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Mariana Bidart, la arquitecta autora del artículo e impulsora de la arquitectura ecológica.
Mediante un clik se pueden ampliar las siguientes fotografías El barco Solar. Se trata de
una
experiencia que ya se ha repetido con
"La casa de adobe", casa que
está construyendo la arquitecta Marina Bidart en el valle de
Casa de fardos,
enteramente construida con fardos de paja y
"La casa ecológica en
Europa", es una casa construida en
"Casa Cob". Casa en
construcción en Navarro, Provincia de Buenos |
Hacia una arquitectura ecológica
“Cuando
tenemos presente nuestra conexión con la tierra, con el ciclo, con la
vida, nos sentimos parte de todo cuanto nos rodea” Margo Adair. Vivimos
en una época en la cual, más que en otras, existe la inquietud por el
bienestar humano y planetario. Esta tendencia se manifiesta desde
diferentes ámbitos: en la medicina, en la alimentación, en la
agricultura, en las psicoterapias, en la educación, etc.,
e incipientemente en la arquitectura. La
arquitectura comienza también a querer formar parte de esta conciencia,
diseñando y construyendo en contacto más estrecho con la Tierra y con
nosotros mismos. Si
pensamos en el universo como una serie de fenómenos interconectados,
entonces cada una de nuestras acciones, aún la más pequeña, repercute
en lo demás. De la misma forma, la construcción de un edificio resulta
una interrelación con el entorno y con el ser humano. Tradicionalmente
un edificio se concibe de acuerdo a una función, una técnica y a ciertos
preceptos estéticos. Se inserta el objeto en un determinado contexto,
algunas veces teniéndolo en cuenta y la mayoría de ellas como algo autónomo,
sin ningún lazo. La
física cuántica ha demostrado cómo la
visión mecanicista del mundo y las especializaciones inconexas de
la ciencia moderna son destructivas. Pensar cada unidad aislada de la otra
nos lleva a la fragmentación que existe en todos los ordenes de la vida.
Si por el contrario consideramos nuestro modo de vida y el entorno en que
vivimos como una parte global del ecosistema, ya no sólo los humanos,
sino los humanos junto con las plantas, los animales, etc., veremos que
somos parte de toda una red entrelazada de diferentes ecosistemas,
interactivos, interdependientes, regenerativos y sostenibles. Todos
los procesos que se encuentran involucrados en ellos son parte de un eco
ciclo, en el cual los deshechos de un componente se convierten en materia
prima para el siguiente; ciclos que a su vez se conectan con los ciclos
globales de la energía, el aire y el agua. Se trata de una intrincada
red, donde todo ser de la naturaleza está interrelacionado: un cambio en
una parte puede afectar al sistema en cualquier lugar, incluso a la
distancia. Tomar
verdadera conciencia de que somos parte de un ecosistema general y que
cada acción y pensamiento nuestro repercute en el afuera, nos hace
responsables en nuestro accionar hacia nosotros mismos, hacia los otros y
hacia el planeta. Pensar
en una arquitectura profundamente ecológica, es pensar el edificio como
un organismo vivo interactuando en un determinado ecosistema. Por ejemplo:
una persona ingiere alimentos
y elimina sus desechos, inhala oxigeno y exhala anhídrido carbónico. Si
entendemos a la arquitectura como un organismo vivo, vemos que: necesita
materiales para su construcción que generan un impacto ambiental; consume
agua y elimina aguas grises y negras; toma aire exterior y despide aire
viciado; necesita energía: eléctrica, gas, carbón, leña y petróleo, y
elimina calor, radiación electromagnética, ruido y contaminación. Estos
son los componentes del ciclo
energético de una casa. Evaluar el impacto de cada uno de ellos y diseñarla
de tal modo que los ciclos se
autorregulen en armonía con los ciclos de la naturaleza,
es nuestro desafío. Al
igual que la medicina integral que pone el énfasis en equilibrar todo el
cuerpo, en lugar de curar los síntomas, pensamos que un edificio tiene
que ser parte de esta misma propuesta,
generando una nueva visión arquitectónica. ¿Qué
es entonces una arquitectura ecológica? Es
aquella que establece una interrelación armoniosa con la Naturaleza y con
el Hombre. Con
la Naturaleza : -
Integrándose al ecosistema local: haciendo uso de los materiales y
técnicas locales y aprovechando todas las condiciones favorables del
clima y la geografía para lograr confort en forma natural. -
Ahorrando energía: haciendo
uso de energías renovables y cuando sea necesario
recurrir a las no renovables, en la forma que implique menos
derroche. -
Reciclando los excedentes: para
que el edificio cierre su ciclo, no en forma lineal sino circular
(previamente adoptando una forma de vida para que dichos excedentes
sean los mínimos: de qué vale un tratamiento de aguas grises, si consumo
por ejemplo toda una variedad de productos de limpieza por el afán
moderno de brillo y “pulcritud”).
-
Construyendo con materiales con baja “energía incorporada”:
con esto nos referimos a un valor, de referencia, que se le asigna a un
determinado producto. Este valor nos demuestra cuánta energía
“incorpora” en el proceso de extracción, procesamiento,
manufacturación y transporte. Las sociedades industriales han
creado justamente una extensa red de canales, donde cada proceso es
autónomo uno del otro. A esto se lo llama desarrollo. Sin embargo es un
modo de producción altamente contaminante y de un tremendo derroche de
energía. Cada vez somos más ajenos de todo el proceso que recibió ese
producto terminado que recibimos en casa, poco podemos saber de su
calidad, y de las implicancias de cada una de sus etapas. La
nueva relación con el ser humano es pensar al edificio no sólo como
respuesta a una función y a una estética particular, sino que además
sea un hábitat tanto para la
salud del cuerpo como para el
espíritu. Hablamos
ahora de una arquitectura en relación armoniosa con el hombre. Una
construcción pensada como un organismo vivo que respeta las leyes
naturales, será por ende un edificio sano para el hombre. Lo mismo sucede
cuando cultivamos vegetales en forma orgánica, no sólo estamos
respetando a la Tierra sino que no intoxicamos nuestro cuerpo con productos químicos. Un
edificio sano es aquel que está libre de elementos tóxicos, y además es
flexible y posee los recursos necesarios para responder a las agresiones
como a las oportunidades. Del mismo modo que un cuerpo saludable
es el que está ausente de enfermedades y también es dinámico,
tiene vitalidad. Tomemos
por ejemplo un muro, por un
lado es el límite del afuera y del adentro, y por el otro, regula la
humedad, la evaporación, el paso del calor y del frío: es un elemento
vivo, que “respira”. Si
nuestra segunda piel son las ropas con que nos cubrimos , la tercera son
estos muros. Y así como elegimos telas y lanas naturales, libres de sintéticos,
de la misma forma, al construir esta tercera piel con materiales naturales
porosos, sin productos sintéticos o químicos, otorgamos a nuestro hábitat
una calidad superior: un
clima sano y “vivo”. Uno
de los grandes problemas actualmente en la construcción es la cantidad de
productos tóxicos que se utilizan : formaldehídos, pegamentos, pinturas
sintéticas, espumas
aislantes, materiales plásticos, barreras de vapor,
son algunos de los que
despiden al ambiente vapores nocivos a nuestra salud. Esto se agrava con
los edificios herméticos debido a los sistemas mecánicos de
acondicionamiento del aire y las superficies y aberturas cada vez más
impermeables. Estos gases y vapores quedan
concentrados en el ambiente provocando
a largo plazo enfermedades como alergias e infecciones en sus
habitantes. Una
arquitectura para el espíritu crea belleza a través de espacios, formas,
luces, texturas, colores, sonidos y aromas, en íntima relación con las
personas que habitan el edificio y las funciones que desarrollen, para
hacerlos participes de un espacio gratificante. La
belleza es de enorme poder curativo. Rodearnos de un entorno hermoso, en
unión con la naturaleza, crea en nosotros un tipo de vivencia
‘vivificadora”, al contrario de lo que podemos sentir en uno de los típicos
edificios anónimos, en los cuales la mayoría de nosotros nos hemos
acostumbrado a vivir.
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(1) MARIANA BIDART,
la autora de esta propuesta de arquitectura ecológica se presenta en las
siguientes líneas. Para quienes quieran ponerse en contacto con ella, su
e-mail es:
ecoarqui@yahoo.com Estudié arquitectura en la
Universidad de Buenos Aires. Mientras
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© Temakel. Por Esteban Ierardo