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EL
CINE DESDE WALTER BENJAMIN

Walter Benjamin
es un resplandor ineludible en la crítica cultural
del siglo xx. Pensó desde un singular sitio de encuentro
de la teología de raíz judaica y el marxismo. Convirtió
a París y la poesía de Baudelaire en metáfora de la modernidad
estética; meditó profundamente en la nervadura secreta de
la historia en su ensayo Tesis de filosofía de
la historia; recuperó la vision infantil del mundo.
Y también pensó en la realidad del arte en La obra
de arte en la época de la reproductibilidad técnica.
Aquí Benjamin despliega su célebre noción de aura. El arte
inicial, el oriundo de las culturas arcaicas, se manifestó
imbuido de un aura, de un fulgor lejano, único, irrepetible.
La obra en lo moderno, en cambio, se distingue por su reproductibilidad.
De un original surgen inacabables copias. La obra no conserva
la distinción de un aquí y ahora únicos. Esta transformación
empobrece la extrañeza y singularidad del arte. Pero, a
un mismo tiempo, genera nuevas condiciones para el poder
revelador de lo otro, para la revelación de una sensibilidad
y conciencia aún no experimentadas. Este es el caso del
cine. Según Benjamin el cine amplia el poder perceptivo
del ojo. La imagen cinematográfica revela un inconciente
visual. Habitualmente no percibimos numerosos perfiles y
ángulos de los objetos y de los seres. Los primeros planos
nos restituyen ese universo físico no percibido.
Benjamin habla de un inconciente óptico como equivalente
de un inconciente pulsional psicoanalítico. Las secuencias
filmadas son el ámbito de la conciencia donde lo aún no
visto abandona su penumbra y se muestra.
El cine sería así potencia artística que estimula el trascender
de la percepción. Por aspectos que no consideraremos aquí,
el cine no sólo devuelve a las masas la agudeza perceptiva.
También les otorga una actitud crítica. Los presupuestos
y consecuencias de esta tesis fueron seriamente cuestionadas
por Adorno, amigo íntimo de Benjamin y uno de los principales
pensadores de la Escuela de Frankfurt.
En este momento de Cine en Temakel le ofrecemos
el momento del ensayo benjaminiano donde el cine cristaliza
un salto superador del ¨mundo carcelario¨ de la percepción
cotidiana.
Esteban
Ierardo
EL
CINE DESDE WALTER BENJAMIN
Pasajes
de La obra de arte en La época de la reproductibilidad
técnica, de Walter Benjamin
"El cine ha enriquecido nuestro mundo
perceptivo con métodos que de hecho se explicarían por los
de la teoría freudiana. Un lapsus en la conversación pasaba
hace cincuenta años más o menos desapercibido. Resultaba
excepcional que de repente abriese perspectivas profundas
en esa conversación que parecía antes discurrir superficialmente.
Pero todo ha cambiado desde la Psicopatología de la
vida cotidiana. Esta ha aislado cosas (y las ha
hecho analizables), que antes nadaban inadvertidas en la
ancha corriente de lo percibido. Tanto en el mundo óptico,
como en el acústico, el cine ha traído consigo una profundización
similar de nuestra percepción. Pero esta situación tiene
un reverso: las ejecuciones que expone el cine son
pasibles de análisis mucho más exacto y más rico en puntos
de vista que el que se llevaría a cabo sobre las que se
representan en la pintura o en la escena. El cine indica
la situación de manera incomparablemente más precisa, y
esto es lo que constituye su mayor susceptibilidad
de análisis frente a la pintura; respecto de la escena,
dicha capacidad está condicionada porque en el cine hay
también más elementos susceptibles de ser aislados. Tal
circunstancia tiende a favorecer -y de ahí su capital importancia-
la interpetración recíproca de ciencia y arte. En realidad,
apenas puede señalarse si un comportamiento limpiamente
dispuesto dentro de una situación determinada
(como un músculo en un cuerpo) atrae más por su valor artístico
o por la utilidad científica que rendiría. Una de las funciones
revolucionarias del cine consistiría en hacer que se reconozca
que la utilización científica de la fotografía y su utilización
artística son idénticas. Antes iban generalmente cada una
por su lado.
Haciendo primeros planos de nuestro inventario,
subrayando detalles escondidos de nuestros enseres más corrientes,
explorando entornos triviales bajo la guía genial del objetivo, el
cine aumenta por un lado los atisbos en el curso irresistible por el
que se rige nuestra existencia, pero por otro lado nos asegura un
ámbito de acción insospechado, enorme. Parecía que nuestros
bares, nuestras oficinas, nuestras viviendas amuebladas, nuestras
estaciones y fábricas nos aprisionaban sin esperanza. Entonces vino
el cine con la dinamita de sus décimas de segundo hizo saltar
ese mundo carcelario. Y ahora emprendemos entre sus dispersos
escombros viajes de aventuras.
Con el primer plano se ensancha el espacio
y bajo e1 retardador se alarga el movimiento. En una ampliación
no sólo se trata de aclarar lo que de otra manera no se
vería claro, sino que más bien aparecen en ella formaciones
estructurales del todo nuevas. Y tampoco el retardador se
limita a aportar temas conocidos del movimiento, sino que
en éstos descubre otros enteramente desconocidos que ¨en
absoluto operan como lentificaciones de movimientos más
rápidos, sino propiamente en cuanto movimientos deslizantes,
flotantes, supraterrenales¨. Así es como resulta perceptible
que la naturaleza que habla a la cámara no es la misma que
la que habla al ojo. Es sobre todo distinta porque en lugar
de un espacio que trama el hombre con su consciencia presenta
otro tramado inconscientemente. Es corriente que pueda alguien
darse cuenta, aunque no sea más que a grandes rasgos, de
la manera de andar de las gentes, pero desde luego que nada
sabe de su actitud en esa fracción de segundo en que comienzan
a alargar el paso. Nos resulta más o menos familiar el gesto
que hacemos al coger el encendedor o la cuchara, pero apenas
si sabemos algo de lo que ocurre entre la mano y el metal,
cuanto menos de sus oscilaciones según los diversos estados
de ánimo en que nos encontremos. Y aquí es donde interviene
la cámara con sus medios auxiliares, sus subidas y sus bajadas,
sus cortes y su capacidad aislativa, sus dilataciones y
arrezagamientos de un decurso, sus ampliaciones y disminuciones.
Por su virtud experimentamos el inconciente óptico, igual
que por medio del psicoanálisis nos enteramos del inconsciente
pulsional. (*)
(*)
Fuente: Walter Benjamin, La obra de arte en la época
de la reproductibilidad técnica¨, en Discursos interrumpidos
1, Ed.Taurus.
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