Recomenzar
el silencio
implorar
sus dones
la
mirada
la
alegría
la
confianza
Habitar
su plenitud
desplegar
abrir
alejar
Ensayar
la libertad
la
extensión
el
aire
el
vuelo
Sostener
la vida en alto
suspendida
como
la luna
y
como la luna
descender
luego
descender
por detrás
descender
despacio
como
la luna
hacia
otra altura
La
oscuridad se oye
se
oye la noche
se
oye el tiempo
el
silencio se oye
se
oye el frío
se
oyen los huecos
la
rama quieta
la
calle dormida
la
claridad del alba
se
oyen los bordes
los
espacios
los
rincones
se
oye
el
aire sobre las cosas
el
polvo descendido
lo
rugoso
lo
áspero
lo
liso
se
oye
la
hoja dentro del libro
los
nudos de la madera
el
apretado interior del ladrillo
tus
miradas se oyen
tus
manos vacilantes
tu
frente inclinada
se
oye tu oír
la
red transparente
que
has tendido
el
cielo
la
tierra
la
nube clara
los
vivos
los
muertos
Todo
se oye
y
sobre la infinita tensión del tímpano
también
no
se oye nada
el
ascenso
el
balanceo
la
cadencia
antes
después
nunca
jamás
no
se
oye nada
Descanso,
atiendo, escucho
comprendo
no
hay palabra
En
el profundo hueco de la eternidad
el
canto de un pájaro resonando
suspendido
en un aire sin márgenes
ascendiendo
por la ladera del cielo
asomado
a las cumbres de la claridad
derramándose
por la delicada pendiente
de
un cadencioso lecho aéreo
Después
el
vórtice prístino del silencio
una
distancia extendida sin límites
hasta
desaparecer las cosas
hasta
barrer las nubes
los
horizontes
las
órbitas
sólo
distancia
como
el vuelo majestuoso del águila
que
es el silencio
que
ya no se oye, no se piensa... no se canta
En
el cristal de su absoluto dominio
el
índice impreciso de mi nostalgia
dibuja
con torpeza nuevamente el mundo
el
arco invisible del cielo
el
surco de las nubes
la
ruta de los pájaros
el
hueco profundo del canto
la
eternidad resonando
Las
palabras son un intrincado bosque
de obsesivas
y alarmantes voces
te reclaman,
te advierten
te alientan,
te levantan
te llevan y
te dejan caer
la palabra
angustia
te llena los
ojos de lágrimas
la palabra
dolor te hace llorar
la palabra
muerte
se lleva
para siempre tus amigos
se lleva tu
mujer, tu hijo
tus padres y
te espera al final
la palabra
absurdo
te pesa al
abrir el día
te abate al
cerrar los años
la palabra
desesperación
te lleva de
su mano...
Un
intrincado bosque de voces
que te
reclaman y no te dejan en paz
la alegría
es un cascabel de palabras
el amor es
una palabra cálida
la esperanza
una palabra con distancias
el éxito
una palabra en la cima
de una
montaña de palabras
Palabras,
palabras, palabras
infinitas
bocas infinitas páginas
se leen, se
dicen, se repiten
se escriben,
se susurran, se gritan
se guardan,
se graban, se publican
se atesoran,
se pierden
se regalan,
se venden
palabras
palabras
palabras
palabras
y este
vacío en el corazón que tiembla
que ya no
escucha, que calla
que no sabe
si tendrá fin esta tormenta
este
infinito silencio como un hueco
con el
arrullo del mar dentro
con nubes
blancas en el cielo
con bandadas
de patos negros
corazón
despoblado de voces
que no
entiendo ni quiero
corazón con
la palabra bosque
belleza,
amor, Dios y silencio.
En
la orilla lejana
donde la
locomotora ruge
acaba el
lago del silencio
y comienza
en esta orilla
apenas más
allá de mi frente
más allá
de mis pobres palabras
estoy fuera,
su quietud no me ampara
Debería
arrojarme sin reparos a sus aguas
sumergirme
para siempre en su misterio
El pavoroso
estruendo del mundo
estalla sin
piedad en mis sienes
se ha
alojado en mi desesperado corazón
Todas las
máquinas atruenan en mis oídos
chocan
violentamente las armas
golpean con
furor todos los martillos
el acero, la
madera y la piedra
se
desmoronan sobre mi cabeza
Silencio
Tu mirada se
extiende transparente
nada agita
tu profundo vientre
Deambulo
impotente fuera de tu magia
solo me
llaga la caracola de tu distancia
Mientras
conversaba con un amigo
observaba a
lo lejos
el sol de la
tarde
sobre las
torres del templo
la poesía y
los dioses
convocaban
nuestro encuentro
y decíamos
de la música y las palabras
de un mismo
y único misterio.
El sol de
otoño templaba
los muros
grises del campanario
se filtraba
entre las columnas
encendía la
calma de los espacios
demoraba su
luz entre palabra y palabra
se llegaba
al corazón y lo pulsaba
entre la
clara luz del templo
sonaba la
campana.
Lanzo una piedra sobre el agua
el ojo del aire se alerta
los pájaros callan
zumban los insectos
la brisa se esconde entre las ramas
¿Por qué? ¿Qué hice? ¿Qué
pasa?
el tímpano del cielo
se inclina atento
el guijarro es un ruego
una apretada plegaria
he atado a la piedra
todos mis deseos
y allá van sobre el agua
los he anudado con el viento
con los dedos, con el alma
un imperceptible chasquido
y desaparecen
se hunden en lo hondo
se sumergen
pero arrastran consigo todo
tiran hacia el fondo
y se desliza el agua
se arriman las orillas
las arenas y el bosque se acercan
los cuatro horizontes del mundo
se anulan en un punto
como un pañuelo jalado por el centro
ha desaparecido todo en un momento
Permanezco en pie
absorto, aterrado
inmóvil junto al vacío
enhiesto ante la ausencia
no toco, no siento, no veo
Ahora suelto mis lágrimas
abandonan mis pupilas
se deslizan sin pausa
surcan mis mejillas
salan mis labios
ruedan por mi garganta
humedecen mi pecho
mojan mis brazos, mis manos
mis dedos... y dejan
mojan mi vientre, mis muslos
mis pies.. y se alejan
una infinita dulzura se derrama
y va creciendo el agua
sus orillas, los árboles
la brisa, el aire
el canto de los pájaros
los insectos, el cielo
los cuatro horizontes ajustados a lo
lejos
también retornan todos mis deseos
vuelve a pesar mi pecho
en mi mano abierta
otra vez la piedra...
la tomo entre mis dedos
y en la orilla la dejo
respiro profundamente y con calma