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SENTIR LA FRONTERA
 
 
 
 

El maestro de la escuela de Oratorio, en el norte argentino, y sus alumnos de mejores notas.


 
Sentir la frontera

  Experiencia pedagógica. Un viaje solidario al corazón de la Puna

 

   
  El Colegio de Lasalle, en el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires, realiza con frecuencia viajes solidarios al norte argentino, a fin de asistir a humildes escuelas de fronteras en la provincia de Jujuy. Ellos, como muchos otros grupos juveniles de numerosas instituciones educativas, tratan de superar el egoísmo y de ayudar a otra juventud que intenta acceder a la educación en difíciles condiciones de precariedad y, muchas veces, de doloroso aislamiento. Aquí presentamos un breve artículo de Hernan Basile, un exalumnos del Lasalle que nos habla sobre el valor del viaje estudiantil hacia la frontera, y nos transmite un mensaje que alienta a imitar esta acción solidaria.

Esteban Ierardo

 

    SENTIR LA FRONTERA 

  Por  Hernán Basile

     La frontera es una experiencia inigualable. Y de eso puedo dar fe. Tuve la dicha de poder viajar dos veces, primero en el año 2002, como alumno y en el 2004 como exalumno. Dos maneras distintas de vivir el viaje, aunque asimilando la misma esencia.

Mi primer viaje lo viví con mucha intriga, ya que aunque desde preescolar uno sabe por comentarios lo que es la frontera, se toma conciencia de la magnitud del viaje cuando uno se sube al micro. Aunque el trabajo previo al viaje, hace al viaje. Haberme animado a desfilar, hacer de mozo, participar de talleres de distintos temas para después realizarlos allá, pedir colaboración a cuanta persona se te cruce, etc. El viaje es cansador, por que casi estas arriba de un micro dos días, pero al ver la situación de la escuelas y de su gente todas las incomodidades desaparecen. La soledad del paisaje, la calidez de su gente, el valorar lo que uno tiene, todo este tipo de cosas son los pensamientos que te rondan permanentemente en la Puna. Esta experiencia, peso tanto en mi, al límite de influenciarme en la decisión de mi carrera universitaria, orientada a la educación. Y en el momento de nuestra llegada a Buenos Aires, yo sabía que nunca me bajaría del micro.

El 2003, fue mi ultimo año como alumno del colegio, y aunque no viaje, a mí me decían la frontera y me llenaba de ganas de ir. Este año empecé a concurrir a las reuniones de ex alumnos y en un primer momento ante el interrogante de quien iría este año a la frontera, mi respuesta era no, ya que estaba trabajando y veía acortada mis posibilidades. 

Aunque luego de un tiempo, me agarro el " síndrome Frontera"; a partir de mi buena relación con el grupo de cuarto año, siendo coordinador de la Pastoral Juvenil, la cual me lleno de herramientas de trabajo; empecé a colaborar con la preparación del viaje, a conseguir donaciones, y a partir de la confianza que tuvieron en mi, tanto Rodrigo Pozza como Fernando Foncuberta, me metí de lleno en la preparación del viaje. Ahora desde otro lugar, empecé a sentir el clima de misión, esta vez en vez de participar, dirigir los talleres, organizar la campaña de calcos para los exalumnos, armar bultos, etc.

Recibir la confirmación de que viajaría, fue asegurar un sueño, una idea fija en mis pensamientos. La frontera implica, sobre todo mucho trabajo y dedicación. Por eso es que aprovecho esta oportunidad, para transmitirles un mensaje: Préndanse lo antes posible al viaje, vivan cada momento del mismo. Dejen todo por la Frontera!

Chicos de La salle de Flores durante una de sus actividades de organización del viaje al Norte. 

 

 

EXPERIENCIA PEDAGÓGICA
Un viaje solidario al corazón de la Puna.

                                           Por Jesús Rodríguez. SALTA, corresponsal del Diario Clarín

Cuarenta y dos chicos del Colegio La Salle llegaron a Jujuy con sus padres y docentes. En el remoto paraje de Santa Catalina fundaron una biblioteca popular.
 


   Cuatro mil seiscientos veintidós kilómetros exactos, durante diez días, recorrieron los alumnos del 4º año del Instituto San José de Flores Hermanos de La Salle, de Capital Federal, para entregar una biblioteca y donaciones en nueve escuelas de la Puna jujeña. El contingente, encabezado por Osvaldo Baloira, el rector del instituto, 42 alumnos, 10 padres y 4 docentes, hizo base en el pueblo de Santa Catalina, a unos 70 kilómetros al noroeste más arriba de La Quiaca.
Como todos los años, un camión semirremolque de la empresa La Sevillanita llevó gratis hasta San Salvador de Jujuy 1.800 bultos que pesaron 24 toneladas; contenían una biblioteca, ropas, calzados, alimentos no perecederos, camas, mesas, colchones, golosinas, agua mineral y productos de limpieza. Desde San Salvador de Jujuy, el Ejército trasladó la carga hasta Santa Catalina en camiones Unimog.
Los estudiantes, en un micro, llegaron a La Quiaca después de los dos días de viaje que les demandó recorrer los 1.945 kilómetros que separan a Buenos Aires de esa ciudad. Pasaron la noche en el Regimiento de Gendarmería Nacional y al día siguiente siguieron el viaje.
"En Santa Catalina la gente nos recibió con una fiesta. Se hizo un fogón donde se representó el carnaval. Luego, los alumnos de cada grado de la escuela del pueblo presentaron un número", le contó a Clarín el profesor Fernando Foncuberta.
"Les cuesta mucho a los chicos el trabajo previo al viaje. Pero cuando llegan al lugar se dan cuenta de que valió la pena el esfuerzo. Y la experiencia de vida que les queda es muy emotiva", dice Fernando Stickar, que acompañó a su hijo Patricio (16).
Durante una semana, todo el pueblo de Santa Catalina cambió su tranquilidad por el bullicio de los visitantes. Apenas salía el sol y después de tomar el desayuno, los chicos se organizaban en dos grupos que partían por los caminos de la Puna.
"Lo importante es que todos los padres de los alumnos, desde que inscriben a sus hijos en jardín de infantes, saben que ellos harán este viaje algún día. Es parte del plan de estudios", comentó el rector, Osvaldo Balorra, que esta vez viajó junto con el profesor Pablo Campillo, que participó en 23 de los 26 viajes que lleva realizados el instituto.
La fundación de la Biblioteca Manuel Belgrano, en El Angosto, el pueblo ubicado más al norte de la Argentina —más allá de La Quiaca, en dirección noroeste—, fue uno de los momentos más emotivos. "Entregamos 500 libros y muebles que conseguimos en Bibliotecas Rurales Argentinas para que exista una Biblioteca Popular en este rincón del país", explicó el profesor Rubén Fernández.
"Me emocionó ver a los chicos disfrutar de lo poco que tienen —reflexionó Patricio Stickar—. No hace falta decir que este viaje me enseñó muchas cosas. Pero lo más importante: me mostró otra realidad." (*)

(*) Fuente: Jesús Rodríguez, "Experiencia pedagógica, Un viaje solidario al corazón de la Puna", editado en Diario Clarín, Ciudad de Buenos Aires.

 

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo