DEL
CAOS Y LA ANARQUÍA
De la posmodernidad
al anarquismo
Por Pablo Alejandro
Hsu
"Ya no
esclavitud...Producir...Que mundo tan feliz...Consumir"
(La Polla Records)
Introducción:
El
siguiente ensayo tratará el tema de la Post-modernidad y el
Anarquismo, no como dos cuestiones separadas, sino como
íntimamente correspondidas. Lo que se intentará aquí es
relacionar los tiempos de incertidumbre que vive este
momento de la historia de la humanidad (llamémosle
"Posmoderno", especialmente por la introducción
de los massmedia y las revoluciones tecnológicas en
el contexto social), con los ideales anarquistas –desde el
anarquismo más "doctrinario", al momento más
actual y libertario–; pero entendida dicha relación como
viablemente positiva.
A
pesar de la fúnebre afirmación intelectual sobre el
presente como "la muerte del Proyecto Ilustrado",
y teniendo en cuenta los inicios del Anarquismo dentro de la
gran familia socialista, es importante destacar –paradójicamente–
que el segundo no ha sucumbido ante la pérdida del
horizonte en la que se traduce toda interpretación
sobre la Posmodernidad: ello se debe a la naturaleza que el
concepto de libertario mantiene en sus más amplias
acepciones.
Por
otro lado, la palabra Posmodernidad ha sido destinada
a múltiples hechos y lecturas que, a la larga, terminan por
convertirla en un concepto un tanto ambiguo. Si el Proyecto
Ilustrado refiere, en el sentido más general, a las intenciones
de organización racional (en el sentido del hombre que
se construye a sí mismo), a la vez que más justa y
solidaria de la sociedad, no puede decirse seriamente que el
proyecto haya terminado por haber fracasado el Marxismo o el
Surrealismo en sus interpretaciones proféticas, o
consecuentes errores. Creo no equivocarme si digo que para
el anarquista, utilizando los términos de Habermas, la
"modernización cultural" ya estaba desfasada de
la "modernización societal" ya de antes de la
entrada en escena del Capital Financiero, pues ni el
Liberalismo ni su contraria Marxista, daban alternativa
conciente a la problemática social. A su vez, que las
revoluciones tecnológicas tiendan a facilitar el flujo de
la información (y por ello a la destrucción de los
metarrelatos), desconstituyendo al sujeto como actor social
(como el mítico Proletariado, o el poder de las
Vanguardias), no significa que irremediablemente no haya
posibilidad alguna de futuro diferente. Yo mismo he nacido
bajo la influencia de la televisión y de los aparatos
altamente tecnificados, y sigo manteniendo mi postura
crítica. Que la crítica profunda esté destrozando las
bases mismas de los parámetros y valores sociales,
introduciendo a un "todo vale", no lo encuentro
excesivamente peligroso, al contrario, potencialmente
necesario. Y a pesar de todo el hedonismo de la cultura de
consumo masivo, las personas siguen definiéndose como
"humanas". Entonces, ¿qué es la Posmodernidad?¿La
pérdida del proyecto ilustrado entendido como el
metarrelato marxista, junto a la imposibilidad de generar
uno nuevo por culpa de las nuevas tecnologías, y por la
perdida de los valores morales cristiano-occidentales? Si la
pérdida de todo ello significa la muerte de la modernidad,
entonces el Anarquismo nunca fue parte del proyecto. ¿Es,
acaso, la Posmodernidad el abandono de toda crítica
racional a la sociedad? Si lo es, entonces a mi entender
seguimos en la época Moderna desde el momento en que el
Post-estructuralismo enviste frontalmente a todas las
metanarrativas, a través de una crítica que lleva a
reconsiderar ciertos elementos del clásico pensamiento que
arrastraba la Ilustración. En cuanto al arte, y retomando a
Habermas, la apertura de esta esfera junto con el
incontenible avance del desarrollo técnico en la Sociedad
Capitalista, han provocado, en la mayoría de los casos, la
liberación de motivaciones hedonísticas; pero todavía
podría rescatarse aquella intención manifestada por
Walter Benjamín cuando refería a "la politización
del arte". En la situación donde "todo
vale", aún sería plausible la liberación. Y, en mi
opinión, todo esto tiene un tinte optimista: el arte ya ha
sido "incorporado a la vida", el arma de combate
se encuentra ya no en las vanguardias, sino en todos los
habitantes de la tierra. Así, el dispositivo Kontrakultural
de nuestros días se expande a nivel mundial.
Algunos
dicen que esta situación favorece al establishment,
lo cuál es cierto. Pero lo que yo quiero marcar aquí es
que no solo la situación presente lo favorece, sino
también todas las circunstancias anteriores, en cuanto la
Libertad era relegada y olvidada a un segundo plano.
Pero
lejos de responder aquí lo que debiera en la conclusión,
solo voy a decir que considero que el Anarquismo, entendido
en el sentido más amplio, podría ser la clave para
terminar de comprender que la situación Posmoderna
lejos de constituirse como el fin de la modernidad, es la
mejor oportunidad de reponer los viejos sueños, y el
momento en donde las Utopías deben ser, con mayor fuerza,
sostenidas; máxime cuando la idea conceptual de
"Progreso" deba ser redefinida bajo la luz de las
nuevas presiones.
En
lo que atañe al desarrollo del trabajo, comenzaré por
tratar de delimitar el contexto de la Posmodernidad, y los
diferentes significados que comprende. En segundo lugar,
explayaré las ideas más corrientes del Anarquismo, para
darle luego una interpretación más ajustada con la
realidad social contemporánea. Por último, concluiré
expresando, quizás, todas mis esperanzas en el futuro,
haciendo hincapié en la fortaleza fundamentalmente
práctica del Anarquismo.
Desarrollo:
La
Posmodernidad se presenta ante mi generación no como un
malestar, sino como un modo de vida concreto. Probablemente,
el hecho de no haber vivido ninguno de los procesos
históricos emancipadores (frustrados, podría decirse) sea
la causa de que la realidad sea oteada como algo
"eternamente natural". La vida es inconcebible sin
la televisión, sin computadoras, sin celulares, sin
automóviles, sin electricidad, sin, sin, sin. No obstante
ello, en nuestro alrededor (para los que nacimos con la
posibilidad de aquellos "lujos naturales")
captamos que algo no anda demasiado bien. De aquí y de
allá llegan noticias, o ruidos mejor dicho, de injusticias,
de guerras, tanto actuales como pasados. Y cuando realmente
nos interesamos por las cuestiones sociales, se nos aparece
una máxima que huele, más o menos, a "todo está
perdido". La Posmodernidad es definida como Caos, como
la pérdida de los ideales que movilizaron la historia
durante los últimos doscientos años, el timón se ha roto
y navegamos hacia ninguna parte, es decir, naufragamos o ya
no navegamos. El control democrático (control tan ansiado
por los Ilustrados) de la Sociedad, se esfuma ante el mundo
real. Dentro de este caótico sentir, se pueden dilucidar
ciertos ejes contextuales, los cuales pasaré a señalar.
La
situación Post-Moderna:
En
primer lugar, se encuentra la paulatina desaparición de la
fe en todos aquellos proyectos, desde el Liberal hasta el
Socialista, pasando por las Vanguardias artísticas, que se
fueron gestando desde la Revolución Francesa, momento
histórico en donde el hombre se abría a la tarea de
dirigir su destino hacia un futuro mejor. En un principio,
esta fe era depositada en la razón, pero especialmente en
las ciencias y su desarrollo, que permitían develar el mito
que rodeaba a la naturaleza. Cada descubrimiento era
celebrado como un progreso más hacia la verdad. En
consecuencia, la tecnología era el factor necesario que, de
una u otra forma, conducía a la Utopía, ya sea en las
ideas más liberales, como en las socialistas. La máquina
reemplazaba al hombre, dejándole a éste tiempo libre para
el ocio; o era el detonante que terminaba con la hipocresía
social, llevando a las masas a una Revolución. De cualquier
modo, la convicción estaba puesta en el Progreso.
Con
el aporte de Karl Marx, el desarrollo histórico pasó a
tener un fuerte sentido materialista y determinista. Su
interpretación de la historia permitía comprender los
procesos reales que se daban en el seno de la Sociedad
Capitalista Industrial, en donde el proletario, la base de
la organización social, adquiría un papel central en la
emancipación en contra de la reificación. Su discusión
con los economistas clásicos, demostraba que la razón era
útil para desenmascarar las arbitrariedades que traía
consigo el mito burgués. De sus interpretaciones erigieron
las Vanguardias. El marxismo-leninismo encabezó la batalla
por imponer, lo que de otro modo sería un proceso lento
pero inexorable: el Comunismo. Mientras que en medio de una
crisis social terrible la Primera Guerra Mundial convocaba
al fratricidio, el Socialismo llamaba a una Revolución
Socialista y solidaria, que terminara por destrozar los
cimientos del maldito Capitalismo, desviado del Proyecto
Ilustrado hacía ya tiempo. Dadá, al principio, y el
Surrealismo, después, también radicalmente críticos,
iniciaron, con intenciones similares, la rebelión en el
Arte. Su misión era atacar la institución burguesa del
arte, porque ella legitimaba los valores aburguesados de la
elite, impidiendo a la masa desembocar en el ámbito
político. Devolviendo el arte a la vida, con la validación
de la expresión de la masa en el mundo del arte, se estaba
dando lo que Walter Benjamín después denominaría la
"Politización del arte"(1), es decir:
democratizando lo estético se invitaba al pueblo a tomar
las riendas con sus propias manos, pues, ahora, sus
opiniones valían tanto como las de los poderosos burgueses.
Hay que agregar que estos "Proyectos Alternativos"
recuperaban una parte esencial de lo ilustrado, que era, sin
dudas, el sentimiento romántico expresado en la Utopía y
en la fe. "Aún con todas sus críticas a la modernidad
burguesa y sus formas de vida, y sus creencias, las
vanguardias creían más que nada en esas promesas
instauradas por la Modernidad ilustrada burguesa."(2)
No
obstante, las Vanguardias fracasaron. Tanto en la
Revolución de los Soviets, como en la del Inconciente,
se encontraron con una sociedad que no había reaccionado
como ellos esperaban. Mientras que la primera sucumbía ante
su propio autoritarismo, la segunda veía cómo su objetivo
era absorbido por la versatilidad del Sistema, provocando un
efecto contrario al esperado. Ambas terminaron siendo
víctimas del Capitalismo tardío y su poder financiero, en
donde el proletario era desplazado gradualmente de la escena
política; y el hedonismo coincidía con el valor
universal de la autorrealización humana y el
individualismo a ultranza. La caída del muro de Berlín
representaría simbólicamente el fin del régimen
Soviético, momento en el cual todo el movimiento Comunista
se vio debilitado. Para este entonces, el mundo intelectual
se había despertado a cachetazos del sueño Ilustrado:
Contra el injusto Capitalismo, el movimiento alternativo por
excelencia, que se había gestado durante el Siglo XIX y
gran parte del XX (en este último período, ya como
"Socialismo Real"), acababa de derrumbarse.
En
segundo lugar, en lo tocante al momento Posmoderno, el
Capital Financiero comienza a desarrollarse con gran
intensidad y a ser visto como modelo económico por
excelencia. Luego de las últimas chispas revolucionarias
que tuvieron lugar en el Mayo Francés en el 68, entra en
escena el Neoliberalismo, propulsor de la Sociedad
Post-Industrial, en donde la sociedad analizada por Marx, la
Sociedad del Trabajo (encargada, básicamente, de fabricar
proletarios), es reemplazada por la inversión constante de
dinero ficticio en los Bancos Mundiales y la apertura de las
economías en los países capitalizados. Comienza el momento
de la Globalización. La desaparición del Estado keynesiano
lleva a la pérdida del control de los hombres sobre las
sociedades. El verdadero Poder del Capital se expresa ya no
en la elite correspondiente a cada Estado-Nación, sino en
su concentración a escala planetaria en diferentes partes
de la tierra.
El
duro golpe que constituyó la caída del Marxismo, sumado a
la aplicación de economías tendientes a la fisiocracia y
la consecuente desaparición del Proletariado Industrial de
la escena política, significó, no sólo la pérdida del
actor político clave para el cambio de rumbo, sino también
la claudicación de la razón para dar cuenta de los nuevos
hechos que despertaban en la sociedad; pues la esperanza no
solo se desvanecía con la derrota del Comunismo, sino
también con la vorágine desalmada del Capital.
En
tercer lugar, dos siglos después de la Gloriosa Revolución
de 1789, se comprende, como una deshonrosa traición, que la
tecnología trae más destrucción y muerte que salvación.
La utilización de la ciencia y la técnica tanto para la
Guerra como para el desarrollo inescrupuloso de prácticas
de venta para el consumo masivo, despiertan el escepticismo
de todos en aquella vieja Utopía. Los intelectuales de la
Escuela de Frankfurt, en plena Segunda Guerra Mundial,
tratan de averiguar porqué, si el mundo había ingresado en
la luz de la razón, la humanidad había caído en un oscuro
nuevo estado de barbarie. El aporte de estos pensadores es
excepcional. Develan que la ambición de la Razón por
saberlo y controlarlo todo termina por reificar a la Madre
Natura, sometiendo a los cuerpos naturales bajo su dominio,
incluyendo al humano. La Razón que nos liberaba de los
falsos fundamentos del mito, muestra su otra cara, aún más
peligrosa: La Razón Instrumental(3). Concepto que
define la utilización de las Ciencias y Técnicas al
servicio particular de la Dominación. "El campo de
concentración y la película de Hollywood", son
los casos paradigmáticos, dirán, de esta Razón. Hoy, el
uso de su potencial está estrictamente dirigido al
"cálculo del efecto" sobre las masas, es decir,
la intención, macabra, de manipular las subjetividades,
canalizándolas hacia los valores simbólicos fabricados en cliché
bajo el sello corporativo de la gran Industria del Amusement.
Un claro, pero no por ello
menos terrible, ejemplo de esta desgracia es el
Funcionalismo Norteamericano de los años 30, en
adelante(4). Sus investigaciones revelan, como en la
ficción, las mismas torcidas intenciones del Partido,
reemplazando tranquilamente las telepantallas por
televisores y radios, y la semana del odio y la
propaganda estética por la publicidad, en la novela del
magnánimo y tuberculoso Eric Blair, 1984(5). La Industria
Cultural, absorbe casi toda tentativa de negación al
sistema. En términos de Williams, cada nueva actitud emergente,
es más o menos rápidamente neutralizada y transformada en
mercancía, pasando a formar parte de la Hegemonía(6).
Ejemplos sobran: El Che en todas las remeras, el negocio de
las tachas de los AnarcoPunks, discos de A77aque bajo el
sello monopólico de "Pop Art", o los de Ska-P en
"BMG-RCA", las siglas RDA en tacitas y pines
varios, etc
En
la situación Posmoderna, gracias a la Razón
Instrumental, asistimos a la Civilización de la
Guerra, pero particularmente a la imposibilidad de
sostener una posición crítica y sincera de la realidad,
por estar socavada nuestra identidad por la Fábrica de
"lo siempre nuevo pero siempre igual". Sus
fundamentos se basan en retroalimentar nuestro hedonismo: el
bien y el placer pertenecen, conjuntamente, al status quo.
