Presentación
del Viaje Sonoro, por Esteban Ierardo
Hace algunos
años, comenzamos el viaje sonoro, una experiencia sensitiva
en la Ciudad de Buenos Aires. En mi labor de docente, aunque
en el decir involucre el cuerpo, no puedo trascender
el orden de la palabra, la transmisión de significados.
Pero
mi interés no es sólo comunicar ideas, sino también hurgar
territorios invisibles de lo real. En nuestra vida diaria,
el espacio reitera sus formas y perfiles. La realidad conocida
y repetida no es sinónimo de lo real de por sí. La pobreza
de nuestros sentidos nos permite acceder sólo a unas escasas
hebras del mundo. Vivimos entre cascadas de agua verde y árboles
de búhos mágicos. Pero no alcanzamos a escuchar ningún rumor
secreto; en nuestra existencia cotidiana ninguna imagen sorpresiva
nos visita. No tocamos numerosas cuerdas del arpa de lo real.
Por eso, decidí fomentar un viaje hacia lo no experimentado.
Una expansión hacia lo percibible más allá de la frontera
de la palabra y los sentidos normales.
Un poderoso timón para este viaje
sonoro es el sonido y la oscuridad. El sonido impacta nuestra sensibilidad
en un resquicio previo a la conciencia y el discurso. Lo sonoro puede impeler,
en nuestro cuerpo y en el espacio mental, sensaciones no
percibidas antes. Lo oscuro nos retrae a la escena otra del vientre
materno, lo intrauterino y la combinación de temor y fascinación del
niño ante la noche y la penumbra. A través del sonido y la oscuridad,
podemos saltar hacia una realidad anterior a la idea de existencia
contenida en nuestras palabras y en nuestra arquitectura cultural.
El primer acecho a esa realidad
esquiva la inicié en un curso de la Universidad de Buenos Aires. En una
noche de invierno
cerramos
el aula, apagamos las luces. Encendimos un equipo musical y se propagó en
el espacio oscuro una música, un torrente de sonidos especialmente
escogido
para la ocasión. Y propuse, alenté, mediante palabras visuales la predisposición hacia el
viaje, el desplazamiento hacia la realidad no experimentada.
Desde entonces, hemos propiciado los
viajes de la imaginación y el sonido.
Las bandas sonoras para estimular este efecto fueron realizadas
por Néstor Puchetti.
Dentro
de esta experiencia auditiva han respirado ya varios cientos de personas.
De aquí en más, integraremos los viajes in situ con esta sección de
Temakel. En este segmento de nuestro sitio cultural, expondremos los
trasfondos y los posibles efectos de esta experiencia. Algo que no puede
ser realizado en el marco de la experiencia en sí.
En
primer término, en el item de Relatos desde el sonido, iré presentado,
lentamente, una de las primeras posibilidades del viaje sonoro: el
concebir un relato, una narración, desde el influjo del sonido. ¿Qué
relato puede provocar en distintos seres una sinfonía de Beethoven, una
danza renacentista o el ritmo resonante de los tambores de un pueblo
africano?
En el item Músicas de viajes sonoros y el poder del sonido encontrarán
textos vinculados con el poder del sonido o la música de alterar la
conciencia o propiciar el roce, la intuición sensible, de una realidad
extendida.
En un futuro item, Creación desde el sonido le expondremos los
posibles efectos creativos (poemas, pinturas, relatos, ideas) que el viaje
sonoro ha provocado en aquellos que atravesaron esta experiencia.
Desde este lugar del sur del planeta, deseamos fomentar una relación
sensitiva con el sonido, la oscuridad y la imaginación desencadenada. En
muchos lugares se realizan experiencias parecidas. La propagación de los
viajes sonoros y situaciones afines es el nutrir el aleteo del
pájaro-hombre hacia la bóveda de la percepción intensa.
Las
fotografías fueron obtenidas por Luis Sanjurjo antes de la realización
del viaje sonoro en la Galería UraniaGiesso en mayo del 2001.