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HUELLAS
DE MANUEL BELGRANO

Carta
enviada por Manuel Belgrano al Triunvirato
Discurso
ante la Academia Nautica (1802)
El
general Manuel Belgrano (1770-1820)
dejó en la historia argentina una huella ética. Estudió leyes en
Salamanca. Fue miembro de la Junta de Gobierno de 1810 que declaró la
ruptura con España. Creó la bandera nacional y dirigió al Ejército
de Norte en la lucha contra los realistas. En este momento de La
Argentina Invisible de Temakel recordaremos su carta de 1813
en la que renuncia voluntariamente a la mitad de su salario y un
discurso pronunciado en 1802 ante la Academia Nautica en la que destaca
el valor esencial de la educación como forma del progreso. CARTA
ENVIADA POR MANUEL BELGRANO AL TRIUNVIRATO
"Excmo.
Señor: Me presento a V.E. manifestándole haber cumplido la orden que
tuvo a bien comunicarme con fecha 13 para que me recibiera del
regimiento número 1 haciéndome más honor del que merezco y fiando a
mi cargo un servicio a que tal vez mis conocimientos no alcanzarás:
procuraré con todos mis esfuerzos no desmentir el concepto que he
debido a V.E. y hacerme digno de llamarme hijo de la Patria. En obsequio
de ésta ofrezco a V.E. la mitad del sueldo que me corresponde; siéndome
sensible no poder hacer demostración mayor, pues mis facultades son
ningunas y mi subsistencia pende de aquél; pero en todo evento también
reducirme a la ración del soldado, si es
necesario, para salvar la justa causa con que tanto
DISCURSO
ANTE LA ACADEMIA NAUTICA
Discurso
pronunciado por el Secretario del Consulado
D. Manuel Belgrano el 13 de marzo de 1802 con motivo de la distribución
de premios a los alumnos más sobresalientes de la Academia de Náutica.
Habéis
visto, Señores, los progresos de estos aplicados jóvenes, que
superando las dificultades de una constante asistencia y adhesión a los
objetos de sus estudios, han sabido adquirir las ideas útiles y los
buenos principios en que debe cimentarse la ciencia que los hombres del
globo, les proporciona su substancia y comodidades, haciendo con menos
riesgo los transportes y facilitando los viajes por mar como por tierra,
hasta hacer desterrar el temor que antes se tenía para entregarse al
furor de las olas y a los contratiempos de la naturaleza.
¡Qué
gloria, qué satisfacción no me debe causar el ver la utilidad de este
establecimiento! ¡Cómo se falsifica por la experiencia el temor de que
todas estas instituciones son débiles en sus principios y que el tiempo
es quien las consolida! Buenos Aires puede ya decir que por su Consulado
tiene jóvenes que adquiriendo una carrera honrosa y lucrativa, lleven
sus buques a salvamento con todas las producciones que la naturaleza ha
depositado en sus fértiles terrenos.
Dos
años de una sabia dirección, han producido estos óptimos frutos;
ellos van a sazonarse y a hacerse apreciables, desprendiéndose en su
madurez de las semillas sólidas e ilustradas que encierran para
propagar entre sus compatriotas unos conocimientos tan útiles a la
humanidad y por esto tan dignos de nuestro aprecio.
¿Cómo
podré hacer yo el justo elogio de este cuerpo acreedor a todos los
respetos, por una creación tan ventajosa a la Nación, de un director
interesado en los adelantos de la juventud, y a la tenaz aplicación de
ésta para lograr el conocimiento verdadero de esta útil ciencia, y los
lauros que hoy sabiamente se va a premiarlos?
Mi
pluma es débil, lo conozco; pero la complacencia que me asiste es
grande, como que he sido uno de los motores, para la realización de
estas ideas, que de mucho tiempo ocupaban a este ilustre cuerpo en
beneficio de nuestra juventud, y así me produciré en los términos a
que alcance, no ya para deslumbraros con una vana y estudiada
elocuencia, sino para que me ayudéis con vuestras luces a dar los
merecidos elogios al Consulado, al director y a sus alumnos.
Desde
la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los
siglos y de los tiempos nos enseña, cuánto aprecio han merecido todos
aquellos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la
humanidad y los que la han fomentado y sostenido hasta darle una
existencia invencible por los contrastes propios de las vicisitudes: las
plumas más elocuentes se han ejercitado en aplaudir estas acciones; los
buriles, los cinceles, las prensas, y todo ha contribuido para trasmitir
hasta los venideros siglos, las dulces memorias de aquellos sabios
bienhechores, cuyas ideas eran las de la prosperidad del hombre.
Dirigid,
Señores, vuestras miradas a los manuscritos antiguos, si queréis
convencernos; observad esas medallas, las estatuas; leed los libros, y
sobre todo el libro de los libros, y encontraréis tantas pruebas de
esto mismo, que plenamente quedaréis convencidos. Si yo no temiera
molestaros, os presentaría un catálogo inmenso de héroes elogiados
por sus acciones, por sus hechos útiles al público; y no creáis que
los confundiría con los monstruos a quienes la adulación, la vil
adulación, hija de la servilidad voluntaria, merificó y elevó a
aquella clase distinguida.
¿Y
quién de vosotros es el que duda que esta Academia ha sido establecida
por este Real Consulado, que él la fomenta y la sostiene? ¿No es ella
el cimiento de una obra benéfica a la humanidad? Vosotros lo sabéis, sí,
sabéis que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y
en particular a estas Provincias: sabéis que ya tenéis de quien echar
mano para que conduzca vuestros buques; sabéis que con los principios
que en ella se enseñan tendréis militares excelentes; y sabéis también
que hallaréis jóvenes que con los principios que en ella adquieren,
como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes
profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque
llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las
matemáticas, presentarán al universo, desde el uno al otro polo, el
curso inmortal de vuestro celo patrio.
No
se ha contentado este ilustre cuerpo con establecerla, sino que también
se ha dedicado a fomentarla y sostenerla. Fué su creador, y quiso añadir
a esta gloria la de conservador. En vano la ignorancia, la etiqueta, la
envidia, cruel veneno de los más nobles sentimientos; en vano todos los
escollos que se presentan siempre para que lo bueno, lo útil, lo
ventajoso progresen, han salido a oponerse a la verificación de las
provechosas ideas de esta Universidad hacia la Academia de Náutica;
nada le ha retraído de su pensamiento; siempre constante, siempre
inalterable, ha vencido a sus enemigos, y ella se gloria con la
esperanza de la completa victoria que ciertamente la dará la aprobación
protectora de las ciencias y artes y a cuanto puede conducir a la
felicidad de sus vasallos.
Puedo
manifestaros infinitas pruebas de esta proposición: el archivo que está
a mi cuidado contiene libros que, aunque hablan en secreto, se producen
con un lenguaje mudo, pero enérgico; ya los dignos acuerdos de la Junta
de Gobierno, ya las representaciones a la Superioridad y al Soberano,
los oficios a los sabios para tomar los mejores conocimientos y formar
el reglamento que la gobierna, los encargos de instrumentos para que
sirvan a la juventud en su instrucción y premios, los libros para el
mismo objeto; en fin todo os haría ver que no es un mísero fomento ni
una estéril subsistencia con la que este cuerpo amante de la felicidad
de estas provincias que están bajo sus miras, quiere perpetuar su
Academia, para que todo joven que sólo conocía dos carreras y la
holganza, tenga para ejercitar su aplicación y adquirir los medios de
vivir con comodidad y honor en provecho de la sociedad.
Sentados,
pues, estos datos claramente se deduce que se hallan reunidas en este
Real Consulado las dos circunstancias que han motivado las alabanzas de
los individuos y cuerpos benéficos a la humanidad; por consiguiente que
se ha hecho acreedor a ella y que no se me podrá tachar de parcialidad,
por ser un individuo de los que lo componen ni tampoco de un vil
adulador que sacrifica su tiempo ni mancha el papel para trasmitir
falsedades a la posteridad; tenemos la satisfacción de que es la verdad
la que se produce, sin más aparejo que su noble sencillez.
Con
la misma querría yo, por un trasporte de mi celo, suplicaros ¡oh
ilustre Universidad! siguieseis con vuestras ventajosas ideas hacia tan
digno establecimiento. Pero nada más inútil que pediros lo que con
anticipación nos habéis concedido, por obligación y en desempeño de
los encargos del soberano. Sí, vosotros la protegeréis, la fomentaréis
con el mismo anhelo que hasta aquí, y si en medio de las tristes
circunstancias que nos han rodeado, supisteis comenzarlo y sostenerle,
con mucha más razón le haréis progresar, cuando nada pueda
interrumpir vuestras útiles ocupaciones, es decir, en esos días
tranquilos que nos proporciona la tranquila paz; esa paz tan estimable
que se compra al duro precio de la sangre y de la muerte. Tales son los
votos de la patria que os mira como su apoyo y el sostén de sus
esperanzas. Pero yo me detengo demasiado y ya en justicia llama mi pluma
el director desinteresado, el sabio director, el aplicado director.
D.
Pedro Antonio Cerviño, a quien todos conocemos, es acreedor a estos títulos.
Las pruebas que ha dado en servicio del monarca y del Estado, en
obsequio de los particulares y de cuantos han ocupado sus talentos,
justificarían mi proposición, pero no hablo a ésos, no, ya sabéis su
desinterés, sabiduría y su aplicación, manifestadas en esta Academia.
Entre
las varias disposiciones de este cuerpo dirigidas al establecimiento
propuesto, fué la de dar por oposición las dos direcciones que debe
haber en él, con la condición de que los que las consiguiesen no tendrían
el sueldo que les señaló hasta tanto aprobase el soberano.
Cerviño
llevado sólo del deseo de propagar sus ideas y ser útil al Estado, se
presenta gustoso a la palestra, obtiene la victoria como un valeroso
atleta, da a conocer sus talentos e instrucción, y los examinadores a pública
voz lo proclaman primer director; difiere este consulado al justo voto,
le confiere la plaza y le posesiona de ella bajo la condición predicha.
Corren
los años y los meses y la terrible situación en que nos hallábamos
envueltos en la guerra, de que aun estábamos sintiendo los efectos, no
nos proporciona la correspondencia con la metrópoli, y el sello del
Soberanía para consolidar la Academia no parece; por siguiente
permanece sin sueldos, y sin traerlos a consideración enseña con el
mayor desinterés, franqueando sus libros e instrumentos sin recompensa
alguna: no es otro su objeto que el de hacer jóvenes de provecho que
hagan honor a la Nación.
¿Quién,
sino Cerviño podría permanecer tanto tiempo sin tocar la utilidad física
de su trabajo y seguir con tanto ardor y ahínco en la idea que se
propuso en el estado de incertidumbre? ¿Y habré yo podido llamarle
desinteresado? Sabéis muy bien que este nombre podrá ser en adelante
su antonomástico, pues es muy raro encontrar hombre que trabaje sin ver
inmediatamente la utilidad que le resulta, y mucho menos experimentando
perjuicios.
La
posesión que tiene de las matemáticas y los deseos de qué se extienda
su estudio, le hacen emplear medios tan sabios para su enseñanza, por
lo que toca a la parte náutica, que en el espacio de dos años,
presenta jóvenes instruidos en los ramos que manifiesta el cuaderno de
las proposiciones que tenéis en vuestras manos, y entre ellos algunos
que ya saben levantar y lavar planos con la posible perfección, para el
tiempo que han gastado, no obstante la escasez de medios e instrumentos
para el efecto.
¿Se
consigue esto sin ciencia? ¿No es un don particular de sabiduría haber
podido dominar los corazones de estos jóvenes, para que oyendo gustosos
sus lecciones, se hayan dedicado al estudio y hayan aprovechado con
tantas ventajas? No, Señores, así lo creéis y sin duda ya os resolvéis
conmigo a multiplicarle gloriosas nomenclaturas: olvidaos por un momento
del director desinteresado de que hablamos poco ha, para acordamos del
director sabio; añadid también del director aplicado e incansable.
Cinco
horas diarias están señaladas en el reglamento para asistencia a la
escuela, y esto mismo ha llenado de satisfacción a este cuerpo. ¡Pero
cómo! siempre enseñando hasta con el ejemplo de sus ocupaciones,
mientras que los alumnos desempeñaban las operaciones de su encargo.
Agregad
a esto, que a pocos días del establecimiento, así puedo decirlo, quedó
solo con el cuidado y de único director y con su constante aplicación
venció las dificultades que podéis traslucir presentan los diferentes
estudios a estos jóvenes, pues por no despedirlos y desanimarlos se han
recibido a los que han ocurrido con deseo de aprender en muchas y
diferentes épocas, la que hubiese sido posible seguir a un mismo tiempo
con todos en el estudio de tantas y tan variados materias.
Ya
se deja conocer que sólo la aplicación podría sobrellevar un peso tan
enorme, y como una causa motriz sostener esta máquina en el vigor o su
resorte, para producir tales efectos. Pero yo he abierto heridas
demasiado profundas a su modestia, hagamos alguna vez al verdadero mérito
la injusticia de no elogiarlo, o vengan a sustituirme en esta obligación
sus mismos alumnos, monumentos prácticos y multiplicados del que ha
contraído D. Pedro Antonio Cerviño.
Sí,
señores, su dedicación al estudio ha sido constante e infatigable y
muchos de ellos por la teoría pueden competir y sin duda exceder a
infinito número de pilotos. No creáis que sólo han dado muestras de
sus talentos en los certámenes, y que acaso habrán dedicándose al
estudio para sólo estos actos con el objeto de salir con lucimiento.
No
ha sido así, pues en los exámenes privados que hay cada tres meses en
la Academia, han desempeñado a satisfacción del director y de los
individuos consulares que concurren a ellos según el reglamento, las
preguntas que se les han hecho conforme a su ocupación, sin dar lugar a
reconvenciones, y sin que se hayan visto en la precisión de imponer las
penas que para estos casos están dispuestas en contra de los
inaplicados.
Todo
esto manifiesta la asiduidad en el trabajo, puesto que sin ella no es
posible posesionarse de unos conocimientos cuya entrada es tan árida y
tan penosa; no pudiendo vencer el desfallecimiento que imprime aun a los
hombres formados, cuyo entendimiento está acostumbrado a la meditación,
sin abandonar las distracciones propias a la edad y trabajar con
constancia." (*)
(*)
Fuente: Gutiérrez Juan María. Orígenes y desarrollo de la enseñanza pública
superior en Buenos Aires. La Cultura Argentina, Buenos Aires, 1915.
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