La
apertura del arte a las masas, sumada al lema "todos
los estilos para todos los gustos", acaban por
justificar un relativismo de valores, o en consecuencia, una
pérdida de los mismos. ¿Cómo puedo decir que lo mío es
mejor que lo tuyo si todo está bien? Y si todo está bien,
ya nada está mal. ¿Desde qué posición y con qué derecho
puedo juzgar un gusto? "Para los gustos no hay nada
dicho", dice una máxima popular. Todo y nada, es lindo
y feo. Terrible consecuencia: Lo que de ahora en más
produzca la Gran Industria podrá ser absorbido pasivamente
y sin ningún remordimiento. El Capitalismo, la situación,
mis pertenencias, se justifican con solo quererlo. Así, el
Sujeto Crítico que par excellence se había
constituido y buscaba potenciarse en los principios de la
Modernidad, cae en su propia trampa. Se ha estupidizado o
tiende a ello. Los tutores y maestros despreciados por los
Ilustrados autodidactas, han sido reemplazados por los
agentes de la "Policía del Pensamiento" y su
maquinaria Cultural. Esto es muy grave, pues si la
autoconciencia ya no es capaz de expresarse, reproducirse y
contagiarse, entonces el Proyecto Moderno ha entrado en un
coma terminal. Si "todo vale", vale la ignorancia.
¡Salvajismo el que nos espera! ¡Adiós Civilización!
¿Quién
dice que hay que emanciparse? La Antropología Social y
Cultural(7), desde Malinowsky en adelante, nos ha demostrado
que la Cultura Occidental no era el único camino por donde
la humanidad tenía que pasar. Otro tipo de organización
social, basados en otros valores, era posible. Estudios
sobre otros sistemas "económicos" como el Kula
o el Potlach, ponían en evidencia la capacidad del
ser humano para basarse en otras "reglas". Y
aunque el Relativismo Cultural haya sido puesto en duda por
los Neo-marxistas por hacer la vista gorda de las cuestiones
del Poder, aún sigue siendo cierto que no hay un solo Orden
Universal de Valores que las personas persigan. En la
teoría de Pierre Bordieu(8), lo que permite la
"capacidad de discernimiento" entre el bien y el
mal, lo lindo y lo feo, un "buen gusto y un mal
gusto", no es el "alma", sino las
disposiciones que tenemos para evaluar, apreciar,
clasificar, etc. (los Hábitos). Los Hábitos
se aprenden desde la niñez y se internalizan hasta el punto
de creer que son –arbitrariamente– "Naturales"
(o "Divinos"): es, entonces, un Capital
Incorporado. Lo que determina a ese Capital, son
las "condiciones sociales de existencia". Éstas
últimas, a modo de resumen, son los ámbitos en donde
crecemos: la Sociedad; dividida analíticamente en Campos...
Entonces, ya podríamos concluir que el deseo de
emancipación enraizado en la "naturaleza" del
hombre, no es tal cosa: todo es un maldito relato, como
cualquier otro. Esta muerte de los valores y la pérdida del
Sujeto Crítico, supondría un cuarto elemento que
incitaría al abandono de los sueños.
Pero
aún suponiendo que todavía se quisiera recuperar la vieja
actitud –y esto como un quinto elemento–, habría que
tomar en cuenta que la aceleración de los tiempos y el
acercamiento de los espacios, traen consigo nuevos efectos
que dificultarían la rearticulación de un único
metarrelato liberador. Lyotard, parafraseado por Picó, dice
que "... la multiplicación de las máquinas de
información afecta y afectará a la circulación de los
conocimientos tanto como lo ha hecho antes el desarrollo de
los medios de circulación de los hombres, primero el
transporte, y los massmedia (sonidos e imágenes)
después."(9) Las revoluciones tecnológicas, cada vez
más cerca una de otra, provocan la aparición de nuevos
"juegos de lenguaje en base a una heterogeneidad de
reglas"(10) y ponen en tela de juicio aquél Sujeto
Crítico de la modernidad y su capacidad emancipatoria a
través de la Dialéctica del Espíritu (el Logos
como fuente Progreso). Pues ahora el Sistema se autolegitima
optimizando, técnicamente, "la producción, la
memorización, la accesibilidad y la operatividad de las
informaciones".
Hace
no más de cien años atrás, antes de la llegada de las
novedosas Supertecnologías y el eterno presente, la
cultura del libro y el panfleto tenían un significado
poderoso sobre las personas. Un manifiesto comunista o
anarquista, circulando entre el vulgo y los lugares más
recónditos, aunque también en las ciudades, podían dejar
una importante huella e incorporar a las masas a los grandes
movimientos, unificándolas bajo objetivos específicos. El
discurso narrativo, propiamente dicho, era, por definición,
casi el único capacitado para elaborar o alcanzar ideas, e
incitar al debate crítico, cuando no revolucionario, en el
ámbito de la vida diaria. La propaganda desparramada
durante más de ochenta años en España (sumada al fragor
revolucionario de época), confluyó en el despertar popular
como conciencia de oprimidos (más que de clases), ante el
levantamiento militar encabezado, más menos, por el
falangista y fascista Francisco Franco Bahamonde. El
Manifiesto Comunista de 1848, editado sucesivas veces en
Europa, terminó por constituir y organizar al temible y
legendario Proletariado Mundial contra las infamias de la
Propiedad Privada. El poder del discurso razonante y
narrativo, era innegable.
Hoy,
basta transitar una tarde por pleno Once, para darse cuenta
que los papeles sólo están para hacer basura. En su
reemplazo (y no en su auxilio precisamente), llegaron las
radios, los teléfonos, los televisores, las computadoras,
la comunicación satelital, Internet, y demás derivados. La
técnica de la información nos ofrece "relatos
parciales... lenguajes y variables que sirven
circunstancialmente en términos de eficacia para cada una
de las situaciones que uno vive"(11). Asistimos a la
era de la desnarrativización constante.
Entonces,
cinco elementos básicos (Crisis de metarrelatos
alternativos, Capitalismo post-Industrial, Razón
Instrumental, pérdida creciente de valores,
revoluciones tecnológicas) son los que configurarían la situación
Posmoderna, momento de escepticismo y, en el peor de los
casos, desesperanzadora: La vil Maquinaria,
lentamente (¡y cada vez más rápido!) se perfecciona a sí
misma.
El
debate
Pero
más allá de las simples personas que se movilizan por las
metrópolis, ataviadas a su conciencia práctica(12),
los intelectuales han realizado diagnósticos diversos sobre
este clima que se ha traducido en un debate de las Ciencias
Sociales. Así, Joseph Pico(13), reconoce tres posiciones
más representativas de dicha discusión: Daniel Bell,
perteneciente a la sociología neo-conservadora americana,
que propugna la recuperación de los valores protestantes
que reinaron en la era del Capitalismo Industrial; Jürgen
Habermas, representante de la teoría crítica alemana, en
la versión Reformista, que continúa defendiendo la fe en
el Proyecto Ilustrado; y Jean-François Lyotard,
post-estructuralista francés, en la versión Posmoderna,
que niega dicho Proyecto en cuanto que el Gran
Discurso del progreso histórico y su idea sobre el hombre
Ilustrado, tienden a desaparecer desde la década del `60
del Siglo XX.
En
primer lugar, Daniel Bell, en su libro Contradicciones
culturales del Capitalismo, se presenta
formalmente en contra del giro que la modernización
cultural ha tomado respecto de la modernización
societal. La moral narcisista posmoderna ha provocado
que los individuos quieran vivir el aquí y el ahora,
arrastrando consigo la pérdida del sentido de lo social y
de la fe en el progreso. Existe un problema entre la
producción Capitalista y la Libertad individual, en donde
la segunda se desarrolla al máximo y se somete al placer,
entrando en contradicción con la primera. Los gritos de
revolución son ahogados por los deseos de autoestimulación.
Hace responsable de este desfase a las Vanguardias
artísticas de principios del siglo XX (especialmente al
Surrealismo), que desde que lograron integrar el arte a la
vida, democratizaron el hedonismo corrompiendo los valores
de una sociedad racionalmente organizada y trabajadora,
volcándola hacia la irracionalidad de la Cultura del
Consumismo y la feroz competencia individualista. El valor Excelencia
(del latín excellentia, del verbo excellere
–que significa destacar) es lo que resalta en la cultura
posmoderna. La búsqueda de la Excelencia se traduce
en todos los ámbitos de la vida y refiere más a un logro
concreto en un momento dado, a un triunfo puntual, que a un
valor duradero: actitud en perfecta armonía con la sociedad
individualista en la que vivimos(14). De este modo, el
Proyecto Ilustrado ha sido herido de muerte por el
movimiento alternativo vanguardista surrealista, al haber
atentado contra la moral del trabajo y el progreso
lógico y disciplinado.
La
solución propuesta por Bell a esta situación, en donde el
problema ha sido la pérdida del valor ética-disciplina, es
la de restablecer la religiosidad. Retornar a la Cultura del
Trabajo expresada en la ética protestante de Juan Calvino.
Muchos de los principios del calvinismo se corresponden con
las etapas iniciales del Capitalismo, en particular aquellos
que señalan que la economía, la industria y el trabajo
penoso forman parte de la virtud moral, y que el éxito en
los negocios es una evidencia de la gracia divina. En La
confesión de Westminster (1647)(15), expresión
sistematizada de la teología puritana, Calvino señala que
Dios, absoluto y trascendente, crea y gobierna el mundo sin
que los hombres puedan comprender sus designios. El
predestina para cada uno de ellos la salvación o la
condenación, sin que puedan cambiar su sentencia; pero más
allá de su destino, el mortal está obligado a exaltar la
Gloria de Dios en la tierra y a construir su reinado en
ella. La moral calvinista considera todo lo terrenal, la
naturaleza del hombre y su carne, pecaminoso, y por eso la
única salvación posible proviene de la gracia divina.
"Los calvinistas intentaban despejar esa incertidumbre
buscando en el mundo señales que aclarasen su destino, y
así, por ejemplo, el éxito en los negocios era prueba de
que el Creador había elegido su salvación."(16) De
este modo, el empresario capitalista se veía atrapado en la
paradoja del deseo de acumular sin límite, sin descanso, y
un cierto ascetismo que odiaba el gasto inútil y la
ostentación. En vez de aprovechar el dinero y disfrutarlo
viviendo opulentamente, el empresario capitalista parecía
actuar movido por la vocación del trabajo bien hecho. El
trabajo de sol a sol garantizaba al hombre el éxito y
atenuaba la angustia de la inseguridad de su destino(17).
La
otra posición en este debate es la de Jürgen Habermas,
que, en su artículo Modernidad: un proyecto incompleto,
asegura que el Proyecto Ilustrado no ha fracasado, au
contraire, todavía no ha sido consumado. Ante las
acusaciones de los neoconservadores, Habermas defiende las
hazañas surrealistas diciendo que "en realidad, la
cultura interviene en el origen de estos problemas de modo
solo indirecto y mediado"(18), "La modernidad
estética es sólo una parte de la modernidad
cultural"(19). Para él, la decepción de las
Vanguardias se manifestó en dos errores: El primero, fue
que la destrucción de la esfera del arte trajo consigo la
destrucción completa del arte, cuando se desestructura la
forma ya nada queda en pie; y segundo, que "la
existencia racionalizada no puede salvarse del
empobrecimiento cultural solo a través de la apertura de
una de las esferas... La rebelión surrealista reemplazaba a
sólo una abstracción".(20) La lectura que Habermas
hace de la modernidad cultural y su problemática,
para sostener estos argumentos, se basa, según las ideas de
Max Weber, en que las tres esferas (Cognitivo-Instrumental;
Moral-Práctica; Estético-Expresiva) se han ido
desarrollando autónomamente conforme a sus reglas y
lógicas propias, pero que en vez de enriquecer la vida
cotidiana con sus resultados (algo con lo que soñaba Jean
Antoine Condorcet) terminaron por convertirse en
"segmentos manipulados por especialistas y escindidos
de la hermenéutica de la comunicación diaria"(21). La
salida a la trampa consistiría en "volver a vincular diferenciadamente
a la cultura moderna con la práctica cotidiana",
mediante "la creación de una interacción libre de
presiones de los elementos cognitivos, morales, prácticos y
estético-expresivos": "El proceso de
comunicación necesita de una tradición cultural que cubra
todas las esferas"(22). La modernización societal
puede ser reconducida a través del desarrollo de, por
ejemplo, instituciones que permitan su control. Pero para
lograrlo, y fiel a su tradición crítica, Habermas dice que
debe realizarse una revisión de los procesos de
racionalización, para encontrar aquellos procesos selectivos
de racionalización que han culminado en esta realización
deformada de la razón en la historia. Considera que lo que
ha falseado el pensamiento filosófico tradicional ha sido
la falta de una racionalidad del tipo social; así, por
ejemplo, todos aquellos movimientos que no fueron vinculados
a una economía política, deben ser vistos como reacciones
defensivas ante los procesos de racionalización total: los
movimientos feministas, ecologistas, etc. ante el marxismo
estructuralista-ortodoxo. Así, niega rotundamente que la
solución consista en que las esferas se desarrollen
autónomamente del modo clásico, tal como lo propone la
idiosincrasia sociológica de Bell y sus seguidores. Por
ello, también, propone darle otra lectura a las intenciones
del Surrealismo, acercándolas a las conceptualizaciones
positivas del "arte reificado" de Walter Benjamín
y a las obras teatrales de Bertolt Brecht, que suponen un
uso real, consecuente y hasta combativo del arte moderno; y
ejemplifica con la historia, recogida por Peter Weiss, de un
grupo de obreros políticamente motivados que, en Berlin de
1937, "ávidos de conocimientos... iban y venían entre
el edificio del arte europeo y su propio mundo hasta llegar
a iluminar a ambos"(23). Considera que los
neoconservadores americanos "no pueden abordar las
causas económicas y sociales del cambio de actitudes hacia
el trabajo, el consumo, el éxito y el ocio. En
consecuencia, responsabilizan a la cultura del
hedonismo..."(24) Este tipo de análisis lleva a
vincular infundadamente toda mentalidad de oposición con
"diversas formas de extremismo", como por ejemplo:
"entre modernismo y nihilismo, entre regulación
estatal y autoritarismo, entre crítica del gasto militar y
rendición al comunismo, entre la liberación femenina o los
derechos homosexuales y la destrucción de la familia, entre
la izquierda en general y el terrorismo, el antisemitismo y
el fascismo..."(25).
Por
último, critica a los post-estructuralistas porque
"sobre la base de actitudes modernistas, justifican un
irreconciliable antimodernismo"(26), pues han adoptado
una postura crítica que termina destruyendo el propio
sujeto en el que se sostenía el Proyecto Ilustrado.
