|
CASEROS Y
MARTINIANO CHILABERT
Por Luciano Reggi
luciano_reggi@speedy.com.ar

Placa
del gobierno de la provincia de Entre Ríos, cuna de
Urquiza, para recordar el centenario la batalla de Caseros,
donde Martiniano Chilavert evidenció una conducta de
valor ejemplar.
El
3 de febrero de 1852, el Ejército Grande conducido por el
general Justo José de Urquiza venció a las fuerzas de Juan
Manuel de Rosas en la Batalla de Caseros. Así concluía su
estadía en el poder de unos de los personajes más controvertidos
de la historia argentina. Opinamos que muchos fueron los errores
de Rosas, pero queda como fulgor sin sombra su defensa de
la nacionalidad y su decisión de no ceder a las presiones
extranjeras. Algo de ese espíritu compartió el coronel Martiniano
Chilavert. Siendo niño llegó al Río de la Plata en el mismo
barco que devolvió a su patria a José de San Martín.
Chilavert
es un personaje sólo conocido por los interesados en la historia
argentina. A pesar de ser opositor político de Rosas, Chilavert
se sobresaltó cuando se anotició de la participación en el
Ejército Grande de 4.000 brasileños. Urquiza se convertía
así, acaso involuntariamente, en cómplice de una invasión
extranjera a nuestro suelo. Chilavert entonces suspendió sus
diferencias políticas con el Restaurador de las Leyes. Lo
primero era la defensa de la Patria. Ofreció a Rosas alistarse
en su ejército. La propuesta fue aceptada y, en Caseros, Chilavert
dirigió la artillería rosista. Lanzó el primer cañonazo y
el último. Atacó con especial ahínco a las fuerzas que ostentaban
los estandartes del Imperio del Brasil. La batalla estaba
perdida. Chilavert pudo escapar. Pero permaneció junto a sus
cañones, aún humeantes, fumando serenamente. No escaparía.
Prefería ser capturado. Y así fue. Luego de su captura se
entrevistó con Urquiza. Fue un largo y árido encuentro. Chilavert
no pidió por su libertad; no buscó solidarizarse con
el vencedor para propiciarse un amable destino. Mantuvo firme
su posición, su patriotismo sin concesiones. Y luego vino
el final de una historia, de un ejemplo de firmeza en los
principios que vive todavía en un recodo de nuestra Argentina
Invisible.
Aquí le presentamos un texto del Ingeniero Luciano Reggi sobre
la batalla de Caseros y sus consecuencias, y el ejemplo de
vida de Martiniano Chilavert, un hombre para quien la patria
no era una abstracción, o la consigna de un nacionalismo extremista
o la fachada que algunos invocan para encubrir sus acciones
viles en contra de su pueblo y su tierra.
Esteban
Ierardo
| CASEROS
Y MARTINIANO CHILABERT
Por Luciano
Reggi
|
Derrota Nacional de Caseros y el Cnel. Martiniano Chilavert.
Hace unos pocos días, se me ocurrió preguntarle a un grupo de
amigos, todos ellos gente muy instruida, sobre que era lo que sabían
de lo ocurrido el 3 de febrero y sobre quien había sido el
coronel Martiniano Chilavert. La respuesta fue, como lo temía,
muy desalentadora. Sólo uno, vecino de las cercanías del lugar
de la batalla, supo que era la fecha de Caseros, obviamente sin
saber responder que era lo que sucedió allí. No hubo entre los
consultados nadie que siquiera sospechase algo sobre el
desgraciado coronel.
Sin dudas no puede culparse a los muchachos de ignorar estos
detalles, pero marca un hecho nada promisorio: la total ignorancia
sobre circunstancias clave de la historia argentina.
Hay una verdad que no me canso de repetir, esta dice que el
desconocimiento de los acontecimientos del pasado hace imposible
la comprensión del presente y por ende la proyección del futuro.
La historia argentina ha sido un catálogo de mentiras a designio
destinadas a instalar dicho desconocimiento de los hechos, situación
superada a través de décadas de trabajo por parte de los
historiadores revisionistas. Hoy, con la mentira destruida, la táctica
es simplemente la no enseñanza de la historia, ya no hace falta
decir que Rosas fue un tirano sangriento, sólo basta con que se
ignore su misma existencia.
Intentaré aportar mi humildísimo granito de arena ensayando una
breve explicación de lo sucedido aquel día.
Caseros
Corría el año 1851 y la Confederación Argentina acababa de
resolver victoriosamente su conflicto con las dos potencias más
poderosas de la época, Inglaterra y Francia. Por sendos tratados
se reconocía, entre otras cosa, la soberanía argentina sobre los
ríos interiores y el derecho de intervenir en la banda oriental
para garantizar su independencia.
Nuestro país era próspero aun habiendo sufrido varios años de
bloqueo de sus puertos, al abrigo de la Ley de Aduanas de 1835 la
industria nativa se comenzaba a desarrollar trayendo beneficios en
todas las provincias. Los salarios altos atraían inmigrantes de
diversas partes del mundo.
La liquidación de los problemas con las potencias europeas
indicaba que iba llegando el tiempo de resolver el conflicto
largamente pospuesto con el Imperio esclavista del Brasil. Las
opciones eran claras, un triunfo de los países de la cuenca del
Plata significaría el ocaso del Imperio y la marcha acelerada de
la formación de una férrea unión de los países
hispanoamericanos bajo la tutela y guía de la Confederación
Argentina. Un triunfo Imperial marcaría la definitiva secesión
de Paraguay, Bolivia y Uruguay del cuerpo de su hermana mayor
Argentina, convirtiendo así a todo el continente en meros satélites
del Brasil, teniendo siempre como telón de fondo al león británico.
El estado de las fuerzas inclinaba el fiel de la balanza
decididamente en contra del Imperio. Rosas venía preparándose
largamente para este conflicto, contaba para eso principalmente
con dos grandes ejércitos, el Ejército de Operaciones con base
en la región mesopotámica, de alrededor de 15.000 hombres y una
caballería literalmente imbatible, a las órdenes del general más
capaz de la época, Justo José de Urquiza. Por otro lado estaba
el Ejército Aliado de Vanguardia, operando en la Banda Oriental y
a las órdenes del general Manuel Oribe. Revistaban en estos
cuerpos oficiales de un valor y experiencia inigualables. Si bien
el Brasil tenía ventaja en lo referente a las fuerzas navales, la
guerra se definiría en tierra.
En abril de 1850 Urquiza contesta por carta, a un sondeo por parte
de los brasileños sobre una posible actitud neutral de su parte
en un futuro conflicto, que sería una traición a la Patria
mantener una actitud pasiva ante una contienda en que se jugaba
nada menos que el destino de la nacionalidad.
Si el entrerriano calificaba como una traición el mantener una
actitud neutral en una guerra de la Confederación con el Brasil,
que puede decirse de la actitud que tomará el mismo Urquiza un año
después, pasarse lisa y llanamente al lado del Imperio con el ejército
bajo su mando en pleno.
La fulminante campaña que siguió culminó con la derrota y
exilio perpetuo de Don Juan Manuel de Rosas. Llevaría mucho
espacio analizar el trasfondo y las circunstancias en que se
desarrolla la traición de Urquiza, no a Rosas sino a la Patria.
Pero si tratásemos de adoptar una actitud pragmática, podríamos
echar un vistazo a las consecuencias de Caseros y determinar así
las bondades de la actitud del general en jefe pasado al enemigo
que debía enfrentar.
En forma puntual Caseros produjo:
1) Pérdida definitiva de la Misiones Orientales (territorio de
igual superficie que la provincia de Entre Ríos), que correspondía
por derecho a la Argentina y se cedió con motivo de los pactos
firmados por Urquiza al entrar en alianza con los brasileños.
2) Ridícula renuncia a la soberanía sobre nuestros ríos
interiores, regalando vilmente lo que se había conseguido luego
de tantos años de bloqueo y sangre argentina derramada. Esto se
realiza a través de la sanción de la Constitución Nacional y
bajo el influjo del pensamiento alberdiano de que había que abrir
nuestros ríos a la “civilización” (conceptos inexistentes en
todo otro lugar de la tierra).
3) Derogación de la Ley de Aduanas (primer acto de gobierno de la
administración que sucede a Rosas). Esto significó la ruina de
la naciente industria nacional y la entrega de nuestro mercado
interno al poder económico predominantemente inglés. A partir de
allí recorreremos un acelerado camino hacia un sombrío destino
de colonia económica británica.
4) Endeudamiento externo a favor del Brasil, ya que después de
Caseros se reconoce como deuda de la Confederación (es lo que
Urquiza había firmado con el Imperio) los fondos facilitados para
financiar la campaña contra Rosas.
5) Abandono de la firme política exterior llevada adelante por
Don Juan Manuel, conocida como “Sistema Americano”, es decir
la unidad de las naciones americanas para enfrentar la prepotencia
de los países europeos, puesta en practica en forma triunfante
durante los bloqueos sufridos por la Confederación.
6) Transformación de la antes altiva Confederación en un mero apéndice
de la diplomacia anglo brasileña, provocando primero el abandono
a su suerte de la hermana república del Uruguay que caerá bajo
la total dependencia político económica del Imperio esclavista.
Trama completada casi una década después con la completa
destrucción del Paraguay, último freno a la voracidad
territorial del Brasil. Destrucción a la cual no solo no nos
opusimos, como debimos oponernos por lasos de histórica hermandad
en la lucha contra el enemigo histórico, sino que participamos
del crimen al ser parte de la alianza que arrasó la tierra guaraní.
Nunca mejor puesto el nombre de “Guerra de la Triple Infamia”.
7) Pasar de ser un país antiesclavista (Don Juan Manuel tenía
gran ascendiente sobre las comunidades de africanos residentes en
Buenos Aires) a ser gendarme del Imperio, al firmarse tratados por
los cuales se comprometía a la Confederación a deportar a todo
esclavo que se escapara hacia suelo argentino en busca de la
libertad que la mismísima Constitución Nacional establecía al
abolir para siempre la esclavitud.
¿Puede alguien honesta y seriamente alegar que el resultado de
Caseros benefició a la Nación Argentina?
Chilavert
De Martiniano Chilavert puede decirse que nació en Buenos Aires
el 16 de octubre de 1798. Educado en España, vuelve al país en
1812 en el mismo barco que trae de vuelta a San Martín y Alvear
entre otros. Interesándose por la artillería es dado de alta
como subteniente en el Regimiento de Granaderos de Infantería.
Diversas convulsiones políticas en que se ve envuelto al lado de
Alvear lo llevan a darse de baja del ejercito en 1821, continuando
sus estudios y recibiéndose de ingeniero en 1824.
Estallada la guerra contra el Brasil, se reincorpora al ejército
siendo ascendido a capitán en 1826. Asistió a la batalla de
Ituzaingó a las órdenes del coronel de artillería Tomás de
Iriarte. Por su desempeño es promovido a sargento mayor.
Las guerras civiles lo encuentran junto a Lavalle del lado
unitario, debiendo marchar al exilio en la Banda Oriental luego de
la derrota. Volverá junto a Lavalle en la última campaña de
este, debiendo regresar al Uruguay nuevamente derrotado.
Al llegarle las noticias sobre lo sucedido en la Vuelta de
Obligado parece darse cuenta de que lado se encuentra la Patria,
en carta a Oribe (carta del 11 de mayo de 1846) expresa cosas como
estas:
-En todas las posiciones en que el destino me ha colocado, el amor
a mi país ha sido siempre el sentimiento más enérgico de mi
corazón. Su honor y su dignidad me merecen un religioso respeto.
Considero el más espantoso crimen llevar contra él las armas del
extranjero. Vergüenza y oprobio recogerá el que así proceda; y
en su conciencia llevará eternamente un acusador implacable que
sin cesar le repetirá; ¡traidor! ¡traidor! ¡traidor!
-El cañón de Obligado contestó a tan insolentes provocaciones.
Su estruendo resonó en mi corazón. Desde ese instante un solo
deseo me anima: el de servir a mi patria en esta lucha de justicia
y de gloria para ella.
En
1847 pone su espada a disposición del Ilustre Restaurador. Don
Juan Manuel le confiará el mando de la artillería en Caseros.
Chilavert tendrá una destacada tarea, haciendo su blanco
predilecto a las columnas brasileñas que osaban profanar el suelo
patrio.
Se cuenta que al quedarse sin municiones mandó a que se
recogieran los proyectiles ya utilizados para poder seguir
disparando. Fue su cañón el primero en abrir fuego y el último
en apagarse en aquel día fatal.
Al concluir la batalla espera fumando junto a sus cañones aun
humeantes la llegada de algún oficial enemigo al cual entregarse
prisionero, conciente de su destino había rechazado el escape que
le ofreciera su ayudante.
Una vez en poder de los vencedores, el día 4 de febrero, es
llevado ante Urquiza, con él tiene una entrevista a solas, en
ella, según la tradición, Chilavert expresa tener conciencia de
haber defendido la independencia de la Patria luchando al lado de
Rosas y que si se encontrara en la misma situación una y mil
veces actuaría de igual forma. Al terminar la reunión, Urquiza
ordena su inmediato fusilamiento, según dicha orden deberá ser
ejecutado de espaldas como se castiga a los traidores. Chilavert
marcha sereno hacia su destino, pero al enterarse de que se lo
fusilará por la espalda se resiste, lucha heroicamente contra
varios soldados, un sablazo le destrozará el cráneo, aun así,
casi sin fuerzas, hace un ademán señalándose el pecho para
luego caer muerto. Sus restos quedarán insepultos durante varios
días hasta que sean entregados a su familia. Hoy descansan en el
Cementerio de la Recoleta, en la bóveda de una familia amiga a la
que fueron llevados clandestinamente.
¿Cuál es el legado que nos deja el coronel Chilavert?
Sin dudarlo debemos coincidir en que su mayor ejemplo es el
colocar el amor a la Patria por sobre todo otro interés. Aun
teniendo diferencias políticas de larga data con respecto al
conductor de la Confederación Argentina, Chilavert deja de lado
dichos reparos al comprender que lo que estaba en juego no era una
mera disputa político partidaria sino los destinos mismos de
nuestra nacionalidad.
Ya a más de siglo y medio de distancia su figura parece
agrandarse constantemente, más aun al comparársele con ciertos
personajes del hoy que practican la actitud inversa a la del gran
coronel, es decir, colocan sus más mezquinos intereses por sobre
el interés nacional.
Chilavert juega la carta de la Patria aun cuando todo parecía
indicar que el triunfo le sería esquivo. No por una romántica
atracción por las causas perdidas, sino por un cristiano
compromiso con las causas justas, y ¿Qué causa más justa que la
causa nacional?, Si como definiera tan simple como magistralmente
el padre Leonardo Castellani: - La Patria es Dios en la tierra y
Dios es la Patria en el cielo.
¿Cuál es el estado del país hoy?, para entenderlo baste
señalar que muchos de los que aquel 3 de febrero de 1852 empuñaron
sus armas nidos al Brasil tienen hoy varios monumentos y periódicos
homenajes en su honor, mientras que quien dejó de lado todo para
morir defendiendo su suelo natal ni siquiera descansa en una tumba
propia.
Nos queda por delante una tarea ardua y extensa, pero creo que
vale la pena intentarlo.
|