Inicio    Literatura Cine Música Pintura Teatro Contacto   Mapa del sitio

 

 

 

TOLKEN SALE DEL BOSQUE DE PIEDRA

                                                                                                             Por Esteban Ierardo

Tolkien: una mago del imaginar. Aquí respiraremos cerca del jade de su ensayo Sobre el cuento de hadas. Para Tolkien, la literatura fantástica es descubrimiento de una realidad más antigua e intensa  y no evasión o negación del mundo presente. Los molinos de la literatura se mueven gracias al viento de una naturaleza  primordial donde la sabiduría la detentan hadas y elfos antes que el hombre envanecido de sí mismo. Y ahora acerquémonos a solo una  hebra del vasto universo tolkeniano no mediante un solemne artículo erudito sino a través de la tersura de una narración fantástica...   

Dentro de un pequeño bosque de árboles de piedra gris, bajo un cielo espolvoreado de cenizas, viven felices los Rocans, seres parecidos a los hombres, aunque con cuerpos esculpidos en roca. Sus vidas consisten en subir, una y otra vez,  por una escalera para volver a poner en su sitio las hojas de piedra que se desprenden de las ramas de los pétreos árboles a causa de una enigmática vibración sonora procedente del Sur. A los Rocans no les interesa ese sonido. No quieren entenderlo. Sólo lo estiman  un precario susurro. Un fantasma acústico que, lamentablemente, no puede ser erradicado del mundo. Por eso, todos los días, luego de poner en su sitio las hojas de piedra que se separan de sus ramas por las vibraciones sureñas, caminan siempre por los mismos caminos hacia el Norte, el Este y el Oeste. Y agradecen por la hermosa, sólida e inmóvil realidad de piedra en la que viven.

Pero, una vez, uno de los Rocans, un tal Tolken, siente la leve presión de unos dedos, casi etéricos, que se enzarzan a los suyos y lo impulsan hacia el Sur. En las alas de esta novedad:

el Rocan sale de su Bosque de Piedra, y ve árboles verdes, luces refulgentes del sol vertiéndose sobre hojas y cortezas. Y ríos. Llanuras. Blancas nubes de algodón en un firmamento diáfano. Entonces, descubre que los dedos misteriosos pertenecen a una mujercita, de figura oblonga, alitas que emanan como dos pétalos cristalinos de sus espaldas; y una varita. Su rostro parece esmaltado por un encanto inefable. Y el Rocan que ha salido de su hogar, encuentra, sobre una mesa, un libro abierto, de páginas blancas; a un costado, una pluma sumergida en un tintero espera moverse al compás de signos y palabras.

El Rocan empieza a escribir.

Escribe lo que percibe en los territorios de la mujercita misteriosa. Y mientras la escritura crece:

pasan algunos días entre susurros de mañanas apacibles, visiones de paisajes nuevos y desconocidos, tormentas y atardeceres naranjas. Y Tolken advierte que ha escrito el primer volumen  de una trilogía  sobre un señor dueño de unos mágicos anillos y una aventura en una tierra ubicada en la mitad de una fanstástica geografía.  Luego, Tolken es conducido de vuelta a su mundo uniforme de piedra y costumbres repetidas. El Rocan recién llegado lee a sus congéneres la primera parte de su trilogía que escribió en la región del Sur, de la que proceden las vibraciones que hacen caer los petreas hojas de los árboles de roca.

Luego de concluida la lectura, se detona la alarma: Tolken es obligado  a un descanso a fin de que recupere el juicio y no cree ilusiones que lo distancien de la única realidad de los árboles inmóviles de piedra. 

Con el propósito de aclarar su posición, Tolken (1) pronuncia una conferencia (2) inspirándose en la mujer encantada que ostenta una varita y se suspende en el aire gracias a sus vivaces alitas. Tolken  habla de las hadas y lo fantástico. Para él, la Fantasía es una suprema forma de realismo. El hombre tiende a sustituir el terruño ilimitado de lo real por la proyección de sus propias imágenes. Es decir: prefiere un mundo solo construido por sus manos y su pensamiento, ignorando lo que existe con independencia de su conocimiento y deseos. Sólo es Realidad lo que late dentro de las redes de su poder. Lo que no surge de su propia voluntad es ilusión. Nebulosas. Fantasmagorías. Escorias que se introducen como un evanescente espectro,  como un error y un peligro en la vida cotidiana. Pero Tolken se rebela. Nos dice durante su exposición, que antes del hombre, de su lenguaje, su ciencia, su razón y sus múltiples invenciones, ya existe una Realidad. Un Mundo primario. Olvidado por la torpeza humana ( ¿o rocan?; no alcanzo a escuchar bien). Ante este olvido, el artista debe explorar la geografía anterior a los falsos mapas de la verdad urdidos por los hombres. Merced a esta acción, el artista se convierte en sub-creador, en recreador, renovador del mundo primero y perdido. El Arte de la Fantasía es entonces para Tolken, tal como dice ahora en su conferencia, "un volver a ganar: volver a ganar la visión prístina. No digo 'ver las cosas tal cual' son para no enzarzarme con los filósofos, si bien podría aventurarme a decir 'ver las cosas como se supone o se suponía que debíamos hacerlo', como objetos ajenos a nosotros. En cualquier caso, necesitamos limpiar los cristales de nuestras ventanas para que las cosas que alcanzamos a ver queden libres de la monotonía del empañado cotidiano o familiar; y de nuestro afán de posesión"(3). Es por eso que Tolken insiste en que "la fantasía creativa, por cuanto trata de forma fundamental de hacer algo más (...) es capaz de abrir nuestras arcas y dejar volar como a pájaros enjaulados los objetos allí encerrados. Las gemas todas se tornarán flores o llamas, y será un aviso de que todo lo que poseíais (o conocíais) era peligroso y fuerte y que no estaba en realidad verdaderamente encadenado, sino libre e indómito; sólo vuestro en cuanto que era vosotros mismos" (4). La literatura modulada por lo fantástico, entonces, no es evasión, salida imaginaria de la estricta realidad. Por el contrario, a través de ella, descubrimos el destello más vasto y antiguo de las cosas que vibran más allá del cofre diminuto y cerrado de los hábitos cotidianos y la explicación científica de la naturaleza. 

El imaginar fantástico impregna los cuentos de hadas y las narraciones míticas. Ambas variantes del narrar nos acercan a  la hoguera de una temporalidad más intensa. El tiempo tiende a repetir las escenografías del día anterior, las rutinas y saberes ya conocidos. Un tiempo donde todo debe reiterarse según leyes ya aceptadas y experimentadas. En cambio, la recreación del mundo que esculpe la Fantasía puede sustraerse del tiempo cansado y de la reiteración para hacernos latir dentro de un Nuevo Gran Tiempo donde la polifonía de formas de la naturaleza readquiere el aura de lo radiante y recién nacido. En esta nueva temporalidad la realidad es nuevamente libre, un constante torrente de posibles transformaciones.

Sí, Tolken lo enfatiza; el  vendaval de la Fantasía es vigoroso y nos entrega el don de habitar en una realidad centelleante. Gracias a Fantasía no somos únicamente testigos de un tiempo, un cielo y una tierra ya repetidos. Por el contrario, podemos aspirar el perfume de una naturaleza que baila y que mueve sus pies de manera inesperada. Por eso, Tolken destaca que los antiguos narradores al contemplar el sol pueden entregarse a las ocurrencias de los adjetivos no evidentes y así decir  ¨sol verde¨.

 Ese dentro de esta atmósfera encantada donde los seres, las formas,  inician la danza de las refundaciones:  el ojo solar no es sólo una rojiza tea suspendida en las alturas; ahora se refunda y  es un sol verde, azul o blanco. Mediante Fantasía lo real termina siendo libre baile, vuelo, ascenso de lo pesado.  Recuperación de una realidad más plena, fulgurante. Es así que Tolken destaca: ¨la mente que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz, también concibió la noción de las cosas pesadas, que convertiría el plomo gris en oro amarillo y la roca inmóvil en veloz arroyo¨(5). 

La libertad de atribuirle nuevos adjetivos a las cosas se complementa acaso con otro libre gesto de mayor alcance: la de inventar nuevos lenguajes y refundar lo conocido hablando, diciéndolo desde nuevas palabras. Quizá por eso Tolken ya se ha empeñado en fraguar dos nuevos lenguajes: el Quenya y el Sindarin

Y desde los labios del Rocan disidente, emanan algunos nuevos encantados pensamientos hasta que la conferencia concluye. Y Tolken vuelve al reino de las piedras pesadas que no quieren cambiar, ni moverse, ni descubrir la realidad que vive más allá. En secreto, escribe los dos últimos volúmenes de su trilogía sobre un anillo y los seres que habitan una Tierra Media. Y no puede dejar de pensar que:

    cuanto más fantástico sea el vuelo del Arte mayor será su visión de la amplitud total y real del mundo. La fantasía literaria descubre las vibraciones inquietantes que vienen del mundo antiguo. Verde. Movedizo. Y policromo. Una realidad que baila dentro de la magia. Pero los habitantes del inmóvil Bosque de Piedra obligan a Tolken a un nuevo descanso. Necesario reposo para que los Rocans perturbados por la Fantasía recuperen la cordura.                      

                                                      

                                                       manustolkien.jpg (322424 bytes)   

         Hacer un clik para ampliar Página manuscrita de El Señor de los Anillos (Extraída de J.T.T. Tolkien. Una biografía,de Humphrey Carpenter. Ed.Minotauro)

Citas:                                                                                                                                    

(1) Como ya se aclaró: J.R.R. Tolkien. Es decir: la literatura fantástica del Silmarillion, El Hobbit, El señor de los Anillos.

(2) Sobre los cuentos de hadas, conferencia dictada en 1939 y publica en Arbol y hoja, Barcelona, Minotauro.

(3) Sobre los cuentos de hadas, op. cit, p. 72.

 (4) Ibid.,p.33.

(5) Ibid., p.73

 

 

 

                                            

©  Temakel. Por Esteban Ierardo