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LAS CASAS QUE YA VIVEN DEL SOL 

 

 

Casas en Rosario de Lerma, Salta, que se autoabastecen a través del acopio de la energía solar (Foto Dante Cosenza).

 

  En nuestra Argentina Invisible crece la creatividad y los caminos no difundidos. En el norte, en Salta, ya es una realidad un grupo de casas que ofrecen lo indispensable para la vida mediante el acopio de la energía solar. Este hecho auspicioso surge del proyecto piloto de las facultades de Arquitectura, Ingeniería y Trabajo social de la Universidad Católica de Salta (UCS). Una iniciativa que merece ser promovida y ampliada a fin de socializar formas más económicas de subsistencia.  

 Estas prometedoras casas del sol se encuentran a 23 kilómetros de la capital de Salta, en el valle delineado por los cerros 20 de Febrero y San Bernardo. Están compuestas por paredes de adobe, de alrededor 120 metros cuadrados, 10% de cemento, y un huerto dedicado al cultivo de hortalizas. Los panales solares generan electricidad, calefaccionan la casa y calientan el agua. Mediante estos medios se producen compost y cultivan hierbas y especias que se venden a Europa.

   Nuevas casas del sol en la invisible Argentina del futuro serían una vía para mitigar las injustas dentelladas de la pobreza.

E.I

 

EL PROYECTO QUE INCORPORÓ EL SOL A LAS CASAS

Por Evangelina Himitian

   Si para el imperio inca, que tuvo esta tierra entre sus dominios, el sol era objeto de culto y veneración, para los actuales pobladores es su principal motor de energía.

  En el corazón del valle que forman los cerros 20 de Febrero y San Bernardo, a 23 kilómetros de la ciudad de Salta, se levantan unas 60 casas con el orgullo de ser una aldea totalmente ecológica.

  Las viviendas tienen corriente eléctrica, sistema de refrigeración y calefacción, televisión, radios y heladeras, como cualquier otro hogar. Pero es el sol, que por estas latitudes cae tajante en invierno e implacable en verano, el que las alimenta.

  Se trata de un proyecto que diseñaron las facultades de Arquitectura, Ingeniería y Trabajo social de la Universidad Católica de Salta (UCS)...Comenzó como un ejercicio para la practica profesional, pero terminó siendo una oportunidad de tener un trecho propio para un gran número de trabajadores del tabaco que, según el calendario de la cosecha, tienen ocupación tres o cuatro meses al año. Y a la vez, una forma de evitar el lento pero inexorable éxodo rural.

  El objetivo de los estudiantes de Arquitectura fue planificar viviendas ecológicas capitalizando las características geográficas y sociales de Salta.

 Con las propias manos

Las casas se diseñaron con una orientación nordeste, para aprovechar las horas del sol.

 Los ladrillos se reemplazaron con bloques de adobe: "En esta región, los ranchos siempre fueron de este material y resultaron más frescos", explicó Patricio Colombo Murúa, rector de UCS. Los alumnos investigaron si el principio era cierto y comprobaron que casi, además de ser más económico y totalmente accesible para los pobladores del valle de Lerna.

  La única dificultad: el adobe se deshacía con la humedad. Entonces, estudiaron un compuesto agregando el 10 por ciento de cemento. Cada vecino de la pequeña aldea ecológica armó los bloques de adobe y con sus propias manos levantó la casa.

  De esta forma, el costo de cada vivienda de 120 metros cuadrados rondó los 11.00 pesos. "La misma vivienda, construida con ladrillos y corriente eléctrica, hubiera costado unos 50.000 pesos", aseguró Colombo Murúa.

  El techo está equipado con dos paneles fotovoltaicos. Uno produce energía solar para los artefactos electrónicos y luces de la casa. El otro provee agua caliente. 

  En una de las caras de la vivienda hay un ventanal de seis metros de ancho. Debajo de la ventana, en el interior, el piso es de laja negra. Los rayos de sol producen un efecto invernadero y hacen que la casa este calefaccionada en pleno invierno, sin necesidad de estufas.

  En una de las paredes externas hay dos puertas falsas: no comunican con el interior, sino con una construcción de piedra pintada de negro que forma parte de la pared. Es el sistema de calefacción y refrigeración que se activa cuando ya acabó la noche.

  En invierno, las puertas se dejan abiertas de día para que el sol caliente la piedra. De noche, se cierra para el calor ingrese por los orificios a las habitaciones.

  En verano es el sistema inverso: se cierra de día. De noche se abren y la diferencia de temperatura produce una corriente de aire capaz de disminuir hacia cinco grados la temperatura ambiente en el interior.

 Otra de las características de las casas ecológicas es el tratamiento de los residuos. Los papeles, cartones y botellas sirven para alimentar el fuego de un horno, en donde, dicen los pobladores, se preparan los lechones de la región. Como cuenta con una cámara aislante, se puede aprovechar la incineración de residuos para cocinar, sin peligro de contaminar la comida.

 

Sin cuentas que pagar, con huerta y pan casero

La vida de Ismael es ahora diferente

 La de él es la casa "más coqueta" del conjunto diseñado por las facultades de Arquitectura, Ingenieria y Trabajo Social de la Universidad Católica de Salta. Lo dicen todos en el pueblo. Y él lo asume con una extraña mezcla de orgullo y modestia.

  Ismael López tiene 32 años, está casado y cría allí a su pequeña hija de tres años....Ismael fue uno de los primeros adherentes que tuvo el programa EcoSol, que aprovecha los rayos del sol para calefaccionar las casas, darles electricidad y calentar el agua, mediante el uso de paneles.

 "Nosotros vivíamos en la casa de mi hermana, porque no podíamos pagar otra cosa", recuerda. Ismael trabaja en la cosecha del tabaco sólo unos tres o cuatro meses al año. Y el resto se hace muy difícil subsistir.

 "Pero ahora es distinto", cuenta Bloque por bloque, viga por viga, levantó esa casa, armó el techo, consiguió maderas viajes y las convirtió en una cerca prolija. Aprendió a manejar la tecnología fotovoltaica, a aprovechar al máximo cada rayo de sol. Todas las tardes trabaja en su huerta, donde crecen en abundancia la lechuga, acelga y remolacha, pero también exquisiteces como las frutillas. Él mismo las planta, él las cosecha, y su familia las consume. "La vida es ahora diferente", enfatiza Ismael. Es que por debajo de su puerta no aparecen cuentas de luz para pagar. Hasta instaló su propio almacén para abastecer a los vecinos. Entre la huerta propia y la granja comunitaria se asegura un ingreso. Durante todo el año habrá pan en su mesa. Para eso habrá que levantarse temprano, preparar el fuego y cocinarlo en el horno de barro. "Y lo mejor de todo es que nadie me dio la llave y me dijo 'aquí tienes tu casa'. La hice yo. La hicimos nosotros mismos. De a poquito, la vimos crecer hasta convertirse en un hogar", dice orgulloso.

 

   

   La basura orgánica, a su vez, se apila y se convierte en alimento para las lombrices californianas que se crían detrás de las casas para producir el abono llamado compost.

  Los compostajes sirven para fertilizar la tierra de la huerta donde producen frutas y verduras para su subsistencia. Ocurre que, en los terrenos que ocupan, antes se emplazaba una plantación de tabaco que destruyó el suelo. Por esa razón, y porque constantemente se anegaba, la Municipalidad de Rosario de Lerma decidió donarlos para mejorarlos con el proyecto de la UCS.

  El aporte de la Cátedra de Ingeniería fue diseñar un sistema de canales para drenaje. Dio resultado: hace tres años que esa tierra no conoce de inundaciones. (Derecha: un vecino manipulando un panel para mantener la casa fresca en verano y cálida en invierno).

  El abono de las lombrices californianas también se comercializa y permite a los pobladores tener un ingreso en los meses en los que no hay trabajo. La huerta y el gallinero propios los abastecen de alimentos.

  No es lo único. A unos pocos metros tienen una granja comunitaria en la que producen todo tipo de especias. En las cosechas de este año se produjeron 150.000 kilos de orégano, que se exportaron en su totalidad a Europa. (*)

 

(*) Fuente:  Evangelina Himitian, "El proyecto que incorporó el sol a las casas", publicado en diario La Nación, Buenos Aires, 11 de noviembre del 2003. 

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo