Si
para el imperio inca, que tuvo esta tierra entre sus dominios,
el sol era objeto de culto y veneración, para los actuales
pobladores es su principal motor de energía.
En el corazón del valle que forman los cerros 20 de Febrero y
San Bernardo, a 23 kilómetros de la ciudad de Salta, se levantan
unas 60 casas con el orgullo de ser una aldea totalmente ecológica.
Las viviendas tienen corriente eléctrica, sistema de
refrigeración y calefacción, televisión, radios y heladeras,
como cualquier otro hogar. Pero es el sol, que por estas
latitudes cae tajante en invierno e implacable en verano, el
que las alimenta.
Se trata de un proyecto que diseñaron las facultades de
Arquitectura, Ingeniería y Trabajo social de la Universidad Católica de Salta
(UCS)...Comenzó como un ejercicio para la
practica profesional, pero terminó siendo una oportunidad de
tener un trecho propio para un gran número de trabajadores del
tabaco que, según el calendario de la cosecha, tienen ocupación
tres o cuatro meses al año. Y a la vez, una forma de evitar el
lento pero inexorable éxodo rural.
El objetivo de los estudiantes de Arquitectura fue planificar
viviendas ecológicas capitalizando las características geográficas y sociales de Salta.
Con
las propias manos
Las
casas se diseñaron con una orientación nordeste, para aprovechar las horas del sol.
Los
ladrillos se reemplazaron con bloques de adobe: "En esta
región, los ranchos siempre fueron de este material y resultaron
más frescos", explicó Patricio Colombo Murúa, rector de UCS.
Los alumnos investigaron si el principio era cierto y
comprobaron que casi, además de ser más económico y totalmente
accesible para los pobladores del valle de Lerna.
La única dificultad: el adobe se deshacía con la humedad.
Entonces, estudiaron un compuesto agregando el 10 por ciento de
cemento. Cada vecino de la pequeña aldea ecológica armó los
bloques de adobe y con sus propias manos levantó la casa.
De esta forma, el costo de cada vivienda de 120 metros cuadrados
rondó los 11.00 pesos. "La misma vivienda, construida con
ladrillos y corriente eléctrica, hubiera costado unos 50.000
pesos", aseguró Colombo Murúa.
El
techo está equipado con dos paneles fotovoltaicos. Uno produce
energía solar para los artefactos electrónicos y luces de la
casa. El otro provee agua caliente.
En una de las caras de la vivienda hay un ventanal de seis
metros de ancho. Debajo de la ventana, en el interior, el piso
es de laja negra. Los rayos de sol producen un efecto
invernadero y hacen que la casa este calefaccionada en pleno
invierno, sin necesidad de estufas.
En una de las paredes externas hay dos puertas
falsas: no comunican con el interior, sino con una construcción
de piedra pintada de negro que forma parte de la pared. Es el
sistema de calefacción y refrigeración que se activa cuando ya
acabó la noche.
En invierno, las puertas se dejan abiertas de día para que el
sol caliente la piedra. De noche, se cierra para el calor
ingrese por los orificios a las habitaciones.
En verano es el sistema inverso: se cierra de día. De noche se
abren y la diferencia de temperatura produce una corriente de
aire capaz de disminuir hacia cinco grados la temperatura
ambiente en el interior.
Otra
de las características de las casas ecológicas es el tratamiento
de los residuos. Los papeles, cartones y botellas sirven
para alimentar el fuego de un horno, en donde, dicen los
pobladores, se preparan los lechones de la región. Como cuenta
con una cámara aislante, se puede aprovechar la incineración de
residuos para cocinar, sin peligro de contaminar la comida.
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Sin
cuentas que pagar, con huerta y pan casero
La
vida de Ismael es ahora diferente
La
de él es la casa "más coqueta" del
conjunto diseñado por las facultades de
Arquitectura, Ingenieria y Trabajo Social de la
Universidad Católica de Salta. Lo dicen todos
en el pueblo. Y él lo asume con una extraña
mezcla de orgullo y modestia.
Ismael López tiene 32 años, está casado y
cría allí a su pequeña hija de tres
años....Ismael fue uno de los primeros
adherentes que tuvo el programa EcoSol, que
aprovecha los rayos del sol para calefaccionar
las casas, darles electricidad y calentar el
agua, mediante el uso de paneles.
"Nosotros
vivíamos en la casa de mi hermana, porque no
podíamos pagar otra cosa", recuerda.
Ismael trabaja en la cosecha del tabaco sólo
unos tres o cuatro meses al año. Y el resto se
hace muy difícil subsistir.
"Pero
ahora es distinto", cuenta Bloque por
bloque, viga por viga, levantó esa casa, armó
el techo, consiguió maderas viajes y las
convirtió en una cerca prolija. Aprendió a
manejar la tecnología fotovoltaica, a
aprovechar al máximo cada rayo de sol. Todas
las tardes trabaja en su huerta, donde crecen en
abundancia la lechuga, acelga y remolacha, pero
también exquisiteces como las frutillas. Él
mismo las planta, él las cosecha, y su familia
las consume. "La vida es ahora
diferente", enfatiza Ismael. Es que por
debajo de su puerta no aparecen cuentas de luz
para pagar. Hasta instaló su propio almacén
para abastecer a los vecinos. Entre la huerta
propia y la granja comunitaria se asegura un
ingreso. Durante todo el año habrá pan en su
mesa. Para eso habrá que levantarse temprano,
preparar el fuego y cocinarlo en el horno de
barro. "Y lo mejor de todo es que nadie me
dio la llave y me dijo 'aquí tienes tu casa'.
La hice yo. La hicimos nosotros mismos. De a
poquito, la vimos crecer hasta convertirse en un
hogar", dice orgulloso.
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La basura orgánica, a su vez, se apila y se convierte en
alimento para las lombrices californianas que se crían detrás
de las casas para producir el abono llamado compost.
Los compostajes sirven para fertilizar la tierra de la huerta
donde producen frutas y verduras para su subsistencia. Ocurre
que, en los terrenos que ocupan, antes se emplazaba una plantación de tabaco que
destruyó el suelo. Por esa razón, y
porque constantemente se anegaba, la Municipalidad de Rosario de
Lerma decidió donarlos para mejorarlos con el proyecto de la UCS.
El aporte de la Cátedra de Ingeniería fue diseñar un sistema de
canales para drenaje. Dio resultado: hace tres años que esa
tierra no conoce de inundaciones. (Derecha: un vecino
manipulando un panel para mantener la casa fresca en verano y
cálida en invierno).
El abono de las lombrices californianas también se
comercializa y permite a los pobladores tener un ingreso en los
meses en los que no hay trabajo. La huerta y el gallinero
propios los abastecen de alimentos.
No es lo único. A unos pocos metros tienen una granja
comunitaria en la que producen todo tipo de especias. En las
cosechas de este año se produjeron 150.000 kilos de orégano,
que se exportaron en su totalidad a Europa. (*)
(*)
Fuente: Evangelina Himitian, "El proyecto
que incorporó el sol a las casas", publicado en diario La
Nación, Buenos Aires, 11 de noviembre del 2003.