Y aquí encontramos la tercera posición del debate. Los
post-estructuralistas franceses, fundándose en el contexto
de una sociedad ya invadida por los adelantos técnicos,
afirman que los lenguajes se han reproducido basados en
multiplicidad de reglas. Para Lyotard, la cultura del libro
ha dejado de ser, y ahora el Poder atraviesa cada rincón de
la cotidianeidad humana: la naturaleza del saber ha
sido afectada en dos de sus principales funciones, la
investigación (aparición de ciencias interdisciplinarias)
y la trasmisión (introducción de tecnologías en la vida
diaria, que facilitan la comunicación)(27). De esta manera,
según Michel Foucault, la colectividad panóptica (aquella
que todo lo vigilaba, a la vez que intentaba pasar lo más
desapercibida posible) se ha perfeccionado al punto de que
las viejas conceptualizaciones sobre el Poder se han vuelto
incapaces de comprender sus mecanismos. La relación entre
este nuevo Poder y las personas es totalmente nueva y sutil.
Por ello, cualquier gran discurso Ilustrado y totalizador
encierra serias desconfianzas, pues la fragmentación de los
individuos ya es un hecho. "El gran consenso se
convierte en un valor anticuado y sospechoso. Lo que no
ocurre con la Justicia. Es preciso, por tanto, llegar
a una idea y una práctica de la Justicia que no
esté ligada a la del consenso."(28)
Dado
el panorama, Derrida, Foucault, Deleuze, Lyotard, y otros
post-estructuralistas, se aprestan a la tarea de la
des-construcción, que, según Wellmer, expresa: un rechazo
ontológico de la filosofía occidental, una obsesión
epistemológica con los fragmentos y fracturas, y un
compromiso ideológico con las minorías en política, sexo
y lenguaje.(29) "En vez de ofrecer una teoría
política general, los post-estructuralistas nos han
suministrado análisis específicos de situaciones concretas
de opresión. Su atención se centra en la locura, la
sexualidad, el psicoanálisis, el lenguaje, el inconsciente,
el arte, etc.; pero no sobre un criterio unitario acerca de
lo que es política o de las modalidades de su conducción
en el mundo contemporáneo."(30) Por ejemplo, Derrida,
recurriendo al Psicoanálisis y la Lingüística, cuestiona
la idea de que un texto tiene un único significado
inalterable, las intenciones de un autor al hablar no pueden
ser aceptadas sin condiciones ni crítica. Esto multiplica
el número de interpretaciones legítimas de un texto. La
deconstrucción muestra los numerosos estratos semánticos
que operan en el lenguaje. La esencia de la estrategia
desconstructiva es la demostración de la autocontradicción
textual. Afirma que el modo tradicional o metafísico
de lectura impone un número de falsas suposiciones sobre la
naturaleza de los textos. Este divorcio entre la intención
del autor y el significado del texto es la clave de la
desconstrucción. Esta metodología analítica es aplicable
a la literatura, la lingüística, la filosofía, el derecho
y la arquitectura.(31) Estos "desconstructores
posmodernos... rehuyen todas las metanarrativas
emancipadoras, las sustituyen por una multiplicidad de
juegos de lenguaje y se aprestan a desconstruir la lógica
modernizadora"(32).
El
Anarquismo:
Pasaré
ahora a tratar de definir el Anarquismo. La palabra anarquía
deriva de dos voces del griego antiguo: αυ
(an) αρξη
(arjé), y significa, aproximadamente, ausencia de autoridad
o de gobierno. Los anarquistas, desde siempre, anhelaron
vivir en Acracia, una sociedad completamente
antijerárquica y sumida en –valga la redundancia– la
anarquía. Esta organización social "posiblemente
provenga de una legendaria saga utopista occidental, que ya
desde el 1500, en la vasta literatura utópica, postulaban
un mundo distinto a conquistar, donde todos trabajasen y
creasen, cumpliesen con las obligaciones que fijaba la
sociedad y tuviesen amplio tiempo libre para dedicarse
también al arte"(33); y que no es ni más ni menos que
la Sociedad Comunista, sociedad sin clases, con la que
soñaba Marx (el estado final del marxismo). Este
rechazo a cualquier tipo de estructura tendiente a la
opresión (como Dios o el Estado) no es un simple capricho
romántico bajo una actitud maniática, sino que tiene
sustento en una óptica tan interesante como sencilla.
Cuando un simple individuo se trasviste con algún manto
jerárquico que "legitima" la toma de decisiones
en el lugar de otros, automáticamente corre peligro –porque
la posibilidad ya se ha concretado– de degenerar y
corromperse, exaltando sus deseos personales en detrimento
de la Sociedad. Para los anarquistas, el problema no radica
en, por ejemplo, el policía corrupto, sino que es la
Institución policíaca (ya sea tanto la Burguesa como la
Socialista Autoritaria-Marxista) la que está podrida en sus
cimientos, desde que ha sido mandada a nacer. A su vez, el
Estado, sea del color que sea, tiende a la burocratización,
a la formación de un uniforme ejército de tecnócratas que
terminan por volverlo eterno. Los Libertarios, concientes de
esto, buscan eliminar aquellas trabas a su mínima
expresión, tratando de evitar que la Corrupción derive en
formas que entreguen Poder a seres potencialmente
imperfectos. La visión sobre el hombre como "el ser
que se corrompe" encierra la vieja idea de Jean-Jacques
Rousseau del Buen salvaje; un punto débil y
susceptible a discusión por parte de todo conservador, pero
que creo que la antropología contemporánea, al menos por
otro camino y bajo otras formas, termina por validar.
En
este sentido, "da absoluta prioridad al juicio
individual; por eso hace profesión de antidogmatismo.
No nos transformaremos en jefes de una nueva
religión –escribió Proudhon a Marx– aunque esta
religión sea la de la lógica y la razón"(34).
Podría decirse que es la Voluntad el verdadero motor
de la acción, es la que mueve las cosas, es la que hace
revoluciones. La coerción sólo adquiere forma en la
defensa; es decir, cuando alguien intenta imponerse sobre
otro, la violencia como respuesta se vuelve necesaria: de
este modo se diferencia del pacifismo más dócil. Pues, el
anarquista odia. Detesta con todo su ser lo impuesto, la
falta de Libertad: de este modo se diferencia del
relativismo permisivo. Y condena la injusticia, provocada
por el orden social existente: de este modo se diferencia
del conformismo insensible. Me contaba un viejo libertario
español (hoy –paradójicamente– abogado), con quien
tuve la suerte de trabajar, que las Milicias Antifascistas,
organización creada durante la Guerra Civil Española, se
regían por un sistema de reclutamiento voluntario. Los que
decidían ir al frente a combatir, se alistaban por propia
decisión, y podían optar, sólo si así lo querían, por
un trato de corte militar y autoritario; e incluso podía
darse de baja, siempre y cuando no estuviera en ese mismo
momento combatiendo en alguna columna, pues, una vez
enrolado se había comprometido con la responsabilidad de
"combatir, en el frente". Otro ejemplo de lo que
la Libertad significa para el anarquista, puede verse en los
"largos de ficción" filmados durante ese mismo
periodo por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT)
española, en el que abordaban géneros tradicionales, como
el melodrama, la comedia y el musical, pero con una mirada
muy particular, libertaria. Estos folletines no moralizaban
sobre la conducta de sus personajes. Estibadores,
prostitutas, artistas callejeros e incluso ladrones y
rufianes (todos arquetipos pertenecientes al campo popular)
son observados con franqueza y simpatía, de igual a igual,
sin ser juzgados desde ningún púlpito. Puede resultar
paradójico, pero lo que sucede es que la Anarquía no es un
término duro. Difícilmente pueda decirse, sencillamente:
"La Anarquía es...", sin olvidar algo de su
constitución. Hay, sin duda, un grado de tolerancia por lo
diverso mucho más amplio que en el Marxismo. Una especie de
Igualdad en la Diversidad es respetada, pero, sin
olvidar que "al Fascismo no se lo discute, se lo
destruye".
