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UNA EXTRAÑA SOLICITUD DE LEONARDO

Por Dr. Jorge Manrique (1)



 

        En una oportunidad, Leonardo debió buscar trabajo. Entonces, en 1482, envió una extraña solicitud de empleo a Ludovico el Moro, a la sazón Duque de Milán. En este pedido Leonardo evidencia sus poderes inventivos, las especiales virtudes laborales que podía ofrecer, tal vez con algo de excesivo énfasis. El estudio sobre esta singular petición laboral que realiza el Dr. Jorge Manrique,  "además de contener otro homenaje al genial Leonardo", quizá pueda, según su decir, "resultar ilustrativo para los médicos, con frecuencia sujetos a concursos destinados a cubrir cargos de diferente naturaleza, sirviéndoles de guía general por tener en cuenta en el momento de presentar sus currículos". El conveniente estímulo para la imaginación de los médicos a la hora de ofrecer sus servicios, puede ser extendido al resto de los profesionales en la Argentina contemporánea. Aunque parezca extraño, la solicitud de empleo de Leonardo acaso sea una guía en la fatigosa y casi heroica busca de empleo en una Argentina azotada por la injusticia social y el oscuro desvanecimiento de nuestras riquezas. 

E.I

 

UNA EXTRAÑA SOLICITUD DE LEONARDO

Por Dr. Jorge Manrique


  
En 1988 apareció el libro titulado "The Unknown Leonardo", publicado por el Prof. Ladislao Reti, (UCLA), conocido estudioso de la vida y personalidad de Leonardo da Vinci, con la colaboración de otros historiadores americanos, franceses e italianos. Esta obra contiene interesantes comentarios de manuscritos pertenecientes al artista mencionado que, al ser transferidos en 1839 desde el Museo Felipe V a la Biblioteca Nacional de España, fueron clasificados de forma errónea y permanecieron en el olvido hasta 1965 en que fueron redescubiertos. En la introducción de la mencionada obra aparece el facsímil de una nota que Leonardo remitiera en 1482 a Ludovico, el Moro, a la sazón Duque de Milán, en la que solicita ser admitido a su servicio y cuyo texto resulta, en principio, llamativo y desconcertante cuando se cotejan las aptitudes allí expuestas con aquellas otras que, en términos generales, definen la esencia de la personalidad de este brillante hombre del humanismo renacentista.
    El objetivo de este artículo consiste en analizar las posibles razones que llevaron a Leonardo a redactar tal sorprendente documento para poder, de esta forma, establecer la racionalidad de sus términos en relación con los fines que perseguía Ludovico el Moro, el potencial empleador y las aspiraciones vitales que animaban al artista en el momento de su presentación.
Es nuestra pretensión que este ensayo, además de contener otro homenaje al genial Leonardo, pueda resultar ilustrativo para los médicos, con frecuencia sujetos a concursos destinados a cubrir cargos de diferente naturaleza, sirviéndoles de guía general por tener en cuenta en el momento de presentar sus currículos.

  La solicitud de Leonardo:
  La nota con la que Leonardo solicitó a Ludovico el ingreso a su corte, elevada en 1482, rezaba así:
     Muy ilustre Señor

   "Habiendo ya suficientemente considerado las condiciones de todos aquellos que se proclaman a sí mismos como expertos creadores de instrumentos de guerra y considerando que la invención y operación de esos instrumentos no tiene ninguna diferencia con la de aquellos de uso común, me dirijo a Ud. sin prejuicios contra ningún otro, para presentar a su Excelencia mis secretos ofreciéndome para trabajar en el momento oportuno para su mejor placer y aprobación en todas las cosas que, de forma resumida y parcialmente, enumeraré a continuación:
  1. Dispongo de un conjunto de fuertes y ligeros puentes adaptados para ser transportados con facilidad y con los cuales Ud. puede perseguir y en cualquier momento escapar de sus enemigos y otros, seguros e indestructibles por el fuego o las batallas, de fácil colocación o levantamiento. También dispongo de métodos para quemar o destruir los de los enemigos.
  2. Sé cómo, cuando una plaza está sitiada, obtener agua fuera de las trincheras y construir una interminable variedad de puentes, vías y escalas protegidas y otras máquinas pertenecientes a tales expediciones.
   3. Id. Si por razones relacionadas con la altura de los parapetos o la resistencia de las defensas y su posición resulta imposible durante el sitio de una plaza asegurar el plan de bombardeo yo poseo métodos para destruir cada roca de otras fortalezas aun cuando estuvieran asentadas sobre otra roca.
  4. De nuevo, yo tengo diferentes tipos de morteros muy convenientes y de fácil transporte con los que se pueden arrojar pequeñas piedras semejando una tormenta y con el humo que producen causar gran terror en el enemigo provocando su desmoralización y confusión.
  Y si la batalla debe ser emprendida en el mar tengo diferentes tipos de máquinas muy eficaces para el ataque o la defensa así como las naves que pueden resistir el ataque de los más grandes cañones, pólvora y humo.
  5. Dispongo de medios por los que a través de minas y caminos secretos y tortuosos, construidos sin ruido, puedo alcanzar lugares determinados aunque fuera necesario cruzar debajo de una trinchera o de un río.
   6. Puedo construir carros cubiertos, seguros e inatacables que ingresan entre el enemigo con su artillería sin que exista número de hombres suficiente como para destruirlos.
  7. Item: En caso de necesidad puedo construir grandes cañones, morteros y artillería ligera de hermosas y útiles formas y diferentes del tipo común.
   8. Donde el operativo de bombardeo pueda fallar puedo construir catapultas, trabucos y otras máquinas de maravillosa eficacia y de uso poco común. En resumen, de acuerdo a diferentes casos, puedo construir diferentes e interminables armas ofensivas y defensivas.
  10. En tiempos de paz puedo dar completa satisfacción al igual que cualquier otro en trabajos de arquitectura y en la construcción de edificios públicos y privados así como en la conducción de agua de un lugar a otro.
  Item: Puedo realizar esculturas en mármol, bronce o arcilla y también puedo pintar cualquier cosa tan bien como cualquier otro, quienquiera sea.
  Nuevamente, el caballo de bronce puede ser hecho a mano y servirá para honrar la memoria inmortal del príncipe, su padre, de feliz recuerdo para la ilustrísima casa de los Sforza."

   Contexto histórico social de la época

   Para poder interpretar de forma acabada el texto de la nota de Leonardo resulta imprescindible ubicar esa exégesis en el contexto social, político y cultural propio de la época de su presentación.
   En el ocaso del siglo XV -a horcajadas entre la Edad Media y la Moderna- mientras España, Francia e Inglaterra libraban las últimas batallas contra el feudalismo en búsqueda de su unidad política, la mayor parte de las comunidades de la península itálica, se mantenían ajenas a esta evolución histórica inmersas en una atomización manifestada por unidades sociales que, a guisa de ciudades-estado, aparecían como residuos empecinados del medioevo. Todas ellas estaban controladas por estirpes oligárquicas, económicamente rivales y su supervivencia dependía de acuerdos dinásticos, refinados tratados y astutas maniobras diplomáticas, todos apoyados en el uso discrecional de un poderoso aparato militar conformado por mercenarios (condottieri), siempre al servicio del mejor postor. Sin duda que este particular estilo político ofreció a Maquiavelo la experiencia que habría de servirle para redactar "El Príncipe".Las más importantes entidades políticas de la Italia de fines del siglo XV fueron el Ducado de Milán, las Repúblicas de Venecia y Florencia, el reino de Nápoles y los Estados Pontificios cuya existencia independiente habría de perdurar hasta bien avanzado el siglo XIX. Cada una ejercía una orgullosa autonomía basada en un manifiesto espíritu individualista, mientras ostentaba una vida esplendorosa en la que bullía con presentida modernidad el germen del Renacimiento. Todas aspiraban a la unidad política de la península itálica siempre que ella asegurara su propia hegemonía.
   Durante toda la segunda mitad del siglo XV los destinos del Ducado de Milán estuvieron íntimamente ligados con la familia Sforza. Su lucha por el poder se inició en 1440, cuando el afamado "condottiero" Francesco Sforza (1401-1466), luego de vencer a los milaneses en la batalla de Anghiani, tomó por esposa a la hija de Filippo Visconti, duque de Milán. En 1447 Filippo cometió la imprudencia de designar a Alfonso de Aragón, rey de Nápoles, como su sucesor. Esta decisión, adoptada en medio de dificultades económicas, provocó una violenta rebelión popular que culminó con la deposición de los Visconti, la proclamación de la República y la designación de Francesco Sforza como su Capitán General. En 1450, estando sitiados por los venecianos, los gobernantes milaneses firmaron la paz sin la aprobación de Francesco que, sintiéndose traicionado, tomó la ciudad y se proclamó Duque de Milán.
Luego de haber soportado las acechanzas de una coalición formada por Saboya, Venecia, Nápoles y Monferrat, Milán pudo cancelar este conflicto con la firma del ventajoso tratado de Lodi (1454) que consolidó la posición de los Sforza en el Ducado. A partir de este momento la gloria de Francesco alcanzó su cenit a través de sus éxitos políticos y del ejercicio de un gobierno que favoreció el desarrollo económico y cultural del ducado. A su muerte, acaecida en 1466, accedió al poder su hijo mayor, Galeazzo, que en 1476 murió víctima de un atentado siendo sucedido por su esposa Bona de Saboya que asumió la Regencia en nombre de su primogénito Gian Galeazzo.
   En 1480 Ludovico, segundo hijo de Francesco - apodado "El Moro" por su complexión física - utilizó su enorme predicamento en Milán y apoyado en su propia milicia consiguió eliminar a sus enemigos políticos y provocar la fuga de Bona y la prisión de Gian Galeazzo. La depuesta Regente contrajo alianzas militares con Florencia y el Papa Alejandro VI desatando una maraña de intrigas palaciegas, salpicadas por episodios militares no siempre cruentos, que culminaron en 1494 cuando el Emperador Maximiliano I, aliado del Rey Carlos VIII de Francia, luego de haber embolsado una pingüe suma, convalidó a Ludovico en su condición de Duque de Milán. Después de la muerte de Carlos VIII (1498), Luis XII - cuya abuela era una Visconti - reclamó para sí el ducado, obligando a Ludovico en 1499 a exiliarse en la corte de Maximiliano donde al año siguiente fue apresado por el ejército francés y conducido a la prisión de Loches on Touraine (Francia), donde murió ocho años después.
   En este particular contexto, sometido a constantes amenazas externas, no resulta sorprendente que el Moro, en 1482, por razones políticas vitales, mostrara sumo interés en tomar a su servicio a algún experimentado ingeniero militar. Fue así como Leonardo y otros técnicos en las artes bélicas, conocedores de estas circunstancias, respondieron a esa convocatoria con la presentación de sus correspondientes antecedentes.

  ¿Por qué Leonardo dejó Florencia?

  
Desde Florencia, donde residía desde 1469, Leonardo elevó en 1482 su solicitud al cargo ofrecido por Ludovico. En aquella ciudad, luego de trabajar como aprendiz en el taller de Verrocchio con Botticelli, Perugino y otros, logró en 1472 su incorporación como maestro pintor en la Guilda de San Lucas. Contando con la confianza de los Médicis alcanzó un bien ganado prestigio, transitoriamente interrumpido en 1476 cuando junto a uno de sus aprendices fue sometido a un juicio por sodomía del que resultó absuelto. En este período florentino de su vida el artista produjo algunas de sus más representativas pinturas, tales como la decoración del altar de la capilla del Palacio della Signoria, la Adoración de los Magos para la Iglesia de San Donato de Florencia y el cuadro de San Jerónimo. Alternó su trabajo pictórico con el llenado de cuadernos de notas, algunos de ellos todavía disponibles, en los que pueden admirarse bellos bocetos, diseños de máquinas, reproducción de paisajes, pájaros, plantas y flores y maravillosos dibujos de la anatomía humana (había realizado disecciones en más de 10 cadáveres), junto a pensamientos filosóficos y hermosos poemas. Todo este material de variopinta naturaleza, registrado de forma desordenada en sus libretas de notas, aparece hoy como expresión de un intelecto del que, de forma permanente, fluyeron torrentes de ideas y formas que se sucedían sin solución de continuidad. Por sí mismos estos cuadernos constituyen una imagen especular de la inquieta y brillante personalidad de su autor.
     ¿Por qué decidió Leonardo abandonar a su amada Florencia? Todavía hoy se discuten los motivos que lo llevaron a esta decisión que le significaba abandonar un lugar en que era estimado y respetado, donde trabajaba intensamente en su propio taller en el que, a la sazón, tenía pedidos pendientes. Sus relaciones con los Medicis, otrora firmes, se habían enfriado, seguramente por razones vinculadas con su temperamental independencia. Algunos opinan que fue el mismo Lorenzo de Medicis el que aprovechó los deseos del artista para alejar de la ciudad a un personaje molesto confiriéndole el carácter de Embajador cultural de Florencia en calidad de "músico y cantor".
    Todo parece indicar, sin embargo, que la principal razón que movió a Leonardo a abandonar la Toscana estuvo relacionada con el malestar intelectual que sentía por el giro experimentado en el pensamiento de las elites florentinas que se inclinaban, cada vez más, hacia el neoplatonismo, la abstracción y el intelectualismo puro. Tampoco le resultaba demasiado atractivo el ambiente social reinante en Florencia que, dominado por el creciente despotismo de los Medicis y dentro de un estado de beligerancia potencial con Ferrara y el Reino de Nápoles, se mostraba cada vez más proclive a la incubación de las ideas populistas e iconoclastas que el Fraile Savonarola impondría años más tarde. Tal inquietud socio-cultural contrastaba con la situación imperante en Milán, donde la sociedad gozaba de una fuerte unidad política creada bajo la tutela de Ludovico que, aun siendo tosco y burdo, había sabido reforzar el bienestar popular mientras desarrollaba un fuerte mecenazgo en el campo del arte y la ciencia. Por otra parte, el pensamiento milanés se mantenía orientado hacia el empirismo, tesitura más acorde con la posición intelectual del artista.
    Es muy probable que Leonardo haya estimado que vivir en Milán, en una atmósfera intelectual acorde a la de sus propias convicciones, podría aportarle mejores condiciones para seguir dando rienda suelta, sin frenos ambientales, a sus ansias de explorar el mundo a través de especulaciones empíricas, alimentadas por su exquisita capacidad de observación, ojo inteligente y mano maestra (vedere per sapere).

   Leonardo en Milán
  
  Durante los 17 años que duró su estadía en Milán al servicio de los Sforza, Leonardo, enriquecido con la amistad y trato de otros distinguidos humanistas (Bramante, entre ellos) pudo realizar importantes estudios arquitectónicos, así como planos urbanísticos de ciudades satélites, algunas con dos niveles superpuestos de circulación así como otros proyectos de ingeniería hidráulica en los que se planeaban esclusas destinadas a cumplir funciones higiénicas y servir como vías de comunicación.
   Durante su estadía en Milán y aunque no existe documentación precisa sobre ello, es seguro que ayudó a modernizar y equipar las fuerzas militares de Ludovico. Además pudo desplegar su creatividad artística en la invención de juegos, actos musicales, charadas y otros entretenimientos que hacían más originales y brillantes las actividades sociales que tanto agradaban a Ludovico y su corte. Mientras tanto y adelantándose a su época, su genio creador concibió el tanque de guerra, el submarino, el planeador, la ametralladora, la escafandra de buzo, el paracaídas y un sinnúmero de otros artefactos mecánicos de utilidad civil. Para fortuna de la humanidad, su talento no se agotó en esos menesteres y, por el contrario, durante ese tiempo siguió movilizando su capacidad artística. De esa época milanesa datan algunas de sus más famosas obras pictóricas como la Virgen de las Rocas, la Santa Cena, los retratos de Cecilia Gallerani (amante de Ludovico) y de Beatriz de Este, el Músico, la decoración del palacio Sforzesco, La Virgen y el Niño con Santa Ana, y numerosos bocetos de cuadros que nunca llegaron a su terminación.
   En su actividad intelectual pura continuó con el estudio empírico de los fenómenos naturales y su análisis mecánico a través de la correlación estrecha de principios físicos vinculados con fuerzas, acción y reacción, creando enunciados que extendió al estudio del cuerpo humano, cuya anatomía escrutó a través de numerosas disecciones documentadas en hermosos bocetos.
Su principal característica personal fue la inconstancia y falta de tenacidad en la ejecución de sus proyectos que, en su mayor parte, se demoraron no sólo por esfuerzos desarrollados en busca de la perfección, sino por la aparición de otros atractivos que desviaban su inquieta e insaciable capacidad intelectual, en todo momento presa de una inagotable ansia por escrutar la naturaleza.
   La erección de la estatua ecuestre de Francesco Sforza sufrió los mismos avatares de otros proyectos: varios fueron los diseños ideados y largos años llevó la confección de una muestra escayolada que desapareció en uno de los ataques realizados contra Milán y que más tarde no se pudo llevar al bronce porque el material necesario fue destinado a la fabricación de cañones.
Leonardo residió en Milán hasta diciembre de 1499, momento en que comenzaba el ocaso del poder de su patrón, sucedido luego de la victoria alcanzada en su contra por la alianza encabezada por Luis XII de Francia.

  Comentarios sobre la solicitud de Leonardo
  Es obvio que Leonardo conocía el objetivo que Ludovico perseguía con su requisitoria y además, a juzgar por la introducción, también era de su conocimiento la nómina de sus contrincantes a los que, por cierto sin nombrarlos, alude de forma despectiva en el primer párrafo al considerarlos como "autoproclamados" en sus pericias. Tampoco parece tener el menor prurito en tratar desdeñosamente al "arte de la invención y uso de los equipos militares" cuando afirma que tal disposición no involucra "conocimientos diferentes a los de uso común".
Los párrafos 1 al 9 inclusive, curiosamente no expuestos en forma numéricamente correlativa -quizá como resultado de cambios textuales de último momento- enuncian detalladamente las múltiples técnicas y equipos bélicos cuya fabricación y utilización ofrecía, aplicables tanto en operaciones terrestres como navales, así como las obras de ingeniería militar que podía construir. En ellos quedan incluidas todas las posibilidades militares imaginables: sitios, batallas, ataque, defensa, minado, bombardeos, incendios provocados, armas de ataque y defensa, seguramente portadoras de novedades propias de su fértil ingenio y fascinante imaginación.
En el ítem 10 -en apariencia como un agregado de secundaria importancia seguramente destinado a reforzar la lista de los servicios anteriormente expuestos- anuncia la forma de aprovechar sus servicios en tiempos de paz a través de obras de arquitectura e hidráulica.
Existe un ítem final, sin numeración -redactado con indisimulada sutileza y casi como de paso- en el que ofrece la utilización de sus conocidas capacidades en el campo de la escultura y pintura, afirmando sin vacilar, por cierto con la soberbia sólo aceptable en genios de su talla, que podía ejercer esas artes "tan bien como cualquier otro, quienquiera sea".La nota culmina con un párrafo, también de apariencia circunstancial, aunque seguramente intencionado, en el que desliza la oferta de llevar a cabo la tan anhelada escultura ecuestre de Francesco Sforza. Sin duda que esta propuesta era portadora de un elegante y directo argumento destinado a condicionar algún rédito fundado en el orgullo dinástico de los Sforza.
   Es digno de señalarse que todas las propuestas de Leonardo aparecen en su texto expresadas de forma de dar a su empleador la seguridad de que todas ellas eran factibles de concreción real. ¿Quería de esta forma certificar la calidad de sus propuestas o era simplemente la honesta expresión de una mente que no concebía el engaño y la promesa incumplible?
   De todas formas y considerando las circunstancias que habían llevado a Ludovico a la contratación de expertos en artes bélicas, resulta innegable la racional y estricta coherencia que la solicitud de Leonardo muestra ya que se limita de forma puntual y casi exclusiva, a presentar de forma clara y concreta aquellas aptitudes que para el empleador eran las apetecidas. Esta apreciación resultaría insostenible si no se toman en cuenta las circunstancias que se han analizado.
   Es que en rigor, tal como lo muestra el análisis completo de la vida y obra de Leonardo, no eran precisamente las artes marciales las que más le interesaban y distinguieron. Aunque siempre mostró su maestría en el arte pictórico, en el que llegó a ser uno de los más insignes autores de todos los tiempos, su inquieta genialidad abrevó en casi todos los campos del saber y quehacer humanos de la época. También la arquitectura, literatura, música y matemáticas, así como el estudio racional de la naturaleza ocuparon su tiempo. Además de su reconocida maestría como pintor, quizá su virtud más conocida, Leonardo puede ser considerado como un hombre que, adelantándose a su tiempo, imaginó y pensó muchas innovaciones cuya realización no pudo llevarse a cabo sólo por la falta de la tecnología apropiada. Sin duda, en muchos aspectos su imaginación volaba más allá de la realidad que lo circundaba pero es indudable que en todas sus realizaciones, propias sólo de un humanista consumado, con el auxilio que le ofrecía su extraordinaria capacidad de observación y de expresión pudo presentar sus geniales ideas no sólo a través de sus palabras sino también mediante maravillosos esquemas y dibujos que, con simples trazos, constituyen verdaderas obras de arte. En muchas de las notas que todavía se conservan resulta posible imaginar, como se ha afirmado, que "las palabras le servían sólo para completar sus dibujos y no éstos para clarificar sus ideas".
 

 Colofón
  Es indudable que Leonardo da Vinci es una de las personalidades culturales más brillantes de la historia de la humanidad y del Renacimiento. Su capacidad intelectual, como consumado humanista, alcanzó a todos los planos del saber y del arte. Dueño de una clara inteligencia, viva imaginación y diestra mano exploró el mundo de la naturaleza y concretó maravillosas obras de arte. Su inagotable imaginación le permitió concebir ideas anticipadas a su tiempo.
Sin duda, su habilidad para desarrollar máquinas bélicas era indiscutible, pero seguramente para él mismo, como para cualquier otro observador, tal destreza no podría ser considerada como la mejor o más destacada de sus aptitudes.
   Es muy probable que Leonardo al redactar la nota que motiva este artículo, sólo intentó evidenciar ante su posible empleador las aptitudes pertinentes, aun cuando sin poder con su genio, introdujo muy resumidamente una pequeña porción de sus otras capacidades.
Además de esperar que las consideraciones que se han hecho puedan resultar de interés general es nuestra pretensión que su lectura pueda resultar provechosa para los médicos en la organización y presentación de sus antecedentes en los diferentes concursos a los que puede verse expuesto. Para los organizadores podría ser útil tener en cuenta la importancia que reviste la especificación clara de las funciones que se deberán cumplir en el ejercicio del cargo concursado. Y para los concursantes puede servirles de estímulo para priorizar de forma destacada aquellos méritos que mejor se avengan a la naturaleza de las funciones por cumplir. Sin embargo y como también se desprende de la actitud de Leonardo, resultará conveniente, tanto para concursantes como para jurados, incluir y considerar, respectivamente, aquellas otras aptitudes humanas y culturales que, aparentemente ajenas a la naturaleza del cargo, pueden servir para definir mejor su perfil integral. Y si alguna de las cosas arriba mencionadas os parecieran imposibles o impracticables, os ofrezco hacer el ensayo en vuestro parque o en cualquier otra plaza que a Vuestra Excelencia le plazca, a la que yo me recomiendo con toda humildad. (*)
 (*) Fuente: Este artículo fue publicado originalmente en Revista Fundación Facultad de Medicina, Marzo 2002, Vol. Xll, número 43, Ciudad de Buenos Aires.

 (1) El Dr. Jorge Manrique es Profesor Honorario de la Facultad de Medicina (U.B.A)m y 
Miembro de la Academia Nacional de Medicina

Bibliografía
Cantú César: Historia Universal. Garnier Hermanos, Editores. París 1897.
Enciclopedia Británica. Ed CD-ROM 1997.
Heers J.: La historia de la Edad Media. Ed. Labor S.A., 1976 Barcelona.
Historia del Arte. Salvat Editores, Barcelona, 1994.
Larivaille P. La Italia de Maquiavelo. Ediciones Temas de Hoy. Librería Hachette, 1979 España.
Maurois André: Historia de Francia. Ed. Peuser, Buenos Aires, 1952.
Reither Joseph: Panorama de la Historia Universal. Ed. Universitaria de Buenos Aires, 1977.
Reti. L.: The unknown Leonardo. Abradale Press. EMB-Service for Publishers, Lucerna, Suiza
1988.

 

 

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