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OLIVERIO GIRONDO, ESCRITOR DE LA MÉDULA 

Presentación y selección de textos Andrés Manrique

 

   Buenos Aires lo vio nacer en 1891 y hasta su muerte, en 1967, cultivó la poesía y al periodismo. Fue miembro del "ultraísmo" en la vanguardia poética vernácula del grupo Martín Fierro, "los de Florida", junto a Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges. Difundió sus colaboraciones en las revistas Proa, PrismaMartín Fierro Publica sus primeros libros a comienzos de la década del veinte, e influido por las vanguardias abandona la representación naturalista o realista, para darle cabida a una poética en la que el mundo fragmentario se opone a la idea totalitaria de unidad artística y discursiva. Su vocación ("de dado") lo impulsa a traspasar los límites y abandonar las convenciones impuestas por el legado tradicional de Leopoldo Lugones.

En su primer libro, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), se observa la influencia del cambio vertiginoso, técnico y cultural, que las ciudades vivieron en aquella década: una modificación que exigía una nueva forma de ver y hacer arte.

Con el transcurso de los días, Girondo fue radicalizando su poética hasta hacer estallar la concepción estructural de un lenguaje dependiente, en forma exclusiva, de la razón. Desde su enorme poder de creación omite el referente real y penetra en las fibras sonoras del lenguaje, las hace vibrar con su sensibilidad inspirada; afina su oído acorde con las notas lingüísticas, prescindiendo del significado racional para abrir una percepción poética de nueva índole.

 En este momento, sin más distracciones, dejemos en este momento de Temakel que el poeta nos lleve hasta algunos de los momentos selectos de cada una de sus obras. Y ahora, de la mano, recorramos cronológicamente su devenir.          

        Entre las postales de las distintas ciudades que recorre y sus figuras, los dos primeros libros de Girondo: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y Calcomanías nos internan en las impresiones de un ser sensible, en los albores del siglo.  

   

APUNTE CALLEJERO

      En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñen las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una venta.

Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar ... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda ...

Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía. (*)

(*) Fuente: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía.   

                                               *

                                                 SIESTA

Un zumbido de moscas anestesia la aldea.

El sol unta con fósforo el frente de las casas,

y en el cauce reseco de las calles que sueñan

deambula un blanco espectro vestido de caballo.

 

Penden de los balcones racimos de glicinas

que agravan el aliento sepulcral de los patios

al insinuar la duda de que acaso estén muertos

los hombres y los niños que duermen en el suelo.

 

La bondad soñolienta que trasudan las cosas

se expresa en las pupilas de un burro que trabaja

y en las ubres de madre de las cabras que pasan

con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde,

no se sabe si aún suena o ya es sólo un recuerdo ...

¡Es tan real el paisaje que parece fingido!

                                                      Andalucía, 1923 (*)

(*) Fuente: Calcomanías (1925).

                         *                                    

    En Espantapájaros (Al alcance de todos) publicado en 1932, se pueden observar dos movimientos paralelos; por un lado, un repliegue en los intersticios de sí mismo; por otro, un panteísmo llevado a la máxima expresión, que transforma a las impresiones en  expresionistas.

    Como ejemplo del primer caso, tenemos:

    8. Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.

En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica eb estado crónico de erupción; no pasa madeia hora sin que me nazca una nueva personalidad.

      Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.

¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!

Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta de todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan. (...) (*)

(*) Fuente: Espantapájaros (Al alcance de todos).

                                                  *

   Para ilustrar el panteísmo in extremis, Oliverio nos sumerge en:

16. A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

  Mientras ellos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me la paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar.

   Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.

¡Qué delicia la de metamorfoserase en abejorro, la de sorber el pólen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tbérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas! (...) (*)

(*) Fuente: Espantantapájaros (Al alcance de todos).

                                                  *

    En 1937, el poeta nos trae Interlunio: un relato en el que se destaca la observación punzante en conjunción con la sensibilidad sonora del poeta; la intensidad con que el mundo penetra los cinco sentidos, y el latido vital que puede palparse en lo cotidiano.

   A continuación escuchamos, aspiramos, degustamos y vemos algunos fragmentos:

     A medida que se dormían los de afuera, cuantos se alojaban en mi interior se iban despertando, uno por uno, (...)

     Del sitio que me dejó el tranvía tardé pocos minutos para hallarme en pleno campo. ¡Jamás experimentaré una plenitud semejante! A medida que mi cerebro se iba impregnando, como si fuese una esponja, de un silencio elemental y marítimo, saboreaba la noche, me nutría de ella, a pedacitos, sin condimentos, al natural, deleitado en disociar su gusta a lechuga, su carnosidad afelpada... el dejo picante de las estrellas. (...) (*)

(*) Fuente:  Interlunio. OBRA COMPLETA. Edición crítica, Raúl Antelo, Buenos Aires 1999. Pág 121.

   

  Como si resonase en un cuarto desamueblado, su voz poseía un acento tan hueco que busqué un gesto, una frase que lo acompañara. Pero se encontraba demasiado solo. Entre su desamparo y mi silencio se iba interponiendo un niebla cada vez más espesa. Sólo quedaba intentar que la mañana la disipase.

                                             *

    El artista, finalmente, nos transporta a la médula existencial de la angustia, al agotamiento de un ser que asume la finitud desde el vivir poético; que observa los límites que paso a paso se quieren imponer al cuerpo. Y en 1942 brindará Persuasión de los días, título que tal vez aluda al tiempo que teje, inexorable, nuestra costumbre como un chaleco de fuerza. Como él dijera años antes: "La vida es un largo embrutecimiento. La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas; poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario; los mosquitos pueden volar tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles, y cuando deseamos viajar, nos dirigimos a una agencia de vapores en vez de metamorfosear una silla en un trasatlántico." (*)

(*) Fuente: Membretes. Papeles de Buenos Aires, nº 4, Buenos Aires, agosto de 1944. 

*

                         DICOTOMÍA [INCRUENTA]

Siempre llega mi mano

más tarde que otra mano que se mezcla a la mía

y forman una mano.

Cuando voy a sentarme

advierto que mi cuerpo

se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse

adonde yo me siento.

Y en el preciso instante

de entrar en una casa,

descubro que ya estaba

antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,

y que mientras me rieguen de lugares comunes,

ya me encuentre en la tumba,

vestido de esqueleto,

bostezando los tópicos y los llantos fingidos. (*)

(*) Fuente: Persuasión de los días.

                                                        *                                                       

                                 PLEAMAR

Nada ansío de nada,

mientras dure el instante de eternidad que es todo,

cuando no quiero nada. (*)

(*) Fuente: Persuasión de los días (1942)

                                                         *                                                                  

        Cuatro años después nos conducirá hasta las entrañas de la Pampa en Campo nuestro, un poema bucólico que arroja la ciudad, aunque sea por un rato, al campo y así venera la prehistoria de la tierra:

"Ya sólo es un silencio emocionado

tu herbosa voz de mar desagotado."

Luego, otra vez, contra el límite del lenguaje y de su propia existencia que se enfada en ponérsele adelante:

 ¿Oyes campo, ese ritmo?

¡Si fuera el mío!...

sin vocablos ni voz te expresaría

al galope tendido.

  Estas pobres palabras

¡qué mal te quedan!

Pero qué quieres, campo,

no soy caballo

y jamás las diría

si tú me oyeras.

  Por algo ante el apremio de nombrarte

he preferido siempre galoparte.         (...)

Nunca permitas, campo, que se agote

nuestra sed de horizonte y de galope. (...) (*)

(*) Fuente: Campo nuestro (1946).

                                                                    

                                                                            *

        Por último, como un flechazo directo, en En la masmédula nos clava en la descomposición de la lengua mediante el neologismo que condensa las tendencias acráticas de una búsqueda que no ceja, de un movimiento inagotable, creador metamórfico que se sustrae de toda convención y hace retumbar la sonoridad de las palabras. 

                                TROPOS

Toco

toco poros

amarras

calas toco

teclas de nervios

muelles

tejidos que me tocan

cicatrices

cenizas

trópicos vientres toco

solos solos

resacas

estertores

toco y mastoco

y nada

Prefiguras de ausencia

inconsistentes tropos

qué tú

qué qué

qué quenas

qué hondonadas

qué máscaras

qué soledades huecas

qué sí qué no

qué sino que me destempla el toque

qué reflejos

qué fondos

qué materiales brujos

qué llaves

qué ingredientes nocturnos

qué fallebas que no abren

qué nada toco

en todo   (*)

(*) Fuente: Oliverio Girondo, En la masmédula (1954).            

 

 

 

 

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