Con
todo, el anarquismo aboga por el anti-representacionalismo
(neologismo que, por lo feo que suena, debo admitir que
acabo de inventar). La representación significa someterse a
la duda, es entregarse a la fluctuación, es regalar el
derecho que constituyen a los hombres como seres libres.
Niega la representación y se juega el todo por la
participación: su lema es la Acción Directa. La Autogestión
y la Horizontalidad valores son que mantienen a raya
la intrusión del Poder. Porque "ahí, donde nadie
obedece, nadie manda". Sin embargo, el Anarquismo tiene
también su faceta organizativa, lo que lo ha
"dividido" (división un tanto ambigua, si se
analiza a fondo la cuestión) en Individualistas y Societarios.
Nada muy diferente, los primeros se desviven en negar todo
movimiento que cercene la Libertad, y los segundos intentan
organizarse, tanto en la lucha contra el Capital como en la
situación pre-socialista o pos-revolucionaria. Esto, al
contrario de debilitar la corriente, habla de la
versatilidad y la fortaleza de la misma, en tanto que no
excluye –a la vez que amplía el espacio de lucha– a las
demás tendencias: es sabido que gran parte de los
anarquistas, sino todos, apoyan a los movimientos
independientes que se alzan en contra del Sistema y las
injusticias, sin la necesidad de afiliarlos a un Partido
Unico y haciendo las victorias de aquellos, propias. Así,
el anarquismo acompaña, más menos, a los movimientos que
no tienen relación directa con el tema del Poder Económico
Estatal, pero sí con el Poder y la Desigualdad en general.
Voy a omitir adrede la parte de la organización social como
intento tendiente a alcanzar la Utopía, no porque no pueda
aportar nada (al contrario, pueden sacarse grandes ejemplos
prácticos de la práctica revolucionaria de la España de
1936), sino porque me desviaría innecesariamente a donde
quiero llegar: dije que iba a trazar las ideas más
generales del anarquismo (aparte de que la excluyo,
también, más por una cuestión de tiempo que de espacio).
Por eso me contentaré solamente con nombrarlas: el
Mutualismo Proudhoniano, el Colectivismo Bakuninista y el
Comunismo Libertario (Kropotkin, Malatesta y otros); y con
decir que todas ellas, tienden al Federalismo y la Internacionalización.
Y que el anarquismo fue aplicado al sindicalismo (el anarcosindicalismo).
La
Anarquía no es tan sencilla de aprehender, como el Marxismo
o la Religión. Para ser un erudito del primero existe El
capital, para serlo de la segunda, existen Las
Biblias. No existe el manual del Anarquista. Ello
se debe a que ella no es, en sentido estricto, una doctrina;
su razón de ser es el "ensayo y error" (por así
decirlo): tan libre como su nombre. Por ello, podría
definirse también como el libreflujo de ideas críticas y
autocríticas, razón por la cual jamás lo Libertario será
viejo, y será por siempre nuevo. Una cosa es segura:
siempre, cada "ensayo y error", apunta a la
liberación corporal y mental de los individuos, del modo
menos coercitivo posible: El Estado socialista es
inconcebible.
El
Anarquismo Post-Estructuralista:
Suena
terriblemente contradictorio. Un movimiento nacido y
encarnado en el Proyecto Ilustrado moderno mezclado
con la teoría anti-moderna de la "filosofía"
francesa contemporánea. Esta extraña idea proviene del
profesor neoyorquino, asociado de filosofía en la
Universidad de Clemson en Carolina del Sur, Todd May.
"Propone llegar a considerar el post-estructuralismo
como una forma contemporánea de anarquismo."(35) Lo
agregué en el presente trabajo porque creo que tiene una
lectura interesante respecto de la situación
posmoderna.
Para
él, las actitudes de los post-estructuralistas coinciden en
algunos puntos con los lineamientos generales del
Anarquismo: en la medida en que el "anarquismo puede
ser definido como la lucha contra la representación en la
vida pública", "no sólo el poder estatal o el
económico son quienes merecen desconfianza, sino todas las
formas de poder ejercidas por un grupo sobre otro";
permitiendo "un acercamiento más descentralizado a la
intervención política" por parte de la gente. Así,
actuación local, resistencia, libertad de acción
individual, "Caos voluntarista", son actitudes que
se desarrollan dentro de situaciones específicas y alientan
diferentes modos de intransigencia contra la opresión; de
este modo, "lo que el anarquismo provee al
postestructuralismo es un gran armazón dentro del cual
situar sus análisis específicos".
Sin
embargo, considera que buena parte del pensamiento
francés-posmoderno, se centra en la crítica de la teoría
del sujeto, mientras que el anarquismo tradicional se funda
sobre el concepto de que el individuo posee una reserva que
es irreductible a los ordenamientos sociales del poder. Los
post-estructuralistas aseguran que el fracaso de las
Vanguardias se produjo, justamente, por la capacidad del
Capitalismo para manipular las subjetividades. Un tanto así
lo demuestran las conceptualizaciones de la Escuela de
Frankfurt y la constante modernización societal
presente. "En definitiva, la reserva de autonomía
individual ha sido absorbida por los sistemas de opresión
y, por tanto, no está adaptada para formar la base de un
cambio social... El anarquismo tradicional, en sus conceptos
ideológicos -y, además, por el hecho de tener conceptos
fundacionales- traiciona las intuiciones que constituyen su
[propio] núcleo. Toda ideología es una forma de
representación y, por tanto, el anarquismo como crítica de
la representación no puede ser construido sobre una base de
conceptos cerrados y dados para siempre."(36) "Por
lo tanto, la teoría post-estructuralista es más
coherentemente anarquista de cuanto la teoría anarquista
haya dado prueba de ser. La fuente teórica del anarquismo
-el rechazo de la representación mediante medios políticos
o conceptuales- encuentra la más precisa articulación de
sus fundamentos en los teóricos post-estructuralistas...
Los anarquistas tradicionales señalaban los peligros de una
dominación de la abstracción; los post-estructuralistas
han tenido en cuenta estos peligros en todas sus
obras."
Concluye
diciendo: "Lo que buscan, sea el anarquismo tradicional
o el post-estructuralismo contemporáneo, es una sociedad -o
mejor, una serie de sociedades- en la cual a las personas no
se les diga quiénes son, qué quieren y cómo vivirán;
estando ellas en condiciones de decidir estas cosas por sí
mismas. Estas sociedades constituyen un ideal y, como los
post-estructuralistas reconocen, un ideal probablemente
imposible. Pero es en los tipos de análisis y en las luchas
que tal ideal promueve -análisis y luchas tendentes a abrir
espacios concretos de libertad en el campo social- que
reside el valor de la teoría anarquista, sea tradicional o
contemporánea."(37)
Conclusión:
Conclusión:
En
el transcurso de este trabajo, me empeñé en demostrar que
la Posmodernidad es un concepto ambiguo. Entiendo que
Posmoderno sigue siendo Moderno en la medida en que la
sensibilidad humana sigue reaccionando ante lo que son las
injusticias. Y que Moderno no eran solamente los
Metarrelatos más difundidos, sino absolutamente toda la
lucha por encontrar una convivencia ética que abarque a la
totalidad de los seres vivos, no sólo los humanos, de esta
tierra. Quizás este sea otro Gran Discurso al cuál
suscribo gratuitamente, pero lejos está de convertirse en
un determinismo histórico; y lo que señalar quiero, no es
una guía de acción, sino una actitud a tomar frente a la
adversidad descontrolada que siempre existió. De modo que
la desesperanza se la dejo al Posmoderno pesimista
intelectual.
