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LAS TRAMAS DE UNA HISTORIA

Jesús Casimiro, un joven tejedor salteño

                                                                  Entrevista por Andrés Manrique                   

 

 

"Sicuris", un tejido de Jesús Casamiro concebido bajo un estilo de cubismo con relieve. Rescto a la obra dice su autor: "...Porque nosotros no conocíamos lo que eran estas bandas, hasta eso se perdió. Nosotros la conocimos por un boliviano que llevó unas quenas para vender. Y cuando me fui a Jujuy me llamó mucho la atención la banda de sicuris".

 

    En este espacio de la "Argentina Invisible" accedemos al arte mediante otro plano. Enlazados al telar de Jesús Casimiro, joven tejedor salteño, abordamos la geografía puneña, observamos algunas de las actividades agrícola-ganaderas y nos deleitamos con las manifestaciones culturales autóctonas que el artista muestra en sus tapices.

Jesús, hombre de maneras sencillas, cuenta retazos de sus 34 años de vida y con el brillo del entusiasmo, entreabre sus telares como ventanas hacia el pasado (presente de la Puna) que funden actualidad y tradición. Nos hace pasar a su taller y habla, bajo el calor de los colores, sobre el proceso de creación que va realizándose a medida que urde sus hilos, eso que él denomina: proceso mágico.

Y, a través de sus palabras, conocemos el transcurso, las complejidades y maravillas que depara una expresión artística no muy conocida: el telar.

 

El tejedor de los Valles

"el poncho lo envuelve como una atmósfera aisladora.

De la prenda hacia fuera, el mundo infinito y complejo;

y poncho adentro, el universo animando los sentimientos

del hombre frente a la noche abierta.

Los ocasos andinos tejen una trama pictórica (...)

no está solamente el hilo (...) Está la tierra callada y grávida,

están los sueños y la rebeldía del hijo de la tierra;

está el adiós del que nunca volvió;

está la vida otoñal quejándose con aire de leyenda,

y está el amor (...) en un sereno esperar..."

Atahualpa Yupanqui, Aires Indios, "El Poncho"

 

    Jesús Casimiro (16/11/68), tejedor salteño de los Valles Calchaquíes, recibe a sus alumnos y visitas en su taller ubicado en la Casa de la Provincia de Salta.

Nos da la bienvenida con una sonrisa llena de dientes a pocos pasos del gran telar, gigantesco bastidor que ocupa uno de los rincones del salón del primer piso de la sede. La sala es amplia y una mesa que se estira paralela a la pared sostiene los pequeños telares de sus alumnos a medio trabajar. Sobre unos estantes, caleidoscópicos ovillos esperan ser tramados por sus manos o por las de algún aprendiz.

Jesús trama su historia yendo y viniendo como las ráfagas de viento que cruzan sus tapices. Ahora, dejamos que sus palabras urdan el modo en que el azar le acercó lo que vivió al principio como un "trabajo más", un medio de subsistencia que con los años, sin sospecharlo, se convirtió en su forma -y color- de vida: el arte del tapiz.

Inicios

Yo empecé por falta de laburo alrededor del ´86. Solamente había hecho lo que es primaria, porque el secundario lo estaba haciendo cuando empecé con esto en Luracatao (Salta- Dpto. De Molinos), donde nací. Es un lugar muy árido, una zona de valles cerca de los Calchaquíes, donde la gente vive de la cosecha, no para la venta, sino para abastecerse. Ahí hacen Barragán, poncho y tejidos utilitarios: frazadas, mantas, abrigo, pero nunca un trabajo así, fuera de la figura, buscando un poco... -duda sin terminar la frase, la humildad no le permite referirse a lo que hace como arte y se dispersa-. Es difícil porque allá no tenés las técnicas adecuadas, pero un vecino que había formado una asociación con una señora de Salta capital me preguntó si quería aprender. Le dije que no tenía idea, notaba que era difícil aprender porque había visto a tejedores que hacen el Barragán, un tipo de tejido complejo que se trabaja con cuatro telares y una técnica en la que urdimbre y trama son de lana, por eso queda espeso e impermeable.

Y bueno, una tarde este amigo vino con algo de lana, armamos el telar y ahí empecé. Me enseñó lo más básico. Fue una clase de una hora, dos. Después de ahí... es como cuando vos tenes que hacer la parte de electricidad y no vas a la escuela, pero tenes los elementos y buen, es lo mismo. Me dio todos los elementos: un telar con todo así que entré directamente trabajando.

Yo creo que aprendí más de los hombres del pasado que han pintado, porque desde que en el taller comercial de Salta capital hacíamos telares con arte rupestre para vender, me interesé mucho por la forma y el color. Ese fue el paso para ir a lo abstracto A partir de ahí, sentí que tenía sensibilidad para ver otra cosa, o que me interesaba otra cosa. Entonces, empecé a mirar libros de arte y si con Picasso que me impactó muchísimo (Ver "Sikuris"). Por eso tengo una línea medio cubista en una etapa. Después volví a lo figurativo pero ya desde otra óptica, llevándole más imaginación. Porque en los talleres, alrededor del ´89, hacíamos paisajes para vender, no para exponer. Era una cuestión comercial, porque en el lugar donde vivía el acceso a las cosas era difícil, sólo teníamos el manual Peuser. Para la época en que yo aprendí (por el ´86), desde mi pueblo salía un camión a Salta capital, una, a lo sumo dos veces al mes. Era de un tipo que trabajaba en la finca y algunos conocían la ciudad por él.

Cuando empecé a trabajar en los talleres, entre el ´89 y el ´91, no sabía que con esto se podía hacer tanto. Era un trabajo más: ibas, laburabas y después cobrabas y listo. Después, el taller se fue a quiebra y por ser socio me correspondía un telar. Y buen, empecé a trabajar por mi cuenta. Aún lo hacía todavía sin saber lo que quería, porque era un trabajo cómodo, en casa -sonríe, descubriendo sus dientazos- bajo techo. Es que en Salta la mayoría trabaja en construcción, trabajos pesados. En principio me incliné hacia esto por comodidad, pero después vi que iban saliendo cosas que me invitaban a conocer otras.

En el ´94, se formó una cooperativa de artesanos de distintos rubros, un paso muy bueno. La gente que la formaba nos mostró cómo había que vender, cómo hacer una factura, el trato con la gente, porque nosotros no sabíamos cómo se hacía, cómo entablar contacto, por la geografía tan apartada en la que se vive allá. En ese momento conocimos un tipo de artesanía más industrial. Entonces, se dio la discusión de los que trabajaban en máquina, que yo no estoy en contra pero me cuesta aceptar una obra artística hecha con máquina o con computadora, lo que no quiere decir que no pueda salir algo. Pero a mi me pasa eso, porque yo trabajo de manera artesanal. Está bien, porque cada uno tiene un medio de reflejar lo que le pasa, pero entre la mano y la máquina hay mucha diferencia, creo que la máquina no ha reemplazado el condimento que le ponés a cada momento en que estás haciendo un trabajo. Además, manualmente, podés emplear materiales que una máquina no tolera, como la incorporación de elementos. Por otra parte, la máquina está reemplazando el tejido Pampa, los Aguayos y modelos clásicos de poca complejidad.

 

El salto a lo propio

Después de los talleres emprendí con mis cosas. El primer trabajo donde empecé a romper con lo figurativo fue el de la pintura rupestre. Ahí, la estilización mezclada con el simbolismo abre otra visión, una parte donde la figura se rompe porque una sola línea puede decir algo. Con ese estilo empecé a trabajar las experiencias que he vivido en los valles. Lo que me gusta mucho es la vivencia de los animales en ese medio, la sensibilidad que tienen; por ejemplo, cuando a la tarde saltan y saltan señalando mucho antes de que nosotros nos percatemos, quizás bajo un cielo límpido, que se viene la tormenta. El vuelo de los cóndores, las llamas, las vicuñas. Siempre, siempre me impactó -se le abren los ojos, brillantes de carbón- todo eso que es la vida salvaje: la lluvia, el frío, el viento para mi puede ser muy rico. La vida de la Puna no la he visto en otro artesano, y los trabajos que tengo apuntan a eso: a la siembra, a la cosecha, al corral de cabras, a la nieve...

El segundo paso

Como a mí me gustaba trabajar con el cubismo y tuvo buena repercusión, pensé que tenía que seguir ese camino para ver hasta donde podía llegar. Y me cambió, porque fue el segundo paso para llegar a lograr lo más abstracto. Luego volví a lo que es un poco figurativo, pero como te decía, un paisaje que no es real, haciendo vientos que levantan casas, iglesias -que siempre dominaron allá- revueltas. Porque en sí, el viento levanta y rompe las cosas en el aire. Destroza árboles y las cosas se van al aire. No sé si es tan irreal, por ahí es algo también real.

Después del cubismo, empecé a relacionarme con galerías, libros, diferentes cosas. Y conocí algunos porteños que me estimularon. Como vi que había poco mercado hecho en lo mío, vine para acá y empecé a trabajar con técnicas de relieve.

 

Técnicas

El manejo del telar depende de lo que vayas a hacer. Si vas a hacer prendas, medís el ancho, sacás el porcentaje del peine para saber cuánta urdimbre tenés que poner y listo. Por ahí querés hacer una franja y ponés distintos colores, lo demás va saliendo. Hay otras técnicas que no usan peine. Para el tapiz tenés que tener en claro qué es lo que vas a hacer: si son figuras típicas hay que clasificar los colores antes de empezar, tener un boceto y cuadricularlo para sacar el porcentaje del trabajo.

Exploraciones

La técnica y combinación de colores se aprende con la práctica, pero ahí viene un poco lo que son los libros de arte, lo que es pintura, que te abre mucho. Yo no vengo de una academia así que mi aprendizaje es sobre el trabajo, ahí es donde vas encontrando los colores amistosos y vas conociendo facilidades para componer. Así van surgiendo técnicas que llegan en el momento, y dependen del tipo de trabajo.

Una técnica estructurada es para mí la que uso cuando me baso en el cuadriculado, donde marco las figuras sin salirme del cuadrado. Pero otra que manejo en general es mediante líneas solamente. A partir de ahí voy viendo los colores que van saliendo. Es más improvisado porque trabajo sólo con la idea que llega en colores, formas, texturas. Al color y a la forma no los puedo separar. Y allá en el norte, tenemos la necesidad de usar colores fuertes porque es un lugar tan árido que se necesita ese colorido.

 

El momento de la magia

Lo que va saliendo surge en el momento de la forma, como si un color te llevara al otro y la misma actividad te va requiriendo y transformando, muchas veces mediante equivocación o audacia. Ponés un color diferente y ese color cambia el campo que tenés pensado hacer, eso es muy mágico. Es como cuando jugás a la pelota, vos no sabés bien qué vas a hacer cuando tomas la pelota, pero eso depende de la audacia y de cómo la vas a manejar en el momento. A veces tengo pensadas formas diferentes pero cuando las tejo me hacen ver otras que no tenía vistas y entonces seguís hacia la otra, pero siempre manteniendo en la idea qué es lo que querés trabajar.

 

El color del telar, una dimensión específica. experiencia, el tacto y el uso: únicos maestros.

Todos los trabajos que hice antes de venir a Buenos Aires fueron teñidos por mí. Los de acá no. Ahí está la diferencia que yo veo en la pintura donde mezclas colores y ves el que más te gusta para el lienzo. En la lana, en cambio, el color de la tintura que se hace en agua hirviendo es muy diferente al tono que adopta la lana. Tiene sus trampitas, porque si la lana es grasosa no levanta colores fuertes. Las tinturas naturales que usé fueron la resina, una planta que se llama tola, muy resinosa y otra que sacamos de las raíces de la Romaza, que tiene un color medio violeta, tirando a rosado. Y la resina del algarrobo negro. Sacás el fruto del árbol, lo hacés hervir, lo colás y lo pones en un recipiente aparte donde echas la lana mientras está hirviendo para que tome color. Cuanto más cantidad de resina en menor cantidad de agua, más oscuro. Si buscás algo muy fuerte necesitás algo artificial, o usar lana de oveja negra. A veces, los alumnos me preguntan por qué no anoto el porcentaje para lograr colores. Podría ser, pero es que el color final tiene que ver con tantos factores: que la lana esté más o menos limpia, la cantidad, el tiempo de hervor, la composición del agua. Todo influye, por eso no es solamente tener en cuenta el porcentaje. No sé si pasa eso con la pintura, pero con la anilina tenés que tener mucho cuidado. Cada marca tiene un tono particular.

 

Collages, fragmentos de realidad

En la bienal de Salta, con el tema: "Nuestra América de hoy", hablé de la contaminación mezclando varios tipos de materiales no convencionales, fundiéndolos con elementos autóctonos: madera, huesos, telas, zapatillas, elementos contaminantes, gomas de auto, pilas y elementos radioactivos. En sí he apuntado al trabajo más sucio, y la gente que sólo tiene ojos para las cosas clásicas me dijo: ¡pero esto es basura! Y sí, es el momento en que estamos viviendo, con toda la basura encima. Es que a veces no es apuntar sólo a lo bonito, que además depende de qué vea uno por bonito.

 

En los últimos trabajos estoy tratando de reflejar el impacto del hombre sobre la naturaleza: la degradación del agua, el aire, los bosques. Trabajos que tratan sobre el calentamiento global, como es "Derretimiento", una mezcla de colores cálidos y fríos.

Ahora tengo una colección de veinte obras que desde hace siete años estoy trabajando y quiero exponer juntas. En algunas me he demorado más de dos meses.

Actualmente, la idea es trabajar con cosas autóctonas y seguir con el medio ambiente, pero tratando de incluir algo de escultura en el telar. Quiero trabajar el tema de la sequía, incorporando materiales diferentes al textil, como el hueso, estiércol, maderas, siempre sobre lo que pueda tramar, porque es lo que aprendí y mantengo.

 

   

"Yugo", obra de Jesús Casamiro. Yugo es la madera donde se pone los bueyes para tirar el arado. Arriba, derecha, "Derretimiento" y, luego abajo, derecha, "Cielos".

 

 

EXPOSICIONES

Salón Museo del Holocausto. 2002

Casa de Salta. Buenos Aires. 2001

Museo de motivos argentinos José Hernández.

Buenos Aires. 2001

Encuentro Nacional Bienal de Artistas Textiles

Segundo premio Adquisición. Salta. 2001

Muestra Nacional de Artistas Textiles

Casa de la Cultura. Salta. 2001

Museo de Bellas Artes. Casa Arias. Rengel. Salta. 2000

Encuentro Nacional de Artistas Textiles. Salta. 2000

Casa de Salta. Buenos Aires. 1998

Centro Educativo San Lorenzo. Salta. 1998

Fundación Salta. Salta. 1997

Museo de Bellas Artes. Casa Arias. Rengel. Salta. 1993

X Salón de Tapiz. Premio II Mención. Salta. 1992

Museo de Bellas Artes. Casa Arias. Rengel. Salta. 1991

Museo Latinoamericano. Salta. 1991

Museo de la Ciudad. Casa de Hernández. Salta. 1991

 

 

 

                                              

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