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KOYAANISQATSI
La
naturaleza pérdida y el mundo moderno en un vertiginoso
documental de arte
Por
Carlos Brussain

A
comienzos de ladécada de los ochenta, Godfrey Reggio inició
un estilo singular en la realización del cine documental.
Ya no el documental informativo sostenido en entrevistas
o en la voz en off de un locutor. Por el contrario, aquí
nunca se escuchará la voz humana. El espectador presenciará
una multitud de vertiginosas imágenes sólo acompañadas por
la inspirada música minimalista de Philip Glass. Torrente
visual que expresa la oposición entre el arcaico, milenario,
mundo natural y el perturbador vértigo de la vida moderna.
Nuestro primer deseo es invitar al visitante de Temakel
a que atraviese su propia experiencia como espectador de
KOYAANISQATSI. Pero también le ofrecemos un estímulo, una
rica introducción al film propuesta por Carlos Brussain,
dibujante, colaborador de Temakel en el item de Mitología
ilustrada y ahora aquí, en Cine y Trascendencia.
El artículo exhibe numerosas fotografías que remiten a varios
momentos de la obra. Sobre el final, se incluye la opinión
del propio Reggio sobre su documental artístico: KOYAANISQATSI.
KOYAANISQATSI: salto visual y sonoro hacia una percepción
otra de la urbe moderna y la naturaleza pérdida.
KOYAANISQATSI
La
naturaleza pérdida y el mundo moderno en un vertiginoso
documental de arte
Por
Carlos Brussain
KOYAANISQATSI
es el
primer film de la trilogía QATSI. Es también el debut de
Godfrey Reggio como director y productor. Hasta este
2001 se realizaron KOYAANISQATSI y POWAQQATSI; la tercera
parte, NACOYQATSI, será producida en los próximos meses.
Del mismo autor también son las películas ANIMA MUNDI y
EVIDENCE, todas presentadas por IRE (Institute for Regional
Eductation, una fundación que se mantiene gracias a este
tipo de proyectos).
KOYAANISQATSI corresponde al género documental y fue realizada
entre 1975 y
1982. El film expone la colisión de dos mundos
diferentes. Por un lado la vida urbana y su tecnología,
y por el otro el
medio ambiente.
El título es una palabra hopi que en
una de sus acepciones significa "vida fuera de equilibrio",
pero también "vida loca", "vida en
turbulencia", "vida que lleva a la desintegración"
o un estado de vida que clama por otro modo de vivir";
significados todos que se ajustan a una descripción perfecta
del mundo moderno.
KOYAANISQATSI posee una particularidad:
carece completamente de palabras. Quizás esto se relacione
con el hecho de que Godfrey Reggio vivió 14 años en silencio
y plegaria cuando estudiaba para ser monje. Pero la ausencia
de las palabras no limita su arte. La película prescinde
totalmente de ellas y se despliega como una selección aguda
de imágenes, fotografiadas por el ojo sensible de Ron Fricke,
que también junto a Alton Walpole realiza una edición precisa
y compuesta al son de la música de Philip Glass. Todos estos
elementos producen una alquimia que embarca al espectador
en un viaje hacia la locura del mundo contemporáneo y hacia
su propio mundo interior.
EL
VIAJE
Al
comienzo del film irrumpen escenas de la naturaleza: cielos,
nubes, cerros, ríos, aves, grutas, mostradas con un ritmo
sereno, acorde al mundo natural exhibido. Pero, pronto,
este clima calmo cede el lugar a la ruptura del equilibrio.
Los reactores de un cohete producen una lluvia de cenizas,
lluvia que para los hopis era una señal clara del comienzo
del fin del
mundo. "Podría ser que algún día sea arrojado del cielo
un receptáculo de cenizas que queme la tierra y evapore
los océanos", vaticina una de sus profecías.
Luego la tormenta de imágenes mostrará ciudades
grises, fábricas vomitando vapores oscuros. Otra profecía
hopi asegura: "Excavar riquezas de la tierra es cotejar
al desastre". Y otra: "Al acercarse el día
de la purificación, la Abuela Araña tejerá hilos de un extremo
al otro del cielo"; pero esta vez, quizás, no
será la Abuela Araña la que teja los hilos, sino el hombre
moderno, que levantará sus torres, sus "araña"
de hierro, tendiendo cables entre torre y torre.
En el film, los ojos del espectador son invadidos por dinámicas
secuencias donde se suceden gente acostada en la playa
con sus hijos jugando en la arena a escasos pasos de una
central atómica; portaaviones que recitan en su pista: E=mc2;
tanques que avanzan hacia ninguna parte;
cazabombarderos; fundiciones; aviones espía; explosiones
nucleares; aeropuertos; excavaciones; calles atestadas de
rostros perdidos... Pero Reggio no se reduce a transmitir
"postales" que ilustran el vértigo moderno. Va
aún más allá y continúa mostrando imágenes de ghettos, miseria,
violencia social, desempleo, monoblocks inmensos demolidos
brutalmente por explosiones calculadas, basurales, pobreza,
y los contrapone con imágenes de aviones jumbo, que hablan
en sí mismos de un "estilo de vida". También muestra
gigantes de hierro y concreto que desafían al cielo, reflejando
en sus cristales un cielo que parece cada vez más lejano
para los hombres que pueblan las ciudades debajo. Asimismo
despuntan en la pantalla: playas enteras de autos recién
fabricados contra gente durmiendo en las calles. Rostros
de gente alienada en las veredas. Casinos. Terminales inundadas
por un mar de personas. Publicidades que prometen rellenar
los abismos interiores con cigarrillos, salchichas o automóviles.
Las fábricas de alimentos trabajan día y noche para satisfacer
al hambriento monstruo de millones de bocas. Conteos de
billetes por máquinas automáticas. Circuitos que se funden
con la visión ascendente de una cámara que toma la ciudad
vista desde el cielo. Gente que camina apresurada. Cadenas
de montaje sin fin. Fiambres. Panes. Restaurantes de comida
rápida. Personas trabajando de noche en oficinas que no
apagan sus luces jamás. Escaleras mecánicas que nunca llevan
al cielo. Brazos robot. Bowlings. Autopistas con luces de
colores que desfilan por siempre. Hombres cegados que juegan
videojuegos con bebés en sus brazos y sus hijos imitan sus
"enseñanzas" a un lado.
Y la luna en
el cielo.
Y la luna sigue en el cielo.
Y la luna sigue en el cielo vista por nadie. Olvidada por
aquellos que no pueden mirar más que su propio ombligo.
¿Cuánto tiempo pasó ya desde que el hombre olvidó los ciclos
de la naturaleza? Naturaleza de la que el también forma
parte, aunque insista en darle la espalda.
Si alguien se detiene a pensar, hace sólo 200 años atrás
los aborígenes norteamericanos todavía poblaban dignamente
esas tierras que hoy sirven de base a plantas de explotación
petrolera. Indígenas que visitaban grutas sagradas que hoy
son minas; que habitaban praderas que hoy son hoteles,
negocios, casas de juego, algunas incluso manejadas por
indígenas, ¿es posible acaso pensar una paradoja peor? Los
hermanos de la tierra y del cielo, de las praderas, del
bisonte, del
desierto, de las nubes, del sol y de la luna, degradados
también a este juego alienante de la vida moderna.
Paradojas. Y una imagen que nos invade con frecuencia: la
de la Abuela Araña que se aproxima a nuestro tiempo, a nuestro
mundo, para extender sus hilos de un extremo al otro del
cielo. (*)

(*)
Fuente: Carlos
Brussain,"Koyaanisqatsi.La naturaleza pérdida
y el mundo moderno en un vertiginoso documental de arte",
editado aquí de manera orginal.
KOYAANISQATSI
DESDE LA VISIÓN DE SU REALIZADOR, GODFREY REGGIO
"¡Koyaanisqatsi
intenta revelar la belleza de la bestia! Generalmente
percibimos nuestro mundo, nuestro estilo de vida, como algo
tan hermoso
porque no hay otra cosa que percibir. Si uno vive en este
mundo, el mundo
globalizado de la alta tecnología, lo único que uno podrá
ver es un colchón de comodidad sobre otro. En nuestro mundo
lo "original" es la proliferación de lo estandarizado.
Las copias son copias de copias. Parece no haber habilidad
para ver más allá, para ver que nos encapsulamos en un ambiente
artificial que reemplazó al original, a la naturaleza misma.
Nosotros no vivimos ya con la naturaleza. Vivimos sobre
ella. Fuera de ella. La naturaleza se ha convertido en un
recurso para solventar la existencia artificial de
la urbe.
Habiendo dicho eso, mi intención, en otras palabras, es
describir el gran cuadro.
Koyaanisqatsi no es mucho sobre nada, ni siquiera tiene
un sentido específico o valioso. Koyaanisqatsi es después
de todo un objeto animado, un objeto en tiempo, en movimiento.
El sentido lo encontrará el espectador. El arte no tiene
un sentido intrínseco. Ese es su poder, su misterio y de
ahí su atracción. El arte es libre. Estimula al espectador
a insertarle su propio significado, su propio valor. Así,
cualquier sentido o valor en Koyaanisqatsi puede proceder
exclusivamente del receptor. El sentido del film es provocar
preguntas que sólo la audiencia puede contestar. Este es
el único valor de una obra de arte: no un sentido predeterminado,
sino un sentido
adquirido en la experiencia del que va a su encuentro. El
receptor es mi interés, no el sentido. Si el sentido es
el objetivo, entonces la propaganda y la publicidad es la
forma. Así que en el sentido del arte, el significado de
Koyaanisqatsi es cualquiera que tú desees encontrarle. Ese
es su poder."
Godfrey Reggio
Ilustraciones del film (desde
arriba hacia abajo): 1: Primer paisaje de la urbe moderna: el
tráfico automotor, un peatón y el avión, que proyecta el tránsito
humano hacia el cielo: 2: la imagen de un
sorprendido habitante anónimo de la ciudad; 3:
primer gif animado con combinaciones de imágenes del mundo urbano
moderno y la naturaleza; 4: coexistencia de
dos mundos: la luna, antigua, y el edificio, montaña contemporánea de
vidrio y cemento; 5: segundo gif animado; 6:
un lugar solitario del mundo natural que existe paralelamente al
vértigo de las grandes ciudades; 7: tercer
gif animado; 8: primer momento de KOYAANISQATSI
para ampliar: las nubes, versátiles, libres que,
en el film, son presentadas en veloz torrente; 9:
derrumbamiento de un edificio por demolición; metáfora quizá de la
fragilidad generalmente olvidada de la ciudad; 10:
sucesión de pozos petrolíferos; 11: el
mar, vivaz, que, henchido de plenitud, se eriza de olas mientras las
vastas ciudades desarrollan su vida sin naturaleza.
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