros

corazón despoblado de voces

que no entiendo ni quiero

corazón con la palabra bosque

belleza, amor, Dios y silencio.

 

 

 

En la orilla lejana

donde la locomotora ruge

acaba el lago del silencio

y comienza en esta orilla

apenas más allá de mi frente

más allá de mis pobres palabras

estoy fuera, su quietud no me ampara

Debería arrojarme sin reparos a sus aguas

sumergirme para siempre en su misterio

El pavoroso estruendo del mundo

estalla sin piedad en mis sienes

se ha alojado en mi desesperado corazón

Todas las máquinas atruenan en mis oídos

chocan violentamente las armas

golpean con furor todos los martillos

el acero, la madera y la piedra

se desmoronan sobre mi cabeza

Silencio

Tu mirada se extiende transparente

nada agita tu profundo vientre

 

 

 

Deambulo impotente fuera de tu magia

solo me llaga la caracola de tu distancia

 

Mientras conversaba con un amigo

observaba a lo lejos

el sol de la tarde

sobre las torres del templo

la poesía y los dioses

convocaban nuestro encuentro

y decíamos de la música y las palabras

de un mismo y único misterio.

El sol de otoño templaba

los muros grises del campanario

se filtraba entre las columnas

encendía la calma de los espacios

demoraba su luz entre palabra y palabra

se llegaba al corazón y lo pulsaba

entre la clara luz del templo

sonaba la campana. 

 

 

Lanzo una piedra sobre el agua

el ojo del aire se alerta

los pájaros callan

 

zumban los insectos

la brisa se esconde entre las ramas

 

¿Por qué? ¿Qué hice? ¿Qué pasa?

 

el tímpano del cielo

se inclina atento

 

el guijarro es un ruego

una apretada plegaria

 

he atado a la piedra

todos mis deseos

 

y allá van sobre el agua

los he anudado con el viento

con los dedos, con el alma

 

un imperceptible chasquido

y desaparecen

se hunden en lo hondo

se sumergen

 

pero arrastran consigo todo

tiran hacia el fondo

 

y se desliza el agua

se arriman las orillas

las arenas y el bosque se acercan

los cuatro horizontes del mundo

se anulan en un punto

 

como un pañuelo jalado por el centro

ha desaparecido todo en un momento

 

Permanezco en pie

absorto, aterrado

inmóvil junto al vacío

enhiesto ante la ausencia

 

no toco, no siento, no veo

 

Ahora suelto mis lágrimas

abandonan mis pupilas

se deslizan sin pausa

surcan mis mejillas

salan mis labios

ruedan por mi garganta

humedecen mi pecho

mojan mis brazos, mis manos

mis dedos... y dejan

mojan mi vientre, mis muslos

mis pies.. y se alejan

 

una infinita dulzura se derrama

 

y va creciendo el agua

sus orillas, los árboles

la brisa, el aire

el canto de los pájaros

 

los insectos, el cielo

los cuatro horizontes ajustados a lo lejos

 

también retornan todos mis deseos

vuelve a pesar mi pecho

 

en mi mano abierta

otra vez la piedra...

la tomo entre mis dedos

y en la orilla la dejo

 

respiro profundamente y con calma

vuelvo al camino y me alejo. (*)

 

(*) Fuente: Julio Antonio Corigliano, Precaria quietud de la hora, Buenos Aires, 2003 (edición del autor). 

 

 

 

 

 

 

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