|
TRANVÍAS
Una historia
descarriada
Textos
e imágenes Andrés Manrique
La
subida de los pasajeros |
"Al
llegar a una esquina mi sombra
se
separa de mí, y de pronto,
se
arroja entre las ruedas de un tranvía."
En
medio del asfalto brotan vías, en medio del cemento nacen
asociaciones, grupos, clubes. Entre edificios corren ideales
colectivos, autos, jóvenes. Y un tranvía.
El
transporte es un personaje insoslayable de la historia urbana.
No hace falta detenerse en su utilidad ni en las anécdotas que
corren por abajo y por encima de sus ruedas para afirmar lo
antedicho. Una ciudad con buen trasporte es buena anfitriona; y
está viva. Pero como todo ser vivo, tiene vías sanas y otras
algo congestionadas.
El
tranvía es precursor de la red actual de transportes. Es el
medio responsable de muchas direcciones que aún hoy recorren
las líneas de colectivo. La vida del tranvía condensa la
relación amor-odio siempre latente en el triángulo formado por
habitantes, transportes, medio ambiente. Por ello, en este
retazo de Argentina Invisible pasearemos por la historia del
tranvía. Y lo haremos desde el estribo del único que hoy
circula por la ciudad. Coche puesto en marcha, mantenido y
operado gracias a la Asociación Amigos del Tranvía (A.A.T.).
En
el tiempo
Hacia
1860 Buenos Aires es una ciudad habitada por ciento cincuenta
mil personas. El transporte público es escaso y malo. Ya existe
el ómnibus a caballo, pero las anécdotas cuentan que el
usuario debía estar preparado para el traqueteo, el revoltijo y
el salto. Cuando un grupo de hombres quiso instaurar el tranvía
en la ciudad, asambleas de vecinos se pronunciaron en contra y
las discusiones nacidas del temor al nuevo medio postergaron la
instalación.
Luego
de ires y venires, el 26 de octubre de 1868 se promulga la Ley
de Tranvías, con una regulación que fijaba normas tan serias
para la época como risibles hoy: velocidad máxima en 6 millas
por hora (aprox.10 km p/h); máximo de dos caballos por coche
con excepción de cuatro en tramos con pendiente.
Al
año siguiente, se disparan las concesiones. Se abren vías por
doquier. Distintos y distantes puntos de la ciudad comienzan a
tener ágil acceso. Las paradas no están estipuladas aún, por
entonces el tranvía se detiene cada vez que lo solicita el
usuario. Muchos vecinos, al principio renuentes al medio de
transporte, no tardan en instalar bancos frente a sus casas para
que el pasajero tenga donde sentarse durante la espera
(antecedentes de las paradas de colectivos).
Buenos
Aires tarda dos años en plagarse de tranvías. Y en 1871 llega
la localidad de San José de Flores, pleno Pampa. Es tal la
proliferación del transporte que hacia 1877 una Buenos Aires de
200 mil habitantes cuenta con 146 kms. de tendido férreo,
mientras Nueva York con un millón de habitantes contaba con 121
kms. No por nada, afuera se la conoce como "La ciudad de
los Tranvías" y Georges Clemenceau (1841-1929, presidente
francés), luego de visitar Argentina, escribe en sus memorias:
"Daría la impresión de que los porteños usaran el
tranvía hasta para ir al baño."
Hasta
el momento, los coches son ingleses (Starbruck & C°) o
norteamericanos (Stephenson). Sólo hay dos modelos: el abierto
y conocido como "Jardinera", de capacidad para 30
pasajeros. Y el cerrado, llamado "Cucaracha", con 22
comodidades.
Como
todo artículo importado trae consigo formas de uso
predeterminadas -ajenas a la cultura en que ingresa- y oficios
prefijados para su operación, el tranvía constituyó a cuatro
trabajadores que dieron letra a escritores y poetas. El conductor,
llamado cochero; el mayoral, guarda; el cuarteador,
un hombre que ayudaba al tranvía en las cuestas; y el postillón,
con silbato y de a caballo precediendo la formación para
anunciar el paso.
Usos
varios
El
éxito del Tranvía es tal que no tarda en empleárselo para el
trasporte de carbón, basura y verdura, como para brindar
servicios fúnebres y ceremoniales. Al principio, se empleaban
los mismos coches para el traslado de pasajeros como para el de
cargas, pero al poco tiempo comienzan a utilizarse zorras y
carros especiales.
En
1886, Federico Lacroze funda el tranvía rural de la provincia
de Buenos Aires. Une Capital Federal -pasando por Zárate- con
San Andrés de Giles y Carmen de Areco. Constituyendo la línea
de tracción a sangre más larga del mundo.
Un
impulso para el desarrollo

El
bajo costo de los tranvías promueve el desarrollo de zonas
aledañas y alejadas, pues permite que las clases trabajadoras
construyan su propia casa en las afueras, trasladándose con
poco dinero. Para esa época, además, hay un programa de
estímulo a la construcción que brinda cinco mil ladrillos. La
realidad de muchos trabajadores cambia y las condiciones
sanitarias de la ciudad también, puesto que pueden dejar el
hacinamiento de los inquilinatos.
En
1890 se baraja la posibilidad de electrificar la red tranviaria.
Cinco años después, Buenos Aires presencia el primer ensayo
que parte de Plaza Italia y recorre seis cuadras hasta Las Heras
y Canning (actual S. Ortiz). Sin embargo, la ciudad de La Plata
-ya electrificada-, más avanzada tecnológicamente que la
Capital, tiene instalado desde 1892 cinco cuadras de tranvía
eléctrico.
Toda
innovación tiene un período ineludible de decantación y pasa
un tiempo hasta que es aceptada socialmente. La electrificación
de la red tranviaria no es la excepción, pero luego de tirones
entre vecinos, Estado y compañías, se la habilita. Y hacia
fines de siglo se amplían los tranvías eléctricos, en su
mayoría de fabricación estadounidense (Brill) y con 46
asientos.
La
megacorporación
(¿Monopolio?)
De
las 12 compañías que se disputaban a todos los pasajeros de
Buenos Aires, después del centenario, quedan cuatro: Lacroze,
del Puerto, Eléctricos del Sur y Anglo Argentina. Esta última,
luego de innumerables fusiones, se convierte en la empresa más
grande del mundo. En su haber llega a contar con casi tres mil
coches (entre motores y acoplados de carga) y 11.433 empleados
que abastecen 498 millones de pasajeros al año. La empresa,
también pionera en la red de tranvías subterráneos, hacia
1913 inaugura la actual línea "A" de tranvías
subterráneos. Comunica Congreso (Plaza de Mayo) con Caballito
(Primera Junta). Los coches que aún ruedan son los mismos con
los que inaugurara el servicio.
A
esta altura, de los 875 km, de vías tendidas, 650 son de la
Anglo Argentina.
Los
primeros tranvías totalmente nacionales comienzan a construirse
recién en 1924. Hasta entonces, todos los coches se importaban
y aquí sólo se los ensamblaba. El tranvía nacional es
bautizado popularmente con el nombre de la Avenida donde estaban
ubicados sus talleres: Caseros.
A
fines del treinta, un grupo de taxistas casi sin trabajo, forma
una cooperativa con recorridos y precios fijos: veinte centavos
contra diez que cobraba el tranvía. Un buen público los emplea
por el prestigio que brinda viajar en este medio.
El
resto de la historia está vinculada con el reacomodamiento y
decadencia del servicio, con fusiones de unas y otras empresas,
porque ya para estos años la ciudad está abundantemente
conectada. No hay casi destino sin vía de trasporte. Lo demás,
son luchas mezquinas entre privados, discusiones vinculadas al
tipo de propietario que deberían tener: si podía dejarse en
manos de extranjeros o debía formar parte de la nación.
Donde
el fin comienza
A
fines de la década infame, luego de sucesivos gobiernos
militares, se constituye la Corporación de Transportes de la
Ciudad de Buenos Aires como única empresa que incluye a todos
los medios. A partir de 1950 se hace cargo el Estado con
Transportes de Buenos Aires (TBA). Pero, poco a poco, se va
horadando y vaciando el servicio. Con el pretexto de la
obsolescencia, en 1962 se lo clausura, aunque actualmente (año
2005) más de 350 ciudades cuenten con el tranvía como
principal medio de locomoción.
Hasta
1962 los porteños y las ciudades y barrios aledaños tienen sus
tranvías. Pero el 26 de diciembre se cancela oficialmente el
uso de tranvías. El último día de 1964 se despide al último
tranvía de la ciudad, en Lanús. Los coches van a parar a
galpones, se exportan a otras ciudades, se desarman y venden
como hierro viejo. Y Buenos Aires queda sin tranvías, cocidas
sus calles con rieles, cicatrices de un transporte que funcionó
durante un siglo. Sin cesar.
En
1977 se constituye la Asociación Amigos del Tranvía, presidida
por el ingeniero Aquilino González Podestá y, luego del
acondicionamiento de varios coches, la Asociación reimplanta el
servicio histórico turístico por las calles de Caballito. Un
servicio gratuito y abierto a todo público que sábados y
domingos parte cada quince minutos de la calle Emilio Mitre al
500. Además, es tranvía el mal llamado "Premetro" y
el también mal llamado "Tren de la Costa".
En
la actualidad, ciudades tecnológicamente avanzadas, han
reinstalado el tranvía por ser transporte no contaminante. (*)

La
cabina del tranvía
(*)
Fuente: Andrés
Manrique, "Tranvías: una historia descarriada",
editado aquí de manera original.
Bibliografía:
-Biblioteca
de la Asociación Amigos del Tranvía ubicada en Thompson 502,
Caballito (Cap. Fed.)
-González
Podestá, Aquilino. Los tranvías de Buenos Aires.
-9
Puntos. Revista de la AAT. Nº 146.
-Enciclopedia
Salvat.
|