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EXPRESIONES DEL CULTO POPULAR EN ARGENTINA  

 

Tapa de la obra Rubén Dri (compilador), Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, primera edición, Buenos Aires: Biblos, 2003. 200pp.

 

   La editorial Biblos ha editado una importante investigación realizada por un conjunto de sociólogos e investigadores de la Universidad de Buenos Aires, dirigidos por Rubén Dri, cuyo propósito es estudiar con profundo trabajo de campo y ricos encuadres teóricos la importancia de algunos de los cultos populares en la Argentina contemporánea. Aquí presentamos un comentario sobre los contenidos y significación de esta investigación que rescata el fervor religioso que palpita hoy en la Argentina Invisible.

E.I

 

   Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular en Argentina.

  No hay cultura que no sea creación de una imagen de realidad, de una cosmovisión. Y toda entramado cosmovisional es un tejido de símbolos. Rubén Dri, en su ensayo introductorio, destaca el anillo conceptual que une la identidad histórica de un pueblo con el proyecto, la utopía, la racionalidad y la memoria. Y el símbolo como matriz esencial de toda construcción cultural liberadora. 

Lo simbólico es acto de identificación de algo y, al mismo tiempo, de su transformación. El símbolo para montaña acepta su sentido naturalista; el simple estar ahí de la montaña como ascendente pliegue de tierra. Pero el símbolo también transforma la altitud montañosa en un sentido no evidente. Al ser traspasada por lo simbólico, la montaña es lugar elevado que permite la unión del cielo (orden sagrado y divino) y la tierra (el hogar del hombre mortal). En la elevación montañosa podrá entonces emplazarse un santuario o altar. En una elevación del terreno se halla la Virgen de Itatí, una de las máximas expresiones de religiosidad popular en la República Argentina. El sitio de encuentro entre el devoto humano y la presencia numinosa, daimónica. A la vez, el santuario montañoso es remisión al centro, al sitio simbólico desde el que pude surgir la vida y desde donde puede observarse la totalidad. Mediante esta relación entre una devoción popular argentina (la Virgen de Itatí en la provincia de Corrientes) y la dimensión simbólica como proceso de transformación trascendente, comienza la importante investigación de la obra Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular.

 Uno de los aspectos de la tan promovida globalización es el entronizamiento de la construcción urbana de la realidad y la subestimación del ámbito rural como fuente generadora de sentidos. La cultura en su máxima expresión es la ciudad y sus poderes concentrados. El estudio de las tradiciones folklóricas, o de los mitos de los pueblos primitivos no urbanizados, promueve un estudio que busca sus singularidades específicas. Pero en esta investigación suele olvidarse que las culturas míticas, o también rurales o populares, no son residuos de la modernidad urbana capitalista sino una poderosa interpretación de la realidad con su propia lógica intrínseca. En la cultura urbana predomina el escepticismo y el individualismo. En el espacio rural (y a veces también en lo popular que se expresa en las ciudades) suele brillar una visión religiosa de la existencia. La creencia en la comunicación entre la fragilidad humana y la omnipotencia divina. La adoración de ese poder divino se expresa en diversas formas de cultos populares. Estas prácticas son, a su vez, de un alto fervor comunitario.

  Un santo de origen europeo puede adquirir proporciones de inmensa devoción. Carla Wainsztok y Felipe Derqui analizan este fenómeno. San Cayetano, patrono del pan y el trabajo, santo procedente del Viejo Continente, atrae a multitudes en su iglesia en el barrio de Liniers, en la ciudad de Buenos Aires. En el año 2000, por ejemplo, más de un millón de personas se acercaron a su imagen beatífica. Como manifiestan los dos autores de la investigación de este culto, una vez ante la presencia del santo "se le agradece con oraciones. Pero con frecuencia, también se le promete algo a cambio de su ayuda. La promesa caracteriza las relaciones humanas y sirve para asegurar que el santo otorgue lo que se pide. Quienes se encuentran en situaciones precarias y hasta en extrema miseria, siempre tienen algo para agradecer al santo". 

La actitud del pedir y agradecer atraviesa los diversos cultos populares. La realidad propia de la ambivalencia también puede ligarse con el sincretismo entre dos tradiciones disímiles, como la indígena e hispánica. Así será posible hablar de una virgen aborigen. Tal es el caso de la Virgen Morena, venerada en el Valle de Catamarca. Su culto es estudiado por Cecilia Peñalva. La imagen femenina de la virgen actualiza la ancestral adoración religiosa de lo telúrico, de la santidad del suelo, de la Pachamama (la diosa tierra), que se confunde con el culto específico a las vírgenes traídas de Europa. 

   Lo sincrético de este culto también se manifiesta en la doble adoración de la virgen en la basílica (como imagen definitivamente apropiada por el catolicismo) y en la gruta como culto de índole popular. La fusión entre lo local, lo vernáculo y sus características devocionales de raigambre católica se manifiestan también en el famoso culto del Gauchito Gil. Diego Oscar Bocconi y María Paula Etcheverry consuman una meticulosa indagación sobre el héroe popular celebrado todos los años, el 8 de enero, en la ciudad correntina de Mercedes. El gaucho Antonio Gil fue perseguido por la policía rural. Luego de su captura lo colgaron a la rama de un árbol, atado de los pies. Para degollarlo. Antes de morir, Gil le aseguró a su ejecutor que curaría, a la distancia, a su hijo, que se encontraba aquejado por una enfermedad. Y así fue. Y con este prodigio nació la devoción hacia el gaucho con su milagrosos poderes de curación. En su santuario, se alaba su cruz, la Cruz de Gil. En las paredes de las construcciones de techos de chapa y vigas de metal que rodean la cruz, se suceden 35 mil placas de agradecimiento, centenares de patentes de auto, y pieza de cerámica que suelen encontrarse en la entrada de las viviendas, con el nombre de la calle, la numeración y la identificación de la familia que las habita.

  En ciertas condiciones, un personaje ensalzado por la veneración popular puede adquirir el aura sagrada de ser protector. Para esto, la devoción popular exige dos requisitos: la popularidad en vida del personaje, y una muerte trágica. Eso es lo que ocurrió con la cantante Gilda. Tras su muerte, la figura de esta celebrada artista popular alcanzó proporciones de exaltada y multitudinaria veneración. Las variantes y sentidos de su culto son estudiados, en la obra que consideramos, por Pablo Di Leo quien ofrece los resultados conseguidos tras una intensa investigación de campo.

 La lógica de los cultos populares también puede nutrirse del enigma. Este es el caso de la génesis de San La Muerte, santo popular del noreste argentino. En el contexto indígena guaraní se destaca el payé, el médico-brujo, capaz de realizar actos sobrehumanos. Este personaje se habría fusionado con el Cristo de la paciencia jesuita. Según la creencia popular, los payés que se sientan en ocasiones en un sauce, a fin de guardar una abstinencia que les permitirá prever el futuro. El  sufrimiento crístico y el del payé se habrían confundido en la figura religiosa popular de San La Muerte. En un artículo muy bien documentado, Sebastián Carassai ausculta la espesura del indeterminado origen de este especial santo que convoca diversas manifestaciones devocionales.

  El poder de la cultura urbana debilita la apreciación de la cultura popular. El torbellino del mercado y consumo de las grandes ciudades, suelen hacernos ignorar, o no comprender, los cultos que, libres de todo escepticismo debilitante, aún creen en el don divino de la renovación de la vida. Y en la restauración de la esperanza.

Esteban Ierardo

 

Altar consagrado al Gauchito Gil.

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo