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La
guitarra abandonada en una esquina que rescató Hugo
Covaro. Luego, con amorosa atención, curó las
heridas del "dulce madero" para hacerla así
renacer. |
Cerca murmuran
las olas de la costa patagónica. Una ciudad, Comodoro Rivadavia,
late con su multitud de calles y edificios. Visito la Patagonia,
visito al amigo y notable escritor patagónico Huvo Covaro
(varias de sus obras pueden ser visitadas en la Biblioteca
Virtual de este sitio). Profusos recuerdos y comentarios surgen
en nuestro diálogo. Entonces, Covaro, hombre también
de la poesía y el canto, recuerda: una guitarra, una
mujer de figura octagonal y delicadas cuerdas. Una mujer sensible
y de resonante garganta.
Pero
la mujer-guitarra yacía abandonada en una esquina. El poeta
y cantor pasó delante de ella. Pensó que aquel olvido era
una herida que silenciosamente sangraba en el costado del
tiempo. Y con detenido afecto Covaro recogió la guitarra.
Y durante varios años, con meticuloso y callado amor la recreó.
La sanó. La hizo renacer. Y le escribió una canción.
Y después le pidió permiso a la delicada y renacida creatura
musical para que sus dedos recorrieran sus tersos cabellos
con forma de cuerda.
Y
con la música nacida de la mujer-guitarra, Covaro me cantó
la canción dedica a ella, la canción que podrán
hallar abajo de estas líneas.
Y el artista canta: "Ven
a mi sueño pobre /de carpintero /quiero ver tus heridas /
dulce madero"...