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              EL ARBOL EN LA PINTURA

   El árbol: vegetal símbolo ancestral. Entre sus ramas, troncos y raíces se expande el licor de la vida y el misterio de su renovación en cada fervor primaveral. En este momento de Temakel  expondremos la gracia y la majestad de los árboles recreados por el ojo y el pincel de artistas de diversas épocas y culturas. Podremos apreciar representaciones de lo arbóreo desde los indios navajo y la pintura musulmana hasta obras de Condestable, Renoir o Paul Klee. Para acompañar el ritmo visual de las pinturas no he elegido un texto sobre crítica del arte sino una exposición sobre el árbol como símbolo del poder vital por parte de Mircea Eliade, uno de los más importantes historiadores de las religiones del siglo XX. 

    En su orden de sucesión, de arriba hacia abajo, las obras que presentamos son 1: ¨El carro de heno¨(fragmento),  de John Constable (1776-1837), el gran paisajista inglés; 2:  ¨Paisaje de la isla Rügen¨ de Caspar David Friedrich, el emblemático pintor romántico del siglo XlX; 3: ¨El árbol de la vida¨, pintura sobre arena de los indios navajo de Nuevo México. En la pintura, una planta de maíz es recorrida por un sendero de polem y custodiada por espíritus guardianes femeninos; 4:  ¨Los cipreses de Cagnes¨, de Paul  Signac (1863-1935), maestro francés del neoimpresionismo y continuador de la técnica pictórica del puntillismo iniciada por Seraut; 5: ¨El abrevadero¨, de Theodore Rousseau (1812-1867), pintor francés consagrado a la plasmación de numerosos paisajes; 6: ¨El árbol de Mahoma¨, obra de Miraj-nameh, pintor turco del siglo XV, en la que el iniciador del Islam aparece representado como un árbol de rubíes, zafiros y esmeraldas; acaso un equivalente del árbol Turga que se eleva en el centro del paraíso musulmán; 7: ¨Paisaje cerca de Menton¨(fragmento), de Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), el pintor galo pionero del impresionismo; 8: ¨Paisaje¨(detalle), de Paul Klee  (1879-1940), el gran pintor suizo al cual ya le hemos dedicado un espacio en Temakel;  9: ¨El árbol rojo¨(detalle), de Odilon Redon (1840-1916), grabador y pintor francés, importante representante del simbolismo; 10: ¨Sueños del atardecer¨, de René Magritte (1898-1967), el célebre surrealista belga; y 11: ¨El árbol del paraíso¨, de Seraphine Louis. 

    Arboles que dialogan con los vientos, y con las luces diurnas y nocturnas. Arboles que sudan los colores de la Diosa Tierra. Arboles que también relumbran en los lienzos del artista humano.

                                                                                                                   Esteban Ierardo

EL SIMBOLISMO DEL ÁRBOL

Por Mircea Eliade

fotopinturaarbol1.jpg (75787 bytes)...Para la experiencia religiosa arcaica, el árbol (o más bien ciertos árboles) representa un poder. Hay que añadir que este poder se debe tanto al árbol en cuanto tal como a sus implicaciones cosmológicas. Para la mentalidad arcaica, la naturaleza y el símbolo coexisten. Un árbol se impone a la conciencia religiosa por su propia sustancia y por su forma, pero esa sustancia y esa forma deben su valor al hecho de que se han impuesto a la conciencia religiosa, que han sido ¨escogidas¨, es decir que se han ¨revelado¨...No se puede hablar propiamente de un ¨culto del árbol¨. Nunca ha sido adorado un árbol nada más que por sí mismo, sino siempre por lo que a través de él se ¨revela¨, por lo que implicaba y significaba. fotopinturaarbol2.jpg (84831 bytes)Estudiando las representaciones del ¨ árbol sagrado ¨ en Mesopotamia y en Elam, Nell Parrot escribe: ¨No hay culto del árbol mismo; bajo esa figuración se esconde siempre una entidad espiritual¨. 

Así -y regresamos con esto a las intuiciones primeras de la sacralidad de la vegetación-, es en virtud de su poder, es en virtud de lo que manifiesta (y que lo sobrepasa), como el árbol se convierte en objeto religioso. Pero este poder, a su vez es validado por una ontología: si el árbol está cargado de fuerzas sagradas, es que es vertical, que crece, que pierde sus hojas y las recupera, que por consiguiente se regenera (¨muere¨ y ¨resucita¨) innumerables veces, que tiene látex, etc. Todas estas validaciones tienen su origen en la simple contemplación mística del árbol en cuanto ¨forma¨ y modalidad biológicas. Pero sólo después de su subordinación a un prototipo -cuya forma no es necesariamente de orden vegetal- adquiere el árbol sagrado su verdadera validez. Es en virtud de su poder, dicho de otra manera: es porque manifiesta una realidad extra­humana como un árbol se hace sagrado. Por su simple presencia (¨el poder¨) y por su leyfotoarbolpinturaa.jpg (492534 bytes) propia de evolución (la ¨regeneración¨), el árbol repite lo que para la experiencia arcaica  es el cosmos entero. El árbol puede sin duda convertirse  en un símbolo del universo, forma bajo la cual lo encontramos en las civilizaciones evolucionadas. Pero para una conciencia religiosa arcaica el árbol es el universo, y es el universo porque lo repite y lo resume al mismo tiempo que lo ¨simboliza¨. Unicamente queremos poner de manifiesto que si el todo existe en el interior de cada fragmento significativo, no es porque la ley de la ¨participación¨(especialmente tal como la comprendía Lévy-Bruhl) sea verdadera, sino porque todo fragmento significativo repite el todo.fotopinturaarbol5.jpg (72900 bytes) Un árbol se hace sagrado, sin dejar por ello de ser árbol, en virtud del poder que manifiesta; y si se convierte en árbol cósmico, es que lo que manifiesta repite en todo punto lo que manifiesta el cosmos.

     Los más arcaicos ¨lugares sagrados¨ de que tenemos conocimiento constituyen un fotopinturaarbol3.jpg (69591 bytes) microcosmos: paisaje de piedras, de aguas y de árboles. El centro totémico australiano se encuentra frecuentemente situado en un conjunto sagrado de árboles y de piedras. El tríptico árbol-altar-piedra en los ¨lugares sagrados¨ primitivos del Asia oriental y de la India.

      El binomio cultual piedra-árbol está presente también en otras áreas arcaicas. En la civilización pre-india de Mohenjo-Daro tales lugares sagrados se encontraban por todas partes en la India en los tiempos de la predicación de Buda. Los textos pali mencionan a menudo la piedra o el altar situados fotoarbolpinturab.jpg (1731833 bytes) al lado de un árbol sagrado, y que constituían la osamenta de los cultos populares de las divinidades de la fertilidad. Esta antiquísima asociación de la piedra y el árbol fue aceptada y asumida por el budismo...  El valor religioso de los lugares sagrados arcaicos no pudo ser quebrantado ni por el budismo ni fotopinturaarbol4.jpg (73686 bytes) por el hinduismo.

     La misma continuidad puede observarse en Grecia y en el mundo semítico. Desde los tiempos minoicos y hasta el crepúsculo del helenismo, se encuentra siempre el árbol cultual al lado de una roca.fotopinturaarbol8.jpg (47648 bytes) Con frecuencia, el santuario arcaico semítico estaba constituido por un árbol o un betilo. El árbol o el ashera (tronco descortezado que sustituye al árbol verde) quedó solo más tarde al lado del altar. Los lugares de ofrendas de los cananeos y de los hebreos estaban situados ¨sobre toda colina elevada y bajo todo árbol verdeante” (Jeremías, 2, 20; cf. 3, 6). El mismo profeta recuerda ¨el pecado de los hombres de Judá¨, los altares y las ¨imágenes de Astarté que alzaron junto a los árbolesfotopinturaarbol6.jpg (53697 bytes) verdeantes y sobre las altas colinas¨ (Jeremías, 17, 1-13). El poste reforzaba, gracias a su verticalidad y a su sustancia, la sacralidad del árbol. La inscripción -sólo en parte descifrada- que se encuentra en el monumento arcaico sumerio llamado ¨el personaje de las plumas¨, dice: ¨Ennamaz colocó los ladrillos con firmeza; una vez terminada la morada principesca colocó junto a ella un gran árbol; cerca del árbol plantó un poste.”

    El lugar ¨sagrado¨ es un microcosmos, porque repite el paisaje cósmico; porque es un reflejo del todo. El altar y el templo (o el monumento funerario o el palacio), que son transformaciones ulteriores del ¨lugar sagrado¨ primitvo, son también microcosmos, porque son centros del mundo, porque se encuentran en el corazón mismo del universo y constituyen una imago mundi. La idea  de centro, de realidad fotopinturaarbol9.jpg (58114 bytes)absoluta-absoluta por ser receptáculo de lo sagrado- está implicada incluso en las concepciones más elementales del ¨lugar sagrado¨, concepciones en las cuales nunca falta el árbol sagrado. La piedra representaba la realidad por excelencia: la indestructibilidad y la duración; el árbol con su regeneración periódica manifestada el poder sagrado en el orden de la vida. Con el tiempo, el ¨paisaje microcósmico¨ se redujo a uno solo de sus elementos constitutivos, al más importante: al árbol o al pilar sagrado. El árbol acabó por expresar por sí solo el cosmos, incorporando, bajo una forma aparentemente estática, la ¨fuerza¨ de éste, su vida y su capacidad de renovación periódica. (*)

(*) Extraído de Mircea Eliade, Tratado de Historia de las religiones, México, Biblioteca Era, pp.244-248.   

                                                                  fotopinturaarbol10.jpg (98105 bytes)

             PINTURAS (DESDE ARRIBA HACIA ABAJO): 1: John Constable,  ¨El carro de heno¨, fragmento. 2: Caspar David Friedrich, ¨Paisaje de la isla Rügen¨; 3: ¨El árbol de la vida¨, pintura en arena de los navajos;  4: Signac, ¨Los cipreses de Cagnes¨ (Puntillismo);  5: T.Rousseau, ¨El abrevadero¨;  6: ¨El árbol de Mahoma¨, pintura del turco Miraj-nameh, del siglo XlV;  7:  Renoir, ¨Paisaje cerca de Menton¨, fragmento 8: Paul Klee, ¨Paisaje¨, detalle;  9: Odilon Redon, ¨El árbol rojo¨, detalle;  10: René Magritte, ¨Sueños del atardecer¨, 11: Seraphine Louis ¨El árbol del paraíso¨. 

       

                                                   

 © Temakel. Por Esteban Ierardo