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EN LA ANTÁRTIDA CON EL ROMPEHIELOS IRIZAR

Texto y fotos Manuel Vetrone 

 


Una de las imágenes obtenidas por Manuel Vetrone durante su viaje a la Antártida Argentina en el Rompehielos Almirante Irizar. Un iceberg meditabundo bajo el grisáceo y misterioso manto  de las nubes. 

 

 

   La Antártida siempre late en su aire ancestral de blancura y misterio. Es la región salvaje, aún poco explorada. Distante e indiferente a la arrogancia humana. Su viento, su nieve, sus aguas de de verde y azul, destilan ecos de antigüedad y áspera vitalidad. Manuel Vetrone, es un fotógrafo y periodista argentino, eficaz y activo difusor de temáticas culturales y reflexivas desde su programa en FM  Palermo, "Conciente colectivo", en la ciudad de Bueno Aires. En los últimos años realizó varios viajes a la Antártida Argentina en el Rompehielos Almirante Irizar. Su sensibilidad fotográfica, junto al fascinante magnetismo del paisaje, le permitió encontrarse con imágenes donde palpita un fuerza indefinible. La rara belleza de la tierra antártica. En este momento de la Argentina Invisible, les presentamos varias de las imágenes retenidas en el fotograma por Vetrone y un texto donde exalta el valor cultural de la vastedad antártica. Que nos enseña nuestra pequeñez y la necesidad de volver a cultivarnos a través de la contemplación de la belleza y poder de la naturaleza. 

 Esteban Ierardo

 

 

EN LA ANTÁRTIDA CON EL ROMPEHIELOS IRIZAR

Texto y fotos Manuel Vetrone 

 

    En estos tiempos donde pareciera que el hombre es amo absoluto de la naturaleza, pocas sensaciones lo devuelven a su insignificante realidad, el viajar por el antártico desierto de hielo es una de ellas.

  Tuve la oportunidad de hacer varios viajes a bordo del Rompehielos de la Armada Almirante Irizar. En la escalera que comunica las cubiertas del buque, veo un grabado de Irizar quien, con el grado de Teniente de Navío, al mando de la Corbeta Uruguay, ingresó un 3 de diciembre de 1903 triunfante al puerto de Buenos Aires acompañado del Investigador Otto Nordenskjöld y la tripulación del " Antartic" buque de investigación Sueco que fuera destruido por los hielos, operación de rescate que tuvo amplia repercusión internacional.

 

 

   El Irizar navega rumbo al sur, una semana después, el pasaje de Drake y los primeros "tabulares", témpanos de diferentes tamaños desprendidos de las enormes barreras de hielo. Esta verdadera "ciudad" flotante transporta hombres, víveres y equipos para las 6 bases permanentes y 7 temporarias que están diseminadas por la Antártida desde Orcadas a los 60 grados 44 minutos de latitud sur hasta Belgrano II a los 77 grados. Personal científico argentino y extranjero hacen que las conversaciones sean interminables abarcando biología, oceanografía, geodesia, astrofísica y otras. Desde el puente de mando Beatriz Lorenzo, glacióloga, da instrucciones sobre que rumbo seguir allí donde el campo de hielo presenta fisuras y es más débil.

 

 

  A medida que navega los días se van haciendo más largos hasta que en un momento el sol nunca se pondrá, extraña sensación, estar en el fin del mundo en la soledad del buque viendo el sol y la luna juntos, comenzando ya a extrañar. (*)

 

 

(*) Texto e imágenes de Manuel Vetrone, especialmente enviadas para su edición aquí. Todas las fotos, la de la portada y las demás para ampliar, fueron obtenidas durante varios de sus viajes al continente blanco en el rompehielos argentino Almirante Irizar.

 

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo