EGIPCIOS PORTEÑOS

Por Carlos Hilger (*)

   Egipto sufre de un saqueo constante de sus obeliscos. Los romanos, en las primeras décadas de nuestra era, trasportaron por mar cuarenta y dos moles de esta clase a Roma, de las cuales todavía quedan trece. En 1823 el Obelisco del Templo de Luxor es trasladado y erigido en París. Los ingleses también erigen su obelisco egipcio, llamado la Aguja de Cleopatra, el 12 de setiembre de 1878.

     En realidad, los egipcios se habían puesto de moda en el siglo XlV. Los neoplatónicos florentinos creían que Platón, las revelaciones precristianas y los velados misterios del cristianismo se encontraban encerrados en los jeroglíficos egipcios. Conjeturaban que se trataba de la escritura del lenguaje original, que Dios le enseñó a Adán en el Paraíso y que se perdió en Babel. Estaban convencidos de que esos jeroglíficos trasmitían un código secreto que ocultaba un conocimiento místico. El amor al secreto, la cultura del misterio, el gusto por las escrituras cifradas y los emblemas enigmáticos son moda en la Florencia del siglo XV.

En la antiguedad, los secretos egipcios no parevcian irrisorios en absoluto a los más insignies genios, dado que estos se congtregaban en gran número en Egipto para intentar penetrarlos. No todos lo lograban, ya que uno de los rasgos de la religion egipcia eras que no la adopta quien quiere sino solo algunos elegidos.

Durante el Pontificado de Sixto V (1585-1590) los obeliscos ganaron prestigio dentro de la liturgia cristiana debido a la interpretación errónea de los jeroglíficos, que eran traducidos de acuerdo con la interpretación de Horapollo (siglo IV d. de C.) Nadie dudaba de que su libro La Hieroglyphica contenía la respuesta. Este Papa los utilizó corno un sistema de enlace entre los lugares sagrados de Roma. Obeliscos y columnas son alzados sobre sus plazas. Su idea era hacer de toda Roma ¨un único sagrado templo¨, capital del universo. Athanasius Kircher es un intelectual jesuita alemán cautivado por la Roma barroca. Producc asombro la amplitud y versatilidad de su obra. En ella armonizan la mística de un viaje por los cielos planetarios con el estudio de manchas solares, erupciones volcánicas, anatomía, astronomía. La tradición neoplatónica se encuentra con la obra kircheriana, quien es uno de sus más significativos representantes. Para él los jeroglíficos eran los depósitos de la sabiduría hermética, cuya clave en la antigüedad fue patrimonio de los sacerdotes egipcios, los cuales mediante una escritura ideal y secreta ocultaban al vulgo sus conocimientos sobre la esencia de una idea: ¨Secretos de la palabra que no se exponen al profano¨. El creía francamente que Hermes Trismegistos fue el que instituyó los jeroglíficos, considerado el príncipe y padre de toda la sabiduría y teología egipcia, que grabó su pensamiento para la eternidad en la roca. De él aprendieron lo que sabían de las cosas divinas, Orfeo, Pitagoras, Platón, Homero, Eurípides. A travpes de esta vía llegaban a la tradición neoplatónica florentina y de allí a Alemania.

El ambiente alemán de la época presenta características que condicionaron a muchos intelectuales a esta dedicación al hermetismo y la magia natural como vía redentora de la humanidad. En esos años se difundieron por Alemania los manifiestos de la Rosa Cruz o de Christian Rosenkreutz (1614), a quien se presume fundador de una fraternidad secreta, a la que se supuso se había afiliado Descartes durante el invierno de 1619, rumor que se extenderá también a la figura de Leibniz hacia 1666. Se llegó a decir que la Orden de la Rosa Cruz funcionaba dentro de la misma Orden Jesuítica. Dicha Orden podía presumir de contar entre los suyos a este inquietante alemán, dueño de ese conocimiento. Dentro del campo del ocultismo, creador de una simbología visual a partir de los jeroglíficos que la Compañía de Jesús supo hacer suya, y aplicarla en su arquitectura religiosa esparcida por América barroca, ya que sus escritos fueron universalmente difundidos por la Orden. Para Kircher, la naometría fue uno de los secretos egipcios encerrados en sus monumentos, el número de oro, la medida del temnlo místico. Esta expresaba un sistema cosmológico y metafísico que se cimentaba y justificaba en la métrica del cosmos.

  En el siglo VI a. de C. Pitágoras viaja a Egípto y vuelve de allí convertido. La gracia de Osiris, “Dios de la medida”, y la de Isis, “Diosa del cosmos”, parecen estar aliadas para inspirar la filosofía pitagórica, según la cual la “ley del universo es la del número”. Este interés por el número contaminará desde Alejandría a los cabalistas judíos, a los cristianos gnósticos, a los musulmanes chiitas, y preocupará a los neoplatónicos florentinos y a su descendencia moderna: el número de oro de Matila Ghika y el Modulor de Le Corbusier. El número hace que la realidad cósmica se desarrolle en solidaridad con la humana, es decir convierte un cierto nivel astral en algo tangible y significativo. El cosmos, en la astronomía neoplatónica, es una esfera cuyo centro es ocupado por la tierra en torno de ella nueve esferas concéntricas: son los cielos planetarios. La octava esfera, el cielo de las estrellas fijas; la novena, el cielo cristalino, rodeado por el Empíreo. Este cosmos, como arquetipo astral, simboliza una matriz universal regida por principios eternos e inmutables; quien la comprenda asimila sus virtudes mágicas. En el siglo II a. de C., cuando los obeliscos ya tenían quince siglos de antigüedad, Eratóstenes oyó decir que un obelisco en Assuán al sur de Egipto, no proyectaba sombra al mediodía del 21 de marzo. Sin embargo, un obelisco en Alejandría el mismo día, proyectaba cierta sombra. Dedujo que la diferencia se debía a la curvatura de la tierra; midió la distancia entre los obeliscos y la diferencia en grado de ambas sombras, y demostró
matemáticamente que la circunferencia de la tierra debía medir cuarenta mil kilómetros,
cifra extraordinarimente próxima a la aceptada actualmente (40.067 kilómetros). Operación
similar hicieron los ingenieros Jean Delambre y Pierre Mechain,
entre Dunkerque y Barcelona, distancia a partir de la cual la Academia Francesa de Ciencias podría calcular el metro patrón, número de oro para la Ilustración.

   Se retomaba un viejo sueño pitagórico de basar los sistemas de medidas en un número permanente. En 1790, la Asamblea Constituyente aprobó la propuesta de Talleyrand de estudiar un sistema universal de medidas que sirviera a todas las naciones. Se adopta el metro, que es la diez millonésima entre el Polo Norte y el Ecuador, calculada sobre el meridiano que cruza París. El nuevo orden necesitaba una nueva manera de medir el cosmos. Por ley del 7 de abril de 1795, (18 Germinal del año III) la República adoptó el sistema métrico decimal. Durante la Ilustración era difícil matar la convicción de que Egipto era la fuente de revelaciones ocultas y místicas. Esta convicción sobrevivió sobre todo en las sociedades secretas Rosacruces y Masónicas. Sobre la base de este conocimiento operará la “reforma universal” religiosa y social, la gran obra hermética donde el hombre recobraría su divinidad perdida. Alquimia y efusiones místicas corrían parejas con deseos de reforma social. Los francmasones tomaron parte activa en la Revolución Francesa. No se desconoce la importancia de las socidacles secretas y logias en las luchas por la Independencia americana. En el primer aniversario de la Revolución de Mayo se construye la “pirámide’ en el punto central e la Plaza de la Victoria. Su nombre roviene de la confusión barroca entre pirámide y obelisco. Era hueca, de ladrillos coronada por un globo. Larealizó Francisco Cañete y no sufrió modificaciones hasta 1856, cuando Prilidiano Pueyrredón incorporó las esculturas del artista francés J. Dobourdie, remplazadas en 1878 por otras cedidas por Enrique Hunt. Estas modificaciones son consideradas en su época una profanación del altar patrio. Derqui y Juárez Celman critican severamente las reformas. Sarmiento y Mitre proponen demolerla y reemplazarla por otro monumento. ¨No se induce a creer que ninguna tradición se viola asladando las cenizas de la muerta pirámide al mausoleo que se le prepara setenta y cinco varas más al este¨, reflexiona Sarmiento. En abril de 1884 el Concejo Deliberante aprueba su demolición. En 1887 el Congreso sanciona una ley de construcción de un monumento para remplazarla. La pirámide no es demolida nunca, sino trasladada por el intendente Bullrich al centro de la Plaza y sus esculturas se encuentran hoy ubicadas frente a la Basilica de San Francisco.

   El obelisco (o “pirámide” hasta el siglo XIX) era una tipología que asimila las virtudes del cosmos a través de una perfecta homología con la estructura y métrica de su orden, símbolo de la igualdad del hombre frente a las leyes naturales. Para una nación funcionaba como sortilegio. Si se carecía de ellos había que traerlos de Egipto, como hacían los romanos, operación que garantizaba cierta certidumbre sobre su naturaleza. Si no, había que construirlos a partir del conocimiento del número que organizaba el cosmos, operación llena de discusiones, controversias y disputas. La importación era sencilla. El Obelisco de Luxor, hecho de un solo bloque de piedra  (de 72 pies de altura y 500.000 libras de peso) es ejecutado hacia el 1550 de C. En 1831 es arrastrado hasta el Nilo, embarcado en el ¨Luxor¨, nave especialmente construida para la ocasión remolcado por un vapor (el ¨Esfinge¨), que lo llevará a Francia, donde es exhibido en la Plaza de la Concorde.

 Kircher había sido la autoridad indiscutida sobre las significaciones de la lengua universal y el sistema del mundo que suponia representaban los obeliscos y sus jeroglíficos. Champollion los descifra hacia 1830. No encuentra ningun misterio rn su estructura gramatical; descubre unaple escritura fonética e ideográfica, hecho que lo decepciona. Telativizan las historias fantásticas creadas en torno de Egipto. J. Robert Mill se encontraba diseñando el Obelisco a Washington. Dentro de esa tradición, estaba ornamentado con jeroglíficos. Polémicas desatadas en torno al descubrimiento de Champollion lo deciden a  construirlo sin los jeroglificos. Se construye de 555 pies de altura, en mármol blanco. 

Originalmente culminaba en un piramidón de platino, retirado durante la segunda guerra mundial. Fue construido con discontinuidad entre 1848 y 1884.

  Kircher, Fishen Von Erlach, Piranesi soñaron a Egipto. Lo dibujaron de acuerdo con su fantasía; construyeron un Egipto imaginario, de acuerdo con relatos de viajeros y con la estética dominante de su época. Paranesi no podía imaginar un Egipto con arquitectura desnuda y la reconstruye ornamentada y orgánica. Atribuye la desnudez a los daños del paso del tiempo y a la abrasión de las arenas del desierto. Las teorías más extravagantes se generaron en torno de este tipo arquitectónico. Sir Isaac Newton creó un fantasma que con el tiempo se convirtió en teoría: que las pirámides se habían construido para representar una profecía en  piedra. John Taylor, matemático y astrónomo profundamente religioso, dijo en 1860 que habían sido construidas para registrar las dimensiones de la tierra y la extensión del año solar. Charles Piazzi Smyth astrónomo real de Escocia, dijo en 1880 que los constructores habían conocido el numero pi, ya que el área de la base de la pirámide, dividida por el doble de su altura, es de 3,14. Encontró relaciones que develaban el radio medio de la tierra, la distancia al sol, la circunferencia y superficie de la tierra. Tal vez son casuales, pero afirmaron la tradición que las pirámides y obeliscos hablaban del cosmos y de su medida.

El obelisco porteño, diseñado y construido bajo estas tradiciones, está en perfecta homología con el sistema cósmico neoplatónico y su métrica. El número de oro que acepta es 1829 (igual que el Modulor de Le Corbusier). Si se lo usa como exponente del número diez nos da su altura: 67,50 metros. Su sombra en el solsticio de invierno nos da un hectometro. Su modulación es equivalente a la modulación de las nueve esferas cósmicas. La inclinación del lado del piramidón apunta a la constelación de la Cruz del Sur a las 20 horas del Día de la Bandera. Su nacimicnto obstétrico es obra del arquitecto Alberto Prebisch, pero su génesis es el producto de esta genealogía mística y hermética, discutida a partir de la profanación de la Pirámide de Mayo. El 20 de setiembre de  1905, en la sesión de la Cámara de Diputados, se discute su realización para celebrar el Centenario. Se le construiría en la Plaza de Mayo, de piedra y de 162 metros de altura. La sugerencia rovenía del diputado Eliseo Cantón. Hasta su construcción definitiva, entre el 20 de marzo y el 16 de mayo de 1936, se discutieron innumerables propuestas hasta conciliar su métrica. Se lo inaugura el 23 de mayo de 1936, ubicado en el cruce de dos flamantes ¨grandes arterias¨, en el solar de la Iglesia de San Nicolás de Bari, donde se había izado por primera vez la bandera cional en Buenos Aires.

 Hubo desacuerdos sobre los materiales con que debía construirse. El piramidón debía ser metal ferroso extraído de un meteorito chaqueño. Un meteorito particia de las esferas celestiales de las que cayó. Con su sola presencia crea un entorno benéfico. Esas piedras condensan en sí mismas la fuerza divina. El resto debía ser revestido por placas graníticas negras de Córdoba. Esta innovación para el hemisferio austral fue desoída: fue construido con piedra clara de Olain, traida de Córdoba. Comentan que la armonía se vio rota por la intrusión de fuerzas no correspondientes. La noche del jueves 21 de mayo, dos días antes de su inauguración, se habían sobresaltado los porteños con un fugaz temblor de tierra que generó pánico en la ciudad. Tiempo después las placas de piedra se desprendieron. En 1939 el Concejo Deliberante vota su demolición invocando ¨razones de seguridad pública¨. Su demolición se evita mediante el veto del intendente. Durante la intendencia de Suárez Lastra alguien realiza una extraña operación volcar algún líquido rojo desde sus ventanas, generando manchas sobre el mismo de más de 16 metros. Quizás una operación de desencantamiento para conjurar alguna inexactitud constructiva. En un día apacible, el obelisco es meramente un monumento.

  (*) Carlos Hilger, arquitecto y profesor de la F ADU/UBA, está a cargo del area proyectual del Programa de Rehabilitación de la venida de Majo ( PRAM).

Desde arriba hacia abajo: Foto 1: Vista aérea de Obelisco de Buenos Aires; Foto 2: Obelisco egipcio dentro del British Museum (Foto Ximena Carreira); foto 2: Obelisco en la Plaza de la Concordia, París (foto Ximena Carreira).

                                        Volver portada principal

                                      Portada caminata urbana