Yo
nombré cinco elementos básicos que configurarían la situación
Posmoderna: Crisis de metarrelatos alternativos,
Capitalismo post-Industrial, Razón Instrumental,
pérdida creciente de valores, revoluciones tecnológicas.
Bien, lo que me interesaría aclarar es que si bien
considero que sí ingresamos en una situación
Posmoderna, especialmente por la entrada en escena de las
Super-tecnologías y la pérdida de la Cultura Narrativa,
creo que lo Moderno no ha muerto en absoluto, pues la
batalla y la esperanza por algo distinto sigue en pie. Pero
dejando de ser oscuro cuando me expreso, quiero decir que
mientras la Modernización Societal sigue su curso
(como siempre lo ha hecho), la Modernización Cultural
debe despertar de su rigidez y abrirse a nuevas
alternativas. No sé si es adecuado que utilice esos
términos, pues no me convence la retórica de las tres
esferas. Probablemente porque no las entiendo demasiado bien
y por eso me resultan sospechosas. Pero más allá de ésta
teorización, prefiero pasar, a continuación, a fundar las
razones por las cuales yo aún creo en el cambio, frente a
la situación real (ya no deseo llamarla Posmoderna y me
apuro en abandonar el sintagma).
Hay
quienes suelen afirmar que la realidad es imposible de
modificar. Ello no por la rigidez del mundo material, sino
por la esencia maldita subyacente en el Hombre. Las
justificaciones aseveradas por todos ellos (desde liberales,
pasando por conformistas, hasta pesimistas) se sostienen en
que el mundo es, su configuración social,
"naturalmente" dado. Así, definen: "El ser
humano, se adapta a su ambiente. Y su mecanismo, ha sido,
históricamente, el dominio y la explotación del hombre por
el hombre. La pobreza, la desigualdad y la injusticia son
males necesarios (como ineludibles, por el "instinto
negativo" de la humanidad) y la realidad, no es otra
que el reflejo de la "naturaleza del Ser". De esta
manera, el Hombre y su Mundo (su ambiente) son naturales.
Basándome
en la definición de Cultura de la Antropología Social y
Cultural, como el lugar de todo lo aprendido y transmisible,
como los valores y las creencias, y a la vez de relaciones
entre seres, niego aquella tendencia de ver la actitud
negativa del hombre como algo natural. Quiero decir,
al viejo interrogante de "qué es social y qué natural
en el hombre", ofrezco como respuesta que todo lo que
haga el ser humano es Social, porque él nace, crece y se
desarrolla en una Cultura determinada. Un buen ejemplo del
contraste entre diferentes Sociedades Culturales, es
el Asado Argentino versus la Vaca Sagrada India. Pero esto
no es sólo una contra-afirmación reaccionaria. En lo que
sí hay acuerdo en la mayoría de la comunidad
antropológica (incluso en la T. Evolucionista), es en la
UPB (Unidad Psico-Biológica del hombre): ella es, sin más,
la similitud morfológica, las mismas necesidades físicas y
la capacidad de desarrollar pensamiento (procesos superiores
de la mente). Dentro de este marco, digo yo: Natural
es la Capacidad de desarrollar tal o cuál
pensamiento y actitud (Hetero, Homo, Bi, Swinger, etc), así
como tal o cuál organización social (Capitalista,
Comunista, Religiosa, Anarquista, etc.). Refutamos, de este
modo, también al Darwinismo Social. Normal es la Cultura
histórica donde se sitúa el hombre y su sociedad. Normal
hoy día es la Pobreza, la Competencia, la Heterosexualidad,
la Represión, el Capitalismo, la Industria Cultural, etc.
Todos ellos son Sociales, y si llegaran a ser Naturales,
no lo son más que la Igualdad, la Solidaridad, la
Homosexualidad, la Libertad, el Comunismo, la Libre
Asociación, etc. Otro ejemplo notorio, es el que ofrecen
los idiomas: El Inglés no es más natural que el Francés,
el Español o el Chino, pues Natural es la Capacidad
psico-fisiológica de desarrollar habla. Ante la posible
confusión, prefiero reservarme el vocablo Natural a
nuestra Capacidad fisiológica y psíquica; y de modo
análogo, el vocablo Social a los Posibles
Derivados de la mencionada Capacidad. Así quiero
demostrar, no el "Buen Salvaje", pero sí
que "el hombre es el lobo del hombre"
es un mito instrumental. Creo que no hay razones para decir
que el Mundo, tal cual hoy, debe ser siempre. Si somos Sociales
y si, especialmente, otras sociedades fueron posibles,
entonces sobran razones para edificar un cambio.
En
sí, la destrucción de los Valores presenta una
problemática particular. "¿Puede la secularización
expandirse ilimitadamente sin atacar la base ideológica que
sostiene y alimenta la solidaridad social? La Sociología
nos enseña que la plena vigencia de un sistema de creencias
y valores vividos acríticamente es el cemento espiritual de
toda sociedad."(38) No lo creo. La crítica
sistemática sirve para develar sistemas opresivos de
valores dentro del seno de una propia sociedad, a la vez que
tienden a destrozar su etnocentrismo cultural (etnocentrismo
ejemplificado especialmente en la historia de occidente).
Como contrapartida, en la medida en que la pérdida de un
valor me cause un dolor físico, o una angustia, indeseados,
intentaré volver a aferrarme a él. Incluso en Sociedades
Irracionalistas (religioso-mitológicas) las personas se
movían racionalmente; la diferencia radicaba en que
existían otros valores a los que suscribían. La
destrucción de un valor, supone la imposición o creación
de otro. Sólo cuando el hombre se haya convertido en una
máquina, habrá dejado de ser hombre, y ya nada habrá de
hacerse. "La vida entre los clones no valdría la pena
vivirla"(39). Pero, también considero que la
Dialéctica no es aplicable a todo. En ese sentido, los
Románticos tenían razón. ¿De qué me sirve saber que el
mar está formado de muchos "H2O" cuando lo estoy
contemplando y, más precisamente, disfrutando? Las
sensaciones son irreductibles, sólo son. Y aquí, podría
alegarse que el misticismo y la fe no son susceptibles de
crítica. Pero, justamente, la idea de Dios me supone un
rechazo en la medida en que otros mortales se esmeran en
describirlo, por eso sostengo que el misterio absoluto es lo
que alimenta de verdad. Pero (y volviendo al tema), el punto
es que las personas hacen lo que hacen porque de un modo u
otro se consideran "humanas". El propio Fascista
cree que la suya encierra la verdad, por eso decía lo de la
crítica descentralizadora. De este modo, a este trastorno
de valores lo considero casi necesario. Para ponerlo en
otros términos, ingresamos en la "Duda Hiperbólica
cartesiana". Y ahora sí: aquel que se comporte como el
"individualista" en busca de la Excelencia,
lo hará bajo la exhortación de abandonar los valores de
Libertad, Igualdad y Solidaridad que conforman a todo ser
"humano".
Con
la caída de los metarrelatos, creo que se está generando,
o al menos puede generarse, una nueva Resistencia o
Vanguardia. Ella estaría conformada, sencillamente, por
todos. La gente común. La idea de proletariado industrial
dividía, conciente o inconcientemente al Pueblo, en partes
fijas. Ni siquiera el Lumpenproletariat se salvaba de
la selección. La vuelta del arte a la vida, a pesar de su
destrucción, termina por alcanzar a todos la posibilidad de
combatir las nuevas formas de poder. Este tipo de
"contrapoder" ya estaba idealizado en Bakunin,
cuando decía que la "buena Juventud" se pondría
del lado del oprimido y apoyaría su lucha por la
liberación. Este contrapoder es invisible, es acéfalo, ya
no es masa, sino multitud. El Anarquista es extranjero
siempre, adonde quiera que vaya: Sólo Acracia es su
Tierra Prometida; y eso coincide con la resistencia que no
tiene nombre. Hay un movimiento "artístico"
actual que arranca sonrisas (al menos a mí), y propone una
mirada diferente a la del teórico Craig Owens, respecto del
sello del autor en su obra. Se ha hecho llamar Luther
Blisset o Wu-Ming (Sin-nombre en mandarín).
"La documentación sobre Luther Blisset es, a esta
altura, una obra literaria en sí misma, construida por
personas de todo el mundo, unidas en su desaprensión hacia
la idea de autor y de derechos reservados. Esto facilitó la
circulación masiva de textos que, de otra manera, hubieran
sido censurados, jamás hubieran accedido al mundo
editorial, o resultarían carísimos. El versátil Blissett
también hace dibujos, animaciones, movidas callejeras y
hasta emisiones autómatas de radio (como la de Indymedia en
Madrid). Sus homónimos más radicales no son amigos de las
ideas dominantes, y concibiendo el arte como herramienta de
acción, se han ganado el mote de terroristas, agitadores y
revolucionarios"(40)
El
Post-Estructuralismo termina descubriendo que "el Poder
está en todos lados", en consecuencia, dar cuenta de
ello, predispondría al mundo a decantarse por alternativas
concientes. El anarquismo permite toda una gama de actitudes
(pues considero que la anarquía es una actitud) que asisten
a dichas alternativas. Por ejemplo, consumir de la red del Comercio
Justo supondría la puesta en práctica de aquella
intención. Así, progresivamente, el mundo se llena de
Libertarios sin que ellos mismos lo noten. Pues, en cada
actitud de rebeldía, hay un potencial anarquista. Al igual
que Neo, cuando veía numeritos por todos lados (La Matrix),
yo tiendo a encontrar anarquía por doquier. En este sentido
referí, más arriba, a los Dispositivos Kontrakulturales.
Se
puede hablar mucho. Se puede hablar sobre intentos de vivir
éticamente en la choza del mundo. Y para ello buscar
falencias en el mundo actual. O sobre no dejar a nadie
considerarse humano, si no presta atención a la
problemática social. Invitarlos a callarse o gritarles su
negligencia. O contra la razón instrumental y el atentado
de la revolución tecnológica narcotizante; saber qué es
lo que nos quieren vender y no dejarse doblegar. Hasta
puedo llegar a decir que hice un uso positivo de la
Industria cultural: desde pequeño, yo siempre fui un gran
consumidor del superhéroe Batman, cuando me topé
con el Socialimo en mi juventud, degeneré en un pensamiento
de tendencia Anarquista (Batman + Socialismo = Anarquía). Y
otros delirios. A esta altura, ya no me extraña la
supuesta hibridez entre el anarquismo y el
post-estructuralismo. Entre la Modernidad y la
Post-Modernidad. Todos, de alguna manera, apuestan al
futuro. Por lo que me queda por decir que Daniel Bell, es el
único que, verdaderamente, me causa mucho asco.
Tratando
de redondear: No voy a ser un hipócrita y decir que estoy
feliz de que el proyecto alternativo Marxista haya
fracasado, sin embargo, que el régimen paranoico
estalinista haya terminado me parece una victoria. Por otro
lado, hay que agradecerle a Marx por haber incluido el
materialismo en los análisis sociales. Sin embargo,
considero que toda lucha real contra la Injusticia no debe,
de raíz, transformarse en la competencia por el
Poder, sino que debe constituirse en la beligerancia, a
muerte, contra el Poder.
La
Libertad a la que aspiro conseguir, es expresada en la
noción que Agnes Heller toma de Norbert Elías respecto del
"Cuerpo"(41). Su idea de que la
"Civilización" (una mezcla entre lo higiénico
y lo ético) termina rechazando al cuerpo hacia los
ámbitos privados y particulares, a la vez que lo hacemos en
favor de la Sociedad, lo público y lo Universal, me parece
apropiada. Para esta Sociedad, lo que hagamos con nuestro
cuerpo será de incumbencia personal, pero para sobrevivir,
hay que entregarlo a la rueda de la fortuna del Mercado
Laboral; terrible contradicción y sagaz engaño: Falsa
Libertad. Recuperar el cuerpo significaría, entonces,
recuperar las calles, los espacios públicos, pero
especialmente, el Cuerpo como idea central de Liberación,
contra la degeneración del Espíritu que tiende a
dominarlo todo. Representa, para mí, la mejor idea de
Libertad Real.
Por
otro lado, sigo pensando que el problema central es el
Estado que, intervensionismo más o menos, termina siempre
por legitimar la Propiedad Privada, elemento fundamental de
la organización social burguesa y símbolo máximo de la
desigualdad social; o acaba justificando, en nombre del
Socialismo en general, los peores totalitarismos que uno
pueda imaginar. Pero también debo ser conciente de que ni
la desaparición automática del Estado, ni la destrucción
del fundamento económico burgués, nos va a traer a Acracia
a nuestros pies. "Si el capitalismo y el Estado fueran
los únicos culpables, entonces su eliminación por sí
misma nos abriría la puerta a la sociedad utópica. Pero
debemos tener recelo de las soluciones fáciles. Una de las
lecciones de la lucha contra el racismo, la misoginia, los
prejuicios sobre gays y lesbianas, etc., es que el poder y
la opresión no son reductibles a un solo lugar y a una
operación singular."(42) Es necesario generar la
conciencia, antes que la revolución. Si el Poder está en
todos lados, entonces los espacios de lucha se amplían. No
sólo paralelamente a la lucha contra el Capitalismo,
también estratégicamente, hay que apoyar a todos aquellos
movimientos que tienden a recuperar los espacios públicos y
a acrecentar las posibilidades de libertad humanas.
Estratégica porque, por ejemplo, y aunque suene duro,
prefiero esta pseudo-democracia antes que la cárcel
colectivista roja, pues me permite mucho más margen de
acción a la hora de fomentar un progreso serio. Jugando con
los conceptos madre de la Revolución Francesa, Libertad,
Igualdad y Solidaridad, la iluminación de uno
lleva a la degeneración de todo intento serio por traer un
mundo mejor. Así, en las Sociedades donde se exalta sólo
la Solidaridad, tiende a perderse de vista la Igualdad
y la Libertad: tal es el caso de las sociedades
religiosas. En las que se incita a la Igualdad; la Libertad
y la Solidaridad son socavadas: el Socialismo de
Estado. Y donde la Libertad: el Capitalismo. Por
último, me animo a decir que la Anarquía, por más situación
Posmoderna que se presente, jamás fenecerá, ella es
acéfala y corresponde al deseo de Libertad, por ínfimo que
sea, de todo ser, y por ello nunca será aplastada. Pues
para el anarquista, la Libertad Real es inseparable
de la Igualdad; ataviadas en pura Fraternidad.
Y
mientras todos los demás hacen la venia a héroes y
presidentes, nosotros celebramos a la hormiga y su trabajo.
(*)